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Contra la utopía

19-Ene-2021

OPINIÓN Por Mario Jaime

IMAGEN: “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” Georges Seurat

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cualquiera, sea la de Platón, la de Marx o la de Bacon. Ni el filósofo que gobierna, ni el proletariado tiránico, ni los científicos ilustrados son garantía de un logro benévolo ni mucho menos absoluto.

Pero más que contra las utopías, hay que cuidarse de aquellos que desean implantarlas, los que justifican a Rousseau y el pueblo bueno, la supuesta amistad emanada de la voluntad general terminan ejerciendo su sangriento terror decapitando enemigos de la revolución. Las metonimias de las utopías son los campos de exterminio, checas, gulags, guillotinas, manicomios, cárceles subterráneas y destierros.

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Los utopistas justifican a los asesinos. ¿Qué hacer con el rebelde, el que no encaja en la sociedad perfecta o perfectible?

Los que creen en utopías parece que jamás han salido a las calles. No conocer a los humanos puede ser mortal. No hay hombre, no hay especie, no hay esencia del primate racional que pueda ser encontrada sino como una generalización metafísica o teológica.  Las utopías están en los delirios, los discursos, el papel, en el tropos uranos de un idealismo nada inocente, pero en el mundo real se trastocan en masacres y castigos, cercos que diluyen la libertad de los individuos.

Si la República de un Platón enloquecido por los filósofos gobernantes se lleva a cabo la mayoría de nosotros seriamos expulsados de ella.

Generados en el idealismo, edades de oro y arcadias, Atlántidas de ensueño van y vienen como formas y entelequias fuera del tiempo, de la historia y del mundo, ya sea el cielo cristiano, el edén judío o Satya yuga hindú.

¿Cómo pensar en una edad de oro cuando somos egoístas, crueles, hipócritas, asesinos e imperfectos? ¿Cómo en una realidad entrópica, en donde los organismos no podemos sintetizar moléculas infinitas?  Lobos entre ovejas y ovejas entre lobos, los intereses devoran la benevolencia y el soñar con las colmenas de gatitos sin dientes parece una burla para deficientes mentales.

¿Qué hacer entonces? ¿Hay qué hacer algo? ¿Es realista el Estado inmaculado de Nozick? En una reunión de anarquistas el argentino Ernesto Sábato fue interpelado por sus camaradas por querer el pacifismo. ¿Cómo generar una sociedad mejor sin violencia, comiendo lechuga? Le gritaron.

No lo sé. ¿Será la ataraxia individual una salida? ¿Por qué pensar siempre en hormigueros? Cierto es que somos animales políticos, pero esa ficción de poder es un noúmeno que siempre ha conducido a océanos de llanto.

Una vez conocí a una niña de 9 años en una ciudad espantosa. Fue hace 20 años, no sé si ella sigue viva, pero estaba embarazada de su propio padre. La conocí en el Instituto Nacional de Perinatología en Lomas de Chapultepec, se llamaba Cecilia. Le escribí un poema que jamás le leí, hoy está perdido. ¿Cómo hablarle a ella de utopías? En la calle de Madero conocí a Estrellita, tenía 16, se prostituía desde los 12, le enseñé a leer y los padrotes le cortaron la comisura de los labios.  ¿Cómo hablarle a ella de utopías? En Sudáfrica conocí a una mujer que de niña le cortaron el brazo en Sierra Leona. Se lo cortó un niño de 11 años en medio de la dictadura militar. ¿Cómo hablarle a ella de utopías?

Recuerdo a Pirrón que vio crucificados en Cartago, bonzos quemándose vivos en la India, volvió con los restos del ejército de Alejandro y cuando los platónicos le hablaron de la Verdad ideal él solo pudo reírse de coraje y con desprecio. Las ideas arquetípicas pueden sonar muy mal en medio de basureros donde los buitres picotean cadáveres de niños. Ya lo cantó Cesar Vallejo, un hombre busca comida en la basura, ¿cómo hablarle luego de metafísica?

Y nosotros… aquí, en una ciudad periférica, sin importancia, ajena al vaivén imparable del poder económico mundial, pensando en un idioma sin imperio, clamando a voces que se pierden. ¿Por qué clamamos? ¿Quién nos escucha?

Entre mundos ya virtuales de doxa y opiniones infinitas, en la sobrepoblación de estupideces queda la resaca por morderse los puños.

Quizá la realidad sea una broma, una infantilización de proponer ositos cariñositos que devienen carniceros. Sin sistemas filosóficos, con la mueca escéptica.

Pero en fin, aquí pienso sobre utopías y no me da el optimismo para tanto, más que para estar en contra, solo por congruencia, solo por respeto a aquellos a quien no podemos hablarles de ellas.

 

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