Impunidad encapuchada

FOTO PORTADA: Juan Carlos Alarcón (twitter)

FOTOS INTERIOR: Cortesía

Ius et ratio

Por Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con el pretexto de exigir justicia por el feminicidio de Alexis en Quintana Roo, un grupo organizado de mujeres encapuchadas, vestidas de negro y portando pañoletas verdes, el pasado viernes 13 de noviembre irrumpieron en las oficinas del Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (C.A.V.I.) de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (CDMX). Destruyeron los ventanales, sacaron las cajas de cartón en las que se archivan los expedientes que se tramitan en esa dependencia y los destruyeron, afectando gravemente los derechos de las víctimas de violencia intrafamiliar —mayoritariamente niñas y mujeres— que por los cauces legales tramitaban sus casos.

El Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar, coloquialmente conocido como CAVI, es una dependencia administrativa de la Procuraduría de Justicia de CDMX, cuyo principal objetivo es proporcionar atención integral a niños y niñas menores de doce años víctimas de los delitos de violencia familiar, sustracción y retención de menores, incumplimiento de la obligación alimentaria y omisión de cuidados, y a mujeres de hasta sesenta años de edad víctimas del delito de violencia familiar cometido por su pareja.

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El plantel de servidores públicos está integrado por profesionales de las áreas jurídica, psicológica, médica y de trabajo social, y una vez que la víctima presenta su denuncia o querella ante el Ministerio Público, es canalizada a esta instancia, donde de manera gratuita se le brinda acompañamiento, orientación legal, y representación jurídica en materia penal; apoyo psicológico, atención médica, intervención en crisis, psicoterapia breve y de urgencia de corte grupal, elaboración de dictámenes victimales a petición de la autoridad ministerial o judicial para establecer si existe alguna afectación psicoemocional; valoración del estado psicofísico para determinar las condiciones de salud de las víctimas y, en su caso, tramitación de medidas de protección de emergencia previstas en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia; gestionar ante instituciones públicas o privadas, los servicios que requieran; tramitación de albergues para mujeres que se encuentran en riesgo y/o a programas de apoyo social de otras instituciones gubernamentales o asociaciones civiles.

El CAVI brinda un servicio invaluable a todas aquellas víctimas de delito que no cuentan con recursos propios para sufragar los honorarios de profesionistas particulares, y en su funcionamiento, es modelo a seguir por otras entidades de la República, como Baja California Sur, donde las víctimas de delito no cuentan con este tipo de apoyo, o bien, lo reciben, pero de manera raquítica, esporádica y, por regla general, de manera excepcional.

Cuando las encapuchadas destruyeron los expedientes que sacaron de las oficinas del CAVI, a quienes más perjudicaron, a quienes dañaron, a quienes afectaron gravemente, fueron las niñas y mujeres víctimas de delito, que ahora verán seriamente afectada su pretensión de reparación del daño ante los tribunales pues, en muchos casos, los expedientes contenían dictámenes y comprobantes de gastos y otros datos de prueba, que difícilmente podrán ser recuperados. Algunas de las víctimas, cuyos expedientes fueron destruidos, llevaban más de cuatro años inmersas en litigios en busca de justicia retributiva. Ahora empezaran de nueva cuenta, desde cero, y con pobres posibilidades de recuperarse del terrible daño que las encapuchadas del pañuelo verde les han ocasionado.

Resulta paradójico que los únicos beneficiados tras el acto vandálico, sean los delincuentes que lesionaron los derechos de las víctimas cuyos expedientes fueron destruidos, pues ahora no podrán acreditar ante los tribunales el daño causado.

La legitimidad de la causa que enarbolan las encapuchadas, como en el caso, exigir justicia por el feminicidio de Alexis, se diluye por completo, cuando se convierte en un mero pretexto para dañar inmuebles, destruir expedientes, y perjudicar irreparablemente a niñas y mujeres, víctimas de la violencia intrafamiliar.

El derecho irrestricto a expresar las ideas, a manifestarse, a protestar, ha sido el pretexto propicio para que intereses perversos organicen grupos criminales, en el caso, integrado mayoritariamente por mujeres que, al amparo del anonimato, han convertido del vandalismo, el saqueo, la violencia contra particulares y agentes del orden, su modus operandi, y la escalada de violencia, que pasó de bailar y desnudarse mientras ocupaban arterias de vialidad, a golpear a reporteros, viandantes y elementos de la fuerza pública; de pintarrajear paredes y monumentos, a saquear tiendas de conveniencia y otros establecimientos comerciales; de bloquear accesos a oficinas públicas, a irrumpir en ellas y causar destrozos, que como en el caso, ocasionan daños irreparables a víctimas inocentes, totalmente ajenas al motivo de su queja y su violento activismo.

No puede el gobierno permitir que se siga utilizando un derecho humano irrestricto, como el de manifestarse, como pretexto para delinquir impunemente.

La pasividad y tolerancia oficial hacia estos grupos criminales organizados, que operan impunemente enarbolando el estandarte del feminismo radical, nos hace suponer que existe contubernio entre la autoridad y quienes lideran las acciones vandálicas y de rapiña a cargo de las encapuchadas.

La lucha ciudadana por la defensa de los derechos humanos, la expresión de las ideas y protesta ante abusos o injusticias, no puede seguir siendo el pretexto que incube la anarquía y la impunidad. No podemos permitir que se siga enviando a nuestra niñez y juventud, el ejemplo que envían estas criminales encapuchadas.

Ninguna causa justa justifica la realización de actos criminales, y menos, cuando se revictimiza a inocentes en el proceso.

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¿Viva México…?

FOTOS: Internet

Sexo + psique

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). México lindo y querido… y misógino, machista, racista, clasista, xenófobo, homofóbico y transfóbico, ¿falta algo?, seguramente sí. Acabamos de celebrar 210 años de la Independencia de México, pero, ¿qué festejamos realmente?, ¿hay motivos para festejar?

Actualmente, México es el primer lugar mundial en maltrato y abuso infantil, feminicidios, muertes de profesionales de la salud, segundo lugar latinoamericano en crímenes por homofobia, décimo lugar en impunidad, entre muchos otros primeros lugares deshonrosos. El detalle es, que a donde voltees hay cifras alarmantes: 108 activistas asesinados, deforestación, desvío de recursos, pornografía infantil, funcionarios captados abusando de niñas sin repercusiones, otros funcionarios golpeando comerciantes sin consecuencias.

IMAGEN: Jorge Arellano

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Y es que México raya en lo surrealista, mientras que miles de mexicanos están festejando una fiesta más la lucha que nos condujo a la libertad, condenan a las madres y mujeres que toman edificios públicos como protesta por las desapariciones de sus hijas; mientras que nuestros líderes políticos dan el tan conocido grito de “Viva México”, policías de nuestro gobierno atentan contra la seguridad de sus ciudadanos; mientras que una parte de la población se prepara con gusto su pozole, hay una violación, desaparición, asesinato y feminicidio al mismo tiempo.

Según Animal Político, México batió un nuevo récord de violencia, sólo en el primer semestre del 2020 hubo 17,982 asesinatos, en promedio, casi 100 asesinatos de forma premeditada todos los días, de los cuales 2,240 fueron feminicidios. Solo para que puedas hacer una comparación, Esteban Moro, investigador del MIT Media Lab, de la Universidad Carlos III, realizó una investigación sobre el número total de personas que podemos conocer en toda nuestra vida, y el promedio fue 5000, lo que significa que, en solo seis meses, mataron tres veces más al número de personas que conoces actualmente o que siquiera llegarás a conocer.

Aun así, México es un país maravilloso, sin embargo, nos estamos acostumbrando a vivir en la cara oscura, ya sea por apatía, miedo u otra emoción, los que deberíamos de estar protestando, estamos encerrados en el aire acondicionado y las personas que actualmente están dejando su vida en las calles para manifestarse reciben en su mayoría críticas y amenazas, porque “esas no son las formas”: pero bien, si después de bailar de manera pacífica, hacer marchas en silencio, denunciar, dar seguimiento a la denuncia, ir a desenterrar cuerpos para buscar a sus hijos, gastar todas las instancias y recursos, para que terminen dando carpetazo a la desaparición/crimen que he sufrido, ¿qué otra cosa queda?

Esas mujeres que están tomando la CNDH ya no tienen miedo, les han quitado su vida, su tranquilidad, su paz, y lo que llenó ese vacío fue la furia, el coraje, la impotencia… esas mujeres dejaron el miedo atrás por nosotros, los que estamos cómodamente sentados, esperando… que no sea yo o alguien de mi familia.

Ante esto, ¿cuál es la respuesta de los mexicanos en redes sociales? Hacer memes, compartir packs, burlarse de la lucha ajena, en fin, la hipocresía. Estamos tan cómodos en nuestro privilegio que se nos olvida o queremos olvidar que existen muchos Méxicos, tan distintos al mío, y utilizo ese privilegio para taparme los ojos ante la injusticia.

Pero no todo está perdido, cada vez somos más los que queremos gritar ¡viva México!, con la seguridad de que es un país por el que vale la pena luchar. Cada vez nacen más colectivos que alzan la voz, nacen grupos en redes sociales de hombres que cuestionan su machismo y masculinidad. México, el México de las víctimas, ya no se está quedando en silencio y para muestra, todas las marchas feministas que han salido a protestar por aquellas que ya no pueden.

¿Qué me toca como mexicano? Cuestionarme todo, mis costumbres, prácticas, mi respuesta ante alguien que necesita ayuda, el discurso que aprendí para no ser empático con otra vida humana.

Quiero concluir con las palabras de Yesenia Zamudio, madre de María de Jesús Jaimes Zamudio, víctima de feminicidio en enero de 2016 en la Ciudad de México.

“De aquí no nos vamos a mover y van a seguir llegando más madres de toda la república, somos un chingo y somos de todo el país, y así tengamos que quemar las pinches fiscalías, lo vamos a hacer. ¡Hagan su maldito trabajo, fiscales y ministerios públicos! Y si no pueden, tengan tantita dignidad y renuncien”.

 

Bibliografía

• Animal Político. (2020). Nuevo récord de violencia: primer semestre de 2020 dejó 17 mil 982 asesinatos; violencia subió en 11 estados. Recuperado de https://www.animalpolitico.com/2020/07/record-violencia-semestre-2020-asesinatos/
• Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (2020). Boletín 128/2010 México, segundo país en América Latina en casos de Crímenes de odio por homofobia. Recuperado de https://cdhcm.org.mx/tag/segundo-pais-en-america-latina-en-casos-de-crimenes-de-odio-por-homofobia/
• El País. (2019). ¿Cuánta gente vas a acabar conociendo en toda tu vida? Muy poca. Recuperado de https://elpais.com/tecnologia/2019/07/09/actualidad/1562709377_124629.html

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Las violentas feministas: odas, pétalos de rosa y diamantina festiva

FOTOS: Internet.

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

Ciudad de México (CdMx). Se equivocan las mujeres encapuchadas al destruir las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero lograrán su propósito; pues de acuerdo al nombre de la protesta Cacerolazo Separatista, que realizaron el pasado jueves 7 de noviembre en Ciudad Universitaria (CU), serán capaces de estigmatizar su movimiento, logrando separarse del grueso del movimiento feminista incluyente y de aquellas mujeres que no participan en éste.

Sus reclamos no son inválidos y no deben ser sobreseídos, pero de seguir el camino de la violencia, además de conseguir el rechazo social, van a encontrar una respuesta proporcional de aquellas personas (mujeres y hombres) a las que agredan en sus manifestaciones.

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No es la primera vez que las embozadas feministas causan destrozos a inmuebles públicos y privados, pero esta vez atentaron contra La Máxima Casa de Estudios y por ello contra toda la comunidad universitaria, además de que agredieron físicamente a varios estudiantes. Iniciaron su manifestación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; pasaron a la Facultad de Filosofía y Letras y en cuanto tomaron el Circuito Universitario empezaron a realizar pintas en banquetas y muros; en la Facultad de Contabilidad y Administración les cerraron las puertas, por lo que incrementaron el nivel de la protesta; al llegar a la sede de Trabajo Social rompieron los cristales de una caseta de vigilancia; más adelante, frente a la Facultad de Medicina cruzaron por las canchas deportivas y derribaron una portería, ¡gol para las feministas!, festejaron su triunfo con gran algarabía. Más enardecidas entraron a la Facultad de Ingeniería, en donde desbordaron la violencia: rompieron ventanales, mamparas, pizarrones, vitrinas, letreros, quemaron objetos, saquearon y destrozaron máquinas expendedoras y amenazaron a los estudiantes que las conminaron a no destrozar la biblioteca.

Pero aquí pasó lo que era previsible desde sus primeras manifestaciones violentas en la Ciudad de México: hubo quienes a pesar de las amenazas de las encapuchadas decidieron hacerles frente; pocos estudiantes se interpusieron entre las agresoras y las vidrieras; ellas armadas con palos, tubos y extintores los agredieron, a algunos los agarraron entre varias y los jalaron hacia el colectivo, donde les propinaron una cascada de golpes al mejor estilo pandillero, lo que indica que están bien preparadas para la confrontación y a eso van, pues no sales a protestar embozada y armada con un tubo o un palo, si no es porque vas a generar violencia y a agredir a quien se interponga en tu camino. El valor de los primeros para enfrentar a la marabunta, como les gusta hacerse llamar a las violentas, infundió valor a otros y otras que se fueron sumando, hasta que una multitud de estudiantes logró echar de la facultad a las transgresoras.

No discuto sus motivaciones, ni minimizo la violencia de género que las mujeres padecen, ni el acoso de que han sido objeto en la UNAM, ni las violaciones que algunas mujeres han sufrido en La Máxima Casa de Estudios; esa es una realidad y debemos erradicarla. Son ellas las que minimizan sus demandas enarbolando la generación de violencia, que para su desgracia es lo que mediáticamente va a permear más en las audiencias opacando sus demandas. Marchan de manera estruendosa, golpeando el piso con palos y tubos y haciendo sonar los tambores, justo como hacen las tribus y las pandillas cuando van a guerrear y es que a eso salen a las calles y a eso fueron a la UNAM. Con su sartén y su cuchara, utensilios que en manos de una guerrera se convierten en armas, se lanzaron a atacar a quien se les interpuso en su camino. Era de esperarse que en alguna de sus violentas manifestaciones alguien les hiciera frente, y eso hicieron muchos estudiantes de ingeniería, mujeres y hombres, y fueron ellos los golpeados pues no estaban preparados ni armados para repeler el ataque de las feministas del vandalismo, pero ya hubo un grupo que se les interpuso y logró detenerlas.

Es seguro que en adelante los colectivos feministas violentos encontrarán una respuesta a sus ataques, y es muy probable que cada vez la réplica de los agredidos sea más fuerte. En la Facultad de Ingeniería los estudiantes se interpusieron entre las agresoras y las instalaciones, y haciendo un frente común y con los gritos de “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!” las echaron.

Pero ya hubo connatos de bronca generalizada, ya les arrojaron objetos en respuesta; aducen las embozadas que hasta vidrios les lanzaron los estudiantes, ¿qué esperaban, que les declamaran odas y les arrojaran a su paso pétalos de rosas y diamantina festiva, cuando entran a su casa lo rompen todo, lo incendian y además los golpean?

Se equivocan las mujeres al generalizar el machismo a todos los hombres, pero yerran burdamente al salir embozadas y armadas a destruir cosas y golpear gente, pues no falta mucho para que encuentren, en el campo de batalla que generan, una resistencia más allá de los gritos y las cadenas humanas, van a encontrar puñetazos, patadas y palos, pues no todos van a estar dispuestos a tolerar ser agredidos físicamente sin responder. Y eso va a ser lo más desafortunado porque de seguir enarbolando la violencia de esa manera, en alguna de sus protestas va a suceder una desgracia o ¿será acaso que están buscando esa desgracia con cada lance contra los hombres que encuentran a su paso, buscando convertirse en mártires, para justificar aún más violencia?; puede ser también que sean tan torpes como para idear otro tipo de protestas más efectivas que vinculen el amplio espectro del feminismo y a aquellas mujeres que siendo víctimas del patriarcado no son activistas. A la larga van a conseguir el repudio de la sociedad, minimizando su causa y segmentando la lucha feminista.

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¿Por qué están enojadas las mujeres que marcharon?

FOTO: Graciela López

Colaboración Especial

Por Andrea Elizabeth Martínez Murillo

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Al día de hoy, la marcha feminista del 16 de agosto en la Ciudad de México no ha quedado indiferente. Se puede estar a favor o en contra, tener argumentos para defenderla o atacarla, pero ¿en realidad sé por qué están tan molestas las mujeres que marcharon?

En redes sociales han circulado muchas imágenes que contienen información sobre el número de feminicidios en México, sin embargo, pese a que manejan cifras alarmantes, parte de un sector de la población no ha desarrollado la empatía esperada. Y es que los comentarios que más resuenan son del tipo “estas no son formas”, “ellas no me representan”, “que se manifiesten, pero de manera pacífica”, entre otras. Lo que nos habla de la profunda apatía por parte de estas personas al sufrimiento de familias enteras que han vivido la agresión sistémica, histórica, sociocultural y demás violencias “invisibles” de nuestra sociedad.

FOTO: Mariana Greif

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En el artículo ¿Por qué a muchos enoja más una puerta rota que un feminicidio o una violación? en Plumas Atómicas  (2019), Karen dice que “se ejerce violencia sistémica cuando ante miles de feminicidios el Estado niega la gravedad del problema, y, encima es incapaz de asegurar la vida de las mujeres. Estos son crímenes más grandes e irreparables que no son resarcidos, no se enuncian y se excusan.”

Esta violencia es la que viven miles de mexicanas que día a día deben de enfrentarse a una sociedad machista, que ha normalizado la violencia a tal grado que no es capaz de diferenciar un “piropo” del acoso, o el hecho de que los quienes deberían de proporcionarnos seguridad, son quienes nos violentan.

La impunidad, la corrupción, la injusticia, el abandono, la falta de empatía, han sido algunas de las situaciones por las que un cúmulo de mujeres dijeron ¡Basta! Y estas mujeres han tomado las calles para exigir al Estado lo que por derecho corresponde: seguridad. Al grito “Ni una más” y “Vivas nos queremos” rompen no sólo el silencio, rompen con el estereotipo de lo que debe de ser una mujer y lo hacen con la conciencia de tomar las calles y recuperar los espacios públicos, esos en donde todos los días sienten miedo.

Sin embargo, el daño a estos espacios públicos ha generado más indignación que las miles de mujeres detenidas que han sido víctimas de violación por miembros de la Policía, del Ejército y la Marina, más que las 66 de cada 100 mexicanas que han sido víctimas de algún tipo de violencia, y todavía más indignación que los más de mil 800 feminicidios que van de enero a agosto del 2019, por sólo mencionar algunas cifras que aparecen en la Encuesta Nacional de Población Privado de la Libertad y la Encuesta Nacional Dinámica de las Relaciones en los Hogares, ambas de 2016, de INEGI.

Pero no es el daño al espacio público lo que en verdad incomoda, es que quienes lo hayan hecho sean mujeres, ya que muchas de estas paredes o monumentos son continuamente “graffiteados”, orinados y abandonados —en su mayoría por hombres—, sin levantar la más mínima molestia.

Y es que el ser mujer sigue siendo una desventaja en nuestro país, y esto se debe a la cultura machista que predomina en los hogares mexicanos, en donde el hombre tiene más libertades, de esta manera se premia al hombre que tiene múltiples encuentros sexuales, al que toma la iniciativa, al decidido, al independiente, mientras que estas mismas características en una mujer son mal vistas.

Por otro lado, es muy común escuchar frases como “calladita te ves más bonita”, “las señoritas se sientan con las piernas cerradas”, o “date a respetar”. Dejando la responsabilidad a la mujer de preservar su integridad, en vez de enseñar al hombre a no violentar a otra persona. Por lo tanto, bajo esta lógica, si es responsabilidad de la mujer —niña, joven o anciana— es su culpa si no lo mantiene así. Es por esto que cuando hay un feminicidio, violación, abuso o cualquier otro tipo de agresión, tanto las autoridades como la prensa cuestionan a la víctima y en muchos casos la culpan de lo sucedido, ya sea por provocadora, por salir a deshoras, por tener pareja o estar en casa.

En resumen, una mujer parece no estar segura en ningún lado, ni siquiera en su hogar, ya que el 70% de los agresores sexuales son familiares y todo esto bajo la mira de un Estado ineficiente e indiferente. De aquí la importancia de tomar los espacios públicos, ya que estos representan a una institución, y cuando estas no cumplen su función, intervenir esos espacios es también un reflejo de las carencias institucionales. Y si bien la violencia no es la solución, es muchas veces la única forma de ser visibles, de ser escuchadas y de lograr concretar acuerdos con mandatarios del gobierno.

FOTO: Galo Cañas

Además, lo medular de la marcha no es si estuvo bien o mal, como se ha querido reducir, sino visibilizar que toda la violencia que han sufrido las mujeres estalló, y mientras el Estado no sea capaz de garantizar su seguridad, las mujeres seguirán marchando y alzando la voz por ellas y por las que ya no están, porque aunque muchos no estén de acuerdo, estas mujeres están construyendo una nueva historia al grito de “Ni una más”.

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Páginas de un diario ficcional. En defensa de los provida, a favor del aborto

FOTOS: Internet

Colaboración Especial

Por Luis Ángel Ortiz Catalán

 

“Si los hombres abortaran, sería legal. Se harían abortos en cada esquina; hasta en el Oxxo. Dirían: Me das un burrito y un aborto, por favor…”

@fersilander

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A propósito de todo lo ocurrido durante el mes de marzo, recordé esta publicación hecha por una tuitera y que, por desgracia, sigue siendo terriblemente vigente. A pesar de todo lo ganado por los movimientos feministas, se siguen reproduciendo discursos imbéciles de quienes de plano no entienden o se hacen los que no entienden, independientemente de las razones que se le presente durante un intento de diálogo con ellos. Invento estos pasajes de un diario ficcional inspirado por ese tweet para intentar, sé que de forma infructífera, hacer ver a los ciegos. De antemano me disculpo con las mujeres, si de alguna manera contribuyo negativamente a su lucha.

03 de marzo

Muero de miedo. ¿Cómo decirles a mis padres? Sobre todo a papá. ¿Qué van a decir mis amigos? Seré la comidilla de todos. ¡Ay, pero mi padre!, casi puedo ver la vena de su frente llena de sangre a punto de reventar por la cólera, más histérico que mamá, que su parte estará condenando mis acciones sin palabras, sólo con su mirada inquisidora.

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05 de marzo

“¿Eres idiota? ¿Cómo pretendes salir adelante? Es sorprendente que en pleno siglo XXI un hombre pretenda parir una criatura producto de una noche de calentura; de esas que cualquier chico de tu edad tiene derecho a tener. Está en tu ADN, es genética, biología. ¿O eres puto?”. Palabras más, palabras menos, así fue el sermón que me gané cuando les dije que quería tener al bebé. Al otro día me hicieron ir al minisúper de la esquina a programar y pagar una cita para que me realizaran el aborto.

06 de marzo

No suelo leer La Biblia, pero me siento por todos abandonado y necesito palabras de aliento; sin embargo, creo que Dios tampoco está de mi lado. Esto fue lo que leí:

Si las personas están peleando y golpeando a un hombre embarazado, y él da a luz prematuramente pero no hay una lesión grave, el delincuente debe ser multado, al menos que la corte lo permita. Pero si el hijo es ofensa grave, debes quitarle la vida. Éxodo 21:22-23.*

Y, por si fuera poco:

Escucha a tu padre, que te dio la vida. Proverbios 23:22.

Imagino que mi padre se percató que estuve consultando las Sagradas Escrituras, pues esta noche, durante la cena, me habló sobre Abraham, un hijo ejemplar del creador, quien estuvo dispuesto, sin vacilación alguna, a sacrificar a su primogénito porque Dios, su padre —hizo énfasis en la palabra padre—, se lo había pedido.

11 de marzo

Me atreví a enfrentar de nuevo a mis padres, diciéndoles cuánto deseo tener este hijo. Tranquilamente ellos me refutaron con algunos datos estadísticos que me hicieron repensar mi decisión: No sabía que México tiene el primer lugar en abuso y maltrato infantil, que es un país en el que cada día mueren tres niños víctimas de la violencia, y que hay poco más de 14,322 menores que trabajan y viven en la calle —esta cifra sólo considerando la Ciudad de México. Tampoco conocía que somos el primer lugar, también, en abuso sexual infantil.

Medité dicha situación toda la noche y concluí que tienen razón. No tiene caso traer a este mundo tan pinche a un indefenso que no estoy seguro poder cuidar. ¿Cómo puedo pensar sólo en mi situación e ignoro a tantas niñas y niños que sufren diariamente estas atrocidades? Si en verdad quiero hacer algo, debería pensar en cómo ayudar a esos infantes desprotegidos.

13 de marzo

Hoy fui a abortar, afortunadamente nuestras autoridades se preocupan por brindar las condiciones adecuadas para que sea lo menos riesgoso posible. Qué bueno vivir en una sociedad de mente abierta, tolerante, incluyente, y que piensa en el bienestar de los hombres. Al salir, ya me esperaban con un café y unos burritos de microondas.

Por un momento, mientras mordía uno de los burritos me quise poner triste, mamá lo notó y convenció a papá para que me comprara algunas tarjetas para pagar mi cuenta de Netflix, además, por su cuenta, me pagó un paquete de datos que me alcanzarán para navegar un mes completo en mi celular.

*Nota: Los versículos citados fueron modificados para corresponder a la ficción presentada en este artículo.

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