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Sobrevivió a un disparo en el ojo; ahora funda un ‘anexo’ en La Paz (II)

14-Oct-2016

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado.
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Terapia de catarsis en el Instituto Vieira. Foto: Cortesía.

La Paz, Baja California Sur. A mediados de septiembre, un joven de 23 años —a quien por respeto a su anonimato se le identificará como “Q.”— fundó nuevo un centro de rehabilitación en La Paz, para personas con problemas de adicción a las drogas. El también llamado “anexo”, está ubicado en la calle Sierra de las Vírgenes, frente a la Secundaria 10, en la colonia 8 de Octubre. En exclusiva para CULCO BCS, el fundador y director de centro cuenta su historia. Esta es la segunda parte: la apertura del Instituto Vieira. CLIC AQUÍ para leer la primera parte.

Luego de consumir drogas desde los 13 años y sufrir un accidente en que perdió un ojo izquierdo, y expuso su vida, finalmente —desde 2015— Q. ha logrado mantenerse sin alcohol ni drogas, y fundó este anexo. “Es un nuevo centro, yo tengo muchos proyectos en mente, y no quiero que éste sea del montón”.

El Instituto Vieira “es una casa grande. Tenemos alrededor de, entre personas anexadas como ocho hombres y dos mujeres, y personas que viene de ‘casa grupo’, son cuatro mujeres y nueve hombres de casas de afuera (…) El anexo tiene para que quepan como para 50 mujeres y 90 hombres (…) Tenemos el servicio de enfermería, tenemos doctores particulares, tenemos cirujano, tenemos una psicóloga que les da terapias a los muchachos cada fin de semana; contamos con un abogado; tenemos las instalaciones correctas, tenemos sus baños respectivos de distintas áreas (para hombres y para mujeres); y la verdad, pues el objetivo sí es mejorar, es introyectarle a la gente que sí hay un futuro”.

Al comentarle que algunos centros de rehabilitación en BCS han contado con una mala fama, por supuestos casos de tortura, e incluso algunos han salido sin vida, Q. agregó que “siempre he estado en contra del maltrato a las personas. Yo soy una persona que ha estado anexado tres veces, y si el día estoy aquí es porque quiero mejorar las cosas: la calidad, mejorar el trato a las personas. No somos animales: somos personas”.

Además, asegura que no hay una cuota fija y que están legalmente constituidos. “No se cobra, son aportaciones que la familia quiera entregar, es nomás lo que ellos quieran ayudar para los muchachos, no es mucho, la verdad, lo que ellos gusten dar (…) Nos legalizamos bien a través de una asociación civil, todo el papeleo lo hizo un abogado que nos hizo todo el trámite, estamos bien en la estructura de nuestro anexo”. Incluso, sostiene que al anexo ya acudió la Coepris —Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios— “y no hubo un solo error”.

Ego – reducción

Sobre el tiempo promedio que un interno está ahí, en el centro de rehabilitación, y en qué consiste el tratamiento, el entrevistado respondió que “mínimo, por sugerencia, cada caso es un proceso diferente, hay quienes están seis meses y otros hasta un año. Hay personas muy cerradas de cabeza, que vienen contra su voluntad (pero) las personas que vienen más ingobernables, las vamos a cambiar con puro amor.

“Es un proceso de ego – reducción —explicó—, de valoramiento, donde están aislados de la familia por un tiempo para que los valoren, para que extrañen a su familia, para que empiecen a recapacitar, para que se conozcan, para que trabajen en ellos mismos: qué vienen arrastrando, qué vienen ocultando; muchas veces no hablamos esas cosas fueras, pero aquí tenemos juntas de compartimento, de catarsis”.

 

Y es que para Q., “ante la sociedad, el drogadicto esta tachado, pero las personas que hemos tenido un problema de adicciones podemos lograr cosas más que algunas personas que no la han tenido”, puntualizó.