Nos han dado un presidente. A un año del triunfo de AMLO (II)

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Colaboración Especial

Por Raúl Carrillo Arciniega

 

Nos han dado un presidente

Charleston, Carolina del Sur (EE.UU.). Una característica que la narrativa de AMLO construye, es que objetiviza el concepto de pueblo, y, como ya ha sido dicho y contemplado, es la construcción de un populista. El Pueblo, esa unidad amorfa y vacía donde el discurso que pretende imponer se enraíza y se acepta; se consolida como una voz de algo, que no tiene una voz libre ni al margen de quien se le pregunta. Esto se ha corroborado en sus reuniones tipo rally de Trump, donde le pregunta a la gente (que asistió y que simpatiza con la política que implementará, sea cual fuere), sobre qué cursos debe tomar tal o cual iniciativa, y pregunta en una especie de votación expedita si debe o no ir el Tren Maya, a lo que todos los presentes contestan con un Sí, que era previsto desde el principio. Este mecanismo de acarreo tiene toda una tradición del viejo PRI.

El respaldo popular era la clave de la apariencia del poder en la dictadura perfecta, o dictablanda, que generaba un dominio sexenal y un apoyo de los sectores del PRI. Dado que los inicios de AMLO son de factura patriarcal, el modelo del acarreo sigue; de igual modo, es ligado con el modelo del acarreo en las iglesias católicas, donde el padre es quien convoca a su grey para que oigan lo que les tiene que decir. AMLO hace lo mismo a través de sus conferencias, sermones mañaneros, en los que calibra, pontifica, perdona deudas, regaña, desmiente cifras, critica a su crítica, pero sobre todo impone su discurso, impone una verdad narrativa que busca consolidar el rumbo de México en todos los niveles.

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El combate a la corrupción no es un combate real sino sólo de imagen. Mostrar que él y los suyos serán los paladines que se den baños de pureza. Para muestra ya tenemos un par de renuncias, una del director del IMSS y la otra de la secretaria del medio ambiente. El primero ha renunciado porque los recortes afectan a los derechohabientes y éstos no han sido calibrados para atenderlos, por falta y escasez de medicamentos. Ha redactado una carta en donde denuncia esas irregularidades, a lo que AMLO sólo ha respondido que lo que hace su gobierno está bien, porque va contra la corrupción.

La segunda, aparentemente, por un abuso de poder y basada en que se regresó un avión para que la secretaria de Turismo pudiera llegar a su destino. Ha sido una muestra de prepotencia y eso será inadmisible dentro del esquema nuevo gobierno. Si antes había sido reprendida por su desempeño laboral, no nos enteramos. Lo que no se ha tolerado es hacer ver mal al nuevo gobierno, preservando ciertas prácticas que han sido percibidas por el grueso de la población como actos de corrupción.

En todo caso, sus manifestaciones contra la corrupción han sido más dirigidas hacia el problema cosmético de cómo se ve a sí mismo el presidente de México y su necesidad de ser vitoreado por la historia de México como el gran transformador de México. Al haber obtenido el grueso de los votos y haber ganado los congresos estatales y federales, se ha tenido que echar mano de quienes estuvieron desde el principio en la lucha por el poder. Se ha desechado a aquellos que no tenían más de 15 años en el intento de reconstruir al país, de ahí que la nueva transformación de México en ocasiones se muestre como mero tinglado, como una mera fachada que tiende a construir una idea de país más que un país donde el bienestar sea proporcionado por el gobierno.

AMLO sigue el esquema del viejo paternalismo priista de los años 40, donde el gobierno debía ser el principal benefactor del hombre rural, que tenía que otorgar la tierra, y cuyos resultados podemos leer, el cuento de Juan Rulfo Nos han dado la tierra, por ejemplo. La creación de los ejidos que ahora, por ejemplo, están lucrando en zonas que antes no eran consideradas de interés turístico y hotelero. AMLO concreta la realidad conjurándola. Su mecanismo dialógico no lo es del todo, sino una simulación más dentro del paradigma del poder. El enquistamiento de la corrupción muestra que lo único real será un comportamiento de su gabinete, a quienes les ha bajado el sueldo y deben celebrarlo para que nadie gane más dinero que él.

Su estilo de hacer política, alberga la consideración de que el poder se ejerce a partir del discurso que él mismo tiene y no escatima en echar mano de todo el poder de la palabra desde su autoridad. Cita, por ejemplo, sin ningún resquemor, palabras directas de una Biblia que no sabemos si lee, pero que su base sí la considera como un discurso desde donde emana la verdad, y la verdad emana desde el propio discurso, a través de su persona, como vicario de un poder que él solo usufructúa, que él solo comunica al más puro y viejo estilo cristiano. Él es el tata Dios que busca la mejoría del pueblo, en una especie de bondad histórica e histriónica que no lamenta decir que el mundo es lo que acaece y en ese acaecimiento está la verdad del hombre mexicano.

Sus discursos pausados, son asequibles para cualquier persona con escolaridad de sexto de primaria, su corta variedad léxica sorprende, pero de igual forma sorprende su manera de hipnotizar a las masas. En un país donde el rumbo se ha perdido, AMLO surge como la única implementación de una posibilidad, de que el mundo no es tan injusto como se cree y que no sólo aquellos que han nacido ricos y con posibilidades de estudio triunfan. Es la mentalidad de quienes creen que al votar por AMLO se instaura una cuarta transformación, una especie de resurrección de las almas y la instauración de un paraíso que se llamará México.

AMLO dice recibir el parte de la delincuencia todos los días y afirma no delegar nada, contemplar el dato duro y no nos dice qué más hace con él. Entendemos que podría estar al tanto del número de muertos que se registran en el país. Creemos entender que, cuando lo recibe y lo lee, de seis de la mañana a siete, detalla alguna estrategia y habla con alguien para decir qué se debe hacer. Para algunos más optimistas, ya reconocer el número de asesinatos nos tendría que llevar al segundo paso, que sería la implementación de algún mecanismo para su contención. Volvemos una vez más al viejo problema entre el gobernar, el administrar y el hacer política palaciega.

En el primer caso, administrar resulta más gravoso de lo que se piensa, porque el país enfrenta una crisis profunda en el uso del recurso público, mismo que lleva a la corrupción. ¿Cómo detener ese sistema sobre el que se ha basado México a lo largo de su historia postrevolucionaria? ¿Cómo atender al proceso de reencause, donde el pueblo habrá de recibir esas bondades capitalistas que tanto busca? Es que, a la postre, el discurso de AMLO no es claro. No tiene una dirección mas que su propia megalomanía, que ha jurado que no le atacará.

El problema con la megalomanía es que nadie es inmune a sus caricias y mayor poder, y con esto quiero decir, a mayor atención a las palabras del tlatoani, mayor poder, para que su voluntad sea cumplida. AMLO no delega, sólo en su silla de Águila podría encontrar la respuesta a la transformación que México necesita, una transformación en la que, lo que llaman el proyecto, puede tener alguna salida notable, alguna construcción real de quienes buscan que el mundo sea de los justos y de aquellos que buscan el poder del cielo en la tierra. AMLO cree tener la respuesta, cree en la metafísica al estilo Connie Méndez, donde una vez decretado, el universo se confabula para que sea realidad.

AMLO cree en la magia que desde su rincón de oración presenta al mundo mexicano, que es bueno y sabio. Pero eso es hacer política en México, y pareciera que en todo el mundo, buscar que el verbo impere y que vaya haciéndose real. Es lamentable verlo platicar con Zuckenberg sobre temas que ya han sido puestos en el terreno fallido, como lo es la incorporación de un internet gratuito que no fraguó, y cómo lo dice a la prensa. Es la misma magia que AMLO se atribuye a sí mismo, es la magia de la tecnología, la que opera dentro de su propia aura salvadora.

En efecto, México necesita salir de su atraso, de su estética del atraso, cuya imagen hace que México pueda invertir en turismo. La magia debe estar presente para ofrecer a México como un destino donde el sabor, el atraso y la calidez humana, muestran una cultura ancestralmente sometida, una cultura que, más que buscar salir de su atraso, se pone de pechito para mostrar esa misma reciedumbre que se nos fue en el devenir histórico de un país que hubo sido, un país que no logra congraciar lo que es, con lo que quisiera ser. De ahí que AMLO sea el salvador, quien intentó menear la varita mágica de los pueblos originarios y de aceptar un bastón que otro López también había aceptado, López Portillo, cuya actuación en la política nacional no había tenido un parangón semejante hasta que López Obrador tomó conciencia de sí mismo y de cómo sólo se necesitaba de su carisma, para perseguir la promesa de un país que ha imaginado tantas veces, desde que apoyó la candidatura de unidad de López Portillo. Por eso AMLO se materializa con la palabra a diario, se sintoniza y se exhibe, desmañana a todos sus colaboradores y se para atrás, para ver cómo sus achichincles salen avante de una serie de preguntas a modo.

Hay que reconocer que sí, al país le ha faltado todo, y que el capitalismo de cuates ha sido una de las armas más letales que ha mantenido al país una fisonomía que siempre ha tenido desde La Colonia. ¿Cómo salvar lo insalvable? ¿Cómo no pensar que el país puede ser salvable? Y de ahí radica toda esa esperanza que se erige de los discursos de AMLO. En el fondo somos unos optimistas, en el fondo nos creemos toda conspiración por idiota que parezca. Y es que no creerla es hundirnos y regodearnos en la mierda de que el barco ha vivido en naufragio desde que soltamos la amarraras de la Metrópoli.

De ahí que los intentos por una restitución monárquica con Maximiliano hayan llegado tan lejos y le hayan costado la vida al heredero Hasburgo. Porque el proyecto de restitución fue presentado como una muestra de realidad, donde el hijo adolescente ha salido loco e incompetente, donde no hemos podido controlar nada de lo que podría hacer de este país, una vía para salir de esta pobreza y ese atraso, que tanto atraen para salir bien en las fotos de los viajes que se pegan quienes sienten que desafían a la muerte por vacacionar en nuestras tierras. Y si utilizo el posesivo, es porque no tengo otro lugar para asentarme que ese, que me vio nacer, en medio del privilegio de nacer con todas las oportunidades de seguir siendo parte de una minoría educada, pero al mismo tiempo, consciente que el México del atraso es el México de la norma.

Desgraciadamente no podemos sólo conjurar, decretar o hacer rituales para salir de ese atraso histórico; hace falta mucho más, repensar el artificio, rediseñar el esquema que incluya un mundo en constante cambio y que haga de la negociación, un terreno donde la política no sea un juego de palacio, sino la cooperación de todo una estructura, reconocer las responsabilidades del gobierno, de qué es lo que debe hacer y qué es lo que debe proveer: salud, educación, seguridad, servicios, agua… elementos que puedan hacer que el mundo, la población, se construya, que la población desarrolle su potencial para convertirse en humano, y no seguidor de magos y falsos ídolos que creen que con decretar que el sargazo ya no es malo, el hedor de su putrefacción ya no se sienta.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, esto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




AMLO y sus símbolos. A un año de su triunfo (I)

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Colaboración Especial

Por Raúl Carrillo Arciniega

 

Cómo se lee un logotipo

Charleston, Carolina del Sur (EE.UU.). Las democracias están en peligro. La sociedad actual apenas si recuerda los vicios de las dictaduras que asolaron a millones de personas en los países subdesarrollados. En México, en donde se había simulado todo, ha terminado por construirse algo que aquellos que se llaman de izquierda, han visto como la oportunidad para que haya una cuarta transformación (4T). López Obrador ha ganado la elección en lo que los analistas califican de la más abrumadora victoria desde las mejores épocas priístas, donde no había un solo voto en contra. AMLO ha ganado con un número elevado de votos y ahora argumenta es tiempo para la 4T.

Como la política mexicana es rica en símbolos ha mandado hacer un logo, que pretende dar una revisión histórica del paso del colonialismo a la vida independiente de México, es decir, su transformación, de ser un mero remedo de país a uno verdadero. En su emblema vemos en primer plano y al centro a Benito Juárez asido a una bandera, a su derecha a Miguel Hidalgo y a la derecha de éste a José María Morelos. A la izquierda de Juárez vemos la imagen de Madero y por último la figura de Cárdenas. Entendemos que en ellos se basa el proyecto simbólico de AMLO.

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Le ha llamado la Cuarta transformación porque arguye que han pasado tres antes que él, a saber por el dibujo, la primera La Independencia de México, representada por Hidalgo como el iniciador del movimiento, aunque no haya sido en contra de la Corona Española como bien se sabe, y un Morelos que lo único que sabemos de él es que usaba una pañoleta en la cabeza. Así el discurso que plantea la 4T es el de la heroicidad.

Visto en términos heroicos, La Independencia es la primera etapa después de la muerte del padre, aunque no haya sido consolidada ni establecida por ninguno de los dos próceres que se muestran en el logotipo del nuevo gobierno. Pero dentro del país de la simulación, la imagen icónica es más que suficiente. El gobierno en turno, que emana de una tradición de rico presidencialismo tlatoánico priísta, sabe perfectamente que la simulación es más importante que la verdadera transformación. En ese sentido, AMLO ha puesto el dedo en la llaga de toda una tradición que icónicamente se malentiende. La Independencia fue el proyecto de invención de un México que no podía ser como el que se tenía.

Al centro del logo, construyendo el proyecto de nación, está Juárez como reformista. Su política de reformador no importa mucho, porque desde el punto de vista simbólico sólo se atiende a su fenotipo, a sus facciones y a su extracción indígena; es decir, es el triunfo de La Independencia, aunque haya sido el único caso de un presidente que haya venido desde una base indígena oaxaqueña. AMLO ha dicho admirarlo porque vivió en Palacio Nacional y porque practicaba la honrosa medianía, además de haber separado La Iglesia del Estado, aunque sólo de manera simbólica porque no fue eso, sabemos, lo que aconteció con su supuesta separación entre La Iglesia y El Estado. Además, la imagen de Juárez opera muy bien en la proyección de un movimiento racial, de un movimiento que va hacia la reivindicación del indígena que puede llegar a ser todo lo que se proponga, gracias al esfuerzo personal y una serie de aciertos cósmicos y de buenas relaciones, como casarse con Margarita Maza, dando un braguetazo histórico.

Así, esa idea icónica de lucha por la igualdad es la que domina el paradigma simbólico de su logo. Ésta, entendemos, es la segunda transformación: La Reforma. El ciudadano común no comprende en realidad cuál ha sido la grandeza de Juárez más que por una frase que se encuentra en la Alameda central de la capital del país: Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz, previamente usada por Kant. Así la operación es más simbólica que otra cosa. El propio AMLO ha dicho que Juárez es su modelo a seguir, aunque no sepamos a qué se refiere específicamente. Su proyección obedece a un modelo de identificación con el que se quiere equiparar, para entrar dentro de la historia que está dispuesto a dictar.

A la izquierda de Juárez vemos a quien parece ser Madero, mismo que fue el autor intelectual de La Revolución Mexicana, cuando menos con la consigna de Sufragio efectivo. No reelección. Escribió La sucesión presidencial y era espiritista. Aparentemente los espíritus le dictaron el libro y lo impulsaron a asumir su rol como presidente, antes de ser asesinado por el general Huerta en una emboscada mientras salía de Palacio Nacional, donde fue secuestrado para su bien por el mismo Huerta. En la película de Kazans es mostrado como un pusilánime que no entiende el verdadero sentir del pueblo y de lo que representaba la consigna de Tierra y libertad esforzada por El Zapatismo y El Villismo.

Ninguno de ellos logró consolidar nada, porque a ambos les gusta echar bala y temieron convertirse en una figura dictatorial como Díaz, contra quien pelearon con gallardía y mesianismo. Por tanto la visión de Madero se entendería en la voluntad de que el voto cuente, del sufragio efectivo. La visión del sufragio no se entiende muy bien. Sufragar no es el verbo que se use para ejercer la democracia; sufragar es ayudar o apoyar en algo en las primeras acepciones. Creo que cuando la gente que vota, aquella sin que pueda razonar su voto, cuando alguna vez se le presenta con esa frase, no comprende qué es lo que le están diciendo, sólo ponderan la necesidad de votar por aquel que le haya dado más beneficios reales.

Bajo ese esquema de pensamiento las huestes de AMLO podrían argumentar que les gusta el respeto al voto, hacerlo efectivo siempre y cuando se vean favorecidos en el número de sufragios. Por otro lado, el voto efectivo se consolida como la voz de una masa amorfa que pide y sabe. Ya sabemos por las múltiples afirmaciones de AMLO que el pueblo es sabio. Se refiere a la masa amorfa que lo vitorea y quien votó de acuerdo a los intereses que AMLO proyecta. La reelección entonces parece ser parte de un discurso que se aventura, una especie de grupo de enfoque donde se van midiendo las posibilidades en la sociedad para asestar el golpe de la imposición de los candidatos.

Por último, en el logo de la 4T aparece Lázaro Cárdenas. Éste se nos revela como un epítome de la reciedumbre gubernamental, quien luchó para privatizar el petróleo y devolvérselo a los mexicanos. Emanado del PRI pero opositor del gobierno despótico, Cárdenas inaugura la bonanza de México al reapoderarse de petróleo mexicano. Aquí habría que hacer una matización. La reposesión del petróleo ha sido muy mal entendida por la población mexicana. La consigna de que el petróleo es de los mexicanos ha generado una serie de denuestos y agravios entre todos los partidos políticos y sus simpatizantes. El petróleo nunca ha sido ni será de los mexicanos. Para decirlo concretamente: el petróleo es del gobierno en turno. PEMEX es un transnacional que explota el petróleo de México y cuyo ingreso y ganancias van directamente a las arcas gubernamentales, desde donde se utiliza para financiar costos de urbanización y, sobre todo, salarios y prestaciones burocráticas.

PEMEX paga el salario de todos aquellos que han encontrado en el gobierno una forma de vida. Nunca ha sido la recaudación fiscal, puesto que los esfuerzos por renovarla no han dado ningún fruto. La austeridad republicana que clama AMLO es, al final, una buena intención en el mar de las desgracias gubernamentales.

Así, el logo de la 4T enuncia un discurso falaz en todo sentido. Sin embargo, sí pretende establecer una narrativa que integre una serie de buenas intenciones históricas, para tratar de cambiarla. Por años ha quedado como una expresión del despotismo del Gobierno priista en turno. Ahora, el área del petróleo se ha convertido en un proyecto estratégico tanto de facto como simbólico. El nuevo gobierno pretende reestructurar PEMEX y otorgarle el centro de su proyecto, como el principal medio para hacerse de recurso y reestablecer esa bonanza que el propio Cárdenas trazó en su nacionalización. Ahora AMLO ha lanzado la iniciativa de construir una refinería, que a todas luces tiene un valor simbólico más que económico.

Sin embargo, desde la trinchera en la cual ha decidido estructurar su discurso, esto es bastante coherente. Pretende construir un país mental, un país discursivo que muestre cualquier configuración faraónica desde la cual pueda edificar su proyecto, una prueba fehaciente de que el Gobierno invierte recursos en un bienestar imaginado. Así, la 4T es una puesta en escena de la representación de un poder ancestral que busca consolidar sus instrumentos simbólicos, porque la política mexicana, dado que está corrompida y podrida desde sus adentros, no es más que una posición desde donde se puede improvisar y una tribuna desde la cual se puede decir cualquier cosa.

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Armida Castro: ¿la menos morena de Morena?

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La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La presidenta municipal de Los Cabos, Armida Castro, se erigió como tal impulsada por la enorme ola del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que avasalló en los comicios electorales de julio de 2018. Y como ella, hay muchos otros funcionarios públicos que en ese cisma electoral consiguieron sus cargos, no tanto por sus virtudes políticas, su experiencia, su compromiso y su honradez, sino por que fueron la opción pactada para aparecer en la boleta electoral bajo las siglas del nuevo partido, que a partir de entonces, se convirtió en la agrupación política más fuerte del país.

No estoy diciendo que Armida no tuviera aspectos encomiables para llegar al cargo que hoy ostenta, pero esos, en su persona, quedaron subsumidos bajo la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien fue el que la llevó de la mano a la Presidencia Municipal. ¿Cómo olvidar el video que ahora vuelve a circular en las redes, en el que se comprometió a dar una defensa férrea para la recuperación del Estero de San José del Cabo? ¡Qué mujer tan de arrestos a favor del pueblo y la ecología! Lástima que ahora, con el proyecto del hotel de la cadena Caesars Palace a punto de erigirse en el estero, su discurso no sea contundente, ni claro, y se conforme de excusas basadas en la actuación de sus antecesores.

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De que ella fue la elegida por Morena y AMLO para gobernar Los Cabos no hay duda, pues en mayo del año pasado, Obrador, a través de la presidenta del partido Yeidckol Polevnsky, mandó un mensaje a su estructura política y a su base electoral, ante los jaloneos previos a la elección: Quiero pedirles a todos ustedes sus votos, que no desperdicien su voto en nadie más. La única que lo merece y que va a cambiar de verdad Los Cabos es Armida, no me cabe la menor duda. Hace falta una mujer que les enseñe a los otros cómo hacer las cosas, dijo Polevnsky.

Es verdad que Armida está enseñando la manera de hacer las cosas en Los Cabos. En abril pasado, un grupo de miembros de Centro de Recuperación y Rehabilitación para los Enfermos de Alcoholismo y Drogadicción de San José del Cabo, ingresaron al Palacio Municipal, y al poco rato fueron desalojados por la policía, golpeados, y varios de ellos arrestados; que su administración contenga de esa manera una manifestación de inconformidad bajo la consigna de que su forma de protestar era incorrecta, es, cuando menos, un desafio a AMLO, quien cien veces protestó, bloqueó vialidades, hizo plantones y encabezó marchas. Ni un vidrio se rompió en el plantón de Reforma, ha dicho en repetidas ocasiones el tabasqueño; y Armida, con diez manifestantes, no tiene manera de negociar y usa la fuerza pública.

Una de las banderas de la Cuarta Transformación (4T) es la austeridad republicana, y no significa gastar menos en programas sociales o en la atención de pueblo en general, se refiere a recortar gastos innecesarios y a redistribuir los recursos con conciencia social. En este sentido, la Alcaldesa no ha entendido el concepto, pues está dispuesta a erogar una suma millonaria por la renta de una flotilla de autos de lujo y blindados para ella y su administración, en una enorme contradicción con los principios del partido.

Otra de las banderas de la 4T es la seguridad y la pacificación del país, y si bien es cierto que cuando Armida Castro tomó en sus manos el municipio éste ya era violento e inseguro debido al crimen organizado, ahora sus calles se han vuelto un campo de batalla entre taxistas tradicionales y prestadores de servicio de plataformas digitales como Uber; las golpizas callejeras, los atropellamientos, las persecuciones, la retención de personas y las agresiones a turistas nacionales e internacionales son la norma diaria en un conflicto social que ella ha sido incapaz de contener, ya no digamos de resolver.

Las alarmas debieron encenderse en la sede central de Morena y en mayo pasado, el diputado federal por el Partido del Trabajo, Gerardo Fernández Noroña, fue a Los Cabos. Las quejas de la estructura partidista y la ciudadanía sobre Armida le llovieron al insigne compañero, quien le debió leer a la Alcaldesa la cartilla de la 4T, aunque Noroña ya debía venir preparado al respecto, pero parece que el llamado de atención llegó tarde y justo en los momentos en que Armida era objeto de acusaciones de nepotismo por tener en la nómina del Organismo Operador Municipal de Agua Potable Alcantarillado y Saneamiento (OOMSAPAS) a su hijo, Juan David Dimas Castro, quien desde entonces es el aviador más popular de la entidad.

FOTO: «El Sudcaliforniano».

Armida insiste en que todo es una campaña sucia en su contra, pero hasta ahora no ha desmentido a cabalidad las acusaciones de nepotismo, que se suman a otras quejas por la presencia de varios familiares en la estructura de su gobierno municipal, incluido su marido.

Documentos del ISSSTE, y otros de la nómina del OOMSAPAS, son huellas que la inculpan, y circulan en las redes y en varios medios de comunicación en detrimento de su figura política y de Morena. Si a lo anterior sumamos su tendencia a reprimir la protesta social, su comportamiento ostentoso, su incapacidad de resolver el conflicto entre los trabajadores del volante, y su desdén poselectoral con respecto al ecocidio en el Estero de San José del Cabo, tenemos que gran parte de la sociedad desaprueba su desempeño en la gestión municipal.

Las notas periodísticas sobre la conducta de la alcaldesa, que es cuando menos reprobable, están reduciendo las posibilidades del partido de alcanzar la gubernatura del Estado en las elecciones de 2021. El gobierno de AMLO lleva seis meses, y el golpeteo mediático en su contra y la situación del país, van a hacer que su popularidad baje hasta que no se consigan buenos resultados en cuestiones económicas y, sobre todo, de seguridad; lamentablemente para alcanzar eso falta por lo menos la mitad del sexenio, para entonces la ola de Morena puede estar debilitada y no podrá catapultar a la Alcaldesa de Los Cabos;  tampoco al Alcalde de La Paz, Rubén Muñoz; ni a Walter Valenzuela, presidente municipal de Comondú a la gubernatura ­—como recientemente lo hizo en Puebla y Baja California con sus candidatos.

Los tres regidores deberán, si aspiran al cargo, valerse por sus propios actos y hasta ahora ninguno ha brillado con luz propia; y en el caso de Armida Castro, ella misma se está opacando. Aunque aún puede defenderse esclareciendo los turbios asuntos que se le imputan, su estrategia de evadir a la prensa y no dar la cara a la ciudadanía que le reclama, no le va a durar mucho y eso la va a sepultar en el olvido electoral.

Tras la visita del viernes 7 de junio de AMLO a Los Cabos, la actitud de Armida debe dar un giro, así es que sólo nos queda ver si puede deshacer la campaña sucia que —según ella—, hay en su contra, aunque hasta ahora todo parece indicar que, aunque sucia, tiene mucho de verdad, y la está posicionando a nivel nacional como la política menos morena de Morena.

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Cuando las aerolíneas te roban el tiempo en nombre de Josefa…

FOTO: El Universal.

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En una acción ejemplar, Andrés Manuel López Obrador hizo renunciar a la Secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Josefa González Blanco, por lograr, mediante un amigo de ésta, que Aeroméxico retrasara un avión entre la Ciudad de México y Mexicali. El vuelo 198 fue demorado y Josefa hizo un aterrizaje forzoso fuera de la pista de la Cuarta Transformación (4T). Ojalá así sean las acciones, contundentes y expeditas, con quienes cometen actos más que cuestionables, que incluso requieren otro tipo de castigo, no sólo la renuncia, por ejemplo la cárcel. Josefa no puso a tiempo su reloj o se quedó dormida y eso hasta el trabajo le costó, pero le quedará el consuelo de pasar a la historia como la primera mártir de la 4T.

Pero ¿quién es el alto funcionario de Aeroméxico que a petición de Josefa retrasó el vuelo? Empleado de la aerolínea que se dio la prerrogativa de decidir sobre 38 minutos de la vida de todos los demás pasajeros, considerándolos así sujetos de menor importancia, cuyas ocupaciones, citas, trabajos, familias, urgencias y agendas en general le valieron menos que complacer a Josefa González.

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¿Qué acciones va a tomar Aeroméxico contra este poderoso funcionario que decide sobre el tiempo de los pasajeros? ¿De qué manera la compañía aérea resarcirá a los ultrajados de ese vuelo? Y es que el avión no fue retardado por Josefa, que ya hasta se quedó sin chamba, sino por uno o varios miembros de Aeroméxico, en un acto prepotente y falto de ética.

Y aunque en un comunicado la aerolínea dirigida por Andrés Conesa ya se disculpó y expuso que buscará entrar en contacto con los pasajeros para atenderlos —aunque con un poco de dilación—, ¿qué garantías tenemos los usuarios de la mayor compañía de transportación aérea del país, de que cuando se retrasen sus vuelos no es por capricho de sus empleados? ¿Quién nos asegura que no retienen el despegue por esperar a un amigo o familiar o por el pedido de algún otro funcionario o político influyente? Podrán culpar a la saturación de la terminal aérea Benito Juárez y soslayarse regocijados en la cancelación del NAIM; pero a partir del retraso de Josefa cada moratoria en un itinerario causará cuando menos suspicacia en el usuario común que no ostenta cargo público alguno y no tiene el poder de la influencia.

El escándalo es nacional por el cargo que tenía Josefa, por su amistad con el funcionario todopoderoso de Aeroméxico y por que el Presidente de la República la hizo renunciar en tiempos de la claudicación de Germán Martínez, el mayor chapulín azul, siendo ambos de los primeros bateados de esta nueva y administración federal. De los hierros de campaña ya tendrá AMLO más descalabros, las indeseadas pero necesarias alianzas políticas para asegurar la Presidencia, ya irán cobrándole la factura a Morena.

Al final del corto vuelo de Josefa por los aires de la administración federal, ¿quién responderá por el atropello cometido contra los demás pasajeros que no tienen un cargo público, que no son famosos y que no tienen un amigo en Aeroméxico? Ya lo sabremos cuando culmine la investigación que la compañía aérea ha iniciado por las anomalías detectadas en el proceder del manejo aeroportuario del vuelo mencionado. Esperemos que ni los implicados, ni la empresa misma queden impunes por el robo del precioso tiempo de los usuarios. Asunto del que también deberá entregar cuentas a la sociedad la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

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#AMLORenuncia

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La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

Ciudad de México. Durante el fin de semana santo, en las redes sociales se pidió la renuncia del presidente Andrés Manuel López Obrador, y la gran mayoría de los tuits lanzados con el hashtag #AMLORenuncia salieron de bots; y eso no es de ahora, la contratación de bots ha invadido las redes en contra de López Obrador desde antes de las elecciones del año pasado y a lo largo de los cuatro meses que lleva de gestión. ¿Cuántos pedimos la renuncia de Peña Nieto y Felipe Calderón?, sin duda muchos, y creo que un grupo considerablemente mayor al que ahora vive para denostar al presidente. Pero hay una gran diferencia y es la cantidad de quienes votamos por Morena y AMLO>>>: 30 millones, una cifra muy superior a los 15 millones que en 2006 refrendaron al PAN y a los 19 millones que en 2012 regresaron al PRI a Los Pinos.

Esa diferencia en los millones de votantes que en la elección presidencial legitimamos a AMLO es el punto de quiebre para que cada vez más mexicanos crean en la Cuarta Transformación (4T) de México. Pues a diferencia de este periodo presidencial, los dos anteriores se iniciaron con la sombra de sus respectivos fraudes electorales y con acciones tan aparatosas como inútiles para obtener una legitimación ciudadana que no alcanzaron en las urnas: el combate panista frontal a algunos cárteles del narcotráfico y el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo que realizó el priísmo.

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Así como las noticias de la liberación de Gordillo y de la devolución de sus bienes fueron manipuladas en las redes sociales para culpar a la administración de López Obrador, muchas otras noticias tergiversadas o falsas permean la Internet con la intención de desacreditar sin mayor fundamento a la 4T. La guerra sucia contra AMLO y sus bases sociales no ha cesado desde hace más de 18 años, sólo se relevan los oscuros operadores y los magnates que la organizan y financian; ya vimos la ruina de credibilidad en la que cayó el otrora intelectual orgánico favorito del partido en turno en el poder: Enrique Krauze, ya vimos a empresarios como los hermanos Coppel, y a otros de gran poder económico, expuestos por su mercenaria participación en la “guerra sucia” pre y pos-electoral.

A pesar de lo anterior, los datos de varias encuestas nos dicen que cada vez es mayor la aceptación del proceder de AMLO, pues además de los 30 millones que por él votamos, ahora se manejan porcentajes de aceptación de diversas fuentes que van del 78% y hasta el 90%, ésta última estimación manejada por El Financiero. De ser así, los que apoyamos la mayor parte de las decisiones presidenciales superamos en 8 a 2, e incluso en 9 a 1, a los opositores totales. Lo que cada vez deja con menos base social al PAN, al PRI y al disminuido PRD.

#AMLORenuncia tuitean los corifeos del régimen pasado cuando no son bots; y en muchos casos cuando los opositores son reales, propagan noticias falsas como las que publica Pedro Ferriz Hijar cuando AMLO se boleó los zapatos, por no tener nada más que decir, nada fundamentado, sólo diatribas rabiosas de uno de los tantos que no comparten la idea básica del obradorismo: primero los pobres.

Al gobierno hay que exigirle, hay que criticarlo, hay que guiarlo; pero con tres dedos de frente y con honestidad, no como hasta ahora han hecho la mayoría de sus detractores. Mucho falta por hacer y muchas cosas no saldrán como en el guión previo a la elección; pero hasta ahora, AMLO marca la agenda de la desorganizada oposición (cuando es real), del periodismo mexicano, incluida la “prensa” que extraña el chayote y de las manifestaciones sociales. Seguro habrá protestas, además de las organizadas desde el fifianato, como la convocada para el 5 de mayo y denominada  La marcha del silencio, que va apoyada con el hashtag #AMLORenuncia (un insulto usar lo del silencio cuando el antecedente fue una gesta heroica). Espero muchos detractores ese día en Ciudad de México y en muchas otras partes, pues sin ellos se nos va a olvidar batallar como hasta ahora lo hemos hecho, y disertar contra bots carece de la intensidad de la lucha política en las calles, ojalá no se quede en una pantomima como las anteriores manifestaciones anti-AMLO.

Más allá de las protestas actuadas, habrá otras manifestaciones de rechazo de sectores antes simpatizantes, pues a cada proyecto y con cada decisión la administración federal deberá realizar una negociación con diferentes grupos y con poderosos intereses económicos y políticos; y ninguna negociación es perfecta, siempre habrá detractores y perdedores ante el bien general de la población y la economía. En este sentido, si AMLO quiere pasar a la historia como un Presidente diferente a los mediocres títeres a los que nuestra clase política nos ha tenido acostumbrados, deberá marcar la diferencia en esas negociaciones y minimizar en la mayor medida posible las afectaciones a los opositores, y no será fácil ni con las comunidades desprotegidas ni con los poderosos grupos empresariales.

Por lo pronto, AMLO y Morena tienen la mayor legitimación social y política que un Presidente y un partido en el poder hayan tenido, y no por que así lo haya permitido la inacabada democracia mexicana; es así debido a que el año pasado el fraude que se maquinó desde las cúpulas empresariales y políticas, y que se echó a andar en sus primeras etapas fue detenido por más de 30 millones de mexicanos, era eso o despertar al tigre social; bajo la presión ciudadana los orquestadores del fraude recularon.

Mientras López Obrador mantenga el combate al huachicol y redimensione Pemex; restituya el papel social del Estado en los sectores de salud, laboral y educativo principalmente; y logre con su política la disminución de los niveles de violencia y acotan la libertad que hasta ahora han gozado los grupos criminales, entonces tendremos un proyecto de nación para más años que los de un sexenio y, obvio, sin la reelección de AMLO; lo aclaro para evitar una interpretación a modo de nuestros detractores.

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