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El virus que está amenazando a Dios

14-Jul-2021

ENSAYO por Pablo Chiw
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FOTO: Archivo

Colaboración Especial

Por Pablo Chiw

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En este mundo que usted y yo habitamos, Dios se llama dinero. Hablamos del Dios neoliberal, aquel que decide el futuro de las naciones, que quita y pone gobiernos a voluntad. Ayer Haití, antier Nicaragua, anteayer Chile, y así continua en la cronología histórica de las democracias aniquiladas. Dios se llama dinero y el virus le ha desafiado.

El poder de Dios no ha podido

Los países más poderosos, los laboratorios más sofisticados, las supercomputadoras, los millones de dólares, las mentes más brillantes, vacunas, medicamentos y respiradores han sido insuficientes para derrotar al virus. El poder de Dios no ha podido comprar la cura, y el virus amenaza seriamente con volverse El Alfa y El Omega. Dios está en peligro.

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Son malas noticias

Somos, prácticamente, esclavos del poder. Hemos soñado apasionadamente la caída de uno de los dioses más mezquinos que la humanidad se ha inventado; ver a ese Dios caer debería ser motivo de celebración, pero son malas noticias.

Las tribus mundiales del precariado moriremos primero

Somos cuerpos desnutridos, infancias que bebieron más Coca-cola que leche materna, bolsillos que alcanzaron para dos hates callejeros, pulmones expuestos a emisiones prohibidas por normas internacionales, somos carnes predispuestas a la diabetes, la hipertensión y el cáncer. Sistemas inmunes tan deprimidos como los niños que nos quedamos completamente solos mientras papá y mamá trabajaron turnos de doce o catorce horas para traer al hogar la mirada caída y un salario mínimo dictaminado por la miserable voluntad de Dios. ¿Qué esperanza tiene tu sistema inmune frente a un organismo que ni Dios dinero ha podido detener?

Nuestro enemigo, el virus

Hablamos de una criatura infecciosa, insidiosa y hasta ahora indetenible. El virus penetra en el territorio más íntimo, se alimenta de nuestras entrañas, de nuestros tejidos. Aquí adentro confabula, se esconde y se transforma para seguir conquistando al estilo inglés nuestros territorios. Un ente que muta, tal como el T-1000 en la historia del Terminator, un exterminador implacable vestido de policía de Los Ángeles que se vuelve líquido como el mercurio y desarrolla dentro de sí, nuevas armas para asesinar.

De la misma manera, el virus cambia sus formas, hace con su materia instrumentos precisos para aumentar la velocidad de su propagación, proteínas que le sirven de picos, va aferrado, escalando, avanzando sobre la cajuela de un vehículo que acelera con la esperanza de escapar.

Nuestras armas no funcionan

Históricamente, hemos confiado en nuestros sentidos para protegernos. ¿Cuántas veces hemos visto de reojo aquel coche que estuvo a punto de arrebatarnos la vida? ¿Cuántas veces hemos olido el gas que nos hizo cerrar el tanque y abrir las ventanas? ¿Cuántas veces hemos recibido el disparo de adrenalina que nos hizo saltar la barda o pelear cual animal salvaje? En esta ocasión, no tenemos vista, olfato, tacto, gusto, ni audición para protegernos. Nuestros sentidos no son defensa frente al coronavirus, quien piense lo contrario avanza entre la suerte y la muerte, de hecho, quien piense lo contrario, en realidad no está pensando.

Si nuestra única defensa es pensar, estamos perdidos

De hecho, existe una rama de la psicología que se llama Psicología de la Irracionalidad, en resumen, estudia los motivos por los cuales, las personas tenemos esa marcada tendencia a tomar decisiones absurdas. Voy a simplificar al máximo la explicación con una analogía. El tanque de gasolina de un Sedán, generalmente, tiene la capacidad de contener unos mil pesos de gasolina, o sea, 50 litros: ¿cuánto le pones regularmente?

Pensar es cansado y lo evitamos a veces, a toda costa. Ser racional implica seleccionar las fuentes más confiables de información, asimilarla y actuar en correspondencia. Vamos, significa atreverse a ser impopular.

El terror a la impopularidad

Dentro de nosotros, alguien observa, evalúa que tan cool somos, hacemos o nos vemos. Estar en gracia frente a los demás es más importante que estar vivos. No exagero. Sabemos que los cascos salvan vidas, aún así, galopan galanes en sus potros de hierro, sin casco, sin protecciones y en chanclas: irracionalidades a exceso de velocidad.

Si a nuestra cotidiana irracionalidad, le agregamos nuestra emocionalidad, entonces estamos fritos. Algunos estudios señalan que nuestra inteligencia cae entre diez y 15 puntos cuando experimentamos emociones intensas, para las personas con inteligencia promedio significaría pasar a la categoría inferior.

El miedo a ser impopular, también es una emoción, dejarse el cubrebocas cuando todo el mundo lo ha desechado, nos arroja al abismo de lo impopular, de los inadaptados. Yo nunca quise ser el pendejito con casco cuando andaba en la bicicleta, ni la única que no tomaba cuando entré a la Universidad. Pero, una descalabrada o una resaca de aquellas, no se compara con perder la funcionalidad de los pulmones. Se trata de pensar, no de imitar, recordemos: el enemigo es el virus y es mortal.

Cuando te toca, te toca

Aunque no lo creas, las frases preelaboradas juegan un rol importantísimo en la vida de las personas a la hora de tomar decisiones complicadas. Mejor dicho, las frases preelaboradas sustituyen el proceso racional para tomar decisiones. ¿Cuántas veces has visto a alguien resolver un dilema con alguna de las siguientes frases?

“De algo nos vamos a morir”

“Cuando te toca, ni aunque te quites, cuando no te toca, ni aunque te pongas”

“Sale peor si te preocupas”

“No pasa nada…”

Nuestras mentes odian asumir la responsabilidad de los actos propios, cuando el deseo quiere lo que el yo consciente rechaza, entonces las frases preelaboradas se convierten en un bastón que sostiene y legítima al deseo, brincándose la determinación responsable del yo y con ello, la culpa.

Mi consejo: se impopular si quieres vivir

Toma una decisión racional basada en fuentes legítimas, si decidiste asistir a un lugar define lo que harás y lo que no harás, si decidiste no quitarte el cubrebocas mantén tu decisión, aunque nadie más lo haga. Si notas que hay demasiadas personas en un espacio y no se puede respetar la sana distancia, entonces retírate. Si vas a un encuentro donde habrá personas que desatarán en ti una respuesta emocional, entonces recuerda que tu inteligencia pudiera reducirse, mantente firme en tus protocolos. Si vas a tomar alcohol recuerda que será mucho más difícil mantenerte y mucho más fácil mandar tu seguridad al carajo abrazándote de un “cuando te toca te toca weeeey…”

Si estás en el trabajo, invierte en un cubrebocas de buena calidad, determina cuales son las principales actividades que implican mayor riesgo y busca una forma para anularlo. Si el cliente deja la propina en la mesa, se consciente que puede estar infectada, mejor deja un botecito y que allí se contengan las propinas, para luego desinfectar apropiadamente.

El Dios Mezquino

El Señor del Capital es mezquino, ya se dijo dispuesto a sacrificar nuestras vidas con tal de salvar la economía, su economía. Ninguno de estos señores te donará un pulmón, de la misma manera en la que nunca te han repartido las ganancias al final del año. Sólo quiero que sepas, que tú vales más que el sueldo miserable que ni siquiera te alcanza para consumir holgadamente en su negocio. No le debes lealtad a una empresa que no cuida el aforo, que te paga un salario mínimo, que te pide que arriesgues tu vida cuando ni siquiera te tiene en el Seguro Social. Si algo se va a perder, que sean ganancias, pero no más vidas.

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