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Las “niñas madre”, víctimas de violencia y abuso

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Sexo + Psique

Por Yaroslabi Bañuelos

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hace algunas semanas, en la provincia de Tucumán, Argentina, se dio a conocer un desgarrador caso que conmocionó a la comunidad internacional: “Lucía”, una pequeña de apenas 11 años, fue forzada a dar a luz a través de una riesgosa cesárea. La menor había sido violada por la pareja de su abuela, y como consecuencia de dicha agresión quedó embarazada; cuando se detectó la gestación, la niña expresó de forma contundente su deseo de interrumpir el embarazo: “Quiero que me saquen esto que me puso adentro el viejo”. Sin embargo, ni los médicos ni las autoridades respetaron la decisión de “Lucía” —seudónimo utilizado por los abogados y los medios de comunicación para proteger la identidad de la menor—   y le administraron medicamentos para acelerar el desarrollo fetal.

Cabe señalar que, aunque el aborto no es legal en Argentina, se puede acceder a éste en casos de violación o cuando la vida de la mujer embarazada corre peligro, o al menos eso se supone, pero, según los abogados de la niña, los funcionarios del hospital no coordinaron la interrupción del embarazo de “Lucía” y vacilaron durante semanas, siendo sometida a la cesárea el miércoles 27 de febrero del presente año. No obstante, el actuar de las autoridades por encima de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres no fue la única acción indignante en este caso. Unos días después del parto obligado de “Lucía”, el periódico argentino La Nación publicó un editorial titulado “Niñas madres con mayúsculas”; en dicho texto, el diario aplaude y glorifica a las menores que se han convertido en madres, lo cual queda plasmado en frases como “resulta admirable y emocionante ver desplegarse el instinto materno” o “admiración hacia las niñas madres, madrazas por cierto”.

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Lo más peligroso en esta lamentable situación, es que el editorial de La Nación pasa por alto las circunstancias que provocaron esas gestaciones no deseadas y minimiza la violencia real hacia las niñas y mujeres, ya que en su mayoría se trata de embarazos infantiles forzados, aquellos que ocurren en menores de 14 años, casi siempre productos de violaciones y abusos sexuales reiterados. En gran parte de esos casos, es común que en las naciones en vías de desarrollo y países subdesarrollados a las pequeñas se les niegue una atención médica de calidad y se obstaculice la Interrupción Legal del Embarazo (ILE). La periodista española Berna González Harbour señala en un artículo en El País: “La niña fue forzada dos veces: por su violador, y por quien le impuso la cesárea contra su voluntad”. Asimismo, después del caso de “Lucía”, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) declaró que “el embarazo en la infancia no está vinculado al “instinto materno”, es abuso sexual y por tanto el embarazo es forzado”.

Datos y cifras

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 millón de niñas menores de 15 años dan a luz cada año, la mayoría de ellas vive en situaciones de marginación social y pobreza, sin embargo, datos ofrecidos por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) esa cifra se eleva a 2 millones, y se estima que en 2030 serán tres millones las niñas que afronten un embarazo y un parto. Sin mencionar que más del 80% de esas niñas abandonaran los estudios.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante el 2016, en México se registraron casi 400 mil nacimientos de madres menores de 19 años, es decir, estos fueron 17 de cada 100 nacimientos reportados en dicho año, de los cuales, 737 fueron por parte de pequeñas de 10 a 12 años y 8 mil 818 de niñas de 13 a 14 años. En 2017 la cifra aumentó, ya que hubo 9 mil 748 partos de madres que tenían entre 10 y 14 años. Entre los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México tiene el mayor índice de embarazos infantiles y adolescentes; asimismo, América Latina es, a nivel mundial, la segunda región con más embarazos precoces, sólo superada por la región de África subsahariana.

Riesgos y consecuencias

El embarazo temprano pone en riesgo la salud de la joven gestante y del recién nacido, ya que los bebés de madres menores de edad se enfrentan a un 50% más de riesgo en mortalidad prenatal o de morir en las primeras semanas de vida, a diferencia de los bebés de mujeres mayores de 20 años, esto debido al bajo peso al nacer y múltiples complicaciones médicas. De igual forma, la OMS señala que a nivel global, las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre las adolescente de 15 a 19 años en todo el mundo. Según Unicef, estos casos sobrepasan lo que se considera un “riesgo médico obstétrico”, y abarcan otros problemas de carácter social que afectan de forma grave la integridad psicológica de las niñas. Un embarazo infantil no sólo se trata de atravesar los cambios físicos y emocionales que genera un embarazo normal como lo haría saludablemente una mujer adulta; una niña no cuenta todavía con el desarrollo fisiológico, cognitivo ni emocional para afrontar un alumbramiento, por lo que la gestación se convierte en una tortura tanto física como psicológica para la pequeña.

Hay que reconocer que una niña jamás planea su embarazo, es por ello que el drama de las “niñas madres” no sólo se restringe a la poca o nula educación sexual que existe en las comunidades más pobres, gran parte de estos casos no ocurren por relaciones sexuales consensuadas, son provocados por la situación de desigualdad y violencia generalizada hacia las menores que gobierna en muchos países: violaciones (intrafamiliares), abuso sexual, maltrato, pobreza, marginación, acoso y matrimonios infantiles forzados, entre muchas otras formas de agresión. El año pasado, el ex secretario de Salud, José Narro Robles, declaró que cada día del 2017 hubo dos nacimientos, cuyas madres eran niñas de entre 10 y 11 años. “Pero, ¿cómo es posible? ni biológica, ni moral ni éticamente; esto no está bien”. […] El 70 por ciento de quienes las embarazan — porque las niñas no se embarazan solas, alguien las embarazó— es un adulto de 18 años o más”, dijo Narro Robles en aquella declaración.

No lo olvidemos: las pequeñas que cargan en sus entrañas la pesadilla de la violencia no son “niñas madres”, son niñas violadas, maltratadas, humilladas, torturadas y víctimas de una serie sistematizadas de abusos de todo tipo. El embarazo forzado es una vulneración de los derechos humanos. No existe la maternidad infantil, las pequeñas no tienen la obligación de ser madres, todas las niñas y los niños deben vivir su infancia sin torturas ni sufrimiento, en un ambiente que les permita crecer saludablemente y que favorezca a su desarrollo integral.

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El ejido mexicano: su historia y aportación a la economía nacional (II)

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Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El tema de la propiedad ejidal resulta siempre muy polémico debido al papel que ésta tiene en la actividad económica del país. En lo que respecta a Baja California Sur, se observa que la mayoría de los ejidos aún viven en el atraso económico, muchas veces los ejidatarios poseen amplias superficies de tierra improductivas y sin trabajar; sin embargo, la figura de los ejidos fue fundamental dentro del desarrollo del siglo XX, principalmente estuvo asociada a la Reforma agraria revolucionaria; en la entrega anterior de este artículo se puede profundizar más acerca del origen de los ejidos y su historia.

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Se dice que no hay malas ideas, sino que las personas que están al frente de éstas son las que ocasionan que dichas ideas fracasen; en la entrega anterior nos quedamos en el año de 1992, cuando se completó el reparto agrario y se dio por finalizado este histórico período, en el que se pretendió hacer justicia y darle a vida al lema La tierra es de quien la trabaja, que hiciera famosa el líder revolucionario Emiliano Zapata. La finalidad de esas causas, eran la reivindicación de los campesinos a los derechos de la propiedad de las tierras labradas.

No obstante, cuando el Gobierno de México inició el reparto agrario entre los campesinos, paralelamente debió introducirse un sistema de educación y profesionalización de la actividad agrícola entre los beneficiados de este programa. El reparto de tierras “entre quienes la trabajan” en esencia no está mal, pero fue la estrategia en la que se dio dicha distribución la que no funcionó; para entender mejor la situación, tomemos como ejemplo el caso de un padre que tiene la necesidad de repartir sus riquezas y propiedades entre sus hijos, ahora imaginemos que los vástagos carecen de educación, preparación y objetivos; cualquiera sabe que dicha riqueza está condenada al fracaso. Algo semejante sucedió con los ejidos.

Mientras se repartían tierras a todo lo largo y ancho de la República Mexicana, se ofrecían créditos accesibles y apoyos económicos para adquirir equipo o invertir en la siembra, por lo que el ejidatario “sobrevivió” durante ese tiempo gracias a la generosa ayuda de los gobiernos en turno a cambio de tener a los campesinos y comunidades dentro “del huacal político”, incluso se empezaron a forjar lideres ejidales que usaban a sus agremiados para beneficio propio, ya sea en cargos políticos o para conseguir buena vida económica familiar. Cuando ya no quedaban propiedades por repartir, después de 36 años de altibajos en la distribución de predios a ejidatarios, llegamos al 6 de enero de 1992, fecha en que se publica en el Diario Oficial de la Federación que se dio por concluida la repartición de terrenos y sucede lo inimaginable para los precursores de la Reforma Agraria, ya que se modificó el Sistema de Propiedad Ejidal y se inició el proceso de privatización con la incorporación de las tierras al mercado, o dicho de otra manera, los predios comunales podrían ser negociados entre particulares y vendidos a cualquier persona.

Aquel 6 de enero del 92, cuando se publicó la reforma del Artículo 27 constitucional, se dio el siguiente argumento: “el campo ocupa un programa integral de apoyo para capitalizarlo, abrir opciones productivas y construir medios efectivos que protejan la vida en comunidad”. Para emitir una opinión al respecto hay que establecernos en un contexto, ya que los tiempos no son los mismos en 1917 —fecha que inició la repartición de propiedades ejidales— que en la actualidad, ni en México ni en el mundo. Mientras que al inicio del siglo pasado los avances tecnológicos y las luchas sociales eran muy diferentes a hoy en día, encontramos que el sistema comunal de tierras que se ejerció en México no obtuvo los resultados esperados, no obstante, tampoco se puede aprobar una venta indiscriminada de predios por parte de los ejidos, sobre todo porque estas propiedades pueden caer en manos de empresas mineras o empresas extranjeras. En Baja California Sur, dicha situación se presenta mayormente en la parte sur del Estado, en donde han surgido conflictos entre ejidatarios y particulares por ver quién se queda con más tierras, pero no para trabajarlas, sino para venderlas a empresas turísticas extranjeras.

Asimismo, es notorio que gran parte de la población mexicana carece de una cultura de superación personal y que posee una escasa mentalidad emprendedora, lo que provoca que el dinero —producto de las ventas de tierras ejidales— no les dure mucho a los ejidatarios vendedores, y más si recordamos que originalmente los predios se repartieron por el principio de confirmación, lo cual significa que se otorgan terrenos a campesinos que nunca habían tenido propiedades, no cabe duda que cuando no nos cuestan las cosas, no las valoramos tanto.

Escríbeme a noeperalta1972@gmail.com

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La Carretera Transpeninsular y sus accidentes automovilísticos

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Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

La Paz, Baja California Sur (BCS).  Hablar de la carretera transpeninsular “Benito Juárez”, es hablar de la historia reciente de la península de Baja California y las dos Entidades que la conforman: Baja California —convertido en Estado el 16 de enero de 1952— y Baja California Sur —decretado el 8 de octubre de 1974. No hay habitante peninsular que no haya transitado esta carretera, o que no tenga anécdotas qué contar, y hasta la mala experiencia de presenciar o vivir un percance automovilístico.

Si la carretera tuviera la posibilidad de comunicarse, sin duda nos relataría muchas historias de amor, aventuras, paseos en familia, pero también nos contaría sobre tragedias ocasionadas por los accidentes de auto. Y es de suponer que, debido a la indiferencia del mexicano, al no atender a los señalamientos que se instalan sobre los lados del camino, suceden la mayoría de las tragedias, y sobre todo, probablemente bajarían las cifras de decesos por volcaduras o choques entre vehículos.

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Hay que decirlo, la mayoría de los accidentes se pueden evitar si el conductor tiene más conocimiento y respeto hacia las señales de tránsito, ya que según cifras de organismos especializados en el tema, el 90% de los accidentes de tránsito son provocados por el factor humano por si sólo o asociados a otros factores; se trata de un porcentaje muy alto que se puede prevenir, precisamente, atendiendo al conductor.

FOTO: Comefilm

La carretera transpeninsular “Benito Juárez”, cuyo nombre oficial —dentro de la nomenclatura usada por la Federación—  es Carretera Federal No. 1, tiene una historia muy interesante, que inicia en el año 1934, en el gobierno del general Lázaro Cárdenas, con un pequeño tramo entre Tijuana  y Ensenada; esto fue parte del Plan Pro-Territorios Federales para fortalecer el sentimiento nacional entre las regiones lejanas del país. Todavía pasarían muchos años para la inauguración de dicha carretera, el acto oficial se llevó a cabo durante la visita del presidente Luis Echeverría Álvarez, del 30 de noviembre al 5 de diciembre del año 1973. Con ello se acabó el aislamiento de los territorios que conforman la península de Baja California.

Como aportación técnica, a la carretera transpeninsular se le dio el “número 1” debido a que en nuestro país, la ciudad de Tijuana (esquina Noroeste) se toma como punto origen de todas las carreteras federales, donde las autopistas en dirección Norte-Sur llevan el número non, mientras que las que van en orientación Este-Oeste llevan un número par, y aunque muy pocas personas conozcan este dato, la transpeninsular es el origen de toda la numeración. Como dato histórico final, se le llamó Benito Juárez porque el año de 1973 fue declarado como “Año de Benito Juárez”, y todo lo que se inauguraba tenía el nombre de este héroe de la historia mexicana.

Pero regresando al tema de los accidentes automovilísticos, en tiempos recientes, la carretera transpeninsular es un foco rojo por la cantidad de desgracias humanas que han sucedido, sobre todo en un tramo específico, me refiero al intervalo carretero que va desde El Valle de Vizcaíno a Guerrero Negro, por la zona norte del estado de Baja California Sur. Dicho tramo forma parte del corredor Santa Rosalía-Guerrero Negro y consta de 221 kilómetros, asimismo, posee entre 6.10 y 6.20 metros de ancho de calzada (superficie total de rodamiento).

Si suponemos que con el tiempo el “hombro de la carretera” se va desgastando, encontraríamos que el camino llega a tener sólo 6 metros de ancho, esto precisamente entre el ejido Vizcaíno y Guerrero Negro, la parte más crítica de dicho tramo. Como dato digno de medición, cabe señalar que un tractocamión con remolque y pipa, el cual acarrea combustible, mide 2.50 metros de ancho y suponiendo que éste avanza a una velocidad de 80 km/hr, el momento de cruce con otro tractocamión similar debe ser auténtica adrenalina.

Otro ejemplo de los accidentes en la transpeninsular, es el ocurrido el martes 12 de febrero del 2019, donde perdieron la vida dos funcionarias del gobierno estatal y otras dos personas resultaron heridas, una de ellas de gravedad; este percance trascendió hasta medios informativos nacionales, creando una reflexión sobre la cantidad de víctimas mortales que han existido y que, desgraciadamente, han sido bastantes.

Nadie se imaginó el desarrollo económico que tendría la región y según anécdotas de los lugareños, la carretera transpeninsular se construyó pensando en la poca población —lo cual era lógico en aquella época— y por el poco presupuesto que se contaba; sin embargo, los tiempos cambian y a poco más de 45 años de aquella legendaria inauguración sucedida en el Paralelo 28, donde se dan la mano actualmente como buenos vecinos los Estados de Baja California y Baja California Sur, ya es tiempo de poner los ojos en la ampliación del camino mediante una bien elaborada modernización de carreteras.

Estos cambios ya se están viviendo en el tramo de La Paz a Ciudad Insurgentes, donde la calzada tiene un ancho de 12 metros muy suficientes, para que la Carretera Federal No. 1 o carretera transpeninsular siga contando hermosas historias de estas tierras, tan lejanas del centro de la República.

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¿Por qué son necesarias las licencias de construcción?

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Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

La Paz, Baja California Sur (BCS). No hay mayor felicidad que iniciar con la construcción de nuestra vivienda, sin embargo, muy posiblemente esa sea la única vez que construyamos en nuestra vida, porque el costo de los materiales de construcción y la mano de obra cada vez son más altos en comparación con los ingresos de cada habitante de la República Mexicana.

Cuando tenemos cierto capital  —ahorrado con mucho sacrificio o derivado de algún crédito—  nos ponemos a planear cómo será nuestra casa, y a veces no falta algún “acomedido” que nos pregunta si ya contamos con los planos constructivos y la respectiva licencia de construcción, y es aquí cuando nos preguntamos frunciendo el ceño: ¿para qué sirve la licencia de obra?, ¿por qué una buena parte de las personas que construyen tienen un beneficio al contar con los planos?. Y pronto nos volvemos a cuestionar y pensamos ¿por qué debo pagar una licencia de construcción?

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Si iniciamos una construcción —“cómo debe de ser”—, tenemos que seguir una receta, algo así como cocinar una buena comida, pero no somos expertos y requerimos de la receta con los ingredientes y su proceso de elaboración. Existen diferentes diámetros de varillas, distintos calibres de cable eléctrico, por citar ejemplos de algunos “ingredientes” que conlleva; también hay diferentes resistencias de concretos a usarse, y los planos nos indican “el proceso de elaboración”. Es así como el plano hace la función de la receta para la construcción de cualquier espacio habitable o para que la gente trabaje en su interior, ya sean una casa habitación, locales comerciales, bodegas, centros comerciales, etcétera.

Siendo la construcción de una edificación una tarea muy delicada, y como se dijo anteriormente, que involucra la inversión de una gran cantidad de dinero, ésta debe estar reglamentada y supervisada por la autoridad, en este caso por el Ayuntamiento de donde se pretenda construir la edificación. Para la autoridad, la importancia principal —mas no la única—, radica en que se cuente con una verificación de que la elaboración de la construcción sea acorde con los planos constructivos, y que también esté edificada en zonas previamente autorizadas, o sea, que no se construya en regiones de afectación de cables de alta tensión de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o en zonas de inundación.

Si bien es la autoridad quien lo solicita, nosotros como propietarios de lo que será la futura construcción, y tenemos que estar seguros de que la obra se lleve a cabo como nos indica la “receta” o los planos constructivos. Los profesionistas que tienen perfil para realizar este tipo de supervisiones son los ingenieros civiles y los arquitectos, quienes mediante un arancel ya establecido, cobran los honorarios por fungir como Director Responsable de Obra (DRO), y el propietario puede tener la confianza de que un profesional está al pendiente de su construcción.

Además de los gastos extras que no estaban contemplados por los pagos de los planos, licencias de construcción y la responsabilidad del DRO, todo pareciera indicar que después de terminada la edificación, nos encontramos contentos y listos para disfrutar de nuestra vivienda, sin embargo, hay excepciones donde las obras no concluyen como se esperaba, y es en este punto cuando las personas valoran el arduo procedimiento para la obtención de una licencia de construcción. Uno de los casos más conocidos de cuando se “revisa con lupa” el procedimiento para obtener la licencia de obra, es el derrumbe de una parte del colegio Rébsamen, acontecido en la Ciudad de México, el pasado 19 de septiembre del 2017.

De manera breve y sin entrar mucho en los detalles, se tiene que la “bolita va y viene” entre las partes involucradas: la autoridad, el propietario y el DRO… El propietario señala que las licencias se otorgaron antes de comprar el edificio, la autoridad menciona que se tramitaron bien, pero el DRO no revisó eficientemente la construcción… Y el DRO culpa al constructor de hacer modificaciones a la estructura sin previo aviso. Lo más seguro es que el caso se vaya a empantanar debido a la corrupción imperante en el país, no obstante, nos deja la enseñanza sobre que tan importante son las licencias de construcción y su debido procedimiento.

Y llegando al ámbito local, específicamente en el municipio de Los Cabos, hace pocos meses se detectó una construcción que se estaba realizando en zona de riesgo por crecidas de arroyo, y que al parecer la licencia es apócrifa; en estos casos la autoridad debe tener mucho cuidado con designar correctamente las áreas de riesgo, y esto va muy de la mano con los Planes de Desarrollo Urbano (PDU), el que será un tema analizar en la siguiente entrega, por lo pronto la recomendación: si van a construir, tramiten también la licencia de construcción.

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Lo que callamos las ciruelas del monte

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SudcaliCiencia

Por Marián Camacho

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El ciruelo del monte, también conocido como ciruelo cimarrón, es un árbol silvestre ampliamente conocido en Baja California Sur que  forma parte de la flora iconográfica de nuestro Estado. Lleva por nombre científico Cyrtocarpa edulis y representa una de las plantas características que habitan la región del Cabo de la península de Baja California, la cual se extiende de la punta sur de la península (Cabo San Lucas) hasta el paralelo 25° N (cerca de Agua Verde-Loreto). De hecho usted, Querido Público Lector, puede contribuir al conocimiento del área de distribución de esta planta informando, de manera sencilla y gratuita, en la plataforma Naturalista cuando encuentre alguno de estos árboles.

Los ciruelos del monte, plantas endémicas —que únicamente habita en un área restringida— de Baja California Sur, prefieren suelos arenosos profundos y terreno llano, pero también se encuentran marginalmente en condiciones más áridas en las dunas posteriores —detrás de las dunas que dan frente al mar— y en las islas en el sur del Golfo de California. Cyrtocarpa edulis también habita marginalmente el bosque tropical seco en las montañas de la región del Cabo, pero allí es menos abundante. Probablemente su distribución restringida sugiere una intolerancia al frío y a la sombra y una necesidad de las temperaturas cálidas de verano y de las primeras lluvias de otoño —así como nosotros pueh’.

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Anatomía del ciruelo

Seguramente, la mayoría de los lectores sudcalifornianos podrán traer a su mente, casi de forma inmediata, la imagen de un ciruelo en cuanto escucha su nombre. Sin embargo, tal vez sean menos aquellos que conozcan los aspectos técnicos de su apariencia, es decir, aquellas características que utilizan los científicos botánicos para describir a las especies de plantas. Así que, antes de entrar en detalles, les comparto dos ligas que les llevarán a un glosario de términos sobre vegetación y a una maravillosa guía de plantas icónicas sudcalifornianas que, casi al final, contiene dibujos muy ilustrativos sobre los diversas características de las hojas, flores y frutos.

El ciruelo de monte es un árbol de tallos gruesos y suculentos de hasta 10 metros de altura, con una corteza lisa de color gris claro y una copa abierta y redondeada. El tronco hinchado constituye un órgano de almacenamiento de agua, ya que el contenido de agua de la madera puede variar entre 60% y 80%, y representa una estrategia de la planta para afrontar la época de sequía. Las hojas alternas, pubescentes —cubierta de vello o pelusilla fina y suave— y cortas — de 5 a 10 centímetros de largo— son secas y deciduas —es decir, que se pierden durante una parte del año. Evidentemente, la humedad en la corteza es usada para mantener a la planta en los largos periodos de sequía en lugar de mantener hojas siempre verdes. Las flores discretas, blanquecinas o verdosas están en panículas axilares —racimos ramificado de flores, en el que las ramas son a su vez racimos— y aparecen en abril y mayo.

Flor del ciruelo del monte.

Las frutas de los ciruelos, las ciruelas, se pueden encontrar en verano y en otoño y son una de las principales características que buscamos en estos árboles, ya que constituyen un manjar para los habitantes de esta tierra. Pertenecen al tipo de frutos conocidos técnicamente como drupas, ya que poseen un epicarpio (“cáscara”) delgado, un mesocarpio (“pulpa”) carnoso o fibroso que rodea un endocarpio leñoso (“hueso”) y que, generalmente, contiene una sola semilla. Las ciruelas del monte son drupas ovoides, amarillas —cuando están deliciosamente maduras, aunque también se pueden comer así verdes, no le hace—, aterciopeladas, ovoides de 1.5-2 cm de largo con semillas muy duras conocidas por los choyeros como chuniques.

Ciruelo lampiño

Hace varios años, en el 2004-2005, los investigadores José Luis León de la Luz y José Juan Pérez Navarro del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR) recolectaban plantas en las dunas posteriores a lo largo de la costa del Pacífico entre la ciudad de Todos Santos y las Planicies de Magdalena, y fue ahí que encontraron varios individuos del ciruelo del monte Cyrtocarpa edulis que atrajeron su atención debido a la condición glabra —lampiña, sin pelos, tricomas o estructuras similares en la superficie externa— de sus hojas, flores y frutos. Después de no poder encontrar plantas glabras entre los especímenes de esta especie en los herbarios (archivos de plantas) de diversas instituciones nacionales y extrajeras, decidieron proponerlos como una nueva variedad de C. edulis.

Si no has probado las ciruelas de El Mogote…

La famosa leyenda que explica lo que pasa aquellos foráneos que osan comer ciruelas de El Mogote es parte del folclor de muchos habitantes de Baja California Sur, particularmente para los de la ciudad de La Paz. Sin embargo, existen otras características menos conocidas que también hacen realmente importante a los ciruelos del monte que habitan en El Mogote.

El ciruelo del monte Cyrtocarpa edulis es la especie más conspicua y dominante en las dunas posteriores de la barrera costera frente a la ciudad de La Paz, conocida popularmente como El Mogote. Los individuos del ciruelo Cyrtocarpa edulis de El Mogote son una variante fisonómica de la forma arbórea distribuida tierra adentro y se diferencian por la ausencia de un tallo principal bien definido que se ramifica a menos de un metro de altura; presentan tallos tortuosos que adoptan un hábito postrado en el suelo, lo cual promueve la propagación vegetativa. De esta forma, se pueden generar individuos clonados que se extienden alrededor del árbol madre, alcanzando coberturas de hasta 100 m², así como familias de clones, de porte arbustivo que raramente alcanzan 3.5 m de altura. Así, el ciruelo en El Mogote presenta una forma particular de reproducción principalmente asexual mediante la presencia de tallos capaces de generar raíces adventicias, al contrario del medio peninsular donde la propagación ocurre básicamente por semilla que son dispersadas en las heces de los diversos animales que se alimentan de esta planta como vacas que pastorean libremente, iguanas de cola espinosa (Ctenosaura hemilopha) y coyotes (Canis latrans).

Símbolo de identidad

Al compararse con el Centro y Sur del país, el Noroeste Mexicano es relativamente pobre en especies de plantas, pero la proporción de especies endémicas es relevante. Un análisis del conocimiento florístico actual del Noroeste de México (Baja California, Baja California Sur y Sonora), publicado en septiembre de este año, muestra dentro de la región a 941 especies, de las cuales 391 se encuentran restringidas a BCS —incluido el ciruelo del monte Cyrtocarpa edulis—, lo cual equivale a que un 42% de las especies registradas son endémicas de nuestro Estado.

Así, ante los riesgos actuales de deforestación derivada de diversas actividades antropogénicas, es prioritario establecer programas de protección para las especies exclusivas de Baja California Sur, como nuestro ciruelo de monte, ya que gran parte de estas, al tener una distribución restringida, pueden verse gravemente afectadas por la destrucción y modificación de su hábitat.

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