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¿Por qué están enojadas las mujeres que marcharon?

23-Ago-2019

ARTÍCULO Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo

FOTO: Graciela López

Colaboración Especial

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Al día de hoy, la marcha feminista del 16 de agosto en la Ciudad de México no ha quedado indiferente. Se puede estar a favor o en contra, tener argumentos para defenderla o atacarla, pero ¿en realidad sé por qué están tan molestas las mujeres que marcharon?

En redes sociales han circulado muchas imágenes que contienen información sobre el número de feminicidios en México, sin embargo, pese a que manejan cifras alarmantes, parte de un sector de la población no ha desarrollado la empatía esperada. Y es que los comentarios que más resuenan son del tipo “estas no son formas”, “ellas no me representan”, “que se manifiesten, pero de manera pacífica”, entre otras. Lo que nos habla de la profunda apatía por parte de estas personas al sufrimiento de familias enteras que han vivido la agresión sistémica, histórica, sociocultural y demás violencias “invisibles” de nuestra sociedad.

FOTO: Mariana Greif

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En el artículo ¿Por qué a muchos enoja más una puerta rota que un feminicidio o una violación? en Plumas Atómicas  (2019), Karen dice que “se ejerce violencia sistémica cuando ante miles de feminicidios el Estado niega la gravedad del problema, y, encima es incapaz de asegurar la vida de las mujeres. Estos son crímenes más grandes e irreparables que no son resarcidos, no se enuncian y se excusan.”

Esta violencia es la que viven miles de mexicanas que día a día deben de enfrentarse a una sociedad machista, que ha normalizado la violencia a tal grado que no es capaz de diferenciar un “piropo” del acoso, o el hecho de que los quienes deberían de proporcionarnos seguridad, son quienes nos violentan.

La impunidad, la corrupción, la injusticia, el abandono, la falta de empatía, han sido algunas de las situaciones por las que un cúmulo de mujeres dijeron ¡Basta! Y estas mujeres han tomado las calles para exigir al Estado lo que por derecho corresponde: seguridad. Al grito “Ni una más” y “Vivas nos queremos” rompen no sólo el silencio, rompen con el estereotipo de lo que debe de ser una mujer y lo hacen con la conciencia de tomar las calles y recuperar los espacios públicos, esos en donde todos los días sienten miedo.

Sin embargo, el daño a estos espacios públicos ha generado más indignación que las miles de mujeres detenidas que han sido víctimas de violación por miembros de la Policía, del Ejército y la Marina, más que las 66 de cada 100 mexicanas que han sido víctimas de algún tipo de violencia, y todavía más indignación que los más de mil 800 feminicidios que van de enero a agosto del 2019, por sólo mencionar algunas cifras que aparecen en la Encuesta Nacional de Población Privado de la Libertad y la Encuesta Nacional Dinámica de las Relaciones en los Hogares, ambas de 2016, de INEGI.

Pero no es el daño al espacio público lo que en verdad incomoda, es que quienes lo hayan hecho sean mujeres, ya que muchas de estas paredes o monumentos son continuamente “graffiteados”, orinados y abandonados —en su mayoría por hombres—, sin levantar la más mínima molestia.

Y es que el ser mujer sigue siendo una desventaja en nuestro país, y esto se debe a la cultura machista que predomina en los hogares mexicanos, en donde el hombre tiene más libertades, de esta manera se premia al hombre que tiene múltiples encuentros sexuales, al que toma la iniciativa, al decidido, al independiente, mientras que estas mismas características en una mujer son mal vistas.

Por otro lado, es muy común escuchar frases como “calladita te ves más bonita”, “las señoritas se sientan con las piernas cerradas”, o “date a respetar”. Dejando la responsabilidad a la mujer de preservar su integridad, en vez de enseñar al hombre a no violentar a otra persona. Por lo tanto, bajo esta lógica, si es responsabilidad de la mujer —niña, joven o anciana— es su culpa si no lo mantiene así. Es por esto que cuando hay un feminicidio, violación, abuso o cualquier otro tipo de agresión, tanto las autoridades como la prensa cuestionan a la víctima y en muchos casos la culpan de lo sucedido, ya sea por provocadora, por salir a deshoras, por tener pareja o estar en casa.

En resumen, una mujer parece no estar segura en ningún lado, ni siquiera en su hogar, ya que el 70% de los agresores sexuales son familiares y todo esto bajo la mira de un Estado ineficiente e indiferente. De aquí la importancia de tomar los espacios públicos, ya que estos representan a una institución, y cuando estas no cumplen su función, intervenir esos espacios es también un reflejo de las carencias institucionales. Y si bien la violencia no es la solución, es muchas veces la única forma de ser visibles, de ser escuchadas y de lograr concretar acuerdos con mandatarios del gobierno.

FOTO: Galo Cañas

Además, lo medular de la marcha no es si estuvo bien o mal, como se ha querido reducir, sino visibilizar que toda la violencia que han sufrido las mujeres estalló, y mientras el Estado no sea capaz de garantizar su seguridad, las mujeres seguirán marchando y alzando la voz por ellas y por las que ya no están, porque aunque muchos no estén de acuerdo, estas mujeres están construyendo una nueva historia al grito de “Ni una más”.

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