Los rituales funerarios de los antiguos californios. Un viaje a través de la muerte y el Más Allá

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde tiempos inmemoriales, la muerte ha sido un evento que las sociedades humanas enfrentan con complejos rituales y creencias. En la península de Baja California, las culturas indígenas que habitaron estas tierras desarrollaron un profundo vínculo entre sus cuerpos, la naturaleza y el Más Allá, plasmando su visión de la vida y la muerte a través de intrincados rituales funerarios. Estos rituales, algunos de los cuales perduraron por milenios, son consecuencia de una rica tradición espiritual que ha sido documentada tanto por misioneros como por exploradores, y más tarde, investigada por antropólogos.

La información que tenemos sobre las prácticas funerarias de los pueblos indígenas de Baja California proviene de tres principales tipos de fuentes. En primer lugar, los escritos de misioneros jesuitas como Miguel del Barco, Francisco Javier Clavijero y Juan Jacobo Baegert, entre otros, que ofrecen descripciones detalladas de los rituales que observaron durante su evangelización de la región. Estos relatos proporcionan una ventana a los primeros contactos entre los colonizadores europeos y los nativos californios.

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En segundo lugar, también contamos con los testimonios de soldados, marinos y exploradores que convivieron con estos grupos étnicos. Uno de los más notables es Francisco de Ortega, quien en 1632 narró un ritual fúnebre entre los guaycuras en La Paz. Su relato describe el velorio de tres días tras la muerte del hijo de Bacari, un líder local, y el proceso de duelo en el que los amigos y familiares se cortaban el cabello y pintaban sus cuerpos de negro. Este tipo de fuentes ofrecen una visión externa sobre la interacción entre los colonos y las costumbres indígenas.

Finalmente, el trabajo de antropólogos e investigadores que han estudiado los entierros antiguos a partir del siglo XIX ha sido crucial para entender la evolución de las prácticas funerarias en la península. Nombres como León Diget, Harumi Fujita, Martha Elena Alfaro, Cecilia Sánchez y Antonio Rosales-López destacan entre los estudiosos que han aportado hallazgos sobre las prácticas mortuorias. Estos estudios han desvelado rituales como el «segundo entierro», practicado entre los guaycuras, donde los restos de los difuntos eran desenterrados, pintados y reorganizados meses después de la muerte.

El cuerpo como símbolo y objeto ritual

En las sociedades antiguas de la península de Baja California, el cuerpo no era simplemente una entidad biológica; era un artefacto cultural que trascendía la muerte. En muchas religiones indígenas, el poder del cuerpo se trasladaba al espíritu, y los rituales funerarios garantizaban el tránsito de la persona al Más Allá. Según el antropólogo Alfonso Rosales-López, el concepto occidental de la muerte no existía en estas culturas. En lugar de desaparecer, el individuo se fundía con el universo a través de los rituales funerarios, integrándose de nuevo en el ciclo natural.

Los primeros seres humanos que llegaron a la península de Baja California, hace aproximadamente 12,500 años, no desarrollaron de inmediato una cultura funeraria estructurada. Es probable que los cuerpos de aquellos que morían fueran abandonados sin mayor ceremonia. Sin embargo, alrededor de 5,500 años atrás, con el surgimiento de sociedades semi-sedentarias, se comenzaron a realizar entierros formales. Esta transición hacia rituales funerarios más elaborados refleja el desarrollo de una mayor complejidad cultural y social en estos grupos.

El ritual funerario en la Antigua California

Los guaycuras, cochimíes y pericúes, algunos de los grupos étnicos que habitaron la península, concebían la muerte y los rituales funerarios de maneras distintas, pero compartían algunos elementos en común. Las descripciones de Francisco de Ortega y otros exploradores documentan rituales donde el duelo no sólo incluía el luto verbal, sino también el físico. Los familiares de los fallecidos se golpeaban la cabeza con piedras filosas hasta sangrar, como muestra de respeto y dolor por la pérdida.

En los funerales de los guaycuras, según el misionero Juan Jacobo Baegert, el cuerpo de los difuntos solía ser cremado o enterrado en una cueva. También existía la costumbre de «enroscar» el cuerpo de los fallecidos, es decir, flexionar sus extremidades inferiores hacia atrás y atarlas con cuerdas. Solo aquellos que morían en batalla eran enterrados en posición boca arriba, como símbolo de honor. Además, el Guama, un hechicero o chamán, dirigía el ritual y pedía mechones de cabello del difunto y sus familiares como pago por sus servicios.

Uno de los rituales más fascinantes descritos por Rosales-López es el «segundo entierro». Pasados tres o cuatro meses de la primera inhumación, el cuerpo del difunto era exhumado y sus huesos cuidadosamente separados y pintados con pigmento ocre. Luego, los restos eran envueltos en piel de venado y enterrados de nuevo. Este proceso, que puede parecer macabro a los ojos modernos, era parte de una creencia que sostenía que el difunto no encontraba paz hasta que su cuerpo era reorganizado y sus huesos eran purificados.

Creencias sobre el Más Allá

Las creencias sobre lo que sucedía después de la muerte variaban entre los diferentes grupos étnicos de la península. Según Francisco Javier Clavijero, los pericúes creían que aquellos que morían flechados no iban al cielo, sino que eran llevados a una cueva donde moraba Tuparán, un ser castigado por rebelarse contra el dios creador Niparajá. Por su parte, los guaycuras creían que ciertos espíritus llamados «mentirosos y engañadores» capturaban a los hombres y los escondían bajo tierra para que no pudieran ver al «Señor que vive».

Los cochimíes, por otro lado, sostenían que los muertos venían a visitarlos una vez al año desde los «países septentrionales», durante una festividad conocida como «el hombre venido del cielo». Durante esta celebración, un hombre disfrazado de mensajero traía mensajes de los difuntos a sus familiares, quienes lo recibían con reverencia. Estos rituales, complejos y profundamente simbólicos, muestran cómo los antiguos habitantes de Baja California mantenían una conexión constante con sus ancestros y el Más Allá.

Influencias externas y evolución de las prácticas funerarias

Con el tiempo, las costumbres funerarias de los pueblos indígenas de Baja California fueron evolucionando, influenciadas por migraciones y contactos con otras culturas. Los antropólogos han identificado tres fases principales en la evolución de los entierros en la península. La primera, hace unos 5,500 años, vio el inicio de la sepultura de cuerpos en posición flexionada. La segunda, hace unos 3,500 años, introdujo el seccionamiento de cuerpos y su entierro en las playas. Finalmente, a partir del año 1,200 d.C., comenzaron a enterrarse los cuerpos en abrigos rocosos, una práctica posiblemente traída por grupos migrantes del Nnorte.

La llegada de los europeos también trajo nuevas influencias a las prácticas funerarias. Los misioneros jesuitas intentaron erradicar algunas de las costumbres más violentas, como el autoflagelamiento de los dolientes, aunque con poco éxito. Además, la cremación de cuerpos y el entierro boca abajo, costumbres comunes entre los guaycuras y los cochimíes, podrían haber sido influenciadas por prácticas funerarias de Sinaloa y Sonora.

La rica y variada cultura funeraria de los antiguos habitantes de Baja California revela no sólo su visión de la muerte, sino también su profunda conexión con el entorno y el cosmos. Los rituales funerarios eran una forma de asegurar que el individuo, aunque muerto, permaneciera conectado a la tierra y a su comunidad. A través de los estudios antropológicos y los relatos históricos, podemos conocer y apreciar la complejidad de estas prácticas, que nos ofrecen una visión fascinante de cómo las culturas prehispánicas entendían el ciclo de la vida y la muerte.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




El Enigma LK99: Superconducción a temperatura ambiente y el K-drama detrás del potencial avance del siglo

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Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS). Al pensar en el LK99 me viene a la mente la escena icónica de Matchpoint de Woody Allen: una pelota que toca la red y queda suspendida, dejando todo al azar. En esa película, la pelota simboliza el destino de un protagonista atormentado. Para la ciencia, el LK99 es esa pelota en el aire, y su destino podría cambiar la trayectoria tecnológica de la humanidad.

Imagina un mundo donde patinetas y coches voladores tipo Volver al Futuro son una realidad, donde trenes magnéticos flotan por encima de las vías a velocidades increíbles y donde la tecnología cuántica es tan común como los smartphones. Todo gracias a LK99, un misterioso superconductor a temperatura ambiente. Pero ¿qué pasa si todo fuera una ilusión?

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Este revuelo ha sido causado por la publicación de dos artículos especializados por un grupo de científicos surcoreanos, así como por el registro de un par de patentes y varios videos de pequeñas rocas flotantes. Lo suficiente para agitar las aguas de la comunidad científica y capturar la imaginación de entusiastas en todo el mundo.

Los superconductores tradicionales, hasta la fecha, requieren temperaturas extremadamente bajas. Aquí radica la belleza del LK99: superconducción a la temperatura ambiente. Y todo ello, al parecer, a partir de una combinación simple de plomo y cobre. Sí, suena demasiado bueno para ser verdad.

Detrás del intrigante acrónimo LK99 (Lee-Kim-1999) se esconde un k-drama científico, tejido a partir de rumores de blogs y foros traducidos del coreano. Un misterio en la intersección de la ciencia y la leyenda.

Esta suerte de lore comienza con Choi Dong-sik, fundador del Departamento de Química en la Universidad de Corea. En su lecho de muerte, pide a dos de sus pupilos, Kim Ji-hoon y Lee Shi-bei, que retomen una investigación sobre un fenómeno observado en su laboratorio en 1999.

El sueño de Choi era validar su teoría sobre la banda superconductora interatómica. Pero como en toda buena trama, la vida y el destino intervinieron, llevando a ambos alumnos a abandonar sus investigaciones.

Con la muerte de Choi, ambos fundaron el Quantum Energy Research Centre, en un intento por retomar el sueño de su mentor. La búsqueda de financiación y validación llevó a la incorporación de Kwon Young-wan, un teórico de alto calibre. Con él, se aseguraron el acceso a los laboratorios más avanzados.

Sin embargo, fue durante la pandemia, en el confinamiento de un laboratorio, donde Kim Ji-hoon tuvo un destello: el LK99 emergió, revelando potencialmente un futuro redefinido. Pero el camino no fue sencillo. La comunidad científica miraba con escepticismo y el equipo lidiaba con tensiones internas.

Un intento de publicación en Nature en 2020 terminó en fracaso, coincidiendo con las acusaciones a Ranga Dias de la Universidad de Rochester por prácticas cuestionables en el mismo campo de estudio.

El año 2022 marcó el regreso de Kim Hyun-jo, un influyente científico surcoreano asentado en Estados Unidos. Aunque su incorporación al equipo significó nuevos fondos, también trajo un terremoto interno. Las tensiones entre Kwon Young-wan, el cerebro teórico, y Kim Ji-hoon, más enfocado en la experimentación, se intensificaron, especialmente con el premio Nobel en el horizonte y el hecho de que solo tres personas pueden compartir dicho premio.

Kwon, sabiendo que su lugar estaba en juego contra el recién llegado Kim Hyun-jo, hizo un audaz movimiento: publicó un artículo en arXiv a las 7 a.m. del 22 de julio sin consultar a su equipo. Dos horas más tarde, Kim Hyun-jo lanzó su propio artículo, notablemente sin la mención de Kwon.

Estas dos publicaciones casi simultáneas encendieron la mecha de una carrera global para replicar los resultados. A poco más de dos semanas múltiples laboratorios alrededor del mundo han intentado convertir el plomo y el cobre en el legendario LK99 pero los resultados no han sido del todo satisfactorios.

Dos próximos estudios a publicar, uno de la Academia China de Ciencias y otro de la Universidad de Princeton, sugieren que el LK99 no es lo que parece.

La última carta es que el equipo surcoreano autorice el análisis del material original. Sin embargo, hasta la fecha, han declinado, alegando que las muestras están bajo escrutinio y que el proceso podría extenderse entre 4 y 8 semanas.

De confirmarse que estamos ante un auténtico superconductor a temperatura ambiente, nos encontraríamos al borde de una revolución tecnológica.

Esto implicaría importantes avances en inteligencia artificial, al miniaturizar y democratizar el acceso a las computadoras cuánticas, además de que impulsaría la autonomía de los robots de última generación, como los de Boston Dynamics, al dotarlos de baterías de mayor capacidad y eficiencia.

La expectativa crece conforme miramos desde la tribuna como la pelota sigue en el aire. ¿Es el LK99 el invento del siglo o un complejo fraude?

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Más Allá del Dr. Dolittle: La Ciencia de Hablar con Animales a través de la Inteligencia Artificial

Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Dr. John Dolittle, imaginado por Hugh Lofting a través de cartas escritas e ilustradas desde las trincheras de la Primera Guerra Mundial, es un médico que, dada su habilidad para comunicarse con los animales, elige atenderlos sobre sus propios pares humanos. Sin embargo, su relato va más allá de la simple narrativa: Dolittle representa valores universales, arraigados en diversas culturas, tales como el respeto, la comunicación, la apreciación de la diversidad y un vínculo profundo con la naturaleza.

Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos llevar esos valores un paso más allá y realmente comunicarnos con el mundo no humano que nos rodea? No es una idea nueva. La tradición nos habla de figuras arquetípicas como San Francisco de Asís, quien comunicó su amor y arrepentimiento a los lobos y aves. Y más allá de la tradición cristiana, las leyendas sobre comunicarse con animales son tan antiguas como la historia misma: desde las leyendas mexicas, hasta las tradiciones orales aborígenes de Australia, las aventuras del héroe filipino Lam-Ang o las historias indígenas del cuervo Txeemsim en el Pacífico Noroeste, todas ellas ilustran la esencia humana de querer comprender nuestro lugar en el mundo y conectarnos unos con otros.

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En la era moderna, la tecnología, a menudo etiquetada como alienante, ha abierto una puerta sorprendente a este anhelo ancestral. Entra la bioacústica digital, una disciplina que combina una nueva generación de pequeños micrófonos de alta calidad con la Inteligencia Artificial, creando un mundo donde la barrera entre humanos y no humanos es más permeable que nunca.

En The Sounds of Life, Karen Bakker equipara la revolución de la bioacústica digital a la llegada del microscopio, describiéndola como el audífono del planeta, una vanguardista herramienta que nos impulsa desde el antropocentrismo hacia un profundo biocentrismo.

Las implicaciones de este avance son revolucionarias. La inteligencia artificial, con algoritmos similares a los de Google Translate, se está utilizando para detectar patrones en la comunicación no humana. El rango de especies que se comunican a través de sonidos, anteriormente insospechados para el oído humano, es asombroso.

Descubrimientos recientes han revelado un vasto repertorio sonoro en la naturaleza: delfines que nombran, crías de murciélagos que balbucean, tortugas que coordinan su nacimiento y minúsculos peces y larvas de coral que reconocen las acústicas únicas de sus lugares de origen. Incluso las plantas emiten ultrasonid deos en situaciones de estrés. El planeta no para de hablar, y gracias a la inteligencia artificial, finalmente estamos sintonizando.

Lo más intrigante es que también estamos comenzando a hablar de vuelta. Un experimento, aunque todavía en una etapa temprana, demostró que un robot, RoboBee, puede comunicar información a las abejas melíferas y que éstas responden a sus instrucciones. Aunque este resultado se logró solo una vez, apunta a un futuro donde podríamos comunicarnos más íntimamente con otras especies.

Sin embargo, este poder recién adquirido lleva a cuestionamientos filosóficos y éticos. Durante siglos, muchos en Occidente han creído que solo los humanos poseen el don del lenguaje y, por ende, de la razón. Esta perspectiva, que nos coloca en un pedestal separado del resto de la naturaleza, está siendo desafiada. ¿Somos realmente únicos? ¿O somos simplemente una parte del vasto tejido de la comunicación en la Tierra?

Si bien la tecnología nos da el poder de hablar y escuchar, también corre el riesgo de ser mal utilizada. Sin una reflexión ética, podríamos usar nuestras herramientas digitales para explotar y domesticar en lugar de proteger y conectarnos.

La bioacústica es, en esencia, un estetoscopio que nos permite escuchar el pulso del planeta. A medida que sintonizamos con las voces no humanas, también es imperativo recordar las antiguas tradiciones de escucha profunda, practicadas por culturas indígenas. Estas tradiciones, que resuenan con el respeto y la conexión que el Doctor Dolittle ejemplifica, nos recuerdan la importancia de la sintonía y la reciprocidad.

En conclusión, estamos en un punto de inflexión. La combinación de escucha digital y profunda tiene el potencial de revelar no sólo el lenguaje en los no humanos, sino también de redefinir nuestra relación con el mundo natural. Tal vez, en esta nueva era de comunicación, encontraremos la armonía que tanto anhelamos. Y quizás, al igual que el Doctor Dolittle, aprenderemos a escuchar.

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Apple Visión Pro y el despertar de un sueño lúcido digital

Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS). En noviembre de 2022, Open AI lanzó Chat GPT, marcando un punto de inflexión en la percepción del potencial de la inteligencia artificial en nuestra cotidianidad. Con la impresionante cifra de 100 millones de usuarios en apenas dos meses, se proclamó como el fenómeno de crecimiento más veloz en la historia digital. Y así, el pistoletazo de salida en la carrera hacia la supremacía de la inteligencia artificial resonó en todo el mundo.

Pronto, colosos tecnológicos como Google, Enthropic, Meta, Microsoft y X (la nueva filial de Twitter), pusieron sus miras en el codiciado ‘santo grial‘ de la inteligencia artificial: la Inteligencia Artificial General (IAG). Esta ambición, la IAG, promete habilidades de razonamiento, aprendizaje y adaptabilidad a nivel humano. Visualiza esto no como una mera herramienta, sino como una entidad viva, palpable y consciente. Es el trofeo que todos en Silicon Valley quieren en su vitrina.

La consecución de tal tecnología redefiniría nuestra relación con los dispositivos. ¿Para qué un ratón o teclado cuando tu dispositivo capta tus intenciones y responde a ellas? Aquí es donde Apple Visión Pro brilla intensamente: una computadora virtual libre de teclados, ratones y monitores tradicionales. La fusión entre realidad virtual y aumentada es su marca distintiva, con cámaras que te permiten mantener el contacto con el mundo real mientras te sumerges en el digital.

La capacidad de rastrear los movimientos de tus ojos y manos redefine la interacción, permitiéndote jugar con pantallas y monitores virtuales. Y con una resolución de ojo comparable a 8k, estamos a las puertas de experiencias inmersivas inigualables: desde eventos deportivos hasta el auge del cine virtual.

Sin embargo, al fiel estilo Apple, lo que realmente cautiva es el horizonte de posibilidades que se avecina. David Holz, fundador y CEO de MidJourney — una empresa líder en la creación de imágenes a partir de texto con Inteligencia Artificial —, introduce un concepto más allá de la Inteligencia Artificial General (IAG): la ‘Inteligencia Artificial de Singularidad Visual’. Esta es una especialización que aspira a elevar la interpretación y comprensión visual a niveles superiores a las capacidades humanas. 

Su enfoque en superar las capacidades humanas en el ámbito visual promete abrir puertas a innovaciones y aplicaciones que transformarán la forma en que interactuamos y comprendemos el mundo visual a nuestro alrededor.

Un avance significativo en la intersección de la neurociencia y la inteligencia artificial fue el estudio publicado en diciembre de 2022 por la Universidad de Osaka. En esta investigación, emplearon Stable Diffusion, una herramienta de inteligencia artificial avanzada, para traducir la actividad cerebral en imágenes visuales. Aunque los participantes del estudio simplemente contemplaban imágenes, la tecnología fue capaz de recrear visualizaciones basadas en sus patrones neuronales. Aunque estas reconstrucciones no eran réplicas exactas, compartían aspectos clave como formas, colores y perspectivas con las imágenes originales.

Este estudio marcó la primera vez que se utiliza una herramienta generativa de inteligencia artificial como Stable Diffusion con la capacidad de interpretar la actividad mental. Esta hazaña se torna aún más asombrosa al considerar dispositivos innovadores como el Neurosity Crown, una diadema que registra la actividad cerebral. Disponible desde 2021, y con un costo de dos mil dólares, este dispositivo —como se evidencia en múltiples tutoriales en línea— permite al usuario interactuar con su computadora usando solo el pensamiento, logrando tareas como mover el cursor o incluso controlar dispositivos domésticos, acercándonos a una era de interacción digital casi telepática.

Ante estos avances, es inevitable preguntarse: ¿qué nos depara el futuro cercano? Imagina un dispositivo como Apple Visión Pro, equipado con un lector de ondas cerebrales y con acceso a una Inteligencia Artificial de Singularidad Visual capaz de visualizar tus pensamientos en tiempo real. Aunque parezca sacado de una novela de ciencia ficción, la integración de Apple Visión Pro con estas tecnologías podría ser la llave a una nueva dimensión del entretenimiento. Podríamos estar al borde de experimentar un híbrido entre videojuegos y meditaciones lúcidas, algo reminiscente a los sueños controlados.

Es fascinante pensar cómo, tras la aparición de la fotografía en el siglo XIX, la gente podía solo fantasear con la idea de imágenes en movimiento. Sin embargo, décadas después, esa fantasía se materializó en lo que ahora conocemos como cine, una pieza fundamental de nuestra cultura global. Siguiendo esta lógica, los Apple Visión Pro, que saldrán al mercado el próximo año, podrían ser el catalizador que inaugure una revolucionaria era de ensueño lúcido digital.

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Plasticidad Cerebral en la Primera infancia

 

Colaboración Especial

Por José Jesús Flores Castro

La Paz, Baja California Sur (BCS). La plasticidad es una característica funcional del Sistema Nervioso (SN) que está compuesto por el Sistema Nervioso Central (SNC) y el Sistema Nervioso Periférico (SNP). Para llegar al concepto de neuroplasticidad es menester conocer algunas partes estructurales que intervienen en ella. La siguiente imagen nos brinda una idea clara de la estructura de nuestro SN, pero solo trataremos el SNC por ser la parte de nuestro interés.            

El SNC está formado por el cerebro y la medula espinal que se encuentran resguardados por el cráneo y la columna vertebral, respectivamente. Tiene la responsabilidad de procesar toda la información que se origina en el mundo exterior e interior y controla las funciones de los órganos de nuestro cuerpo. Literalmente es el espacio neurálgico que propicia la memoria, el aprendizaje, el lenguaje, el pensamiento, las emociones; en    suma, es esencial y necesario para la vida. Es en el SNC y más concretamente en el cerebro en donde se da la neuroplasticidad que nos interesa estudiar para develar el impacto que tiene en el desarrollo cerebral durante la primera infancia y la importancia que debiera tener para el Sistema Educativo Nacional.

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Por supuesto que resulta necesario un recorrido general de la anatomía del cerebro y su funcionamiento, pasando por la neurona que es la principal célula que habita debajo de nuestro cráneo, hasta llegar a la sinapsis que el espacio por excelencia de la neuroplasticidad.  

En esta imagen podemos visualizar de manera nítida las partes que componen nuestro órgano de los aprendizajes.

En la siguiente grafica podremos ver las funciones de cada una de sus partes. Pero resulta necesario, a la luz de los avances en las neurociencias, puntualizar que nuestro cerebro tiene como una de sus principales características su trabajo holístico donde todas las partes de sus estructuras trabajan en conjunto. Lo mismo pasa con los dos hemisferios que están conectados y realizan sus funciones en absoluta coordinación, en contradicción con versiones falaces sobre la supuesta independencia funcional entre ellos.

Llegamos a la célula más representativa y conocida del cerebro: la neurona. Tienen el encargo recibir, procesar y trasmitir información a otras neuronas a través de señales eléctricas y químicas, que a su vez son enviadas a nuestro encéfalo por neuronas del sistema sensorial que captan los estímulos del entorno donde el humano interactúa. 

 El proceso de nacimiento de las neuronas se llama neurogénesis y empieza más o manos a las cuatro semanas después de la concepción y según nuevos descubrimientos de las neurociencias se mantiene incluso durante la edad avanzada en algunas partes del cerebro como el hipocampo. Cuando el ser humano llega al mundo cuanta con 100 mil millones de estas maravillosas creaciones de la evolución.  

La estructura de la neurona es un sistema complejo sistema compuesto por distintas partes que tienen distintas funciones.  Las dendritas tienen la encomienda de recibir las señales de otras neuronas o células sensoriales. El cuerpo celular o soma es el lugar donde se integran las señales recibidas y se producen los impulsos eléctricos que se emiten por toda la longitud de la neurona.  Las prolongaciones de las neuronas que transmiten los impulsos eléctricos a las células efectoras se llaman axones. El núcleo es donde se concentra el material genético de la neurona y es el responsable de la actividad celular. La mielina tiene la función de aumentar la velocidad de conducción de los impulsos eléctricos por toda la longitud del axón, permitiendo una conducción más rápida y eficiente de las señales nerviosas. Los nudos de Ranvier tienen el trabajo de hacer posible la conducción saltatoria las señales nerviosas a toda la extensión   del axón. Existen aproximadamente, según varios autores, 100 tipos de neuronas entre ellas se encuentran las llamadas piramidales, las estrelladas, interneuronas, neuronas de serotonina, por mencionar algunas. 

Las más comunes son las piramidales y se encuentran en la corteza cerebral que es la capa externa del cerebro que procesa los estímulos sensoriales, del movimiento, aprendizaje y la memoria. Se debe tener en cuenta que cada encéfalo es único y varían las cantidades y su distribución.  La neurona es la célula precursora, para el caso que nos interesa, del prodigioso proceso de aprendizaje.

 

 A continuación, tenemos la imagen de una neurona piramidal.

   

 

Las partes anatómicas y funcionales descritas anteriormente son elementos esenciales para llegar a una función de nuestras neuronas llamada Sinapsis, donde se da la plasticidad.

La sinapsis es la estructura que permite la comunicación entre las neuronas y es fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso. Es la unión especializada entre el extremo de una neurona (el terminal presináptico) y el principio de otra neurona (la dendrita o el cuerpo celular postsináptico). En la sinapsis, la información se transmite de una neurona a otra a través de la liberación de neurotransmisores, sustancias químicas que se producen en el terminal presináptico y que se liberan en la hendidura sináptica, el espacio entre las células nerviosas. 

 La sinapsis resulta primordial el funcionamiento de todo el SN, porque es la forma que tienen las neuronas de comunicarse y transferir información a otras. Lo que es esencial para regulación de las emociones, información sensorial y varias funciones cognitivas y fisiológicas.

 La siguiente grafica nos muestra la sinapsis entre dos neuronas y cómo funciona.

La plasticidad neuronal es un concepto de una belleza e importancia sustancial para entender el desarrollo fulgurante del cerebro en la primera infancia. Se sabe que se presenta la plasticidad cerebral cuando cambia para adaptarse como una reacción a los estímulos    externos (aunque también pueden ser internos o lesiones). Este fenómeno se puede observar al hacer nuevas conexiones sinápticas o se refuerzan las que ya están construidas, mejorando las funciones cognitivas y los aprendizajes. Pero aquí podemos ver un proceso sumamente interesante y de vital importancia: los aprendizajes provocan la plasticidad y a su vez la plasticidad propicia nuevos aprendizajes. 

 La plasticidad neuronal se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a diferentes estímulos y situaciones durante todo el ciclo vital. En la primera infancia, el cerebro es especialmente plástico y adaptable. La plasticidad neuronal se refiere a la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones sinápticas y fortalecer las existentes en respuesta a la experiencia y la estimulación. Esto significa que el cerebro de un niño es altamente sensible a su entorno y puede adaptarse rápidamente a nuevas situaciones y desafíos.

La plasticidad neuronal en la primera infancia es beneficiosa porque permite que el cerebro se adapte y aprenda de manera eficiente. Por ejemplo, un niño que está expuesto a una amplia variedad de estímulos y experiencias en su entorno tendrá la oportunidad de desarrollar una diversa gama de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Además, la plasticidad neuronal en la primera infancia también puede ayudar a compensar las deficiencias o lesiones cerebrales que puedan ocurrir durante el desarrollo temprano.

Es importante señalar que la plasticidad neuronal en la primera infancia no es ilimitada y puede verse afectada por factores como la genética, el entorno social y la nutrición. Por lo tanto, es fundamental que los niños reciban una estimulación y cuidado adecuados durante esta etapa crítica de desarrollo para optimizar su capacidad de aprendizaje y adaptación.   El aprendizaje es fundamental en la plasticidad temprana del cerebro. Durante la edad temprana, el cerebro está óptimamente receptivo a la experiencia y la estimulación, lo que significa que los estímulos del entorno pueden influir en la organización y el desarrollo del cerebro. El aprendizaje es una forma importante en la que los estímulos ambientales pueden afectar la organización y la plasticidad del cerebro en la primera infancia.

Cuando los niños aprenden algo nuevo, como una habilidad motora o un concepto cognitivo, se produce un cambio en las conexiones neuronales en el cerebro. Esto puede incluir la formación de nuevas conexiones sinápticas o el fortalecimiento de las conexiones existentes. Cuanto más se repite una nueva habilidad o se aprende un nuevo concepto, más fuertes se vuelven las conexiones neuronales relacionadas con esa habilidad o concepto. En suma, el aprendizaje influye en la organización y la plasticidad del cerebro al cambiar las conexiones neuronales.

 La plasticidad temprana del cerebro se ve especialmente afectada por la calidad y la cantidad de la experiencia y la estimulación que recibe un niño. Los infantes que reciben una gama extensa de vivencias y estímulos en su contexto donde se desarrollan, tienen una mayor oportunidad de desarrollar una amplia variedad de habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Por lo tanto, el aprendizaje y la experiencia son fundamentales para la plasticidad temprana del cerebro y el desarrollo, para que puedan alcanzar su potencial durante su existencia.

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