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Es fundamental tener unidad social, pero más importante tener unidad mental

25-Mar-2020

OPINIÓN Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Internet

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En esta ocasión quiero detenerme un poco, darme un respiro en estos días de cuarentena. Hemos compartido muchas cosas en CULCO BCS, sobre todo recomendaciones de libros, la mayoría grandes propuestas literarias. Ha sido un ejercicio de más de cuatro años en el que he podido constatar que los libros y la información son fundamentales. He disfrutado cada palabra y cada idea, pero más que nada estar en constante actividad, escribiendo y repensando sobre las ediciones que caen en mis manos.

En estos días un virus comenzó a esparcirse desde China hacia el mundo, que a muchos ha agarrado desprevenidos y a otros los ha llevado a plantearse y replantearse los porvenires y pormenores de nuestras sociedades mundiales y locales. Hay mucha zozobra porque de pronto el virus que debiera ser tomado simplemente como un acontecimiento sanitario para que se establezcan medidas congruentes y acorde a la situación de cada país, se convirtió en un espeluznante espectáculo de los medios de comunicación para, desde un lado, infundir miedo y paranoia, y desde otro, a partir de los temores, obtener cuotas políticas y económicas.

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Es triste ver que los noticieros televisivos abren con una tabla del número de muertos, como si se tratara de un tablero de competencias para que crezca el miedo. Uno no sabe si verlos y creerles, o de plano cambiar de canal para que no invadan la mente, porque en el fondo del sesgo pareciera que debemos tener miedo y no tomar las adecuadas providencias del caso. Hay un sector de la sociedad mexicana que difunde fakenews, miente, distorsiona, desinforma, y otro que se atiene a los datos oficiales, se informa de diferentes lados y participa como apoyo moral. Está claro que si se miente en una contingencia sanitaria de estas dimensiones no es para que nos informemos, sino para provocar confusión, incertidumbre y caos.

El campo de batalla ahí está. Y nosotros en medio de la rebatinga que se traen los que difunden el pánico. En las redes, con tal de descalificar al sector oficial no les importa edificar la idea de que nada está bajo control, de que no confiemos, lo cual resulta terrible porque si no confío en las autoridades entonces ¿en quién?, ¿en los múltiples comentarios negativos de las redes?, ¿en sendos articulistas que no plantean propuestas sino que incitan a los temores más primitivos para que dejemos de oír y que al final ni siquiera podamos detectar lo que es verdad o es mentira?

Yo veo, escucho, leo, comparo, me informo, decido. Estos días son aciagos, pero no malditos. Es una oportunidad de reflexión que muchos no tendrán porque viven al día y requieren salir a la calle para ganarse el pan y el de sus seres queridos. Miles tenemos el privilegio de permanecer en nuestros hogares, pero hay una enorme mayoría que está luchando para sobrevivir, no de esta época, sino de toda la vida, a causa de los grupos políticos y económicos que empujaron a que el país quedara desamparado socialmente en todos los niveles, en especial el de salud porque no se le invirtió ni se le dio importancia. Sobra decir por qué.

Saldremos, sin duda, de esto. La vida sigue su curso. Unos hablan del regreso a la normalidad, pero lo cierto es que tal cosa nunca ha existido, porque la vida es un vaivén continuo, un río trepidante que se renueva a cada momento y genera vida y muerte. Amamos mucho la vida, pero le tememos a la muerte, a pesar de que dicen que el mexicano no le teme, se ríe de ella y hasta platica con ella. La muerte es una posibilidad de vida, la regenera, los versos de Jorge Manrique y Jaime Sabines lo atestiguan. En lugar de escuchar la voz tenebrosa de un sector de la sociedad mexicana interesada en la incertidumbre, la paranoia y el miedo, detengámonos en estos dos poetas para empezar. Nosotros mismos somos la alternativa de vida que queremos y de la información que entra, no las voces que quieren meterse en nuestras cabezas para que miremos al lugar que ellas quieren.

Es un tiempo de vida interior y un lujo que la vida nos da, para saber de lo que somos capaces y de cómo somos frente al otro y frente al espejo.

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