Puerto Chale, visita obligada de los amantes de las ballenas

FOTOS: Sealtiel Enciso Pérez

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Este domingo 12 de febrero, acudimos mi esposa y yo, a Puerto Chale, B.C.S. para realizar una visita recreativa y admirar a las hermosas ballenas que desde hace miles de años arriban a este sitio a aparearse y a parir a sus ballenatos, pero también, con intención de realizar un análisis de las condiciones que se tienen para que los prestadores de este servicio realicen el trabajo de atención al público en sus diferentes modalidades.

La salida fue, de esta ciudad de La Paz, B.C.S., a las 8:40 a.m. y, transitamos los 156 kilómetros de distancia que nos separa del poblado de Santa Rita. En este sitio existe una desviación hacia las costas del Océano Pacífico, donde se transita por 23 kilómetros de carretera en buenas condiciones. El recorrido lo hicimos en un automóvil Honda Civic, los cuales se caracterizan por no ser de mucha altura, así que ya se dará cuenta el amable lector, que si nosotros pudimos llegar en este vehículo, ustedes podrán hacerlo de la misma forma en la mayoría de los automóviles. El camino fue muy agradable, principalmente por estar un poco nublado, con poco tránsito en la carretera y sobre todo porque se puede admirar el hermoso paisaje desértico que rodea a esta ruta.

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Al llegar a Puerto Chale fuimos recibidos por una persona que estaba bajo una carpa en el centro de la carretera de acceso al poblado. Esta persona muy atentamente nos preguntó el propósito de la visita, y al mencionarle que era para avistar las ballenas, nos indicó que acudiéramos con una persona que estaba en el muelle, y que era la designada para determinar el turno de abordaje. Finalmente, nos señaló que podíamos utilizar los estacionamientos que existen para dejar los automóviles. Al acercarnos a estos sitios nos dimos cuenta de que cobraban 50 pesos por permitir aparcar el vehículo, más sin embargo no ofrecían ninguna otra cosa como sombra, vigilancia, etc. Este es un punto negativo para el poblado ya que prácticamente todo el terreno cercano al embarcadero está cercado y hace casi imposible que se pueda dejar el carro en algún sitio cercano a la playa, sino es pagando la cuota obligatoria. Afortunadamente cuando íbamos acercándonos, un automóvil, probablemente de uno de los habitantes del puerto, salió y rápidamente ocupamos el lugar, con lo que nos ahorramos este pago.

Al acudir con la persona que estaba en el muelle, nos saludó cortésmente y nos indicó que debíamos esperar a que se reuniera un grupo de unas 10 o 12 personas para que nos subiéramos a una lancha, o rentar un paseo privado para 2 o 4 personas, pagando la respectiva cantidad de 4 mil pesos. Le preguntamos el costo por persona en una lancha colectiva y nos indicó que era de 600 pesos por persona. Sin siquiera pensarlo le expresamos que esperaríamos a que se conformara la cantidad de personas para abordar una lancha colectiva, a lo que simplemente nos dijo que podría tardar tiempo en que eso pasara y que no nos aseguraba nada. Decidimos visitar los diferentes puestos de Tours que se encuentran en los alrededores del muelle para preguntarle si podían incluirnos en un tour colectivo a lo que muy amablemente nos comentaron que deberíamos esperar a que la persona del muelle nos encontrara un lugar. Nos expresaron que es más fácil el tomar una lancha colectiva si ya venimos con un paseo contratado con anticipación, ya que así sólo se llega con el personal de la agencia con la que se contrató y se espera a reunir la cantidad de 10 a 12 personas para completar el viaje colectivo (los cuales también debieron haber reservado con ellos), y es mucho más rápido y segura la salida.

Después de preguntar en 3 o 4 puestos que ostentaban una lona con el nombre de Tour a las ballenas en los alrededores del muelle, y recibir la misma respuesta de esperar, nos resignamos a deambular por el sitio y apreciar la infraestructura para prestar el servicio a los visitantes. El sitio está limpio, sin embargo, existen algunas zanjas de trabajos de construcción que se están realizando, y no cuentan con señalización que prevenga una caída u otro accidente. Tampoco cuenta con carpas o construcciones donde los visitantes puedan descansar y protegerse del sol, sin sentarse en los puestos de venta de comida donde necesariamente deben tener un consumo. Sí cuenta con 4 bancas de madera colocadas cerca de la playa donde pueden sentarse los visitantes, así como un espacio para tomarse fotografías. Cerca del muelle están unos 5 o 6 sitios improvisados para venta de alimentos, en donde simplemente se colocaron una o dos mesas con sus respectivas sillas, y en donde se brindan los alimentos a los clientes. Los precios de los alimentos son semejantes a los que costarían en un restaurante de buen nivel en esta capital, sin embargo, la presentación es un tanto improvisada. Al parecer, los mariscos son extraídos de lugares cercanos a Puerto Chale.

Existen sólo 3 o 4 negocios de venta de alimentos que son parte de las casas construidas con concreto y bloques, y que se adaptaron precariamente, sin embargo, aún requieren mayores arreglos para convertirse en sitios idóneos para el fin que se pretende. En varios sitios del puerto se cuenta con bocinas de las cuales emana música de diversos géneros y con un volumen alto, lo cual en ocasiones obliga a retirarse a un sitio más tranquilo. Cerca del muelle se encuentra unos baños para uso del público. El costo para poder ingresar es de 10 pesos por persona. Están bastantes limpios y con agua suficiente. Sólo noté que al salir del baño no cuenta con jabón para lavarse las manos.

Después de una espera de unos 25 minutos llegó una familia de unos 10 integrantes, por lo que nos acercamos para confirmar que todos juntos integraríamos el siguiente contingente que abordaríamos una lancha y así partir hacia el tour de las ballenas. Pasamos a un tejaban en donde anotamos nuestros nombres en una hoja, pero no se nos pidió ningún otro dato. Considero que esto no es adecuado ya que en caso de un accidente o emergencia difícilmente se podría ubicar a una persona si no deja más datos de identificación.

Finalmente, se indicó que, si se quería hacer el pago con tarjeta bancaria, al finalizar el tour se nos llevaría a un sitio cercano con acceso a internet para hacer el pago. A todos los participantes se nos entregaron chalecos salvavidas de excelente calidad. Algo que nos llamó la atención es que casi todos los chalecos (el mío no), llevaban amarrado un silbato, el cual se nos indicó que nos serviría para ubicarnos en caso de una emergencia o de topar con un banco de niebla. Finalmente, se nos condujo al embarcadero para abordar la lancha.

El muelle por el que se transita para subir a la lancha consta de tres largos tramos los cuales no tienen barandales a los costados, por lo que son inseguros sobre todo para los niños ya que pueden caer. El abordaje a la lancha fue rápido, en orden y bajo la vigilancia del lanchero, el cual demostró gran experiencia. Solamente se nos dio la instrucción de no acercarnos todos a uno de los lados de la lancha para evitar un accidente, pero no hubo mayores indicaciones para nuestra seguridad o en caso de tener algún accidente. Tampoco se nos indicó cómo debía ser nuestro comportamiento al estar cerca de las ballenas y qué cosas hacer y cuáles evitar. Este punto sería importante que se advirtiera a todos los visitantes puesto que ayudaría mucho a la seguridad y, sobre todo, a la protección y conocimiento de nuestras ballenas.
En el trayecto que hicimos, de aproximadamente unos 20 minutos, desde Puerto Chale hasta el sitio en el mar, donde nos detuvimos para admirar a las ballenas, pude percatarme que la lancha era casi nueva, bien pintada, limpia, con bastante refuerzo para convertirla en un medio muy seguro para llevar a una buena cantidad de pasajeros. El motor de la lancha era bastante nuevo. La lancha venía equipada con un aparato de radiocomunicación. No estaba a la vista el botiquín de primeros auxilios ni tampoco la pistola de bengalas o una lancha inflable en caso de naufragar o pedir auxilio. La Lancha contaba con una mallasombra, la cual protegía del sol a la mayoría de los paseantes.
Durante cerca de 50 minutos estuvimos paseando entre las ballenas, 3 de ellas se dejaron tocar por quienes así lo desearon y, pudimos obtener una gran cantidad de fotografías y videos con estos inolvidables momentos. Algo que no se está aprovechando es la posibilidad de sensibilizar a los visitantes sobre la importancia de Baja California Sur, y en este caso Puerto Chale, como sitio de reproducción y nacimiento de miles de ballenas que navegan por los mares. Podría grabarse un audio con esta y otra información también importante, y reproducirse a través de una o dos bocinas empotradas en la lancha, para que los visitantes reciban esta información, y se sumen a la conservación y cuidado de estos gigantes de los mares. También se podrían mandar imprimir folletos, de distribución gratuita entre los visitantes, con información relevante sobre las ballenas que llegan a este y otros sitios de Baja California Sur. Al finalizar pagamos la cuota requerida pero no se nos entregó comprobante alguno.
Retornamos a La Paz, sin mayores contratiempos, cargados de muchos recuerdos, fotografías y sobre todo con esta gran experiencia que para todos será inolvidable. Espero que esta crónica sirva como una crítica constructiva que ayude a mejorar la atención que se presta en este bello destino del municipio de La Paz, y al mismo tiempo una invitación para que mucha más gente lo visite y, disfrute del hermoso espectáculo de las ballenas.

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Apuntes sobre los Pericúes

 Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Nuestra península inició su poblamiento hace aproximadamente unos 12,500 años. Los grupos que llegaron venían procedentes de Asia, e incursionaron en este continente americano por el famoso estrecho de Bering. Poco a poco fueron descendiendo hacia el sur, y algunos de esllos ingresaron a la península que actualmente lleva el nombre de Baja California, en donde quedaron encapsulados. Este fue el antecedente de los grupos étnicos nativos que durante la Colonia se conocieron como pericúes, guaycuras y cochimíes.

En el caso que hoy nos ocupa, los pericúes, este grupo se asentó en la región más austral de la península, y abarcó casi todo el territorio de lo que actualmente se denomina el Municipio de Los Cabos. De acuerdo a los cálculos realizados por los sacerdotes jesuitas, los cuales permanecieron en nuestra península de 1697 hasta 1768, los pericúes era el grupo menos numeroso, con apenas unos 5000 integrantes. Sus principales actividades eran la pesca y la caza así como la recolección de semillas y frutos, lo cual los hacía un grupo nómada o seminómada, ya que tenían que trasladarse por temporadas a diferentes sitios en búsqueda de alimento y agua. 

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El nombre de pericús o pericúes, se lo impusieron los jesuitas al escuchar sus incesantes pláticas, en las cuales decían las palabras de forma rápida, semejándoseles a los pericos o periquitos, de ahí que hayan adaptado este nombre para denominar a este grupo. Sin embargo, en las crónicas misionales se habla que dentro de los pericúes existían divisiones de grupos: edúes, uchitíes, coras y pericúes. El etnólogo francés, Paul Rivet, desarrolló una interesante hipótesis sobre el origen de los pericúes. De acuerdo a investigaciones que realizó en las osamentas encontradas en entierros de este grupo, él sostenía que habían llegado a esta parte de la península en embarcaciones, navegando desde Australia o Polinesía. Como evidencia de ello menciona que la forma de la cabeza de los pericúes era hiperdolicocéfala, esto es, ancha y redonda, similar a la que tienen los habitantes de aquellas regiones del sur del orbe, muy diferente al resto de los habitantes de la península. También los misioneros jesuitas mencionaban que los pericúes tenían un lenguaje muy diferente al resto de los californios, sin parecido alguno.

Las herramientas que fabricaban los pericúes eran arcos, flechas, arpones de madera, cuerdas de hoja de maguey machucado (ixtle), piedras de moler, leznas, espátulas, ornamentos de madre perla, cuentas de caracoles marinos, lanzadardos, cestas o coritas, contenedores de palma, etc. De acuerdo a las observaciones realizadas por los exploradores y militares europeos así como los jesuitas, se dice que eran excelente nadadores y navegantes. Las islas Espíritu Santo, Cerralvo (Jacques Y. Cousteau) y San José, fueron colonizadas por los pericúes, llegando a ellas desde hace 10,000 años. Los exploradores europeos que arribaron a la región de Los Cabos, mencionan que era común  al estar a unos 5 o 6 kilómetros de distancia de la costa, llegaban hacia ellos una gran cantidad de pericúes montados en sus embarcaciones tan endebles, siendo muy hábiles en el conocimiento de las corrientes marinas y la orientación.

Francisco Javier Clavijero, SJ, hace una interesante descripción de la vestimenta de los Pericúes: Los pericúes, hacia el Cabo de San Lucas, adornaban toda la cabeza de perlas, enredándolas y entreverándolas con los cabellos, que mantenían largos. Entretejían con ellas unas pequeñas plumas blancas, resultando de todo un adorno postizo que, visto de lejos, pudiera pasar por peluca. También hubo antiguamente esta moda de toquillas entre los pericúes del sur, formadas de unos caracolillos pequeños, blancos y redondos, que parecían perlas, y las hacían muy vistosas.

Las más decentes en vestirse eran las mujeres de los pericúes, hacia el Cabo de San Lucas. Hay en este pedazo de tierra cierta especie de palmas, distintas de las que producen los dátiles, y de éstas se valen las indias, para formar sus faldellines. Para esto golpean sus hojas, como se hace con el lino, hasta que salen esparcidas las hebras, las cuales, si no son tan delicadas como las del lino, a lo menos quedan, machacadas de este modo, más suaves que las del cáñamo. Su vestido se reduce a tres piezas, dos que forman juntas una saya, de las cuales la mayor, poniéndola por detrás, cubre también los dos lados volteando un poco para delante, y llega desde la cintura hasta media pierna o poco más. La otra pieza se pone por delante, cubriendo el hueco que dejó la mayor, pero sólo llega a las rodillas o muy poco más. La tercera pieza sirve de capotillo o mantelina con que cubren el cuerpo desde los hombros hasta la cintura o poco más. Estos vestidos no están tejidos sino engasados de hilos, o diremos mejor cordelillos, unos con otros por el un extremo, como en los fluecos, deshilados o guadamaciles, quedando pendientes a lo largo en madejas muy tupidas y espesas. Y aunque labran unas pequeñas telas de estas pitas o hebras de palmas, no son para vestirse sino para hacer bolsas y zurrones, en que guardan sus alhajuelas. Estas indias del cabo de San Lucas crían el cabello largo, suelto y tendido por la espalda. Forman de figuras de nácar, entreveradas con frutillas, cañutillos de carrizo, caracolillos y perlas, unas gargantillas muy airosas para el cuello, cuyos remates cuelgan hasta la cintura y, de la misma hechura y materia, son sus pulseras. Aun en aquel rincón del mundo inspira estas invenciones a gente tan bárbara el deseo de parecer bien. El color de toda esta nación pericú es, por lo común, menos obscuro, y aún notablemente más claro, que el de todos los demás californios.

De acuerdo a investigaciones que ha realizado el Lic. Gilberto Ibarra Rivera, en diferentes documentos escritos por personas que convivieron con los pericúes, ha podido concentrar algunas de las palabras que utilizaban en este grupo, lamentablemente es del que menos se conoce su lengua. Aquí algunos ejemplos, y cuando se tiene, la definición de estas palabras: Aiñiní: nombre indígena del sitio en el que se construyó la misión de Santiago de los Coras, Anicá: nombre de una ranchería indígena, Añuití: nombre pericú del sitio donde se construyó la misión de San José, cerca de la actual ciudad sudcaliforniana de San José del Cabo, Caduaño: topónimo de un pueblo moderno, localizado en el municipio de Los Cabos (Baja California Sur). Significa Cañada Verde, Cunimniici: nombre de una cadena de ontañas localizada en territorio pericú, Eguí, Marinó: nombre indígena para los montes de Santa Ana (Baja California Sur), Purum: topónimo que designaba a un conjunto montañoso y a una ranchería indígena, Yeneca: topónimo de una ranchería, Yenecamú: topónimo indígena de Cabo San Lucas, ípiri: cuchillo, ipirica: hacha, uriuri: andar, utere: sentarse, unoa: daca aquello , Boox o boxo: perla, nacui: concha, itaurigui: capitán, eni: agua, aynu: pescado y miñicari: cielo.

Los pericúes fue el primer grupo étnico nativo de la antigua California en desaparecer. Una gran cantidad de epidemias entre las que se destacan sarampión, viruela y sífilis, causaron la mortandad de miles de niños y adultos de este grupo. En el caso de la sífilis por lo general ocasionaba esterilidad en las mujeres o el nacimiento de niños enfermos que al poco tiempo morían. También durante la gran rebelión de 1734, iniciada por este grupo, al ser reprimida por el ejército español, ocasionó la muerte de muchos de ellos, así como el exilio a otras misiones de una gran cantidad de mujeres pertenecientes a este grupo, como una forma de evitar su reproducción. Aproximadamente para el final de la segunda década del siglo XIX, se habían extinguido los integrantes de este grupo, sin embargo, debido al mestizaje que se dio entre los recién llegados con los últimos hombres y mujeres pericúes, la herencia genética aún perdura en sus descendientes.

Aún falta mucho por conocer sobre la historia y cultura de este gran grupo de los Pericúes, tarea que seguimos realizando de forma paulatina pero constante, con el fin de apuntalar la identidad de los habitantes de Sudcalifornia, y seguir recordando que en esta tierra florecieron grupos étnicos originarios con una gran cultura y de cuya herencia nos debemos sentir orgullosos. 

 

Bibliografía

Francisco Javier Clavijero. 1789. Historia de la Antigua o Baja California.

Ibarra Rivera G. 1991. Vocablos indígenas de Baja California Sur. Instituto Sudcaliforniano de Cultura.  

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El núcleo de la tierra se ha detenido y todos vamos a morir… o ¿no?

FOTOS: Internet

California Mítica

Gilberto Manuel Ortega Avilés

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cientificos afirman que el núcleo de la tierra se ha detenido, o mas bien que se a ralentizado e incluso cambiando de dirección.
Esto podría explicar porque alrededor del mundo se han visto comportamientos de animales muy extraños, como las cabras que giraban en círculos (aquí la liga).


También los cambios en el clima y terremotos se pueden atribuir a esta situación. Existen películas que hablan de este fenómeno, de manera muy apocalíptica como la del núcleo, donde incluso se bombardea el centro para salvar a la humanidad.

 

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Pero, que opinan los científicos, precisamente a este respecto, Yi Yang y Xiaodong Song, dos investigadores del Instituto de Geofísica Teórica y Aplicada de la Universidad de Pekín, en China, acaban de publicar en la prestigiosa revista Nature Geoscience un estudio sobre el comportamiento del núcleo de la Tierra que ha sorprendido a la comunidad científica.

Según los datos obtenidos por los científicos, la velocidad de rotación del núcleo terrestre se habría ralentizado en los últimos años y, además, habría empezado a girar en sentido contrario, hacia el oeste. En palabras del Instituto de Geociencias (IGEO), lo que la nueva investigación afirma es que el núcleo ha decrecido su velocidad y está ‘desacompasado’ con la velocidad de giro del resto del planeta. Es como si nosotros, la corteza, nos adelantáramos respecto al núcleo, han apuntado.

Aunque se ha creado cierta alarma alrededor de la noticia de esta ralentización del giro del núcleo de la Tierra, la verdad es que el impacto que puede tener en las vidas de quienes habitamos la última de las capas terrestres, la corteza, es mínima.

Como todo el mundo sabe, la Tierra tarda 24 horas en girar sobre sí misma, es decir, 1440 minutos, o lo que es lo mismo, 86.400 segundos en dar un giro completo de 360 grados. Y las diferencias detectadas por el estudio son del orden de 0,1 grados por año, es decir, una cantidad muy pequeña teniendo en cuenta que cada año se producen 365 giros de 360 grados.

A nivel científico, esta diferencia en el giro sí puede generar un cambio, pero, es tan pequeña que no producirá cambios perceptibles para el ser humano. Según los investigadores, el día se podría llegar a alargar o acortar una milésima de segundo respecto a los últimos 50 años. 

Asi que, estamos a salvo y no es necesario llamar a Bruce Willis, con esto llegamos a la conclusión que siempre hay que estar informados con fuentes oficiales y nunca dejarnos llevar por las noticias alarmistas.

Referencia

National Geographic. Afectación del clima. Consultado 2 de febrero de 2023.

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Roque Dalton, la poesía como revolución y la toma de conciencia

 

El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). El poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975) es la personificación del luchador social que está íntimamente ligado al arte como compromiso político. Ha habido un largo debate en si la poesía debiera ser activa participante de las revoluciones como modo de emancipación de los trabajadores y de los pobres del mundo. Dalton, junto a otros grandes poetas —pienso en Federico García Lorca, José Martí y aun en Silvio Rodríguez—, con su voz dejó una muestra de lo que significaba el deber a favor de los oprimidos. Muchos poetas han sido asesinados y perseguidos por su manera de pensar y de escribir, que han quedado como ejemplos de valentía, fraternidad, visión permanente de una cultura que puede ser transformada.

El neoliberalismo trajo consigo la domesticación de los poetas a través de la búsqueda de becas, premios, viajes a cargo de los erarios nacionales, donde se centraba un discurso aburguesado, en la preocupación de los conflictos individuales y un alejamiento profundo de cualquier cosa que oliera a popular. Roque Dalton tuvo una formación católica, ligada al conservadurismo de Centroamérica, sin embargo, en su estadía por estudios académicos en Chile descubriría el marxismo y con ello el comunismo, es decir, la toma de conciencia de una sociedad que se le revelaba desigual, injusta, opresiva, esclavizante y que influiría en él al grado de asumirlo como una misión, donde su poesía se vería impregnada e influida por sus nuevos pasos como pensador progresista.

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Carlos Salinas de Gortari bien sabía que una manera de tener a raya a los poetas era encausarlos en la meta única de fijar su atención en la canonjía —una jugosa e inalcanzable zanahoria, salvo para los grupos de elite— y no en la obra como detonante cultural y social, poetas que produjeran obras prefabricadas, trazadas como proyectos y no como experiencia de vida, obras separadas de las mayorías y más centradas en la importancia y la ganancia económica. Nunca vimos que surgiera un Roque Dalton en ese proceso. A cambio, vimos a poetas ensalzados, mimados, entregados en encuentros literarios nacionales a los placeres momentáneos que podían ser subsanados con peptobismol o mélox.

Roque Dalton hizo toma de conciencia, su nirvana, su iluminación, se le cayó la venda de los ojos. Ahí es cuando pensamos en si la poesía es más que un acto vanidoso o un arma caliente que puede golpear la conciencia, provocar el despertar y sacudir con su canto. Cada espíritu habrá de experimentar a su manera esa mutación; si no se da, simplemente quedará en el olvido, pero no cimbrará las entrañas ni correrá como reguero de pólvora para moverle el tapete a medio planeta. Pero si el poeta es vapuleado por el elixir de la toma de conciencia, entonces su alcance habrá de estremecer y de seguro será perseguido porque sus versos serán espadas que van rasgando las cortinas que cubren la realidad creada por los sistemas.

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Apuntes históricos sobre los Pericúes

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Nuestra media mitad sur de la península de Baja California fue habitada por tribus que descendieron desde el norte del continente hace aproximadamente unos 12,500 años. Conforme estos grupos fueron descendiendo, se establecieron en lugares donde encontraban condiciones propicias para alimentarse y tener refugio. En la región más austral de nuestra península, lo que hoy es el territorio del Municipio de Los Cabos, fue habitado por una gran cantidad de grupos, los cuales compartían una lengua así como ciertas costumbres. A la llegada de los misioneros españoles se les denominó con el nombre de pericús o pericúes.

La principal fuente de información sobre los grupos étnicos nativos de la península han sido los textos misionales que nos dejaron los sacerdotes pertenecientes a la Compañía de Jesús, y que por espacio de 70 años cohabitaron con estos grupos. Además de lo anterior se cuenta con unos pocos textos escritos por exploradores, militares e incluso corsarios, que estuvieron de paso por estas tierras, y que nos narraron sus encuentros, en el caso que nos ocupa, con los pericúes, y las impresiones que en ellos causaron. Finalmente mencionaremos a algunos antropólogos y exploradores de la primera mitad del siglo XX, los cuales han realizado interesantes hipótesis sobre las osamentas encontradas y los asentamientos de estos grupos. Algunos de estos investigadores son William C. Massey y Paul Rivet, entre otros.

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Se cree que la población total de los pericúes, a la llegada de los colonos europeos para fundar la Misión de Santiago en 1721, era de aproximadamente de unos 5,000 individuos. Conforme fueron conociendo a los integrantes de este grupo, se encontraron con que dentro de ellos había divisiones por su dialecto: los hucitíes, los coras, los edús o edúes y los denominados propiamente pericúes; sin embargo, los religiosos, para poder denominarlos sin mayores problemas, decidieron atribuirles a todos el nombre de pericúes. Al parecer el origen de este nombre se debe a la dificultad que tenían los colonos para poder entender su lenguaje, ya que hablaban rápidamente y con un tono agudo, “semejante al de los periquitos”, de ahí que decidieran nombrarlos como “pericúes.

Investigadores como Rivet, sostuvieron la explicación sobre el origen de los pericúes, como descendientes de grupos que arribaron a la península por mar, procedentes de la polinesia y norte de Australia. Esta suposición se basaba en las características de sus cráneos, los cuales eran hiperdolicocéfalos (largos y anchos), muy semejantes a los habitantes de la Polinesia. Además, la lengua de los pericúes era totalmente diferente a la de los demás grupos de la península. Esta hipótesis continúa siendo investigada.

Como ya se mencionó, el territorio que ocupó este grupo fue la punta sur de la península Californiana, desde Cabo San Lucas hasta el Cabo Pulmo, junto con las grandes islas del sur del Golfo de California –como Cerralvo, Espíritu Santo, Partida y San José. Se dice que su complexión física era fuerte, y su color de piel era más claro que el de los demás habitantes de la California. Los hombres andaban desnudos y, de acuerdo a lo descrito por Clavijero, adornaban toda la cabeza de perlas, enredándolas y entreverándolas con los cabellos, que mantenían largos. Entretejían con ellas unas pequeñas plumas blancas, resultando de todo un adorno postizo que, visto de lejos, pudiera pasar por peluca. También hubo antiguamente esta moda de toquillas entre los pericúes del sur, formadas de unos caracolillos pequeños, blancos y redondos, que parecían perlas, y las hacían muy vistosas”. Sobre la vestimenta de las mujeres nos dice: Las más decentes en vestirse eran las mujeres de los pericúes, hacia el Cabo de San Lucas. Hay en este pedazo de tierra cierta especie de palmas, distintas de las que producen los dátiles, y de éstas se valen las indias, para formar sus faldellines. Para esto golpean sus hojas, como se hace con el lino, hasta que salen esparcidas las hebras, las cuales, si no son tan delicadas como las del lino, a lo menos quedan, machacadas de este modo, más suaves que las del cáñamo. Su vestido se reduce a tres piezas, dos que forman juntas una saya, de las cuales la mayor, poniéndola por detrás, cubre también los dos lados volteando un poco para delante, y llega desde la cintura hasta media pierna o poco más. La otra pieza se pone por delante, cubriendo el hueco que dejó la mayor, pero sólo llega a las rodillas o muy poco más. La tercera pieza sirve de capotillo o mantelina con que cubren el cuerpo desde los hombros hasta la cintura o poco más. Estos vestidos no están tejidos sino engasados de hilos, o diremos mejor cordelillos, unos con otros por el un extremo, como en los flecos, deshilados o guadamaciles, quedando pendientes a lo largo en madejas muy tupidas y espesas. Y aunque labran unas pequeñas telas de estas pitas o hebras de palmas, no son para vestirse sino para hacer bolsas y zurrones, en que guardan sus alhajuelas. Estas indias del cabo de San Lucas crían el cabello largo, suelto y tendido por la espalda. Forman de figuras de nácar, entreveradas con frutillas, cañutillos de carrizo, caracolillos y perlas, unas gargantillas muy airosas para el cuello, cuyos remates cuelgan hasta la cintura y, de la misma hechura y materia, son sus pulseras.

La mayor parte de su alimentación consistía en peces, aves, pequeños mamíferos marinos, bivalvos, venados, frutas y semillas. Los pericúes que habitaban en la costa, eran excelente nadadores, y habían desarrollado la construcción de una especie de canoa la cual consistía en unos 4 o 5 troncos, a los que amarraban con cuerda obtenida al machacar el agave. Con este tipo de canoas podían navegar hasta 5 o 7 kilómetros al interior del mar, y quizás mucho más, de ahí que lograron desplazarse a las Islas San José, Cerralvo y Espíritu Santo, las cuales poblaron desde hace 10 mil años. Las herramientas que utilizaban eran el arco, flechas, percutores, tajadores, raspadores, silbatos de hueso de venado o pelícano, arpones de madera, anzuelos de concha, cestas elaboradas con ramas flexibles de algunos arbustos, perlas acanaladas.

Dentro de su cosmovisión, ellos creían en un Dios supremo: Niparaja, el cual tenía por esposa a Anajicojondi. Tuvo tres hijos con ella, entre los que podemos mencionar a Cuajaip. Creían que existía un Gran señor, el cual luchó contra Niparaja, y fue derrotado. Su nombre era Tuparán o Bac. Dentro de su cosmovisión existían otros seres como Purutahui: Creador de las estrellas, y Cucunumic. Creador de la luna. Se ha difundido mucho que los pericúes eran polígamos, y que cuando llegaban extranjeros a visitarlos, ellos les ofrecían a sus mujeres, para que tuvieran sexo; sin embargo, este tipo de relatos son contradictorios, ya que existen otras fuentes donde narran que eran monógamos y que cuidaban mucho a sus mujeres para evitar que fueran violentadas. Desde mi punto de vista considero que era cuestión de elección personal, tanto del hombre como de la mujer si deseaba ser monógamo o no.

En cuanto a las costumbres funerarias, la antropóloga Harumi Fujita, ha realizado una serie de exploraciones en la Isla Espíritu Santo, en entierros que se han encontrado, obteniendo las siguientes conclusiones: los cuerpos eran colocados dependiendo de la jerarquía del individuo, de tal forma que en el lugar central de una cueva se ubica al individuo que tuvo más poder. Se les sepultaba con sus objetos más valiosos como puntas de flecha, conchas, anzuelos, perlas acanaladas, etc. En el caso de los concheros era común que se les sepultara colocando conchas o madreperlas en diferentes partes del cuerpo o frente a ellas como un símbolo de identidad del grupo. Se piensa que la colocación de cuerpos dentro de una cueva era un símbolo de renacimiento por asociación con la matriz. En los entierros que datan del año 1000 d.C. en adelante se aprecia un trato diferenciado a los familiares del difunto los cuales eran sepultados en la misma cueva. Se cree que las costumbres funerarias surgieron posteriormente al seminomadismo cuando los grupos tenían asegurado, al menos por un buen periodo de tiempo, la alimentación y entonces procedieron a crear un sistema socioeconómico, político y religioso sólido como una forma de control. Los entierros se hacían al azar en los mismos sitios donde habitaban los Californios. Todos los cuerpos enterrados se realizaron de forma flexionada pero sin un orden preestablecido.

De acuerdo a los informes de los misioneros jesuitas, los pericúes era el grupo más rebelde y belicoso de la península. Siempre se mostraron renuentes a aceptar la aculturación que iniciaron los colonos. La gran rebelión iniciada en el año de 1734 en las Misiones de Santiago y San José del Cabo, así como la violenta represión, vino a reducir drásticamente la cantidad de pericúes. Durante los siguientes años y hasta la salida de los jesuitas en 1768, las grandes epidemias de sífilis, sarampión y viruela atacó con mayor virulencia a las poblaciones de indígenas del sur de la península, de forma que, a finales del siglo XVIII, los pericúes estaba extintos lingüística y culturalmente.

Conforme se fue poblando esta zona, antes habitada por los pericúes, por los colonos europeos que llegaban a esta zona, varios de ellos se casaron y procrearon familias con los últimos pericúes que quedaban, de tal forma que en la actualidad existen pobladores que genéticamente son descendientes de este linaje ancestral.

 

Referencias bibliográficas:

Clavijero, F. J. (1770). Historia de la Antigua o Baja California.

Fujita, H (sin fecha). Proyecto El Poblamiento De América Visto Desde La Isla Espíritu Santo, B.C.S.

G. Cervantes. L. E. et al (sin fecha). Materiales Arqueológicos: Una Revisión De Algunos Ejemplares, A Lo Largo De La Historia.

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