La Rosa Fragmentada, la proyección internacional de Christopher Amador

FOTOS: Modesto Peralta Delgado.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con unos 20 libros a cuestas, Christopher Amador Cervantes es el escritor más publicado de Baja California Sur; de su obra, la minoría es en conjunto, la mayoría son de su sola autoría; además, ha tenido el privilegio de ser publicado no sólo por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, sino por otras editoriales en otros estados y ahora en otros países. El pretexto para realizar esta entrevista es la publicación de La rosa fragmentada en España, lo que lo convierte también en el primer sudcaliforniano en ser reconocido en un certamen literario europeo.

En entrevista exclusiva para CULCO BCS, Amador Cervantes platicó sobre su más reciente libro, un ensayo que obtuvo Mención Honorífica en el Premio Diderot de Ensayo convocado por Ápeiron Ediciones. La rosa fragmentada ya está a la venta en España, y la editorial cubre mercado en América Latina, enfocándose en instituciones educativas de nivel superior y medio superior, por lo que probablemente se convierta en un libro de consulta o de investigaciones en este tipo de planteles. “Eso me motivó o me pudo dar idea de que podemos tener penetración o un horizonte un poco más amplio las letras sudcalifornianas cuando estamos muy disciplinados y dedicados por escribir desde la pasión pero también desde la seriedad, y fue así que al terminar un ensayo que llevó a convencerme como lector o como ejercicio de autocrítica, pues vi yo en él posibilidades más amplias de lo acostumbrado, y me di a la tarea de buscar oportunidades en España. En España, porque para cualquier escritor en nuestra lengua, en nuestro idioma, esa nación nos representa un foco aspiracional contundente”.

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El año pasado concursó y recibió una llamada donde le informaban que estaba entre los dos finalistas para el primer premio, preguntándole también si tenía un doctorado. Christopher Amador no lo tiene, de hecho es Licenciado en Ciencias Políticas, “y quizá eso marco una diferencia para no acceder al primer lugar, me desanimó bastante, pero cuál fue mi sorpresa que en una segunda llamada me dicen que optaron por ofrecerme el segundo lugar”. Al no haber un segundo lugar, se le concedió Mención Honorífica que tuvo por fruto una publicación con una amplia distribución.

Se trata de un ensayo que concentra todos los artilugios, todas las herramientas, todas las perspectivas desde las que yo he abordado el problema de la belleza y de la poesía, unificándola. Es como si yo tomara un mosaico de todos mis libros publicados e intentara buscarle una matriz, lo que conocen los matemáticos como un Diagrama de Venn, es decir una semilla central, un punto de encuentro, de acuerdo, una mandala para poder desde ahí cosificar y desconcentrar o también encontrar cual es la suma de todas ellas, pudiendo unificarlas en un común denominador, porque un escritor es un estilo, es una sola mirada, y escribir no es sino intentar pulir o corregir esa manera de ver las cosas. La originalidad está más que demostrado que no existe, un escritor es una manera de mirar, una manera de palpitar, una manera de asombrarse y La rosa fragmentada pues es todos los Christopher que he sido, toda la pluralidad de mi coloratura y es una despedida a una manera de abordar el pensamiento y el sentimiento, es una pausa en mi vida, en mi obra creativa, porque me he determinado en buscar, en hacerme susceptible a otros hallazgos o a otras maneras, y si no las encuentro, guardaré silencio.

La convocatoria se lanzó a mediados del 2019 y el fallo se dio en octubre. Un mes después ya estaba hecha la publicación con un primer tiraje de 3 mil 500 ejemplares, los cuales ya se agotaron, según el escritor sudcaliforniano, reeditándose otro tiraje de mil 500 libros. A ese número se podrían sumar 5 mil más que Ápeiron distribuiría en bibliotecas y programas de educación superior. Sin duda, el poeta nacido en La Paz, BCS, es uno de los más prolíficos de la media península y también de los que más lejos ha llegado en la publicación de su obra, que si bien se ha concentrado mayormente en poesía, también cuenta con títulos en dramaturgia y en ensayo.

Doble tentáculo

El encuentro afortunado con concursos literarios en España lo tuvo Amador Cervantes desde 2010, con el libro de ensayos sobre teatro titulado El pulpo mímico, publicado en México por el ISC, y Copiar la imagen, intitulado así en el país europeo. El ensayo sobre teatro fue Premio Estatal de Ensayo Ciudad de La Paz 2010, y es el mismo texto que en España no pudo ganar, porque lo concursé, no al mismo tiempo, pero sí con un desfase de fecha que me permitió concursar en ambos certámenes. El premio internacional había dado una fecha para dar el fallo, y pues yo me desentendí y le seguí dando la oportunidad al texto, pero no, resultó que había recibido tantos envíos que resolvieron dar un margen creo que de tres meses más de consulta para el jurado, en ese ínter El pulpo mímico ganó el Premio Ciudad de La Paz. Obviamente, de haber ganado el premio internacional y estatal al mismo tiempo hubiera tenido que desistir a ambos, al yo decirles esta situación, cuando me llaman de la Mención Honorifica ellos no tuvieron problema porque el ISC —en ese entonces presidido por Elsa de la Paz—, no manifestó ningún inconveniente toda vez que no se presentaba como el premio en España.

Allá se tituló Copiar la imagen, para no competir con el mismo título y darle un tratamiento un poquito más postmoderno en un lenguaje muy pop porque justamente el pulpo «Thaumoctopus mimicus», es un pulpo de Indonesia que lo que hace es al igual que el actor: cuando se ve frente a su depredador, copia no solamente la imagen sino el movimiento, la textura, las psicología, el color del máximo depredador de su depredador inminente, y es lo que tiene que hacer el actor para finalmente resolver al escena. Esa es la historia de ese ensayo, que yo los invitaría a conocer. Copiar la imagen se agotó la edición en España, pero hubo una reedición para una Feria Internacional del Libro Teatral en la Ciudad de México, y la editorial Paso de Gato editó el cuadernillo de consulta. El texto lleva trece ediciones, la primera en 2010, y la más reciente en 2018.

La poesía, ¿un género fácil?

Al preguntarle si la poesía no aparentaría ser un género literario fácil, donde basta coleccionar palabras para contar sentimientos y vivencias de forma romántica o ingeniosa, recalcó que en todo caso sería el poema, pues la poesía, para él, está más allá del escrito. Yo creo que lo que es fácil es el poema, porque el poema es una fórmula, es una receta de cocina; el poema tiene validez cuando la musicalidad el acomodo de las palabras y el sentido conviven permitiendo una microrrealidad dentro de la experiencia del lenguaje, y eso lo puede producir cualquiera con lecturas, con estudio y con el ejercicio del oficio de la técnica. Sin embargo, la poesía, la verdadera poesía es el momento en que reverberan los signos y la condición humana se vuelve más amplia, o más aceptable la vida; la poesía es una revolución al interior del problema ontico, ontológico; se abre otro espacio dentro del espacio. Y eso sólo lo puede descifrar el lector, no cuando lo pasa bien en un libro sino cuando realmente es dueño de su conciencia y cuando encuentra más preguntas de las que va a poder resolver en su vida. La poesía nos abre caminos interminables, es un agobio, es una exaltación, y la academia no puede señalarla; la poesía es el momento en donde uno rinde las rodillas y yo no me atrevería a clasificarla pero es el momento más alto de la condición verbal, donde logra encender y cobrar este sentido por un momento, por un fragmento de hora, sentirse realmente vivo o sospechar que puede ser realmente más grande de lo que se nos ha dicho. Yo no creo que la poesía este en el poema, sino la poesía, al ser lenguaje y al ser comunicación puede estar en cualquier dimensión característica de la condición humana.

Pero sí, el poema sigue siendo la herramienta de brevedad que te permite ser con facilidad, retomando esa palabra que tu manejas, con facilidad, el mejor amigo de los dioses, el mejor amigo de la inmortalidad. El lector de poesía sabe que en un solo verso puede su vida ser más amplia de lo que le ha resultado respirar 30, 40, 50 años, en lo que dura la primera letra al punto final de ese verso, y esa contradicción es horrible y es una angustia existencial porque te planteas tú lo que es vivir, ¡cómo es posible que haya yo aprendido más o amado más al ser testigo de esta historia de amor en una pieza dramática que en todas las relaciones en las que yo me he visto inmiscuido, en las que me rasgado las vestiduras! Entonces, la literatura, la poesía, es aquella que al cerrar un libro el hombre toma riesgos y cambia su postura, y se atreve a reformarse, a pedirle más al amigo, al novio, al hermano, a la nube, al sol, a realmente consumirlo, a realmente formar parte, participar de una mañana, participar de una velada, de una luna llena, y ser un producto activo. La poesía es aquella que permite, en términos de literatura, que el lector este participando de la existencia que es dejar el papel y la tinta y la inteligencia y conocimiento como muy al lado, sólo como un auxiliar, pero realmente nos permita entender lo que es estar realmente vivo.

De la ausencia de la violencia

Hombre muy expresivo, a quien le cuesta trabajo dar respuestas cortas y a quien le salen las metáforas a borbotones, me llamó la atención que en la obra de Christopher Amador Cervantes no hay nada sobre la violencia de las calles, un tema tristemente muy actual y, por lo mismo, recurrente. No es que fuera su obligación —le comenté—, pero pregunté si este doloroso tema no le ha inspirado escribir. Se dice consciente de la sociedad en que vivimos, pero cree que la literatura debe ser más un jardín de recreación, que una lupa a poner sobre este tipo de problemas.

La violencia a la que yo le hago culto es la de tomar un diccionario y confrontarlo con la vida, o tomar a las palabras y apretarlas o arrojarlas como si fueran bombas a expresiones, a ideas, a argumentos, a fabricaciones de la fantasía oral, para ver qué ocurre o llevar a las puertas a su último acantilado a los poetas que yo respeto o los poemas que yo más admiro, y sacarles sangre y dejarles los dientes a ver qué tanto más pueden aullar o chillar; pero si te refieres a la violencia de lo que es ser un testigo o víctima del mundo o de la condición más vulgar y terrena que significa estar desamparados ante las decisiones del poder fáctico, yo la verdad como politólogo encuentro en la poesía esa isla que me permite la libertad, por un momento.

Soy muy consciente del mundo en el que vivo y más que homenajearla (a la violencia) o ser la lupa o una lente para que sus llamas crezcan más, para ponerle lupa donde yo sé que esta el sol o poner la sal gruesa donde está la herida abierta, pues yo creo más que la literatura es la manera de criticar esa violencia, el no darle la espalda sino poderles dar un jardín artificial a los que no conocen el momento de sombra, de un árbol frondoso en medio del desierto. Y creo que mi participación contra la violencia tiene más qué ver con mi vida cotidiana como ciudadano al no formar parte de ella, o poder consolar a mis seres amados, a mis seres queridos con educación cívica, ética, o moral, con mis hijos o con mis amigos, ser un ejemplo no de vida pero si un ejemplo de alguien que frente a las balas o frente a los gritos o patadas, al grito de guerra, siempre tiene un jardín errante, un libro para ser un refugio de todos aquellos que estén casados de escuchar tanto ruido sin un sentido que apoye los caminos de la libertad.

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100 años de El cementerio marino, de Paul Valéry

FOTOS: Cortesía.

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El cementerio marino (Le Cimetière marin, 1920) de Paul Valéry (Sète, Francia, 1871-1945) es uno de los poemas más enigmáticos de la literatura universal y guarda junto a otros grandes poemas como Muerte sin fin, de José Gorostiza; Piedra de sol, de Octavio Paz, y Canto a un dios mineral, de Jorge Cuesta —dentro la poesía mexicana— la destreza de los poemas de largo aliento. Quienes nos acercamos al Cementerio… por primera vez, nos hemos quedado mudos por la manera críptica en que plantea los tropos de la realidad del pensamiento. Muchos lo leímos en la juventud y nos impactó el hecho de que fuera un abanico de posibilidades poéticas, que quisimos imitarlo sin llegar a entender en toda su pasión lo que nos transmitía el poeta. Todavía guardo el ejemplar de Material de Lectura que publicara la UNAM.

Paul Valéry es un practicante de la poesía pura y en El cementerio marino alcanza su máximo esplendor. Se trata de un poema lírico que publicó primero en una revista en 1920, y luego incluido en su libro Charmes en 1922. Lo escribió mientras creaba El parque joven (La Jeune Parque, 1917). Ambos textos están entrelazados por sus temáticas de la conciencia, el cuerpo y la presencia irremediable del mar, es decir, sus más grandes obsesiones y que definirían el camino de la poesía pura.

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El cementerio marino es de una profunda introspección de corte metafísico, separado y organizado en sextetos, con aires un tanto dramáticos, en el sentido que lo hace el teatro, para con ello resaltar en cuatro actos una sola acción, que es el pensamiento en acción. De ahí que las primeras cuatro estrofas hablen del mar como un suceso donde las cosas están impasibles, en una nada retórica que linda con lo inconsciente, pero colocado en definitivo con el discurrir del tiempo, donde el pensamiento pretende ser puro, libre de toda expresión ideológica para atenerse tan sólo a la expresividad de sus palabras. De ese modo, el cuerpo se coloca y se confronta con las formas del poema, dividido en dos aspectos o dos personajes que desean el nacimiento de la meditación de la muerte, es decir, evitar la ilusión de una eternidad del espíritu o el alma, que a su vez hará compañía al deseo de morir o de que cese el conflicto entre conciencia y existencia, uno de los grandes universales de la humanidad con que nos debatimos todavía.

No obstante, se descarta esa paradoja, y el sujeto poético escoge la vida, el movimiento, la creatividad poética para que a su vez conduzca a la acción, un largo proceso reflexivo sobre el tiempo y la dictadura que éste ejerce en la conciencia que el cuerpo llega a tener. A pesar de que es una exploración de la conciencia, un cuestionamiento de la realidad simbólica, el poeta no pretende resolver esa realidad, por ello utiliza el poema como figura y no como explicación de cómo se relacionan los apremios del pensamiento humano. Aunque hay una abstracción de la vida cotidiana, mantiene una sensualidad inequívoca, donde se pueden recoger sus frutos sensorios que producen contrastes y se adivina una carga alegre para rechazar la posibilidad de que el conflicto alcance la motivación de la vida o afecte el acto poético y puro.

El cementerio marino es, así pues, un poema de largo aliento que mantiene su misterio, su hermetismo y su fuerte carga filosófica, donde el poeta practica la pureza para liberarse de los atavismos humanos y entregarse por completo a la riqueza expresiva de las palabras. Celebremos sus primeros cien años y celebremos a Paul Valéry por la oportunidad de una poesía que encierra sus propios arcanos.

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Mi parto. Un caso de violencia obstétrica en La Paz

FOTO: Internet.

Mamá Científica

Por Marián Camacho

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). ¿Para eso quieren tener hijos? Escuché decir a la ginecóloga de guardia nocturna del Hospital General del ISSSTE, mientras yo me retorcía de dolor durante una contracción y trataba de contener cualquier sonido que pudiera molestarla. Esta crónica es la historia sobre mi parto y un caso de violencia obstétrica en La Paz, esperando causar empatía con otras mujeres para afrontar la experiencia, poder contarla y lograr unirnos para que estas prácticas se eliminen.

Ese día, ya habían pasado cuatro horas desde que la ruptura de las membranas de mi útero había dejado escapar el líquido amniótico que mantenía flotando a mi bebé. Minutos antes de que se “me rompiera la fuente”, a las 2 de la mañana, yo estaba muy tranquila durmiendo en mi casa. Mi paz interior derivaba del conocimiento del proceso biológico del nacimiento, el cual había adquirido, junto con mi pareja, durante tres meses en un curso de preparación para el parto con una maravillosa doula en el centro de enseñanza Riqui-Ran. Asimismo, mi formación científica me había impulsado a buscar gran cantidad de información acerca del tema: revistas científicas especializadas (en inglés y español), libros, pláticas con médicos y con muchas mujeres que habían pasado por ese camino, videos en internet, páginas web, etcétera. Esta gran montaña de información no sólo incluía datos duros, cifras y estadísticas, sino un cúmulo de experiencias espirituales y sentimentales que me indicaban que yo, al igual que muchas mujeres a lo largo de la historia de la humanidad, podría parir. Estaba preparada. Tenía muchísimas herramientas a mi alcance, las cuales podría utilizar dependiendo la situación que se presentara.

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Así, cuando esa madrugada vi escurrir el abundante líquido amniótico por mis muslos y formar un pequeño charco en el piso del baño, sabía que había llegado el momento de ir al hospital. Yo vivo en El Pedregal, así que el trayecto hasta el Hospital del ISSSTE en la colonia El Conchalito constituye un trayecto de 15 minutos, aproximadamente. Durante ese tiempo, iba mirando por la ventana y me di cuenta de que el malecón es muy bonito y que el mar se ve muy lindo iluminado con la luz de luna. Mi esposo y yo íbamos platicando, y me di cuenta, una vez más, que lo amo. ¡Estábamos preparados! Juntos habíamos recorrido, pacientemente, 39 semanas de un embarazo tranquilo, cálido, divertido y de mucho cariño. La información científica y emocional había sido adquirida por ambos. Definitivamente, estábamos preparados.

Dentro de los aspectos que teníamos a considerar estaba la violencia obstétrica. Sin embargo, cuando has pasado un embarazo, y prácticamente la vida entera, rodeada de un ambiente libre de violencia, con una familia y amigos que te hacen saber que estás protegida y segura, el concepto de violencia se vuelve sólo eso: un concepto, una representación teórica de algo desagradable. De tal forma que, aunque sabía que las mujeres sufren (sí, sufren) de violencia ejercida por los “profesionales de la salud” durante el momento del parto, un par de horas después de llegar al hospital me daría cuenta de que no estaba preparada para enfrentarla.

Un día antes de mi llegada al hospital, el 23 de octubre, había sido Día del Médico, por lo que esa madrugada que iba rumbo a conocer mi bebé, decidí llevar una canastita con dulces para ofrecer al personal. Una vez atravesada la puerta de Urgencias, el olor a hospital comenzó a acelerar mi corazón, pero recordaba muchas de las herramientas que tenía para afrontar los malos pensamientos, principalmente el miedo. Todo bien. El médico que me valoró inicialmente fue contundente al indicar que, desde ese momento quedaría ingresada en “trabajo de parto” y debía permanecer acostada y canalizada con suero. No aceptó ningún dulce de la canasta. A continuación, mi esposo y yo, juntos aún, pasamos a un área de camas donde me dieron una bata y comenzaron a intentar canalizarme. Y digo intentar porque, aunque el enfermero fue muy amable, me “ponchó” dos veces la vena antes de lograr colocarme la aguja correctamente. Tampoco aceptó ningún dulce de la canastita que pusimos junto a mi cama.

En ese momento comenzó oficialmente la medicalización del parto. Contrario a mi ideal, a lo estudiado en mi curso de preparación y a diversas experiencias sobre parto humanizado, al entrar a ese hospital se terminaron mis herramientas para afrontar con mi propia fuerza y voluntad la llegada de mi bebé a este mundo. Esto lo digo porque una de las condiciones básicas para sobrellevar las contracciones uterinas es poder moverse con libertad, es decir, caminar, sentarse o colocarse en cualquier posición que proporcione alivio a esos dolores tan intensos. Asimismo, el sentirse acompañada por la pareja y en un ambiente seguro, es una fuente de oxitocina natural, la hormona que facilita el trabajo de parto. Sin embargo, con la llegada de la ginecóloga de guardia nocturna a mi cama, arribó el protocolo médico de estar acostada (aún sin necesidad), el suministro de oxitocina artificial para acelerar las contracciones y la orden de salida de mi esposo con una sola palabra seca y fría: Fuera. Hizo su aparición la violencia obstétrica en forma de mujer, con 25 años de experiencia de “asistencia” a parturientas y con la empatía de un bloque de hielo.

Al pasar los minutos, no podía creer que mis miedos acerca de un parto con violencia obstétrica se estuvieran presentando uno a uno. Tuve la esperanza de ablandar el corazón de esa ginecóloga al ofrecer un dulce, el cual rechazó de inmediato e indicó Saquen eso de la habitación. Con esa misma actitud me dijo que no podría pararme, ni para ir al baño y que no hiciera ruido. Ahí perdí toda mi alegría y comencé a sentirme derrotada. De nada había servido tanta preparación, cuando no tienes opción ante un médico como aquella, de la cual depende tu vida y la de tu hijo por nacer. Hubo algunos respiros con el personal de enfermería y la estudiante de medicina que estuvo asignada en ese turno. Ambas me dijeron, en un tono muy bajito, que no me preocupara, que así era esa médico y que mejor me concentrara en avanzar en la labor de parto porque pronto conocería a mi bebé. En ese transcurrir, me realizaron varias revisiones vaginales, tactos, para revisar el avance de la dilatación del cuello uterino; así como la solicitud de diversa información para rellenar varios formularios. No es agradable repetir numerosas veces tu dirección, antecedentes clínicos y familiares en medio de una contracción, pero traté de hacerlo lo más amable que pude.

Con la oxitocina artificial recorriendo mis venas, el dolor aumentaba, hasta el punto de tener ganas de vomitar y estar “torcida” en una orilla de la cama mordiendo las sábanas cada vez que venía la contracción. Me daba muchísima pena vomitarme encima, pero era algo que no podría seguir conteniendo porque el hecho de tener que mantenerme callada ya significaba un gran esfuerzo. Tuve que decir, con la poca voz que me salía, que tenía ganas de vomitar. La ginecóloga me volteó a ver desde su escritorio y murmuró algo como Eres una chocoreta —creo que quiso decir que era chocante tener que “batallar” conmigo. Nunca lo sabré—. Me sentía demasiado apenada. Afortunadamente, la enfermera me acercó un paño donde me dijo que vomitara, y así lo hice. Nunca había vomitado en esa posición. Como último detalle antes de terminar su turno, la ginecóloga me preguntó si necesitaba mis lentes. Claro que sí. No puedo ver nada sin ellos. Por favor, no me los quite, le imploré con lágrimas en los ojos. Si eso hubiera sucedido, no puedo ni imaginar qué me hubiera sido de mí. Mmmm, pues aquí se los quitamos a todas, dijo al salir de la habitación. No la volví a ver.

Con la llegada de un nuevo día, que pude comprobar por la luz del sol que entraba por una ventanita, llegó también la esperanza, en la hermosa forma de la doctora Fregoso. En uno de los respiros de mi dolor de parto, observé unos bonitos zapatos de tacón negro y alcé la mirada para saber a quién pertenecían. Ahí la vi. Se hacía una coleta de caballo mientras preguntaba sobre la paciente que atendería ese día. Se volteó hacia mí y se sonrió. Ahí supe que el mundo puede ser un bonito lugar también. Joven, de tez blanca, cabello castaño claro y con una sonrisa tan cálida como la luz que entraba a la sala; se presentó diciendo su apellido e indicándome que ella atendería mi parto. Horas después, supe que ella es suplente y que ese día fue una casualidad que ella estuviera ahí. Esa casualidad salvó nuestras vidas y nuestra dignidad.

Pasaron las horas y el cuello de mi útero se abría lentamente con cada contracción. La Dra. Fregoso se dio cuenta que yo contenía mis sonidos y me preguntó por qué lo hacía. Le conté mi experiencia con la ginecóloga anterior y se molestó mucho. Me dijo que con ella no era necesario hacer eso y que yo podía expresarme como mejor me pareciera. Me dijo que podía gritar, llorar, decir groserías y pararme de la cama si eso me hacía sentir mejor. Desafortunadamente, tantas horas en esas condiciones me habían desgastado, física y emocionalmente, y estaba demasiado cansada para seguir. Ella podía darse cuenta de mi estado emocional y tuvo un gesto de amabilidad que jamás olvidaré: me hizo una trenza.

Ahí en medio de mi dolor, a la vista de muchas personas observando las partes más privadas de mi cuerpo y con mi ánimo por el suelo, ella logró devolverme un poco de dignidad al arreglar mi cabello. Un par de horas más tarde, el dolor llegó a su máximo cuando mi cuello uterino dilató hasta 8 cm; entonces un grito profundo salió de mi garganta, atravesó la habitación y el pasillo de esa ala del hospital, y llegó hasta la sala de espera —según me platicaron mis amigos y familiares—. En ese momento, la ginecóloga volvió con otro de mis ángeles de la guarda, el anestesiólogo, un joven médico con una mirada amable y atenta que se acercó rápidamente a ver cómo me encontraba. Él y la Dra. Fregoso, me explicaron que la situación no se estaba llevando a cabo de una manera “normal” y que, al parecer, mi dolor era demasiado y así no podría llegar al final del parto. Me sugirieron utilizar un analgésico a través de una epidural. El anestesiólogo me dijo que este medicamente no afectaría la salud de mi bebé y que únicamente haría más fácil continuar con el proceso. Accedí.

Efectivamente, obtuve un poco de alivio. Llegué al máximo nivel de dilatación: 10 cm. Ahora, según me indicaron, era el momento en que mi bebé debería comenzar a atravesar el canal de parto y necesitaría pujar para ayudarla en el proceso. Pujé. Hice lo mejor que pude una y otra vez. Ya está en segundo plano, escuché decir a la ginecóloga. Los planos de Hodge son término médicos que se utilizan como niveles para dividir imaginariamente la pelvis desde el estrecho superior hasta el estrecho inferior con el fin de ubicar la posición de la presentación fetal durante el nacimiento, en su paso por el canal del parto. En total son cuatro planos numerados desde arriba hasta abajo, siendo el primer plano el más alto y el cuarto el inferior. Sobra decir que, en el momento del parto, la posición vertical y el balanceo pélvico ayuda a este descenso pélvico. En este plano, mi bebé pasó aproximadamente una hora y media. Repetidamente la doctora me invitaba a levantarme de la cama para que la fuerza de gravedad ayudara a que mi bebé “bajara”, sin embargo, como lo mencioné, mis energías físicas estaban casi agotadas. En un momento, la ginecóloga se acercó amablemente, pero con una expresión bastante sería, y me dijo Marian, si no logramos pronto que la bebé descienda más, tendremos que hacer una cesárea. Podría ser peligroso para la bebé estar tanto tiempo en esa posición.

Pero ¿y todo ese dolor?, ¿y mis muchas horas de preparación?, ¿y mi capacidad natural para poder parir?, ¿de nada serviría todo eso? Muchas preguntas dando vueltas en mi cabeza. Hagamos un último intento, ¿vale? Trata de levantarte y hacer sentadillas. Ojalá tuviéramos una pelota de pilates, dijo la doctora. Pensar en el sufrimiento de mi bebé atorada en el canal de parto y una posible cesárea de emergencia, dieron a mis piernas un esbozo de fortaleza y, con ayuda de un médico residente, logré levantarme. Hice algunas sentadillas. Volvieron a hacer el tacto para inspeccionar si había algún avance. Nada. Más sentadillas. Otra vez tacto. Nada. Después, Fragoso tuvo un segundo gesto de amabilidad que recordaré siempre, hizo sentadillas conmigo. Desafortunadamente, estos intentos fueron infructuosos y tuvieron que llamar al cirujano.

Buenos días, Marian. Soy Max Valadez, dijo el nuevo médico que se acercó a la camilla. Su voz era firme, pero amable. Me explicó que debía hacer una revisión para decidir si se llevaría a cabo la cesárea. Para ello, cuando sintiera venir la contracción, yo debía pujar con todas mis fuerzas mientras él hacía un tacto del canal de parto. Así lo hicimos y bastaron unos segundos para su veredicto, Te voy a operar. A partir de ese momento, todo se precipitó tan rápidamente como lo había visto en las películas. Enfermeras y médicos se movían de un lado a otro. Eso me ponía más nerviosa, ya que estaba consciente que estábamos por iniciar un procedimiento de emergencia. Me enteré de que la cesárea consistiría, básicamente, de empujar a la bebé “hacia arriba”, es decir, regresarla del canal de parto hacia el útero, y sacarla por mi abdomen. Tuve miedo. Que pase el esposo, escuché decir a alguien. Ahí lo vi. Sus ojos me lo decían todo. Él también tenía miedo, aunque se esforzaba por mantener su sonrisa. Estoy muy asustada, amor, le dije, muy apenada por mi aspecto y disculpándome por no haber podido parir a su hijita. No hubo mucho tiempo para platicarlo porque las enfermeras apuraban las maniobras. Me dio un beso y me dijo Las espero afuera.

Después, y casi sin darme cuenta, estaba sobre la plancha de un quirófano con una lámpara gigante alumbrando mi cara y conectada a un monitor de la frecuencia cardíaca. En ese momento recordé haber visto u oído en algún sitio que, durante una cesárea, si los médicos te veían demasiado nerviosa podían sujetarte las muñecas con unas abrazaderas de la plancha para evitar que con algún manoteo se causaran complicaciones del procedimiento. Definitivamente, yo no quería que me amarraran, así que decidí hacer todo lo posible por realmente mantener la calma, y no solo aparentarlo ya que mi frecuencia cardíaca estaba monitoreada y no podría engañar al anestesiólogo. De hecho, él me preguntó ¿Por qué estás nerviosa?, Es que me parece una operación difícil, respondí. Me comentó que el cirujano tenía muchísima experiencia en este tipo de cesáreas y me recomendó estar tranquila. Incluso, me propuso que escucháramos música. Accedí.

La cirugía comenzó y fue mucho más rápida de lo que suponía. La parte del procedimiento donde el cirujano acomodó a la bebé y la sacó de mi cuerpo, creo que duró menos de cinco minutos. Siempre estaré agradecida por la habilidad y experiencia médica de todo el equipo que participó en la llegada al mundo de mi hija. Su llanto marcó el inicio de su vida extrauterina y se sincronizó con el estribillo de Tornasol, una canción de “La Gusana Ciega”. Inmediatamente, los médicos neonatólogos hicieron sus procedimientos de recibimiento y acercaron a mi cara a una bebé saludable con los ojos bien abiertos y mucho cabello. La cesárea terminó con una sutura vertical de aproximadamente 15 cm en mi abdomen. Posteriormente, y de camino a la sala de recuperación, pusieron a mi bebé en mi pecho para que comenzáramos nuestro vínculo madre-hija por medio del contacto piel con piel y la lactancia materna. Gracias por ello.

Sin cifras en BCS

En noviembre de 2019, Víctor George Flores, titular de la Secretaría de Salud en Baja California Sur, expresó que “en algunas situaciones es muy débil la línea” que separa la violencia obstétrica de la mera percepción de las pacientes y aseguró que “a veces desconoce el prestador de servicios que está incurriendo en una violencia obstétrica”. “Muchas veces es percepción”, dijo el también médico al referirse a las mujeres que denuncian esta clase de violencia cometida en hospitales.

Es de notar que durante su declaración, George Flores no ofreció cifras aproximadas sobre quejas recibidas en 2019 por violencia obstétrica en los servicios de salud del Estado.

Indagando sobre el tema en medios locales, en septiembre de 2018 se publicó que Lizeth Collins Collins, presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), señaló que, tan sólo en el mes de agosto de ese año, se registraron de 3 a 5 quejas por violencia obstétrica dirigidas al IMSS y al ISSSTE. Un año después, en septiembre del año pasado, la CNDH dirigió una recomendación por violencia obstétrica por inadecuada atención médica a una paciente ocurrida en 2016 en el Hospital General de Zona con Medicina Familiar Número 1 en esta ciudad. En ese mismo año, la CEDH también emitió la Recomendación 3/2019, al Director General del IMSS, Germán Martínez Cázares, por inadecuada atención médica y violencia obstétrica a una persona de 33 años con embarazo de 39.5 semanas, que derivó en el fallecimiento de una persona del sexo femenino a escasas horas de su nacimiento en diciembre de 2013, en el Hospital General de Subzona con Medicina Familiar 26 del IMSS en Cabo San Lucas.

continuará…

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Las ocurrencias de AMLO vuelan

 

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La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

Ciudad de México (CdMx). Rifar un avión que costó 218 millones de dólares, el equivalente a 2,963 millones de pesos al tipo de cambio de 2012, para que con una ganancia de 3,000 millones de pesos —obtenida por la venta de seis millones de cachitos de lotería a quinientos pesos cada uno—, se salde la deuda con el propietario del mismo, que es la institución bancaria Banobras, y que con el remanente monetario de la liquidación se adquieran equipos médicos y para infraestructura hidráulica puede sonar a una ocurrencia, y sí que lo es.

Además, debe considerarse que en el esquema de compra a través de Banobras, la aeronave quedó bajo la responsabilidad de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), así como de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), la operadora y final destinataria; instancias que desde entonces han pagado a Banobras 1,833 millones de pesos, es decir, más de la mitad del valor del costo original de la aeronave, manteniendo por concepto de pago de intereses y deuda general hasta el 2027 —fecha de finiquito del contrato de adquisición mediante Banobras—, una deuda aproximada de 2,724 millones de pesos; es decir que para cuando se liquide la deuda a Banobras, el avión le habrá costado al pueblo de México 4,557 millones de pesos.

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En caso de que la ocurrencia de AMLO se realice y se obtenga el monto esperado y con este se liquide la deuda actual con Banobras, apenas se tendrían alrededor de 270 millones de pesos de remanente, a los que se les tendrían que descontar los gastos de operación del sorteo, más los impuestos correspondientes por la compra-venta de la nave entre instituciones gubernamentales, pues la Lotería Nacional, una vez realizada la rifa, tendría que comprar el avión a Banobras  para poder entregarlo al ganador, pero aún así quedaría dinero para comprar equipo médico e hidráulico.

Los impuestos mencionados se pueden extinguir mediante un decreto presidencial por considerarse la maniobra de interés nacional, así como también podrían zanjarse las deudas entre las instancias de gobierno mencionadas y aligerar o nulificar la carga económica que la manutención del avión le generaría al ganador de la rifa. Emitir un decreto de esa índole es una prerrogativa del presidente que la oposición puede criticar y atacar en tribunales, pero que ni la más airada protesta podría invalidar; además, con una mayoría en las cámaras legislativas y ante una medida tan popular, pueden modificarse las leyes de enajenación de bienes que no contemplan casos de sorteos para tal efecto.

Ahora bien, y hablando de ocurrencias, dicen los detractores de la rifa que lo que ya se pagó ya lo pagó el pueblo, y que de concretarse el sorteo sería el pueblo el que pagaría nuevamente y hasta más del valor de la aeronave; tienen razón, el pueblo pagaría dos veces y hasta más. Pero miremos atrás y veremos que de ocurrencias está hecha la Cuarta Transformación (4T): la primera fue cuando AMLO decidió formar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), por el cual pocos personajes de la oposición daban tres pesos, pero el movimiento se consolidó en 2011 y se convirtió en partido político en 2014; tan sólo cuatro años después logró, en las elecciones presidenciales pasadas, más votos que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) juntos, los doblegó por 3 a 2 en proporciones de la votación obtenida. Luego viene a cuento otra ocurrencia, y esa fue mucho más grande que la del avión, cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y saldar a los inversionistas y evitar la debacle económica por tal operación financiera; el aeropuerto fue cancelado, la deuda solucionada con la reestructuración de la misma mediante la emisión de bonos, y el país sigue adelante. Por cierto, la organización internacional Latin Finance acaba de galardonar al gobierno de la 4T por el buen manejo económico de la cancelación de la terminal aérea.

Tenemos muchas otras ocurrencias de AMLO: el acceso general y gratuito de toda la población a los sistemas de salud, la derogación de algunas de las Reformas estructurales, la de sembrar árboles por todo el país, la de hacer caminos a la vieja usanza de las comunidades o la de combatir la corrupción en uno de los países más corruptos del mundo; y de todos esos entuertos va saliendo avante el presidente.

Así que, cuando decimos ocurrencia debemos comprender el significado de la palabra, dice el diccionario en una de sus acepciones: idea inesperada, pensamiento, dicho agudo u original que ocurre en la imaginación. Y seguro estoy que lo de la rifa ahí surgió, en la imaginación de AMLO, y se concretó en idea que ya es proyecto, del cual en las últimas semanas, para bien o para mal, es de lo que más se ha hablado en el país.

A veces algunas ideas son consideradas utopías, pero luego se transforman en realidades, sólo hay que revisar nuestra historia. En 1938 el presidente Lázaro Cárdenas del Río expropió la industria petrolera a diversas compañías trasnacionales y, ante la imposibilidad del Estado mexicano de saldar la deuda con éstas, hizo un llamado al pueblo para que le ayudara, este respondió y los mexicanos rompieron alcancías, entregaron alhajas, utensilios de cocina, incluso hubo gente que hasta con gallinas y huevos contribuyó. Díganme ahora si rifar un avión es una ocurrencia, yo pienso que sí lo es y es que de ocurrencias está hecha nuestra realidad.

De acuerdo a lo anterior, también deberíamos considerar como una ocurrencia haber adquirido una aeronave costosísima sin las posibilidades de pagarla de contado, erogando al final de la deuda contraída casi dos terceras partes más de su valor original. El gobierno de Felipe Calderón compró el avión en abonos, pero no chiquitos, generando una deuda de enormes proporciones para una nación con grandes desigualdades sociales y carencias en sectores estratégicos como en el de la salud pública y en el de la educación, entre muchos otros. Si es que en esa transacción entre organismos gubernamentales hubo intenciones corruptas, ya se sabrá, no lo dudemos. Felipe soñaba con un gobierno rico viajando a todo lujo con los recursos generados por un pueblo pobre, y digo que soñaba porque el aeroplano solamente fue usado por Enrique Peña Nieto, quien trasladó en la nave presidencial a familiares y amigos en viajes no tan oficiales; eso ya fue la cereza del pastel de uno de los mayores insultos que la clase política conservadora le ha hecho a la nación y es que también hay ocurrencias negativas.

Estoy seguro que millones de mexicanos estaríamos dispuestos a comprar un cachito; yo voy a comprar varios más. Me importa mucho que mi dinero pague el valor del avión y hasta por triplicado y que lo que quede de la operación se destine a los más pobres. La rifa sería un acto histórico de solidaridad del pueblo con su gobierno y de este con el pueblo. Ayudaríamos así a nuestro presidente a salir de un asunto que pareciera no tener remedio, si él empeñó su palabra y no ha podido cumplirla, millones de mexicanos lo respaldaremos y la haremos cumplir.

El avión presidencial es un símbolo del régimen pasado, si se vende o se rifa y parte del dinero obtenido se usa para causas sociales, daríamos un revés político más a quienes se les ocurrió comprarlo y a quienes lo usaron, sólo por eso vale la pena comprar un cachito.

Además de que el ganador podría ofertar la aeronave con un costo considerablemente menor al de su valor actual, para garantizar su venta, y aún así obtener una gran suma de dinero; o el premio podría ser otorgado en efectivo y a varios ganadores, si decidieran premiarse varios boletos, así la rifa sería aún más atractiva y el avión podría ser destinado a la Fuerza Aérea Mexicana por un periodo, para ser vendido en un precio justo y obtener más recursos y destinarlos de nueva cuenta a causas sociales. Las posibilidades son muchas, la tenacidad del presidente, única, ya veremos de qué tamaño es la solidaridad de los mexicanos.

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La adicción temprana

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Ius et ratio

Por Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hay sustancias nocivas para la salud, legalmente permitidas, y que pese al enorme daño que ocasionan a la salud de los consumidores, no solo son permitidas, sino que son fomentadas mediante costosas campañas mediáticas, y socialmente incorporadas como elementos festivos.

Es el caso del azúcar, la grasa y el alcohol, que siempre se encuentran presentes en los festejos y celebraciones, porque se les relaciona con la alegría, la felicidad, y en abundancia, son reflejo de un estatus de triunfo, bienestar, alta estima social. Las dos primeras nos tienen en los primeros lugares mundiales de obesidad y existen programas oficiales tendientes a revertir su consumo. El alcohol es otra historia.

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El alcohol y la nicotina, son las sustancias de consumo legalmente tolerado, cuya ingesta es la puerta de acceso al consumo de las drogas fuertes. Las estadísticas las apuntan como las primeras agresoras de la salud con que se inician los consumidores que posteriormente se habituarán al consumo de marihuana, cocaína y las drogas sintéticas, que constituyen los tres rubros de sustancias de abuso que más se consumen en territorio nacional.

Si queremos evitar que nuestros jóvenes se inicien en el consumo de drogas fuertes, es imperativo mantenerlos alejados del alcohol y el tabaco, que siendo drogas permitidas, resultan de fácil acceso a los menores, pues su consumo es reiterado en los ambientes familiares y en los círculos sociales de convivencia e interacción grupal.

Si queremos mantener a nuestros jóvenes saludables, debemos mantenerlos libres de todas las adicciones, no solo de las sustancias proscritas por la ley, pues las adicciones legales también resultan altamente nocivas para la salud. De ahí la importancia de emprender una campaña seria, frontal, agresiva, contra el alcoholismo.

Tomando como referencia la ENA, Encuesta Nacional sobre Adicciones, realizada por el INEGI, el consumo de bebidas alcohólicas se ha incrementado de manera explosiva, sobre todo los fines de semana. Junto con el incremento del consumo de alcohol, sucede un fenómeno sociocultural que contribuye a minimizar el problema: por un lado se ha perdido la percepción de la gravedad del problema y por otro, ha disminuido la edad en que se inician los consumidores de alcohol

La estadística apunta a una constante reducción de la edad en que se inician en el consumo del alcohol sus adictos. Antes se hablaba de los jóvenes, posteriormente de los adolescentes. Hoy se habla de edades de iniciación inferiores a los 12 años; es decir, tenemos ya el problema de niños iniciándose en el consumo regular de alcohol, en promedio a los 11 años, lo que es gravísimo, pues esos niños están expuestos a daños neurológicos irreversibles, pues a esa edad todavía sus prefrontales no se han desarrollado y por ende pueden desarrollar adicción de por vida.

Si queremos combatir de tajo el problema, debemos exigir a nuestras autoridades de los tres órdenes, la generación de políticas públicas de cero tolerancia al consumo de alcohol en menores de edad, buscando por todos los medios disponibles, la implementación de campañas agresivas de alto contenido informativo en las que se advierta sobre los daños neurológicos que ocasiona la ingesta de alcohol en edad temprana.

Se supone que está prohibida la venta de alcohol a menores, pero en la práctica, la normatividad no se cumple, y tenemos un problema muy grande de clandestinidad en la venta de alcoholes, y una alta permisividad en materia de celebraciones festivas donde el acceso al alcohol es ilimitado, como ocurre con las barras libres, bailes, toquines y las horas felices en las que el alcohol corre sin ningún control, ni sobre la cantidad ni sobre la calidad de las bebidas.

Parte del problema administrativo se genera a partir de que el Municipio detenta la facultad para otorgar o negar licencias para la venta de alcoholes, y en la mayoría de los municipios, se privilegia la prebenda, el favoritismo, la corrupción, al momento de asignar las licencias, y en muchos casos dichas licencias son acaparadas por las grandes compañías cerveceras, que explotan dichas licencias a través de sus concesionarios y distribuidores, bajo la única expectativa de vender la mayor cantidad de alcohol posible, sin detenerse a considerar la posibilidad de que dicha sustancia incluya a menores como consumidores, pues carecemos en la República Mexicana de un código de ética, de una norma oficial que regule de manera uniforme los lineamientos para la expedición y explotación de las licencias de alcoholes.

Debemos cerrarle la puerta a las adicciones fuertes, y la llave está en detener el acceso de nuestros niños y adolescentes al alcohol y al tabaco.

LAS DROGAS MÁS CONSUMIDAS POR NUESTROS JÓVENES

Si bien no contamos con un estudio metodológicamente sistematizado que nos presente de manera completamente confiable el panorama de inicio en el consumo de drogas de abuso, contamos con el referente de dicho proceso en zonas metropolitanas. Entendemos que es un buen referente, tomando en cuenta que la tendencia nacional es el aglutinamiento poblacional en las zonas urbanas.

La información del SRID (Sistema de Registro de Información en Drogas) indica que la mariguana es la sustancia que presenta el nivel de consumo más alto (61%). Los usuarios de esta sustancia inician antes de los 11 años; sin embargo, el grupo más afectado es el de los 15 a 19 años (56.7%). Su nivel de uso más frecuente es el alto (20 días o más durante el último mes) en el 4.8% de los casos. La vía de administración más frecuente es fumada (98.7%).

En cuanto a los inhalables, estos representan el 40.4% del uso de sustancias alguna vez. El grupo más afectado es el de los 12 a 14 años de edad (45.5%). El nivel de uso más frecuente es alto (20 días o más en el último mes) en el 34.3% de los casos. El nombre genérico y popular más mencionado es el activo (73.1%).

La cocaína ocupa el tercer lugar de consumo en la prevalencia de alguna vez (34.0%). El grupo más afectado es el de los 15 a 19 años de edad (45.9%). El nivel de uso más frecuente es el leve (1 a 5 días en el último mes) en el 38.8% de los casos. Los nombres que más reportan los usuarios son cocaína (73.4%) y crack (25.9%)

CONCLUSIÓN: Podremos seguir gastando como nación los miles de millones de pesos que anualmente se invierten en la llamada lucha contra el narcotráfico, pero mientras no ataquemos la demanda, la guerra seguirá siendo coronada por la derrota. Tenemos que acotar el problema de raíz, y la demanda se inicia en el hogar, en la medida en que se permite, y en muchos casos se fomenta, el consumo de alcohol y tabaco.

El frente de batalla ciudadano es el de la prevención y el combate al alcoholismo, en el campo de acción familiar, escolar, comunitario.

Prevenir siempre será más conveniente, sencillo, funcional y económico, que tratar de remediar.

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