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Los sesgos definen nuestra morfología intelectual

04-May-2022

OPINIÓN Por Ramón Cuéllar Márquez
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El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Los intelectuales dentro de los movimientos sociales pueden ser bien vistos porque se orientan hacia la justicia o, al contrario, criticados porque venden o alquilan su pensamiento a intereses oscuros. Por supuesto, hay de intelectuales a intelectuales, dependiendo del contexto con que se miren a sí mismos. Esto es, según lo veo, como lo anotaba el poeta Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901), Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira, ese lugar a donde entramos al momento de opinar y de participar en actividades públicas o privadas que son de nuestro interés y para darle la orientación justificada o no, o para exculparnos o defendernos de señalamientos o para encubrir o apoyar una campaña en contra o a favor de sujetos o grupos: los sesgos.

Los sesgos determinan nuestra vida cotidiana, nuestras orientaciones, nuestras tendencias, son los filtros culturales con que miramos el mundo, desde ahí formamos nuestros criterios; algunos los disfrazan de ecuanimidad, aunque tarde o temprano estos salen a la luz porque no es posible esconderlos eternamente. Lo que leemos, lo que consumimos, lo que hablamos, las relaciones humanas que vamos formando, lo que escogemos, están cargados de sesgos interminables, moldean nuestra personalidad: somos una espiral de sesgos que definen nuestros impulsos, decisiones, conflictos, miedos, alegrías. Los sesgos siempre hablarán por nosotros: somos eso.

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Por ello es mejor que seamos conscientes de esos sesgos en un acto de congruencia con nosotros mismos. Los noticieros televisivos, las redes sociales, los medios escritos están cargados principalmente de sesgos que reflejan intereses ideológicos, económicos e individuales: si afectan su sistema atacarán, si les beneficia callarán, comprarán o venderán sesgos. Por supuesto, la política está sometida a los sesgos. Así que lo importante es lo que hacemos de modo consciente con esos sesgos y para qué los queremos: si para hacer el mal o para hacer el bien, si para sacar provecho personal o para un bien mayor, si para defender causas justas o para aprovecharme de las circunstancias.

Somos una suma de sesgos, pero también estos van cambiando dependiendo de a dónde los queremos dirigir. Solo en la conciencia de ellos es como podemos transformar o demoler. No existe tal cosa de imparcialidad o independencia, todos de alguna manera estamos sujetos a los sesgos que se juntan con otros. Esos sesgos orientan la supervivencia del individuo o el grupo social, hablarán siempre por nosotros y nos darán una causa, una justificación, un negocio, una quimera, una treta, una transa. En nuestros gustos, nuestras manías, nuestras inclinaciones ideológicas, de clase y de grupo están presentes. No obstante, ¿Qué vamos a hacer con ellos a lo largo de nuestra vida, destruir o construir?

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