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La venganza de AMLO

31-Ago-2019

OPINIÓN Por Roberto E. Galindo Domínguez

FOTOS: Internet.

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Juzgar, enjuiciar y encarcelar a un expresidente sería para México la ponderación del desarrollo democrático que seguimos buscando, siempre y cuando el proceso en contra de tal servidor público se realizara regulado por el marco legal pertinente y bien fundamentado. Poner en prisión a un exprimer mandatario sería para Andrés Manuel López Obrador (AMLO) su confinación en los libros de historia de la nación. Claro que en ningún momento debería ser una venganza del tabasqueño por los agravios recibidos.

AMLO ha reiterado que no se lanzará a la cacería de los políticos de más alto nivel “que nos hicieron daño”, como ha dicho refiriéndose a los ataques, difamaciones y campañas mediáticas falsas orquestadas en contra del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) por parte de varios empresarios, intelectuales, expresidentes y otros políticos, entre los que destacan Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Cevallos, Vicente Fox y, principalmente, Felipe Calderón, del que siempre ha dicho se robó la presidencia mediante un fraude en las elecciones de 2006.

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Los tiempos político-sociales de México no están para la confrontación directa con personajes que aún detentan poder y cuentan entre sus aliados a empresarios y comentaristas de algunos medios de comunicación. Baste ver la dura batalla que AMLO está librando contra Claudio X González y sus esbirros por la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y para poder llevar acabo la terminal aérea de Santa Lucía. Es claro que varios grupos de relevancia político-económica no están dispuestos a dar paso al renacimiento de la nación, y obstaculizarán en la medida de sus posibilidades los proyectos más importantes del sexenio morenista: el Aeropuerto de Santa Lucía, la Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya, entre otros. Una confrontación directa con empresarios y políticos del viejo régimen enfrascaría a AMLO en una larga lucha legal, con un consecuente desgaste político, que puede implicar una mayor obstaculización de los proyectos de la cuarta transformación (4T).

Y aunque el pueblo bueno y sabio le pide a gritos enjuiciar a Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y a Vicente Fox, así como a sus colaboladrones más cercanos, hasta ahora AMLO ha negado un accionar político y una línea legal contra tales tristemente célebres personajes, a pesar de que varios de los aludidos merezcan ser investigados por corrupción y hasta por traición a la patria.

Es claro que la venganza que los de la derecha claman que AMLO ha desatado contra sus huestes no es tal; los despidos de comunicadores chayoteros y mentirosos como Sergio Sarmiento y Carlos Loret de Mola, son ajustes de las empresas a las que pertenecían, éstas cuidan su rating y sus intereses; y aunque no nos guste aceptarlo, prescindirán de voces plenamente alineadas con las administraciones pasadas, porque hoy ya no tienen la popularidad de antes ni tampoco credibilidad. Esa supuesta venganza de AMLO no se ha lanzado con un mandato abierto, tan es así, que Obrador ha pospuesto una y otra vez la consulta ciudadana para enjuiciar a algunos expresidentes, pues es seguro que a mano alzada la nación se levantaría y pediría la investigación de varios de ellos.

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Lo que también es claro es que AMLO está destrozando a sus opositores políticos y mediáticos y la estrategia que está empleando es muy simple, a veces de manera discreta y y otras de forma jocosa.

  1. Contrarrestar las campañas mediáticas falsas organizadas desde la oposición y propaladas por los comentaristas afines a los gobiernos pasados por medio de las conferencias mañaneras, que son las que marcan el ritmo periodístico nacional.
  2. En su gesta contra la corrupción, cada que se destapa un nuevo caso de esta y los involucrados son importantes empresarios y/o políticos de mediano y largo alcance, ellos están relacionados a los ex presidentes priístas y panistas, con lo que está minando la poca credibilidad de la que aún puedan gozar los ex mandatarios. Podemos hablar de Emilio Lozoya, Rosario Robles, Juan Collado y muchos más.

 

  1. La minimización y la ridiculización de sus oponentes más vociferantes. Ya lo había hecho durante la campaña electoral cuando convirtió al aspirante presidencial panista Ricardo Anaya Cortes en Ricky Riquín Canallín. Al parecer ahora lo ha hecho con mucho mayor éxito con Felipe Calderón al decir que usando la casaca militar se parecía al Comandante Borolas; otra cosa es que Calderón se haya puesto de a pechito al decir que a él no le quedaba el saco, esto dentro de un intercambio de ataques entre ambos por la guerra contra el narcotráfico y los altos índices de violencia que se incrementaron exponencialmente durante el sexenio del panista. AMLO sólo ha usado el arma de ataque con la que fue denostado y ridiculizado durante los pasados tres sexenios, desde que Enrique Krauze lo bautizó como Mesías Tropical, y vinieron luego: Pejelagarto, Lopitos, Pejestorio y otros apodos más que le endilgaron presidentes, empresarios y comentaristas.

Y sin embargo, sin tal venganza, AMLO los está acabando.

 

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