San Francisco Javier. Un Santo y una Misión en la California.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Después de la llegada y el establecimiento de la primera Misión y Presidio permanente en la California, el de Loreto-Conchó, fundado por el sacerdote Juan María de Salvatierra y Visconti, en el año de 1697; se inició con la exploración y evangelización de nuevos grupos, tocándole su turno a los asentados en un sitio al interior de la Sierra de La Giganta, y cercano a Loreto, un sitio denominado Viggé-Biaundó, y el cual se convertiría en la segunda Misión de la península.

El sacerdote que vino a ayudar a Kino, al mes de haber llegado y fundado la Misión de Loreto, fue el también italiano Francisco María Píccolo. Este jesuita ya había oído hablar de este proyecto de evangelización en estas lejanas tierras debido a que su anterior asignación había sido en la Sierra Tarahumara, en donde Salvatierra se había desempeñado años antes, y donde había dejado sembrada la semilla para que más misioneros quisiera unirse a él en esta nueva cruzada. Cuando Píccolo se hubo adaptado un poco al trabajo tan laborioso que se realizaba en Loreto, y había aprendido de manera más o menos adecuada la lengua Cochimí, fue enviado por Salvatierra a que buscara sitios donde estuvieran asentados grupos numerosos de cochimíes, el grupo nativo que los había aceptado de buen agrado y que se mostraban relativamente dóciles a las nuevas enseñanzas religiosas. Contaban con una información detallada de los diarios de exploración que habían levantado Eusebio Francisco Kino y el almirante Isidro Atondo y Antillón, durante su fallido intento por consolidar la misión de San Bruno (1683-1685). Además de lo anterior, varios de los cochimíes que habitaban en esta sierra y que eran visitantes asiduos de Loreto, les hacían invitación para que fueran con ellos y fundaran un asentamiento en su ranchería.

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Fue a principios del año de 1699 que Píccolo decide iniciar la exploración de estos sitios, con auxilio de californios leales, hasta que finalmente encuentra un lugar densamente poblado, el cual contaba con agua abundante y tierra fértil en la cual crecían muchos árboles de los cuales obtenían semillas con las que alimentaban, así como cacería abundante. El sitio era conocido por los cochimíes como Viggé-Biaundó, que en su lengua significa “tierra elevada que domina el valle”. Fue así como Píccolo decide establecerse y declara fundada la misión el 10 de marzo de 1699. En el transcurso de 4 o 5 meses se construyeron habitaciones sencillas para albergar al misionero, al soldado que lo custodiaba, así como un pequeño almacén para guardar bastimento, aperos de trabajo y animales de carga. Finalmente se construyó una pequeña enramada en la cual se instaló un altar llano, un crucifijo y algunas pinturas con imágenes religiosas. Finalmente, el padre Salvatierra se traslada al lugar y consagra el templo el cual es dedicado a uno de los Santos que fue miembro de la Compañía, y el cual había destacado por su obra misionera en Asía, San Francisco Javier. A los pocos meses el sitio de la misión, que estaba junto al ojo de agua llamado Biaundó, fue abandonado debido a un levantamiento de los indígenas.

En el año de 1701, llega a la península el padre Juan de Ugarte, el cual hasta unos días antes se había desempeñado como Procurador de las Misiones de California, en donde su misión sustantiva era conseguir apoyos económicos entre la clase adinerada de la Ciudad de México, para sostener la obra evangelizadora en la península. Tras su llegada, y ante lo prioritario de tener alguien que cumpliera con la misión que dejaba vacante Ugarte, Salvatierra le ordena a Píccolo que se traslade a la Ciudad de México, y en su lugar designa al recién llegado Ugarte, el cual reanuda la labor evangelizadora, y cambia de sitio la misión, estableciéndose en el paraje donde actualmente se encuentra. Fue el potentado Don Juan Caballero y Ocio, el que destinó una fuerte suma de dinero para sostener al sacerdote y sus labores evangelizadoras, así como la construcción y dotación de todos los objetos para construir una iglesia, así como realizar la liturgia correspondiente. Durante los siguientes 29 años que misionó este sacerdote entre los cochimíes de San Javier, demostró un gran compromiso con su ministerio, convirtiendo a miles de californios a la religión católica. También hizo florecer permanentemente su misión trayendo y criando caballos, mulas, vacas, borregos, gallinas y otros animales. Enseñó a los indios conversos la ciencia de la agricultura, encargándose de introducir cultivos de maíz, trigo, frijol, caña de azúcar, uva, olivo y otros árboles frutales, a los regaban por medio de un complejo sistema de canales, los cuales aún perduran. Se dice que fue el introductor de la panadería y la vitivinicultura en California.

En el año de 1730, Ugarte falleció víctima de sus enfermedades y su avanzada edad, llegando a suplirlo el sacerdote Miguel del Barco (1737). Este sacerdote tuvo buen cuidado de continuar la intensa obra desempeñada por el padre Ugarte, y dentro de sus destacadas acciones estuvo el redactar los conocimientos que iba teniendo de los Californios y de su tierra, a través de sendos informes, los cuales fueron enviados a diferentes partes del mundo. Estos documentos se convirtieron en un libro editado por el Dr. Miguel León-Portilla el cual lleva por nombre Historia Natural y Crónica de la Antigua California. Además de lo anterior fue el creador del templo misional que hasta la fecha sobrevive en este lugar, el que tardó en ser construido 15 años, de 1744 a 1759. Este templo es una hermosa pieza de arquitectura y se encuentra fabricado de piedra basáltica, la cual abunda en el lugar, y que fue hermosamente labrada por constructores traídos especialmente desde otras regiones de Nueva España. Este templo cuenta con una gran cantidad de pinturas centenarias realizadas por grandes artistas de la época, engarzadas en un retablo cubierto con hoja de oro, imágenes de santos maravillosamente trabajadas, y en general es uno de los templos mejor cuidados, y cuya arquitectura se ha ganado por méritos propios el ser llamado la joya de las Misiones de la California. Esta misión, incorporó las visitas de Santa Rosalía, San Miguel de Comondú (1714-1730), San Agustín, La Presentación (1769), San Pablo y Los Dolores del Norte.

Posteriormente a la expulsión de los jesuitas en el año de 1768, los franciscanos se hicieron cargo de la misión, y finalmente los dominicos. La población nativa fue disminuyendo rápida y permanentemente, lo anterior debido principalmente por las constantes epidemias y por la migración que realizan a diferentes partes de la península o al resto de la Nueva España buscando mejores condiciones de vida. Para principios del siglo XIX sólo quedaban menos de 100 cochimíes nativos, los cuales ya habían sido evangelizados y hablaban el idioma español. Esta misión pasó por una etapa de abandono en el año de 1817, siendo paulatinamente repoblada durante el resto de este siglo y el siguiente, hasta el punto de convertirse en uno de los centros de producción y comercio más importantes de la primera mitad del siglo XX.

En la actualidad se conmemoran 323 años de la fundación de esta misión de San Francisco Javier Vigge-Biuandó, la cual es el origen del actual poblado secular de San Javier, en el municipio de Loreto. Es un sitio pintoresco y que en todos los días del año recibe una gran cantidad de turistas, locales y extranjeros, los cuales vienen a admirar su hermoso templo, así como a disfrutar de la tranquilidad que se respira en sus antiquísimos olivares y canales de riego, los cuales son mudos testigos de la época misional.

 

Bibliografía:

Barco, Miguel del, S. J. 1980 The Natural History of Baja California, trad. de Froylán Tiscareño, introd. de Miguel León-Portilla, Los Ángeles, Dawson’s Book Shop (Baja California Travels Series, 43).

Mathes, W. Michael. 1977. Las misiones de Baja California.1683-1849. La Paz, Editorial Aristos.

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El cine mexicano: mucho, muchísimo más allá de Derbez y Chaparro

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Kinetoscopio


Marco A. Hernández Maciel

La Paz, Baja California Sur (BCS). En días recientes la industria fílmica nacional se ha visto envuelta en polémicas en redes sociales que fueron desencadenadas por el comunicado de la Academia Mexicana de Cine en el cual informa que, debido a la falta de apoyo del Estado Mexicano, ha decidido posponer la entrega y convocatorias del Ariel, los máximos galardones a la industria cinematográfica nacional (Aquí la liga).

Después de ello, varios integrantes de la industria, entre productores, directores y actores, así como periodistas y público en general, expresaron en Twitter sus posiciones sobre la situación. Algunas muy críticas sobre el actuar del estado y otras menospreciando el trabajo de la academia cinematográfica nacional. Acorde a los tiempos que corren, la polarización de inmediato se hizo notar y hubo un argumento muy repetido por aquellos que defienden esta posición del austericidio cultural del Estado, en el que palabras más, palabras menos, cuestionan el apoyo a una industria que tiene a sus máximos exponentes, según ellos, en las figuras de Eugenio Derbez y Omar Chaparro.

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Y bueno, a veces uno se pregunta cómo es que personas que dicen saber de cultura simplifican tanto sus discursos y se encierran en una narrativa que más que velar por el quehacer cultural, busca proteger a toda costa la ideología del gobierno dominante que en repetidas ocasiones ha denostado otros puntos de vista que no convergen con su forma de ver las cosas, incluida la figura del reconocido director y productor Guillermo del Toro, que en cuanto expuso su posición contraria a la línea oficial actual, empezó a ser atacado en redes.

Porque más allá de Chaparro y Derbez, y usando las mismas palabras del Del Toro, quien amablemente les solicita a los bots oficialistas que se den una zambullida en todo el cine mexicano, el ganador del Oscar dice: Hay voces nuevas y fuertes en el cine mexicano. Esas voces están atrapadas y los Arieles, la academia y los festivales, las mantienen vivas y urgentes. Si les parece alto el costo de una identidad, no se imaginan el costo de no tenerla.

Por ello, en afán de estimular el conocimiento amplio de la cinematografía mexicana actual, comparto algunos nombres de directoras y directores, con sus respectivas producciones, que valen la pena ver, disfrutar y saborear, pues este cine es el que nos da identidad, fortalece nuestro papel cultural y nos da una voz que resuena en todo el mundo. Y es precisamente este cine el que está en riesgo, pues el cine de Derbez, de Chaparro, de Higareda seguirá existiendo y encontrará su camino en el ámbito comercial.

Pero, al contrario, estas otras voces, más poderosas, pero menos conocidas, si no son impulsadas desde una política inclusiva, será más difícil para nosotros, como público exigente, demandar que estas historias también lleguen a las salas de cine y no las condenemos a la voluble trascendencia del streaming, que, si bien les da un lugar, las excluye del grial que es la gran pantalla en la sala oscura. Aquí una probadita sólo para empezar, la mayoría las pueden encontrar en las plataformas como Netflix, Amazon Prime o Filmin Latino.

 

Lila Avilés: La Camarista

Tatiana Huezo: Tempestad, Noche de Fuego

Fernanda Valadez: Sin Señas Particulares

Alejandra Márquez Abella: El Norte sobre el Vacío, Las Niñas Bien

Fernando Frías: Ya no estoy aquí

Alonso Ruizpalacios: Güeros, Una Película de Policías

Lucía Puenzo: La Caída

Amat Escalante: Heli, La Región Salvaje

Issa López: Vuelven

Ernesto Contreras: Sueño en otro idioma, Cosas Imposibles

Kyzza Terrazas: Bayoneta

 

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El problema del coleccionismo

FOTO: Internet

 

California Mítica

Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Sonará redundante, pero, el coleccionismo está siendo arruinado por los propios coleccionistas.

En Baja California Sur y el mundo, el pasatiempo del coleccionismo se ha vuelto muy común, y es muy agradable ver colecciones con objetos raros o de nuestra infancia, incluso, existen tianguis especializados al respecto, y algunas compañías han relanzado rediciones de juguetes y comics de nuestra infancia para que podamos recuperar un fragmento de nuestra historia personal.

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Desgraciadamente todo se vuelve negocio, y todos sabemos que ser coleccionista era más fácil hace 10 años, se podían encontrar piezas a precios baratos o razonables y armar una buena colección, pero muchos vieron oportunidad de negocio y comenzaron a inflar los precios con palabras como santo grial, descontinuado, botleg (pirata). Por este motivo, hoy en día, algunas piezas cuestan más caras que nuevas y no es por lo antiguo, ya que existe la cultura del acaparamiento, es decir, cuando una figura que todos quieren sale al mercado y todos los revendedores acaparan, sube el precio y se vuelve difícil de encontrar y además estará cara.

Un ejemplo claro es la saga Pokémon, sus videojuegos se vendieron por millones, no son raros, aun así, un cartucho de consolas anteriores te puede costar igual o mucho más que un juego actual de la misma franquicia, y si hace 10 años lo hubiéramos comprado hubiera sido en un botadero a la mitad de su precio original.

¿La solución? No hay, al parecer esto va a pasar cuando haya un cambio generacional, ya que los jóvenes actuales por ejemplo no compran juegos físicos, incluso muchos de ellos son gratis, además que lo que nos genera nostalgia a los coleccionistas actuales, no lo hace a uno joven.

No se va a acabar el coleccionismo, va a evolucionar, y van a dejar de vendernos figuras, comics y artículos viejos maltratados a precios inflados, pero seguirán existiendo cosas edición limitada o de lujo, que si son altamente coleccionables.

Además, quedan los objetos realmente raros coleccionables, como libros primera edición, documentos, objetos tribales, artesanías antiguas.

Un ejemplo son las famosas cabezas reducidas que algunas culturas realizaban con sus enemigos, están pueden pasar desapercibidas e incluso confundidas con falsificaciones, pero las originales hechas con cadáveres de verdad, valen millones de dólares.

Ni hablar de las primeras apariciones de Superman, Batman, Spiderman, entre otras. Sin embargo, ahí existe un problema, no vale no mismo un número que uno de primera edición en México que en Estados Unidos, ya que, si es impreso después, esto es porque, aunque sea primera edición, se considera reimpresión.

Un objeto aun barato y que va al alza son los VHS, aún tenemos videocasetes e incluso videograbadoras en nuestra casa y estos artículos están tomando precios interesantes, en especial los clásicos de Disney que en sus nuevas versiones están censuradas.

Así que si eres nuevo en el coleccionismo recuerda, no por ser viejo, raro o de Star wars es caro.

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Sandra Fiol y los colores de la California del sur

El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

 

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Decía un poeta que hay estados de la República mexicana, como Tabasco, que tienen altos recursos naturales que se traducen en recursos estético-literarios. Bajo esa premisa, cada región tendría su propia construcción del arte, donde el ejecutante, el traductor o recogedor de esos recursos haría de su realidad una visión de su época y circunstancia. En el caso de Baja California Sur durante años se ha intentado hacer una especie de estética del desierto y el mar, con el que se pretende fusionar e incluso delimitar el sentido de la realidad ambiental, incluso social y aun individual.

Lo cierto es que quienes ejercen el arte en la California del sur peninsular, hacen uso de los en apariencia pocos recursos, pero que con el tiempo se transforman en múltiples modos de extraer de las cactáceas, las espinas, los arbustos y árboles, los valles, los pueblos, los ranchos, los desiertos, la arena, las piedras, el cielo, el mar, las montañas y las sierras algo de lo que nuestra idiosincrasia y sensibilidad puede extraer naturalmente desde la soledad del espíritu.

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Este es el caso de la pintora Sandra Fiol, quien a fuerza de insistencia ha logrado plasmar a través de su plástica una mirada plena de su entorno, en el que refleja no solo la delicadeza de su sensibilidad en el cómo observa más allá de ella, sino que ha logrado hacerse de una técnica de la acuarela muy disfrutable, cuyo manejo delicado nos hacer ver la vida cotidiana de varios lugares de nuestro estado, en especial los que están fuera de los centros urbanos y que son los que me llaman a mí la atención. Por supuesto, observar la catedral de La Paz, caminos rurales, estanques de agua, naturalezas muertas y paisajes de la California mexicana es un conjunto de atisbos del ojo de una artista que conoce su entorno y le rinde culto desde su paciencia e interés por hablarnos con sus pinceles de nuestras tierras y contextos.

Sandra Guadalupe Fiol Collins nació en Santiago, BCS, el 23 de marzo de 1957. Hizo las carreras de Educación Preescolar en la Benemérita Escuela Normal Urbana, en 1976; la licenciatura en Educación Preescolar en la Universidad Pedagógica Nacional de La Paz, BCS, en 1980, y la de Profesora Especialista en Audición y Lenguaje en la Escuela Normal de Especializaciones de la CDMX. Actualmente está jubilada, lo que le ha permitido dedicarse a una de sus grandes pasiones: usar los colores para motivar la realidad de sus mirantes. Es, además de una apasionada de las artes, una respetuosa de la naturaleza y defensora de los derechos humanos.

Sandra Fiol llegó al desarrollo artístico a través de cursos de pintura al óleo y acuarela en la Universidad Autónoma de Baja California Sur con Margarita Mendiola y en la Casa del Jubilado en La Paz con Mario Fonseca. En sus propias palabras, dice que la acuarela es la técnica que desarrollo en todas mis obras, pues la considero la más idónea para plasmar mis emociones y sentimientos acorde a mi personalidad, lo cual podemos constatar en cada una de sus piezas, en que podemos recorrer la mirada y sentir que el viaje a través de los colores es un instante de mutua cotidianidad que podemos gozar en las imágenes que hoy presentamos, y que seguramente también lo hicieron quienes asistieron a las ocho exposiciones individuales que ha realizado y en las catorce exposiciones colectivas en que su obra apareció.

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El canto de El Alabado en las Misiones Sudpeninsulares

FOTO: América Álvarez TV

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

 

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Durante la época jesuítica (1697-1768), se forjó una buena parte de la actual cultura mestiza que aún se practica en regiones remotas de nuestra península bajacaliforniana. Algunas de ellas perduran, como son palabras del español antiguo que se hablan en algunos ranchos, comidas criollas, vestimentas y costumbres heredadas por los soldados de presidio que fueron los fundadores de de estos sitios californianos, otras de ellas han desaparecido. Tal es el caso del canto de El Alabado, el cual llegó a ser una costumbre muy arraigada y practicada en las misiones de nuestra Sudcalifornia.

El canto de El Alabado tiene sus orígenes en los cantos que se crearon al interior de la Iglesia Católica en el siglo XVII, fueron traídos por los españoles, y difundidos entre los grupos étnicos de América. Este canto se compone de una serie de versos en los cuales se recitan pasajes de la vida de Jesucristo así como aspectos de la liturgia católica. Su propósito es ofrecer una Acción de Gracias al Creador, por la vida y las buenas cosechas. También el afianzar entre los feligreses, aspectos dogmáticos de la liturgia católica. Durante los siguientes 3 siglos en que se utilizó este canto, se crearon muchas variantes, sin embargo su estructura se conservó más o menos intacta hasta nuestros días. Aún en la actualidad, entre los campesinos de algunas comunidades de los estados del centro-sur de la República Mexicana: Jalisco, Nayarit, Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Chiapas, etc. se entona este canto al final de la cosecha del maíz.

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FOTO: AVIADA BCS

Regresando a nuestra península, en la época jesuítica, los sacerdotes enseñaron a los indios conversos este canto, y establecieron horarios durante las jornadas de trabajo, en donde su entonación era rigurosamente observada por todos los habitantes, aún cuando no estuvieran en las Misiones. Como recordaremos, cuando Eusebio Francisco Kino y Juan María de Salvatierra, promovieron ante la Corona Española el realizar una nueva incursión hacia la península de California, se les concedió tal petición sólo a cambio de que lo hicieran costeando sus propios gastos, sin pedir un solo céntimo a la Corona. Fue aquí donde los Jesuitas pidieron, y se les otorgó, la concesión de ser ellos quien ejercieran completamente la autoridad en la península. Con este régimen de excepción, los jesuitas fueron amos y señores de la península, y sus habitantes, por espacio de 70 años.

En un interesante informe que nos dejó el sacerdote Nicolás Tamaral, el cual fundó la misión de La Purísima Concepción de Cadegomó en el año de 1720, nos ofrece una interesante descripción de cómo estaba organizada la jornada de actividades en su misión, y a decir de los demás sacerdotes, la forma en que lo estaba en las demás Misiones de la California, no difería. Al leer este documento nos damos cuenta de la gran importancia que tenía el canto de El Alabado, como un medio de agradecer al Creador el haber amanecido, y seguir durante el día, con salud y pudiendo realizar sus actividades cotidianas. Al mismo tiempo su canto ofrecía una excelente estrategia mnemotécnica para el aprendizaje de los misterios de la fe católica. Aquí transcribo lo que acabo de reseñar:

Al querer amanecer se tocan las avemarías; entonces toda familia doméstica acude a la iglesia, rezan y saludan a la Santísima Virgen, cantan el Alabado, primero los hombres, después las mujeres, después los dos coros, hombres y mujeres; y en ésta y en todas las distribuciones de concurrencia de hombres y mujeres siempre están aparte los hombres, juntos, y en lugar separado las mujeres, juntas, y de la misma suerte los niños y muchachos en lugar separado y las muchachas juntas en otro lugar. Después, los que entonces tienen ocupación van a sus oficios, como son los de la cocina y los que aparte hacen el desayuno para los trabajadores, para los enfermos, viejos, huérfanos, etc. Los que no tienen entonces ocupación acuden a asistir a la misa, que se dice todos los días, y acabada la misa rezan y cantan el Alabado a coros, como queda dicho. Acabado este, cada uno acude a lo que se la ha encargado: los hombres al trabajo de campo o fábrica de iglesia, que al presente se está haciendo; las mujeres, unas a hilar algodón y lana, otras a hacer medias, otras a sus tejidos que ya hacen de lana y algodón. El temastián instruye para profesar a las rancherías que van viniendo a sus tiempos y a las viejas y viejos rudos; el padre atiende a todos.

A las diez del día se toca la campana y acuden a la iglesia todos los niños y niñas de la doctrina y, puestos aparte unos de otros, rezan toda la doctrina y, acabada, cantan a coros el Alabado con pausa decente. Al medio día se toca la campana, y puestos de rodillas todos, saludan a la Santísima Virgen y cantan una vez el Alabado. Después se reparte la comida, que es, a los trabajadores, pozole; a los viejos y viejas, niños y niñas, atole y algo de pozole.

Después de comer descansan hasta las dos y entonces cada uno prosigue el trabajo que se le ha encomendado. A las cinco de la tarde se toca la campana y acuden los niños y niñas a la iglesia a rezar las oraciones y doctrina, cantando a coros el Alabado al fin. Al anochecer se tocan las avesmarías y, de rodillas, rezan y saludan todos a la Santísima Virgen. Como al medio día, después de cenar van todos a la iglesia y con el padre rezan a coros el Rosario, letanías y cantan el Alabado. Hácese entonces y no antes esta distribución porque ya entonces están todos desocupados de sus oficios y pueden acudir todos a devoción tan importante.

Después de rezar el Rosario y cantar a coros el Alabado en la iglesia salen todos, los hombres con su temastián y las mujeres con su temastiana.

FOTO: AVIADA BCS

Otra de las reglas que se imponía a los indios conversos, en esta sociedad tan parecida como a las antiguas comunidades cristianas de los primeros años, es la siguiente: Cuando vienen a misa y doctrina (los indios), fuera de la instrucción se componen sus dependencillas y cosas de gobierno de su ranchería, para que vivan en paz y cristiandad. En sus rancherías, todos los días dos veces, al amanecer y en la noche al recogerse, rezan en comunidad la doctrina y, acabada, cantan el Alabado a coros, cosa de gran consuelo, pues lo es el que en el silencio de la noche resuenen entre los riscos y bosques el alabar al Señor, y los que tal vez caminan de nuestros soldados y españoles lo suelen referir con edificación y consuelo. Era tanta la insistencia que ponían los sacerdotes en la estricta observancia de esta estructura teocrática de la vida entre los californios, que esto se ejemplifica e este fragmento del informe que escribió el padre Tamaral:

Cuando el padre va a sus rancherías o pasa por ellas, luego que divisan al padre se ponen en orden y entonan a coros el Alabado; primero los hombres, después, aparte, las mujeres; después los dos coros a una voz, y, acabado, vienen por su orden a saludar al padre.

Esta costumbre usan cuando vienen al pueblo, ora vengan toda la ranchería, ora venga alguno solo. Antes de saludar a otro alguno se va a la iglesia, puesto de rodillas se persigna, reza un Avemaría a su santísima Patrona y canta el Alabado, y acabado, pasa a saludar al padre y disponer a lo que viene. Al irse observan el mismo método, saludan a la Santísima Virgen y cantan el Alabado en la iglesia, y después vienen a despedirse del padre y recibir algo de bastimento para el camino.

En una revisión que realicé en diferentes artículos que tratan sobre el tema del origen del canto de El Alabado, localicé una de las versiones que al parecer es la más completa, es probable que así fuera el canto que se entonaba en nuestras misiones Californianas. Lo transcribo a continuación:

Gracias te doy gran Señor y alabo tu gran poder. Que con el alma en el cuerpo nos dejaste anochecer. Sí te pido Dios mío nos dejes amanecer En gracia y servicio tuyo y sin llegarte a ofender.

En el hombre sea de Dios se va a cantar este alabado, Todos juntos como estamos a Jesús Sacramentado. Jesucristo se ha perdido, la Virgen lo anda buscando. Por el rastro de la sangre que Jesucristo derrama.

Camina la Virgen pura en una fresca mañana Y como era tan de mañana, en la hora que caminaba Con San Juan encuentra y de esta manera le habla. ¿No ha pasado por aquí el Hijo de mis entrañas? Sí Señora, aquí pasó tres horas antes del alba.

Y por señas, llevaba una túnica morada. Cinco mil azotes lleva en sus sagradas espaldas, Una cruz lleva en sus hombros, de madera, muy pesada Una corona de espinas que sus sienes traspasaba Una soga al cuello lleva, que los Judíos le estiraban.

Al oír la Virgen esto, cayó en tierra desmayada Y San Juan, luego acudió a levantarla ¡Levántese señora! que no es tiempo de tardanza Caminemos, caminemos hasta llegar al calvario.

Que por presto que lleguemos, ya lo habrán crucificado, Ya estará en la cruz pendiente con tres clavos remachados Ya le darían la lanza en su sagrado costado La sangre que de ahí vierte cayó en un cáliz sagrado. El hombre que la bebiere será bien aventurado Será libre del infierno y de Dios será premiado Será rey de este mundo y en el cielo coronado.

Tres señas hubo presentes cuando Jesús expiró El sol se vistió de luto y la luna se oscureció Las piedras lloraron sangre cuando Jesús expiró Vámonos Señor al cielo a traer flores y romeros Para hacerle una corona al Señor del Bautisterio.

Santísimo Sacramento yo te ofrezco este alabado Por los frutos de los campos que han sido tan amentados Por las ánimas benditas y almas que estén en pecado. Que las saques o Dios mío de tan miserable estado Que las saques y las lleves para donde fuimos criados.

Y así sigas con nosotros cuando de este mundo nos vamos Préstanos vida y salud para el año venidero En el cielo está una estrella que a los marineros guía No dejemos de rezar el rosario a María.

Es el primer escalón que en el cielo hemos de hallar Tres veces tiemble el infierno al decir Ave María Ave María preferida, sin pecado concebida Ave María singular, sin pecado original Ave María de la Luz, sin pecado de Jesús.

FOTO: SETUES BCS

Sería muy interesante el que las instituciones de Cultura del Gobierno de nuestra entidad realizaran una investigación, y recrearan cómo era un día en las Misiones Californianas, con el objetivo de dar a conocer a las generaciones jóvenes, y a todo el público, estos aspectos que son parte hoy de nuestra identidad sudcaliforniana, y en donde seguramente, el canto de El Alabado, no puede ser soslayado.

Bibliografía:

Canto El Alabado

Archivo General de la Nación. (1730). Informe del padre Nicolás Tamaral al Padre Visitador de las Misiones de California. C.a.

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