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Vuelta a Un mundo feliz o el mundo de los neoliberales dichosos

10-Mar-2021

OPINIÓN Por Ramón Cuéllar Márquez

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El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El neoliberalismo es la utopía de Un Mundo Feliz llevada a la práctica. La novela del británico Aldous Huxley (Godalming, 1894-Los Ángeles, 1963), Brave New World (Un mundo feliz, 1932), es la distopía literaria de una humanidad donde básicamente todos son felices, en apariencia, como su título lo sugiere. Se trata de la metáfora de una sociedad súper avanzada que ha logrado la tecnología reproductiva con el cultivo de seres humanos y la hipnopedia, que es el proceso de aprendizaje a través del sueño que padecen los sujetos durante la niñez, según la propia novela, y la manipulación de las emociones a partir del soma, una droga que permite el autocontrol.

La civilización que han creado es entre ambigua y oscura, donde se han establecido las castas y cada uno conoce y acepta la estructura social, que les parece saludable, adelantada tecnológicamente y que goza de una sexualidad libre de culpas atávicas; además, las guerras han sido abolidas y la pobreza económica finalmente eliminada, por lo que se puede afirmar que, en efecto, viven en un mundo feliz. No obstante, el contrasentido del cosmos social es que para alcanzarlo tuvieron que erradicar tropos fundamentales como la familia, la diversidad de los pueblos, el arte mismo, la ciencia como fenómeno de explicación, la literatura, las religiones, la filosofía y la idea del amor o su acción como sentimiento comunitario de unicidad.

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Por otro lado, existen los salvajes, que no acabaron de entrar a la sociedad perfecta o que simplemente no fueron incluidos por accidentes en el método anticonceptivo. Los salvajes viven en tribus más libres que los felices creados artificialmente, que es el planteamiento moral que nos salta después de haber visto cómo se conformaban en la ciudad. En esas tribus tienen su propio modo de vivir y de entender su universo de cosas, con creencias asentadas como el cristianismo o el zuñi. La oposición entre unos y otros, entre los felices y evolucionados contra los salvajes es una clara alusión a la conformación del capitalismo. Y esto es lo que destaco: el neoliberalismo viene a ser la parte capitalista que las oligarquías crearon para su propia reproducción y supervivencia, que plantea el mundo feliz donde el mercado le daría la felicidad a todos.

Con el neoliberalismo aprendimos a sobrevivir si no pertenecías al mundo feliz de las elites: éramos los salvajes que aguardaban las migajas de la aristocracia financiera, cultural e intelectual (el Fonca y los premios literarios en México es un reflejo de ello). La tecnología reproductiva fue la que se generó en las redes sociales, con el cultivo y la siembra de bots; por otra parte, la hipnopedia fue la televisión primero y luego la internet, que es la enseñanza a través del mundo virtual desde la niñez; por último, está el éxito, el dinero, la ganancia y el consumismo como el soma social para controlar las emociones. En el mundo de los neoliberales vivían felices, nada faltaba, se había normalizado la riqueza mal habida y la corrupción como sistema de desarrollo individual, que estaban ajenos a las desgracias del pueblo, es decir, los salvajes de la distopía huxleyriana.

Los que hemos vivido este periodo utópico de ricos “escrito” por las fórmulas económicas diseñadas para beneficiar a unos pocos, implantando un sistema de “castas” superpuestas que aparentan libertad, pero que es una esclavitud disfrazada de libertades laborales, o sea, trabajo mal remunerado y sin derecho a absolutamente nada (el outsourcing, por ejemplo). Apenas estamos entendiendo que vivíamos en el mundo feliz de las oligarquías, en el que propagaban la idea de que tú desde tu pobreza podías acceder, en un golpe de suerte (ellos le llaman “oportunidades”) o con base en la “cultura del esfuerzo”, a riquezas inimaginables.

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