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A medio siglo de la separación de The Beatles. Música para todas las generaciones

08-Ene-2020

ARTÍCULO Por Modesto Peralta Delgado

FOTOS: Internet.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En abril de 1970, Paul MacCartney anunciaba oficialmente la separación de The Beatles. Un mes después salía a la venta su último álbum: Let It Be. A mi me faltaría casi una década para nacer, sin embargo, soy uno de los miles y miles en el planeta que tiene algún recuerdo ligado a la que —le pese a quien le pese—, podría considerarse como la banda de rock más grande de todos los tiempos. Y es que su música ha sido un poderoso pegamento entre las generaciones.

¿Qué es lo que hizo tan grande a estos genios de la música? A 50 años de la separación de The Beatles se han escrito un mar de cosas, y este es un breve artículo de cómo influyó en una vida —en mi vida—, como lo fue seguramente en la millones, así que responder en unas líneas en qué reside su grandeza resultaría absurdo. Con todo, creo que una de sus mayores cualidades es haber experimentado una evolución —con una audaz experimentación y cambios radicales—, que a medio siglo ha permitido que diferentes canciones puedan ser adoptadas por personas de diferentes edades. Cualquier disco, cualquier tema, podría formar parte de cualquier soundtrack de cualquier ser humano en el mundo.

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En mi niñez y adolescencia, la música de The Beatles llegó a través de algunos cassettes de éxitos como los Past Master I y II, con lo que creía conocer lo mejor de la banda. Claro, como cualquier neófito tarareas Yesterday o Hey Jude creyendo que eran sus mayores joyas, pero al ir creciendo te das cuenta que las más populares no siempre son las piezas más importantes de tu archivo personal; de hecho, algunas de las mejores canciones para uno, por supuesto, cambian con el tiempo, y a veces no aparecerían en un listado de sus mejores rolas, como en mi caso, la admiración que siento por la genialidad musical en I’ve Just Seen a Face, Hey bulldog o Happiness is a Warm Gun. Mi favorita de unos años para acá: While My Guitar Gently Weeps.

Muchos artículos se han publicado, seguramente con pleitos entre los jueces, sobre sus mejores álbumes —de hecho, la música de The Beatles puede ser todo un campo de estudio desde cualquier ángulo, sea desde un medio frívolo o desde análisis académico. Para uno que creció con su música de una forma desperdigada, a como fuimos encontrando sus discos en el camino, sólo podríamos delimitarlo de forma caprichosa. En un momento de mi vida, el Rubber Soul lo rayé de tanto ponerlo en mi etapa universitaria, y el White Album —para mí el mejor, seguido con poco por el Revolver— de plano lo perdí en alguna borrachera. Porque eso sí, las canciones de estos ingleses estuvieron en medio de todo tipo de bebidas, desde el café hasta la cerveza. Lo que sí creo es que, en muchos casos, quien crea que el mejor es el Sargent Pepper —en muchos casos, repito— sería porque así se ha repetido hasta el cansancio; pero vamos de nuevo: lo más publicitado no es sinónimo de lo más significativo o trascendente para quienes hemos explorado su música.

Como sea, no buscamos establecer listados. Ni somos quién, ni nos importa. Sólo celebramos que hace medio siglo dejó de existir para siempre una banda de pop icónica en muchos sentidos, y la sentimos y la amamos como si hubiésemos estado en su concierto en la azotea. Incluso, viví sus “noticias” y las discutía, como entre amigos, al “establecer” que la separación había sido “por culpa de Yoko Ono“, pero al paso del tiempo uno se da cuenta que solo forma parte de los mitos, de las palabras que intentan explicar fácilmente procesos más complejos. Y cada que veo Imagine vuelvo a llorar cuando se anuncia la muerte de John Lennon. Sus biografías han sido parte de mi educación artística, y al igual que sus temas, las comprendo de diferente manera según la edad, y ocasionalmente regreso a las primeras canciones con la frescura de que apenas se hubieran publicado.

Sin duda, The Beatles son parte importante de mi vida. Cambia mi percepción de su historia musical conforme avanzo en edad, y no dejan de sorprenderme a pesar de la distancia en décadas. Jamás olvidaré cuando, siendo estudiante de la UABC en Mexicali, hace dos décadas, la galería de la universidad expuso la colección de un beatlemaniaco de aquella ciudad, y sería la primera y única vez que vi abarrotada una exposición, y al inaugurarla, se tocaron canciones en vivo, mientras de ni se sabe dónde, algunos hacían los coros agudos de Noregian Wood; ni cuando en La Habana, Cuba, en un concierto en tributo a John Lennon, espontáneamente, los espectadores nos tomamos de la mano y cantamos al unísono el Imagine con la fuerza y la emotividad que un himno de esa magnitud lo vale.

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