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Candente sesión en Congreso de BCS… Y otra vez a congelar matrimonio gay

12-Jun-2019

CRÓNICA Por Elisa Morales Viscaya

Colaboración Especial

Por Elisa Morales Viscaya

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Apenas llegar al recinto legislativo, la media mañana de este martes, parecería una ocasión especial: decenas de personas se encontraban a sus puertas; muchas de ellas aún terminando de garabatear alguna consigna en sendas cartulinas fosforescentes, y de lejos se podían apreciar conglomerados de periodistas alrededor de algunas figuras de interés. Este 11 de junio se esperaba que se llevara a cabo la discusión acerca de la iniciativa para reconocer el matrimonio igualitario en Baja California Sur. Tema que mueve las masas. Sí, los hay. Los hubo.

Las posturas son tan evidentes y definidas, como las hay oscuras y ambiguas. Los líderes del movimiento que convocó a la manifestación presente, se expresan con claridad y firmeza al respecto del tema, con oralidad fluida y una forma cálida —incluso carismática—, al dirigirse a los medios, aunque no tanto a la tribuna legislativa.

En cambio, los manifestantes de a pie, aquellas personas que sostenían las pancartas en las que se leían consignas a favor de la llamada familia natural y en contra del matrimonio igualitario en diversos tonos, desde aquellos simplistas “hombre+mujer=matrimonio” hasta los que acusaban al matrimonio entre personas del mismo sexo como obra de Satanás, se mostraban más bien reacios a decir algo. Varias personas fueron interceptadas por algún medio para saber de su propia voz a causa de qué se manifestaban y sólo se recibieron miradas hoscas, risas nerviosas y someros “venimos con el Frente”, “hable con el pastor”, “estamos aquí apoyando la vida”, “defendemos a la familia”… Algunos, hasta se cubrían el rostro con sus cartulinas, cuando notaban una cámara cerca.

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A pocos minutos de haberse iniciado la sesión, el representante del Frente Nacional por la Familia Natural (FNFN) en Baja California Sur, Alan Loubet, cobijado por estos manifestantes, alzó la voz desde las gradas y se expuso como víctima de la discriminación del Congreso que, a su parecer, le cerraban las puertas y no le permitían dialogar para tratar el punto de vista del Frente acerca del controvertido tema.

Quedó de lado la afable sonrisa con que Loubet se dirigía a los medios que le dieran foro a la entrada del recinto. Con el rostro desencajado de indignación, de pronto, acusó a los diputados de ser dictadores impositivos y directamente señaló a la diputada Rosalba Rodríguez López —quien presentara la iniciativa en controversia el pasado 7 de mayo—, de discriminarlos y negarse a tomarlos en cuenta. La diputada le respondió, dirigiéndose mas bien a la audiencia caldeada que al propio representante del FNFN, informando que no ha recibido la solicitud de este movimiento para entablar este diálogo.

Para Loubet no parece haber claridad al respecto de los medios y formas para solicitar foro ante esta autoridad; continúa manifestándose a la brava señalando y repitiendo que los diputados los evaden y los discriminan. Finalmente, y ante la insistencia del Congreso, cede y permite que la sesión continúe. Pero no por mucho tiempo.

A este punto, el ánimo de los presentes bullía. Las pancartas se agitaban y se escuchaba el cuchicheo de los manifestantes —niños, mujeres y personas de la tercera edad, en su mayoría—  asintiendo a las palabras de su líder. Poco avanzó la sesión, cuando un nuevo protagonista tomó la voz, igualmente sin mediar formalidad alguna.

Un hombre al que algunos a baja voz llamaban el extranjero, y que posterior a la jornada se identificó como Javier González Pantoja. Tomó la palabra increpando a los legisladores por querer aprobar el matrimonio gay, y pretendiendo educar a gritos a la audiencia informando que los homosexuales son pederastas, que así han sido llamados por millones de años, y que apoyar al matrimonio igualitario es fomentar la pederastia en detrimento de la niñez.

¡Yo lo estoy traduciendo bonito! El manifestante, más bien, vociferaba insultos, agresiones y descalificaciones personales hacia los diputados, a quienes no bajaba de contadores malogrados, recamareras incultas,  fracasados que de ningún modo tenían derecho ni capacidad para decidir sobre el tema. La intensidad con que se expresaba llegó al punto que incluso Alan Loubet instó a su comparsa a abandonar el recinto con el fin de deslindarse de él.

Una vez fuera la mayor parte del grupo de manifestantes, el ambiente dentro del recinto se asedó. Aunque la sesión prosiguió con calma, no era una calma fina sino más bien aquella que queda después del primer temblor, cuando no sabes si habrá réplicas. Se sabía que puertas afuera estaban los líderes de la protesta organizando a su gente y no había claridad sobre si habría o no alguna nueva intervención escandalosa.

Pero el tiempo hace mella, y el poco dinamismo de una jornada larga discutiendo temas legislativos sin controversia terminó por mermar el ánimo de los manifestantes. Aunque cerca del cierre de la sesión volvieron a ingresar a la sala una gran cantidad de personas del FNFN, ya no tenían la mirada convencida de unas horas atrás. Más bien se podía escuchar a los niños preguntar cuánto faltaba para irse; a algunas personas ligeramente confundidas que preguntaban a qué hora sería el debate entre los diputados por el matrimonio gay …Y a algunos cabecillas que les respondían murmurando Ya casi se acaba, ya casi terminamos.

En el último punto de la sesión tomó la voz la diputada Rosalba Rodríguez López exponiendo sobre un tema que ninguna relación tenía con el controversial matrimonio igualitario, y hubo un destello de protesta que, por fuera de lugar, no llegó ni a chispa. Una voz solitaria se escuchó interrumpiendo a la legisladora, gritando No queremos lesbianas en el Congreso. Muchos de los presentes parecían abochornados.

La jornada concluyó con un Javier González Pantoja pretendiendo tomar el estrado —ya vacío—, para finalmente abandonarlo y terminar por repetir las mismas rancias reclamaciones al presidente del Congreso del Estado, Homero González Medrano, a la salida del recinto. Entre descalificaciones e insultos, todos fuimos abandonando la sala.

Y, entonces, ¿el matrimonio igualitario en BCS, para cuándo?

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