La Paz crece sobre un acuífero en números rojos

FOTOS: Tribuna de México y OEM.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En algunas calles de El Esterito, el Centro Histórico, Pueblo Nuevo y otras zonas de La Paz, el cambio puede advertirse sin recurrir a estadísticas. Donde anteriormente había una vivienda para una familia aparecen edificios con departamentos, estudios o habitaciones destinados al alquiler temporal. Las cisternas, tinacos, terrazas, albercas y anuncios de hospedaje forman parte de un nuevo paisaje urbano. A pocas calles de esas construcciones, sin embargo, familias enteras esperan el día asignado por el tandeo para llenar recipientes y asegurar el agua de la semana.

La contradicción llegó al discurso oficial en julio de 2026. El gobernador de Baja California Sur, Víctor Manuel Castro Cosío, reconoció públicamente que el crecimiento inmobiliario de La Paz debe regularse. “Donde había una casa ahora hay edificios”, declaró al referirse a la proliferación de construcciones en distintas colonias. También planteó que no deberían autorizarse nuevos desarrollos mientras no existan condiciones suficientes para garantizar el agua. El pronunciamiento confirmó lo que residentes y organizaciones urbanas venían señalando: la capital sudcaliforniana construye nuevas unidades habitacionales y turísticas sobre una infraestructura hídrica que ya trabaja bajo presión.

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La preocupación tiene sustento en cifras oficiales. La Comisión Nacional del Agua calcula que el acuífero La Paz, identificado con la clave 0324, recibe una recarga media anual de aproximadamente 21 millones de metros cúbicos. Frente a esa recarga existen 29.47 millones de metros cúbicos concesionados o asignados, 6.15 millones pendientes de titulación o registro y 13.19 millones reservados para programación hídrica, incluido el derecho humano al agua. El resultado administrativo es un déficit de 27.82 millones de metros cúbicos anuales. En términos sencillos, no existe agua subterránea disponible para otorgar nuevas concesiones sin agravar el desequilibrio.

El déficit no significa que mañana dejará de salir agua de todos los pozos. Indica algo quizá más preocupante: los derechos, compromisos y extracciones reconocidos superan la recarga estimada. La ciudad depende principalmente de un acuífero sobreexplotado en una región árida, con lluvias escasas e irregulares. Extraer más agua de la que se repone reduce los niveles subterráneos, eleva los costos de bombeo y favorece el avance de agua salina desde la costa. La intrusión marina puede deteriorar la calidad del recurso y volver inutilizables algunos pozos, un riesgo ampliamente reconocido en los estudios hidrogeológicos sobre acuíferos costeros.

Sobre esa base limitada crece la ciudad. El Programa de Desarrollo Urbano del Centro de Población de La Paz ya había diagnosticado en 2018 una expansión dispersa, especialmente hacia el sur, acompañada por especulación del suelo, fraccionamientos alejados y una disminución de la densidad urbana. El documento registró que para 2015 el centro de población alcanzaba una superficie aproximada de 5,642 hectáreas y una densidad de 48.34 habitantes por hectárea. También estimó que podría llegar a 363,391 habitantes en 2050. Su diagnóstico advirtió que el crecimiento acelerado había dejado infraestructura insuficiente, desarticulación vial y asentamientos desconectados.

Desde entonces, el fenómeno adquirió otra dimensión. Además de los fraccionamientos periféricos, aumentó la densificación mediante departamentos, condominios y pequeños edificios de habitaciones. Parte de esta oferta atiende una demanda real de vivienda derivada del crecimiento poblacional y de la llegada de trabajadores, jubilados y nuevos residentes. Otra parte se dirige al mercado turístico y a las rentas de corta estancia, cuyo rendimiento puede ser superior al alquiler tradicional. Plataformas digitales permiten convertir casas, departamentos y cuartos en unidades de hospedaje sin construir necesariamente un hotel convencional.

La renta vacacional no puede considerarse por sí sola la causa de la crisis hídrica. El problema viene de décadas de sobreexplotación, fugas, expansión urbana, insuficiente captación, debilidad del saneamiento y dependencia casi absoluta de pozos. Tampoco existe un estudio oficial público que cuantifique cuánta agua consumen, en conjunto, los departamentos de renta temporal en La Paz. Atribuirles todo el déficit sería incorrecto. Sin embargo, cada unidad nueva agrega demanda a una red que ya distribuye el agua mediante horarios y zonas. Cuando varias viviendas de baja ocupación son sustituidas por edificios capaces de alojar a decenas de personas, la carga local sobre tuberías, drenaje y almacenamiento puede aumentar de manera considerable.

El consumo turístico presenta además características diferentes al doméstico. Un visitante que paga por alojamiento espera agua continua, regadera, lavado de blancos y, en algunos casos, alberca, jardín o terraza. Para garantizar el servicio durante el tandeo, muchos edificios instalan cisternas de gran capacidad y sistemas de bombeo. Esas instalaciones son legales cuando cumplen las normas, pero generan una desigualdad práctica: los inmuebles con mayor capacidad económica almacenan agua cuando llega a la red, mientras viviendas sin cisterna dependen de tinacos pequeños o de la compra de pipas. La escasez deja de afectar a todos de la misma manera.

El impacto también alcanza el drenaje. Cada habitación incorporada a la ciudad produce aguas residuales. Un proyecto puede contar con conexión de agua, pero eso no garantiza que la tubería sanitaria, la planta de tratamiento y los colectores de la zona tengan capacidad suficiente para el aumento acumulado de densidad. Los permisos suelen evaluar obras de manera individual; la crisis aparece cuando se suman decenas de proyectos autorizados por separado dentro de una misma colonia. Un edificio aislado quizá no colapse el sistema, pero muchos desarrollos pequeños pueden producir un efecto equivalente al de un fraccionamiento sin que exista una evaluación conjunta.

La responsabilidad está fragmentada. El Ayuntamiento autoriza usos de suelo, alineamientos y licencias de construcción; el Organismo Operador Municipal administra la red de agua potable y alcantarillado; el gobierno estatal interviene en la planeación territorial y en proyectos hidráulicos; la Conagua administra las aguas nacionales y los títulos de extracción. Las plataformas de hospedaje, por su parte, se relacionan con autoridades fiscales y turísticas. Esta división favorece vacíos: una construcción puede ser compatible con el uso de suelo, pero aumentar una demanda que el organismo operador no tiene capacidad real de atender.

La regulación vigente contempla trámites y controles. El portal municipal ofrece autorizaciones de uso de suelo y licencias de construcción, mientras el Programa de Desarrollo Urbano establece densidades, alturas y modalidades de aprovechamiento. El Plan Municipal de Desarrollo 2024-2027 colocó el agua y los servicios públicos como uno de sus ejes principales. Por ello, afirmar que no existe ninguna estrategia gubernamental sería inexacto. Lo que no se observa, al revisar los documentos disponibles, es un mecanismo integral, vinculante y transparente que subordine las nuevas densidades al balance hídrico de cada zona, acumule el impacto de los proyectos y regule específicamente el crecimiento de habitaciones para renta temporal.

Las respuestas oficiales se han concentrado principalmente en aumentar y redistribuir la oferta. El organismo operador ha rehabilitado pozos, realizado interconexiones e incorporado nuevos caudales a la red. También ha promovido el reúso de aguas tratadas y obras para reducir problemas de distribución. El gobierno estatal puso en servicio la planta potabilizadora de la presa La Buena Mujer y respalda el proyecto de la presa El Novillo como fuente adicional para La Paz.

Estas acciones pueden aliviar el suministro, pero no sustituyen la gestión de la demanda. Incorporar un pozo proporciona agua inmediata, aunque también incrementa la extracción del sistema subterráneo. Una presa depende de lluvias suficientes y exige estudios de cuenca, potabilización, conducción y mantenimiento. La desalación, mencionada recurrentemente como alternativa para ciudades costeras, ofrece una fuente independiente de las lluvias, pero consume energía, requiere inversiones elevadas y produce salmuera cuyo manejo debe evaluarse ambientalmente. Ninguna obra, por sí sola, permite mantener indefinidamente un crecimiento urbano sin límites.

En 2023, el OOMSAPAS La Paz eliminó el esquema mediante el cual desarrolladores podían pagar por cada millar de metros cúbicos requerido para obtener factibilidad. La medida respondió al argumento de que el agua no debía convertirse simplemente en un costo incorporado al proyecto. Fue un reconocimiento de que pagar derechos no crea agua. No obstante, la continuidad de construcciones verticales y complejos habitacionales muestra que la regulación de factibilidades, cambios de uso, subdivisiones y conexiones todavía necesita mayor claridad pública.

El llamado del gobernador a “frenar” edificios marca un cambio político, pero hasta finales de julio de 2026 se mantenía como planteamiento y anuncio de revisión jurídica, no como una moratoria publicada con criterios, duración y alcances definidos. La declaración oficial recogida por medios locales propuso limitar el crecimiento mientras no pueda garantizarse el suministro. Tampoco se había presentado un inventario público que indicara cuántos edificios, departamentos y cuartos estaban autorizados, cuánta agua demandarían y en qué sectores de la red serían conectados.

Esa falta de información alimenta la percepción de descontrol. Para corregirla no basta con prohibir indiscriminadamente la vivienda vertical. Una ciudad compacta puede utilizar menos suelo y requerir menos kilómetros de tuberías que una urbanización extendida. El problema aparece cuando la densificación se autoriza sin infraestructura, sin captación pluvial, sin reúso, con equipamientos de alto consumo o sin medir la capacidad efectiva de la red. Regular debería significar establecer un presupuesto hídrico por sector, exigir medidores, dispositivos ahorradores, tratamiento y reúso en proyectos de cierta escala, y publicar las factibilidades otorgadas.

También implica reconocer la relación entre agua y desigualdad urbana. La expansión de rentas turísticas puede elevar el precio del suelo y desplazar a residentes hacia periferias donde el servicio es más precario. Así, quienes trabajan en restaurantes, construcción, limpieza o servicios turísticos pueden terminar viviendo más lejos y recibiendo menos agua que los visitantes y nuevos residentes a quienes atienden. La crisis hídrica se convierte entonces en un problema ambiental, económico y de justicia social.

La Paz necesita vivienda, inversión y empleo, pero también debe reconocer los límites físicos del desierto. Los datos de Conagua muestran que el acuífero se encuentra en déficit; el tandeo demuestra que la insuficiencia ya forma parte de la vida cotidiana; y el crecimiento visible de edificios confirma que la demanda sigue aumentando. Las autoridades poseen planes, reglamentos y proyectos hidráulicos, pero aún deben convertirlos en una política coordinada que relacione cada autorización urbana con agua realmente disponible.

La pregunta ya no es si La Paz continuará creciendo, sino bajo qué reglas y quién asumirá el costo. Si la expansión inmobiliaria precede a la infraestructura, ese costo se trasladará al acuífero y a las colonias con menor capacidad de almacenamiento. Si la planeación hídrica determina el ritmo y las condiciones de construcción, la ciudad todavía puede evitar que cada nuevo edificio se convierta en otro piso añadido a una crisis que comenzó bajo tierra.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




Fraude por simulación ambiental. El caso de la Sierra de la Laguna

FOTOS: Gobierno de México.

 

Ius et ratio

Arturo Rubio Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El proyecto denominado “Santuario del Tío Checo”, según su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), consiste en “realizar el cambio de uso de suelo de terrenos forestales con el objetivo de construir un centro de conservación y reproducción de vida silvestre, diseñado con un enfoque que armoniza con el entorno natural, al pie de la montaña, rodeado de vegetación, ideal para realizar actividades de enseñanza y concientización del cuidado de la biósfera.”

Este proyecto es inadmisible, por el daño irreversible que implica al entorno ecológico y a la principal fuente de abasto de agua en el Sur de la entidad. Se trata de un proyecto turístico disfrazado de “centro de conservación”. Cuya creación implica daños irreversibles al ecosistema.

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La Reserva de la Biósfera Sierra de la Laguna fue decretada el 6 de junio de 1994, y cuenta con zonas núcleo y de amortiguamiento, así como Programa de Manejo vigente, el cual delimita de forma estricta las actividades permitidas y prohibidas.

La Conanp reconoce que esta Reserva es el único bosque del Estado; tiene función crítica de captación, retención y distribución de agua, y es fuente directa del abastecimiento hídrico de los municipios de La Paz y Los Cabos.

Cualquier intervención que altere el suelo forestal, la infiltración hídrica o la cobertura vegetal impacta directamente derechos humanos fundamentales, no solo ecosistémicos.

El “Santuario del Tío Checo” tiene la pinta completa de fraude por simulación ambiental. Aunque el proyecto se presenta formalmente como “Centro de conservación y reproducción de vida silvestre con fines educativos” la evidencia pública y técnica demuestra que:

  • Implica cambio de uso de suelo forestal,
  • Introducción de infraestructura permanente,
  • Introducción de fauna no endémica,
  • Apertura de caminos, servicios, visitantes, operación turística, y
  • Se inserta en una zona ecológicamente frágil y estratégicamente hídrica.

Este proyecto configura jurídicamente un caso de simulación administrativa, donde el discurso de conservación encubre un uso turístico incompatible con el régimen de protección de una Reserva de la Biósfera, y se constituye en una violación directa al derecho humano al medio ambiente sano.

El Artículo 4º de la Constitución reconoce el derecho humano a un medio ambiente sano, con obligación positiva y preventiva del Estado, y al respecto, la SCJN ha establecido que, ante riesgos ambientales, las autoridades deben actuar incluso sin certeza científica, aplicando el principio precautorio.

Esta jurisprudencia es obligatoria y resulta plenamente aplicable, pues existe riesgo real al sistema hídrico, se trata de un Área Natural Protegida, y los daños serían irreversibles.

El principio precautorio no exige prueba plena del daño, basta la posibilidad razonable de afectación grave, y obliga a negar autorizaciones cuando el riesgo es estructural. En este caso, Semarnat está jurídicamente obligada a negar la autorización, no a condicionarla.

Respecto a la afectación grave al derecho humano al agua y seguridad hídrica regional, tenemos que la Sierra de la Laguna es el principal reservorio natural de agua del Sur del Estado, tal y como lo reconocen tanto estudios científicos como autoridades ambientales.

La SCJN reconoce el derecho humano al agua como derecho autónomo, interdependiente del medio ambiente, exigible frente a decisiones administrativas. Por ende, cualquier proyecto que ponga en riesgo la recarga de acuíferos constituye una violación anticipada al derecho humano al agua de toda la población de La Paz y Los Cabos.

En el ámbito convencional, la Corte Interamericana ha establecido que el Estado debe prevenir daños ambientales que afecten derechos humanos, aun si el daño no se ha consumado.

El Acuerdo de Escazú establece que México está obligado a: garantizar participación pública efectiva, proteger a quienes defienden el medio ambiente, y aplicar el principio de no regresión ambiental.

Autorizar este proyecto reduce el nivel de protección existente, lo cual está prohibido por el derecho internacional ambiental.

Corolario

La Sierra de la Laguna no es un espacio disponible para “proyectos verdes” de mercado: es una infraestructura natural crítica para la vida. Autorizar el “Santuario del Tío Checo” no sería un error técnico, sino una violación estructural a derechos humanos, con responsabilidad constitucional e internacional para el Estado mexicano.

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Entra en servicio nueva planta potabilizadora de la presa «La Buena Mujer»

FOTO: Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). En un paso decisivo para mejorar el suministro de agua potable en La Paz, el gobernador Víctor Manuel Castro Cosío atestiguó la entrada en servicio de la nueva planta potabilizadora que aprovechará las aguas de la presa La Buena Mujer.

Este proyecto permitirá inyectar 70 litros por segundo adicionales a la red distribuidora, beneficiando directamente a 30 mil familias de diversas colonias de la ciudad.

En este sentido, el mandatario sudcaliforniano subrayó que este logro es un reflejo de la unión de esfuerzos y voluntades para el bienestar de la gente. Además, reconoció la dedicación y perseverancia de la alcaldesa Milena Quiroga Romero, quien jugó un papel clave en la gestión conjunta de este proyecto que hoy se convierte en una realidad tangible.

La nueva planta potabilizadora, construida luego de 30 años de haberse finalizado la presa La Buena Mujer, permitirá emplear el agua captada durante la temporada de lluvias para satisfacer la creciente demanda en colonias como Márquez de León, Loma Obrera, Loma Linda, Guadalupe Victoria, Guelatao, Villas de Guadalupe, Vista Hermosa, Laguna Azul y Lienzo Charro, entre otras.

Durante el evento, Castro Cosío, acompañado por la presidenta del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (SEDIF), Patricia López Navarro, anunció que su administración continuará fortaleciendo la infraestructura hídrica del estado.

Asimismo, adelantó el respaldo gubernamental al proyecto de la nueva presa “El Novillo”, en el municipio de La Paz, como una medida adicional para asegurar la disposición y distribución adecuada del vital líquido en la región.

El Gobernador destacó el apoyo incondicional que ha brindado el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha mostrado un firme compromiso con Baja California Sur. “Estas acciones se han materializado en proyectos clave como la planta desaladora de Los Cabos, con una inversión de mil millones de pesos, y ahora con la inauguración de la planta potabilizadora en La Paz”, concluyó.




Sin riesgo por melioidosis el agua distribuida en La Paz: COEPRIS

FOTO: COEPRIS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El agua que la autoridad municipal de La Paz proporciona a la población mediante su sistema de abasto y distribución es segura para uso personal y doméstico, ya sea para beber o para realizar actividades de higiene básica, ya que esta es sometida a procesos de cloración residual conforme lo estipulado por la norma federal.

Esta condición, que es corroborada de manera periódica mediante muestreos efectuados por la Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COEPRIS), evita la presencia de microorganismos patógenos, como es la bacteria Burkholderia pseudomallei, que es causante de la enfermedad melioidosis, se informa a través de un comunicado de prensa oficial.

Cabe resaltar que esta bacteria puede encontrarse en cuerpos de agua estancados tras el paso de lluvias, y en tierra que fue removida durante la crecida de arroyos, de ahí que los datos epidemiológicos internacionales indiquen que la transmisión de esta enfermedad ocurre al entrar en contacto con estos elementos sin utilizar guantes, ropa o calzado impermeable.

La literatura médica y científica internacional señala que las personas pertenecientes a sectores de riesgo tienen una mayor susceptibilidad de desarrollar la enfermedad melioidosis. Estos grupos incluyen a aquellos con diabetes descontrolada u otras enfermedades crónicas que debilitan el sistema inmunológico, así como a quienes consumen bebidas alcohólicas de forma crónica. Además, las personas que tienen contacto con agua y suelos contaminados al presentar heridas o raspaduras también están en riesgo.

En este sentido, la Secretaría de Salud reitera que entre las medidas preventivas destaca evitar el contacto con agua, tierra y lodos, en especial cuando se presente una herida; utilizar guantes, ropa y calzado impermeable cuando deba tenerse contacto con agua y suelos; no bañarse en agua de lluvia, especialmente en lugares donde se estanca; lavar con frecuencia las manos, consumir solamente agua potable y efectuar una preparación higiénica de alimentos.




El agua en La Paz en tiempos de la COVID-19: ¿escasez selectiva?

FOTOS: Internet

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El derecho al acceso al agua es universal y en nuestro país está plasmado en el Artículo 4, párrafo sexto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que a la letra señala:

Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y sustentable de los recursos hídricos, estableciendo la participación de la Federación, las entidades federativas y los municipios, así como la participación de la ciudadanía para la consecución de dichos fines.

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De acuerdo a lo anterior, el Estado es responsable de proveer del vital líquido a la población, ésto debe observarse y aplicarse con la colaboración de los tres órdenes de gobierno: la Federación, las entidades federativas y los municipios. Pero la participación de los municipios debe ser más intensa ya que es la autoridad al final de la cadena de mando, y es la que en última instancia debe garantizar que el agua llegue a los hogares de los mexicanos pues así lo establece el inciso (a), fracción III del Artículo 115 Constitucional, que estipula la facultad y mandata la obligación de los municipios para la prestación de los servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento, que a la letra dice así:

Los Municipios tendrán a su cargo las funciones y servicios públicos siguientes:

  1. Agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales.

Y aunque todo lo anterior es mandato constitucional la realidad es otra y en todo el país un amplio sector de la población no tiene acceso a este derecho básico, ya que en muchos lados el suministro de agua es ineficiente e irregular o no existe. Por lo general, es en las zonas de mayor marginación social en las que la población más vulnerable económicamente sufre por la carencia del vital líquido.

Baja California Sur es una de las entidades con mayor estrés hídrico del país, debido a que se encuentra en una zona semidesértica comprendida en La Región Hidrológico Administrativa I Peninsula de Baja California (RHA I PBC), que comprende la totalidad de los estados de Baja California y Baja California Sur, y el municipio de San Luis Río Colorado de Sonora. La mayoría de los municipios comprendidos en esta región se encuentran ante un panorama desfavorable para el acceso al agua, debido a factores como la disminución de la recarga hídrica natural del manto freático, el desarrollo urbano y el incremento poblacional (Estadísticas del agua en México, 2017, Semarnat-Conagua, y Programa Hídrico Regional Visión 2030. Región Hidrológico-Administrativa I Peninsula de Baja California, 2012, Semarnat-Conagua). Y, por supuesto, los municipios de Sudcalifornia no son la excepción, principalmente Los Cabos y La Paz, debido al voraz incremento de la actividad inmobiliaria, sobre todo de los grandes desarrollos turísticos, pero también por la notable ampliación urbana.

En La Paz la mancha urbana se extiende incontenible hacia la carretera a Todos Santos; y en su zona céntrica, en las inmediaciones del malecón, la ciudad crece hacia arriba con la modalidad de edificios departamentales, para la cual en varias ocasiones se ha violado el Plan de Desarrollo Urbano municipal o éste ha sido modificado a conveniencia de los empresarios desarrolladores y en detrimento de la población.

Curiosamente, el agua escasea menos o no falta en la denominada Zona Comercial y en la zona inmediata de la colonia Centro, pero al alejarse unas cuantas cuadras del área turística, la falta del vital líquido es abrumadora. Manzanas enteras de la colonia Centro en colindancia con otras tantas de la colonia el Esterito carecen de agua durante días y hasta semanas; funcionarios del Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua, Alcantarillado y Saneamiento de La Paz (OOMSAPAS), consultados al respecto, señalan que así es y que la problemática tiene algún tiempo y se muestran frustrados por la incapacidad que tienen para resolver el problema. Su respuesta final es que no hay agua.

El problema se agrava entre más lejos se esté de la zona céntrica, por ejemplo en colonias como Francisco Villa y Lázaro Cárdenas los habitantes sufren continuamente y por mayores periodos la falta de agua, incluso durante meses. Es así que la autoridad municipal no está garantizando el derecho básico de gran parte de la población paceña al acceso al agua consagrado en nuestra Constitución. Y si de poca agua se trata, el manejo de ésta también debería ser equitativo, es decir si nos va a faltar el agua, que nos falte parejo.

No parece un acto fortuito que la zona turística inmediata al malecón rara vez carece del vital líquido. ¿Será que desde OOMSAPAS se pueden decidir a quien le falta y a quien no le falta agua cada temporada de calor? Éste tipo de decisiones gubernamentales que parecen beneficiar a unas zonas y a otras no, deben ser consideradas inhumanas, pero en tiempos de la COVID-19, cuando el mandato es “Quédate en casa y lávate las manos…” deben ser consideradas hasta criminales. De no ser así, deberían entonces, no sólo los funcionarios del agua sino el Presidente municipal Rubén Muñoz, darnos un informe pormenorizado de la escasez del agua en el municipio y explicarnos por qué les falta a algunos y a otros no.

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