Investigadores de UABCS participan en expedición científica en el Ártico

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La Paz, Baja California Sur (BCS). La Dra. Lorena Viloria Gómora y el Dr. Sergio Martínez Aguilar, profesores investigadores del Departamento Académico de Ciencias Marinas y Costeras de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), participan en una expedición científica en el Ártico a bordo del velero S/Y Diablesse, como parte de la iniciativa internacional Sailing for Prosperity (S4P), que utiliza la navegación a vela como una plataforma para conectar a las personas, impulsar el financiamiento con propósito y fortalecer a las comunidades costeras mediante la ciencia, la cultura y la colaboración.

La travesía inició recientemente en Nome, Alaska, y tiene previsto concluir en Kaktovik, Alaska, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. Su principal objetivo es documentar la presencia de ballenas grises y jorobadas en el mar de Bering, una de sus zonas de alimentación más importantes durante el verano. Asimismo, busca visibilizar la estrecha conexión entre los océanos y evidenciar cómo los cambios ambientales generan efectos similares sobre la biodiversidad marina, aun cuando ocurran en regiones geográficamente muy distantes.

Durante los primeros diez días de navegación, el equipo internacional de investigación, integrado por especialistas de México, Estados Unidos, Canadá y diversos países de Europa, ha registrado la presencia no sólo de ballenas grises y jorobadas, sino también de otras especies emblemáticas de la región, como morsas y osos grizzly.

La Dra. Lorena Viloria y el Dr. Sergio Martínez forman parte del Laboratorio de Investigación de Mamíferos Marinos de la UABCS, coordinado por el Dr. Jorge Urbán Ramírez, grupo de investigación que desde hace varias décadas contribuye de manera significativa al conocimiento de los mamíferos marinos del Golfo de California y del Pacífico mexicano.

La expedición, que busca hacer historia al cruzar el Paso del Noroeste para adentrarse en el Ártico, requirió más de un año de preparación. Durante ese periodo, la tripulación se capacitó para navegar en condiciones extremas de frío y operar la embarcación en aguas polares. Además, el velero fue sometido a importantes modificaciones para incorporar sistemas avanzados de monitoreo ambiental, equipos de comunicación satelital y mejoras en su eficiencia energética, lo que le permitirá una mayor autonomía en zonas remotas.

Otro aspecto relevante del proyecto es el acercamiento con las comunidades locales que habitan la región ártica. A lo largo del recorrido se contempla el intercambio de experiencias y conocimientos con sus pobladores, con el propósito de comprender los desafíos ambientales que enfrentan y explorar aprendizajes que puedan aplicarse en otras regiones marinas, como el Pacífico Norte y el Golfo de California.

De esta manera, Sailing for Prosperity se consolida como una iniciativa que trasciende la investigación científica, al promover la colaboración internacional, el intercambio de conocimiento y el impulso de proyectos con impacto ambiental, social y educativo, contribuyendo al fortalecimiento de las comunidades costeras y a la conservación de los ecosistemas marinos.




Invita COSHCYTI a participar en Feria Mexicana de Ciencias e Ingenierías 2026

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La Paz, Baja California Sur (BCS). Con el propósito de impulsar el talento científico, tecnológico y creativo de las juventudes, el Consejo Sudcaliforniano de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (COSHCYTI) abrió la convocatoria para participar en la Feria Mexicana de Ciencias e Ingenierías del Estado de Baja California Sur (FEMECI BCS 2026), informó la directora general, Sara Cecilia Díaz Castro.

La convocatoria está dirigida a estudiantes de educación media superior (bachillerato) y superior (licenciatura) de instituciones públicas y privadas. Los proyectos podrán participar en las áreas de agroindustria y alimentos; ciencias ambientales; ciencias básicas; ciencias sociales; química y biología; ingenierías; medicina y ciencias de la salud, así como sistemas informáticos.

Las y los interesados deberán presentar un proyecto escrito y un video de tres minutos. La recepción de trabajos estará abierta hasta el 11 de septiembre. La feria estatal y la presentación de resultados se realizarán el 30 de septiembre de 2026, fecha en la que se seleccionarán los proyectos que representarán a Baja California Sur en la etapa nacional.

Díaz Castro destacó que la FEMECI fortalece el interés de las y los estudiantes por la investigación, la innovación y el desarrollo de propuestas para atender los desafíos de su entorno.

Finalmente, la directora invitó a estudiantes, docentes e instituciones educativas a consultar la convocatoria y participar en la FEMECI BCS 2026, a fin de fortalecer las vocaciones científicas, tecnológicas y de innovación en Baja California Sur.




Conoce la extraordinaria evolución de las primeras ballenas

FOTOS: UABCS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hoy resulta difícil imaginar a una ballena caminando sobre la tierra. Sin embargo, hace más de 50 millones de años, los ancestros de estos gigantes marinos eran mamíferos terrestres que, generación tras generación, fueron transformando su anatomía hasta convertirse en algunos de los animales mejor adaptados a la vida en el océano.

Esa extraordinaria historia evolutiva es abordada por Bárbara Ivett García Luque, egresada de la Licenciatura en Biología Marina y estudiante de maestría en Ciencias Marinas y Costeras de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), quien explica cómo los arqueocetos representan una de las transiciones evolutivas mejor documentadas en el registro fósil.

De acuerdo con la joven universitaria, la evolución de las ballenas demuestra que la vida nunca permanece estática. Los cambios ambientales obligan a los organismos a adaptarse y, en ocasiones, esas adaptaciones transforman por completo su forma de vivir.

Los cetáceos, grupo al que pertenecen ballenas, delfines y marsopas, son mamíferos que, al igual que los seres humanos, respiran aire y alimentan a sus crías con leche. Sin embargo, a diferencia de otros mamíferos, pasan toda su vida en el agua: nacen, crecen, se alimentan, se reproducen e incluso duermen en el medio marino.

Señala que, para lograrlo, desarrollaron adaptaciones extraordinarias. Su cuerpo adquirió una forma hidrodinámica que reduce la resistencia al agua; las patas traseras desaparecieron y dieron paso a una poderosa cola que les proporciona impulso al nadar.

“Algunas especies, como los delfines, perfeccionaron la ecolocalización para orientarse mediante sonidos y ecos, mientras que las grandes ballenas desarrollaron barbas de queratina que les permiten filtrar enormes cantidades de agua para capturar kril y otros pequeños organismos”, detalla García Luque.

Aunque apunta que estas características no aparecieron de un momento a otro. Hace entre 55 y 34 millones de años vivieron los arqueocetos, un grupo de ballenas primitivas que documenta, casi paso a paso, el regreso de los mamíferos al ambiente acuático. Gracias al registro fósil, hoy es posible reconstruir cómo fueron acumulando las adaptaciones que finalmente dieron origen a los cetáceos modernos.

Así, indica que los primeros representantes fueron los pakicétidos, hace aproximadamente 49 millones de años. Aunque conservaban el aspecto de pequeños mamíferos terrestres carnívoros, la estructura de sus huesos y de su oído revela que ya comenzaban a explorar ambientes acuáticos, probablemente cazando en aguas poco profundas.

Posteriormente aparecieron los ambulocétidos, conocidos como “ballenas caminantes”. Sus extremidades cortas y pies en forma de paleta les permitían desplazarse tanto en tierra como en el agua, donde emboscaban a sus presas en estuarios y bahías.

La transición continuó con los remingtonocétidos, cuyos hocicos alargados y una audición cada vez más especializada indican una dependencia creciente del ambiente marino. Estos animales habitaban aguas turbias y capturaban principalmente peces.

Más adelante surgieron los protocétidos, considerados los primeros cetáceos capaces de dispersarse ampliamente por mares tropicales de distintos continentes. En ellos ya eran evidentes transformaciones como el desplazamiento de las fosas nasales hacia la parte superior del cráneo y la reducción de las patas traseras, que dejaron de ser útiles para caminar.

Finalmente, hace alrededor de 39 millones de años aparecieron los basilosáuridos, completamente adaptados al océano. Poseían cuerpos alargados, colas poderosas y extremidades posteriores diminutas que habían perdido prácticamente toda función locomotora. En este punto, la transición estaba completa: las antiguas formas terrestres habían dado paso a las primeras ballenas plenamente marinas.

Para Bárbara García Luque, la historia de los arqueocetos constituye uno de los ejemplos más extraordinarios de adaptación evolutiva conocidos por la ciencia, ya que, en menos de 20 millones de años, un grupo de mamíferos transformó por completo su anatomía y su forma de vida para conquistar nuevamente el océano.

La joven investigadora asegura que su historia nos recuerda que la evolución es un proceso continuo y que la capacidad de adaptarse ha sido una de las mayores fortalezas de la vida en la Tierra.




Bioluminiscencia, el fenómeno que ilumina las costas de Baja California Sur

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La Paz, Baja California Sur (BCS). En algunas noches del año, las aguas de Baja California Sur ofrecen un espectáculo tan sorprendente como cautivador: destellos azulados que parecen encender el mar con cada ola, cada movimiento de la arena o incluso al paso de una persona por la orilla. Detrás de esta escena, que para muchos parece sacada de la fantasía, existe una explicación científica conocida como bioluminiscencia.

Con el propósito de acercar este conocimiento a la sociedad, Daniela Pérez Collazo, estudiante de la Licenciatura en Geología de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), desarrolla una investigación sobre este fenómeno bajo la asesoría de la Dra. Tatiana A. Acosta Pachón, profesora-investigadora del Departamento Académico de Ciencias de la Tierra.

La joven universitaria señala que la bioluminiscencia es una de las manifestaciones más fascinantes de la naturaleza porque combina procesos químicos, biológicos y ecológicos que pueden observarse a simple vista.

Explica que este fenómeno deriva de la capacidad que poseen ciertos organismos vivos para producir y emitir luz, proceso que ocurre mediante una serie de reacciones bioquímicas altamente especializadas que involucran moléculas como la luciferina y la enzima luciferasa. Cuando ambas interactúan en presencia de oxígeno, se desencadena una reacción que genera energía en forma de luz visible.

Uno de los aspectos más interesantes de este mecanismo, detalla, es su eficiencia, y la enzima responsable del proceso puede reutilizarse una vez concluida la reacción, permitiendo que la producción de luz continúe mientras existan las condiciones adecuadas. Este fenómeno puede desarrollarse tanto dentro de los organismos como directamente en el agua.

De acuerdo con una de las teorías más aceptadas sobre su origen, la bioluminiscencia habría surgido hace millones de años como una estrategia de defensa de microorganismos frente al oxígeno, una sustancia que en los primeros momentos de la vida en la Tierra era considerada tóxica. Con el tiempo, esta capacidad evolucionó y se diversificó en múltiples grupos de organismos.

Actualmente se estima que hasta el 76 por ciento de los habitantes del océano profundo presentan algún tipo de bioluminiscencia. Entre ellos se encuentran medusas, peces abisales, calamares, anguilas y numerosos microorganismos marinos.

Otro dato que proporciona el estudio es que la variedad de colores observados en organismos bioluminiscentes se debe a que existen diferentes tipos de luciferinas y luciferasas. Por ejemplo, los dinoflagelados, que son microalgas marinas responsables de muchos de los eventos luminosos observados en las costas, producen una luz distinta a la de insectos como las luciérnagas debido a las diferencias químicas de sus compuestos.

Así, a lo largo de la evolución, esta capacidad ha adquirido diversas funciones. Algunos organismos la utilizan para comunicarse con individuos de su misma especie o atraer parejas durante la reproducción; otros la emplean para atraer presas, desorientar depredadores o incluso camuflarse en su entorno.

De acuerdo con la joven universitaria, más allá de su importancia ecológica, la bioluminiscencia se ha convertido en una herramienta de gran valor para la ciencia y la tecnología. Las luciferasas son utilizadas en investigaciones biomédicas relacionadas con el crecimiento de tumores, el seguimiento de células cancerosas, el monitoreo de enfermedades y la evaluación de nuevos tratamientos.

“Comprender cómo funciona la bioluminiscencia ha permitido desarrollar tecnologías que hoy ayudan a visualizar procesos biológicos complejos y a mejorar herramientas para la investigación médica”, destaca Daniela Pérez Collazo.

Las aplicaciones también alcanzan el ámbito ambiental. Por ejemplo, señala que bacterias modificadas genéticamente para emitir luz son empleadas como biosensores capaces de detectar contaminantes y sustancias tóxicas en cuerpos de agua. Cuando las condiciones ambientales cambian, también lo hace la intensidad de su brillo, proporcionando información valiosa sobre la calidad del entorno.

Asimismo, existen líneas de investigación que exploran la posibilidad de aprovechar sistemas bioluminiscentes para desarrollar formas de iluminación más sostenibles y eficientes energéticamente. Aunque aún se trata de un campo emergente, el potencial de estas tecnologías continúa despertando interés en distintos sectores científicos.

Daniela Pérez revela que, en Baja California Sur, este fenómeno puede apreciarse en algunos puntos de la bahía de La Paz, particularmente en la zona conocida como El Saltito, donde la presencia de dinoflagelados en aguas cálidas genera destellos azulados que se activan con el movimiento de las olas o cualquier perturbación en el agua.

Estos espectáculos naturales suelen presentarse principalmente entre los meses de junio y diciembre, y para observarlos en su máximo esplendor, los especialistas recomiendan acudir durante noches sin luna y con marea baja, condiciones que favorecen una mejor apreciación del fenómeno.

Para la estudiante de la UABCS, la bioluminiscencia representa una oportunidad para acercar la ciencia a las personas a través de un fenómeno que despierta asombro y curiosidad, apreciando mejor la complejidad de los ecosistemas marinos y reconocer que aún existen numerosos procesos naturales que vale la pena conocer y conservar.




El desierto que guarda memoria

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En Baja California Sur la luz cae con precisión implacable. Blanquea La Paz, endurece Santa Rosalía, vuelve metálico el aire de Loreto y deja en Los Cabos una postal perfecta: mar, hoteles, campos verdes, anuncios de lujo. Pero hay otra geografía. Está detrás de las puertas de los museos, en objetos que no compiten bien contra el algoritmo ni contra el itinerario de playa: una punta Clovis, una roca con pintura rupestre, un esqueleto de cetáceo, una máquina de escribir minera. Son fragmentos de un estado que no empezó con la hotelería, ni termina en la temporada alta.

La primera cifra parece generosa: el Sistema de Información Cultural registra 16 museos en Baja California Sur. La segunda abre la grieta: en la Estadística de Museos 2025 del INEGI, sólo siete recintos sudcalifornianos reportaron información, con 51,420 visitantes en todo el año. No son 51,420 visitantes para una exposición, sino para el conjunto estatal que sí aparece en el registro estadístico. En términos nacionales, Baja California Sur aportó apenas 0.10% de la afluencia museística del país. Mientras Los Cabos presume una derrama turística de 133.3 mil millones de pesos en 2025 y más de una tercera parte de su empleo asociado al turismo, la memoria organizada del Estado cabe en una cifra menor que la asistencia anual de algunos recintos medianos.

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Lo que se conserva no es menor. El Museo Regional de Antropología e Historia, en La Paz, resguarda geología, fósiles, arqueología, pinturas rupestres, misiones, etnografía y siglo XX. El Museo de Arte de Baja California Sur nació como el primer espacio estatal dedicado y equipado para arte moderno y contemporáneo. El Museo de la Ballena y Ciencias del Mar conecta ciencia y asombro mediante esqueletos de mamíferos marinos. El Museo de las Misiones, en Loreto, explica las 18 misiones jesuitas. En Santa Rosalía, El Boleo conserva herramientas, maquinaria, documentos, planos y rastros de la compañía francesa que convirtió el cobre en ciudad. El problema no es la falta de historia. Es la falta de puente.

Los datos nacionales del INEGI ayudan a entender la fractura: en 2025, 80.6% de las personas entrevistadas visitaba el museo por primera vez; 56.8% permanecía menos de una hora; 61.9% tenía escolaridad superior. Entre los motivos para no asistir, los visitantes señalaron sobre todo falta de difusión o desconocimiento del acervo, y después falta de cultura o educación. Dicho con menos burocracia: muchos no van porque no saben qué hay.

En Baja California Sur esa distancia pesa más por el territorio. No es lo mismo programar una visita escolar en una ciudad compacta que cruzar una península dispersa, calurosa, cara y desigual. El joven de una colonia periférica de Los Cabos puede vivir más cerca de un hotel que de una política cultural. Puede pasar todos los días junto a la maquinaria del turismo y no entrar nunca a la sala donde se cuenta la historia natural de su municipio. No puedo confirmar, con los documentos públicos revisados, cuántos adolescentes entraron a cada museo sudcaliforniano durante 2025. Esa ausencia de desglose dice algo: si no se mide a quién se está perdiendo, difícilmente se sabrá cómo recuperarlo.

La contradicción es territorial y moral. El desarrollo turístico ha aprendido a narrarse: vende naturaleza, bienestar, lujo, gastronomía, conectividad, experiencia. Incluso incorpora el lenguaje de la sostenibilidad: protección hídrica, residuos, conservación del litoral, planeación urbana. Pero fuera del folleto, la península carga déficits de agua subterránea en acuíferos como Cabo San Lucas, La Paz y Los Planes. En la misma postal donde el césped promete abundancia, muchas colonias administran la escasez con pipas. Allí los museos parecen un asunto menor, hasta que se entiende que también son infraestructura de supervivencia: enseñan de dónde viene el territorio y qué costos se esconden detrás de cada auge.

Acercar los museos a los jóvenes no se resolverá con una campaña bonita ni con publicar horarios en redes. Hace falta presupuesto estable, medición por edad y municipio, transporte escolar, mediadores culturales, alianzas reales con escuelas, recorridos que hablen de agua, minería, turismo, pueblos originarios, biodiversidad y ciudad; hace falta que la cultura sea tratada como derecho y no como adorno del destino. También hace falta que los beneficiarios del relato turístico participen en sostener el relato histórico: hoteles, desarrolladores, fideicomisos, municipios y gobierno estatal no pueden vender territorio sin financiar memoria.

Los museos de Baja California Sur no son mausoleos: son estaciones de alarma. En sus salas se entiende que toda prosperidad que olvida su origen termina administrando ruinas. La pregunta no es si los jóvenes quieren ir a los museos; la pregunta es si el estado está dispuesto a llevarles la historia del suelo que pisan. Porque un territorio que enseña a sus hijos a servir al visitante, pero no a leer su memoria, no está formando futuro: está alquilando el alma.

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