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La genética de los alcohólicos

22-Oct-2019

ARTÍCULO Por Marián Camacho

FOTO: Internet.

SudcaliCiencia

Por Marián Camacho

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El alcoholismo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un término de significado variable, usado durante mucho tiempo, para referirse al consumo crónico y continuado o al consumo periódico de alcohol, que se caracteriza por un deterioro del control sobre la bebida, episodios frecuentes de intoxicación y obsesión por el alcohol y su consumo a pesar de sus consecuencias adversas.

El término alcoholismo fue acuñado originalmente en 1849 por Magnus Huss. Hasta la década de 1940 hacía referencia principalmente a las consecuencias físicas del consumo masivo y prolongado. Otro concepto más estricto es el alcoholismo considerado como enfermedad, que está marcado por la pérdida de control sobre la bebida, causado por una alteración biológica preexistente y que tiene una evolución progresiva previsible. Más adelante, se empleó el término para designar el consumo de alcohol que provoca cualquier tipo de daño (físico, psicológico, individual o social).

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En 1990 la Sociedad Americana de Medicina de las Adicciones definió el alcoholismo como una enfermedad crónica primaria en cuya evolución y manifestaciones intervienen factores genéticos, psicosociales y ambientales. La enfermedad suele ser progresiva y fatal. Se caracteriza por los siguientes rasgos, que pueden ser continuos o periódicos: deterioro del control sobre la bebida, obsesión por el alcohol, consumo de alcohol pese a sus consecuencias adversas y perturbación del pensamiento, sobre todo, negación.

El consumo excesivo de alcohol, y los trastornos por consumo de esta sustancia, cobran enormes pérdidas a individuos y sociedades. La OMS estima que 3 millones de muertes cada año (5.3% del total de muertes en el mundo) son atribuibles al uso nocivo del alcohol.

De manera local, en Baja California Sur, el consumo excesivo de alcohol entre la población femenina entre 12 y 65 años se ubica en un 25.7%, superior a la media nacional que es del 10.3%, según datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016.

Los trastornos por consumo de alcohol, incluida la dependencia (alcoholismo) y el abuso, se definen con base en las características de comportamiento, tales como patrones de su consumo que conducen a un deterioro o angustia significativos. Muchos factores se combinan para dar como resultado un trastorno por consumo de alcohol. Si bien algunos factores de riesgo se consideran derivado del ambiente (incluida la disponibilidad, el consumo por parte de amigos y familiares, y algunos factores estresantes), se ha comprobado que una parte sustancial de la diferencia de riesgo entre individuos tiene una base genética.

Aunque ninguna línea de evidencia en sí misma es concluyente, dada la naturaleza multifacética de la enfermedad, la convergencia de la evidencia indica abrumadoramente que el riesgo de alcoholismo y rasgos relacionados está influenciado en parte por las diferencias genéticas. Esto enfáticamente no quiere decir que cualquier variación genética o colección de variaciones conduzca inevitablemente al alcoholismo. No existe un gen para el alcoholismo. Más bien, el alcoholismo es un rasgo genético complejo, en el que las variaciones en muchos genes más las variaciones en el medio ambiente (incluidos los factores sociales) afectan el riesgo de la enfermedad. Esta es una razón clave por la cual la búsqueda de diferencias genéticas que afectan el riesgo de alcoholismo es difícil. La complejidad adicional surge de la posibilidad de que las variaciones genéticas puedan afectar el riesgo en un entorno particular, que puede diferir entre los grupos estudiados.

Asimismo, aunque ha habido un esfuerzo sustancial para identificar los factores genéticos, esta tarea no ha sido fácil. La primera pregunta surge al pensar en cuáles genes deberían analizarse primero. Los primeros estudios de genes candidatos se centraron en aquellos que codifican enzimas involucradas en el metabolismo del etanol (alcohol etílico). Esta era una estrategia lógica, porque los efectos de cualquier sustancia (droga o medicamento) están determinados en parte por su metabolismo y eliminación. El metabolismo del etanol sigue un camino corto: se oxida para convertirse en acetaldehído, y después se oxida de nuevo de acetaldehído a acetato. Las enzimas clave involucradas en el metabolismo del etanol son las alcohol deshidrogenasas (ADH1B), que catalizan la mayor parte de la oxidación a acetaldehído, y las aldehído deshidrogenasas (ALDH2), que oxidan el acetaldehído a acetato. La mayor parte (quizás el 90%) de la oxidación del etanol ocurre en el hígado, y el resto en el estómago.

En este sentido, se sabe que las variantes funcionales de ADH1B aumentan la velocidad a la que el etanol se metaboliza en acetaldehído (lo cual ocasiona efectos aversivos en la persona), y una variante funcional en ALDH2 esencialmente bloquea su capacidad para eliminar el acetaldehído, lo que conduce a una fuerte reacción aversiva. Estas variantes reducen el consumo excesivo de alcohol al provocar fuertes reacciones de rechazo y, por lo tanto, reducen el riesgo de trastornos por consumo de alcohol. El disulfiram, un fármaco utilizado para tratar el alcoholismo crónico, inhibe la ALDH2 y, por lo tanto, provoca una reacción aversiva que reduce en gran medida el consumo de alcohol.

Así, aunque se han estudiado otros genes, los únicos hallazgos con suficiente soporte son los relacionados a los que codifican las enzimas del metabolismo del alcohol (ADH1B y ALDH2), que tienen efectos potentes sobre la cantidad de consumo de alcohol y el riesgo de alcoholismo en varias poblaciones de personas a lo largo del mundo.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que los genes no determinan por sí mismos si alguien se volverá alcohólico. Las personas con alto riesgo poligénico pueden optar por no consumir alcohol, y aquellas con bajo riesgo poligénico pueden experimentar eventos vitales graves u otras influencias ambientales que los impulsan hacia trastornos por consumo de alcohol. Incluso en esta nueva y emocionante era de descubrimiento de genes, es fundamental resaltar que el riesgo genético es solo una parte de la compleja arquitectura de factores de riesgo y protección que subyacen los trastornos por consumo de alcohol. Y, aunque algunos de estos pueden ser susceptibles de intervenciones de tratamiento, es razonable esperar que un mejor conocimiento del riesgo genético y los factores involucrados puedan acercar dicho tratamiento a la realidad clínica.

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