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La guerra más sucia: México, entre lo fecal y lo político

11-Ago-2020

ARTÍCULO Por Pablo Chiw

 

FOTOS: Internet

Colaboración Especial

Por Pablo Chiw

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Milton tenía cinco años cuando le conocí, en ese entonces yo fungía como asistente en el Centro de Desarrollo Infantil de la Fuerza Aérea Norteamericana en Bedford, Massachussets. Él era un pequeño tirano: “el niño bomba”. Sus progenitores le tuvieron a una edad avanzada después de múltiples y costosos tratamientos de fertilidad; vivían para complacerle, un niño sobreprotegido en todos los aspectos, la consecuencia: un infante con cero tolerancia a la frustración.

La primera gran explosión fue un martes, cinco minutos antes del desayuno, el niño jugaba con dinosaurios motorizados, mientras sus compañeras y compañeros hacían fila para lavarse las manos. Le pedí que se incorporara a la fila y me ignoró, mi insistencia encendió la mecha, fue imposible dar marcha atrás, el pequeño tirano comenzó a gritar, golpear, escupir, empujar. Pero la gran sorpresa aguardaba, agazapado en una esquina inició un trance intrapsíquico y cual villano en película Hollywoodense desencadenó la gran tormenta; heces volaban por los cielos, paredes, pupitres, el piso y mi rostro, fueron acribillados sin piedad. Mientras, 16 infantes y dos asistentes gritaban, corrían y vomitaban compulsivamente; fue la puta locura.

 

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El término clínico para el comportamiento de Milton es “encopresis secundaria”, definido por la American Psychiatric Association como la expulsión de excremento en momentos y lugares inapropiados, ya sea de manera involuntaria o intencional. Para Beatríz Janin, el encoprésico es un sadista anal que fecaliza al objeto, la expulsión violenta y el bombardeo es su forma de tortura y mecanismo para someter al otro, le excluye, maltrata y humilla. Para ellas y ellos la pérdida es intolerable. Según Bellman, poseen una ínfima tolerancia a la frustración, perder les vuelve hostiles, agresivos y su duelo se convierte en un ataque en contra del mundo, todo objeto debe ser aniquilado y la mierda es su arma más potente.

Encopresis a la mexicana

México se ha convertido en ese salón de preescolar donde ráfagas de mierda vuelan inmisericordes. López Obrador generó el destete de la derecha, una imperdonable herida narcisista que rompe la ilusión de omnipotencia, como venganza, pasa a ser “fecalizado”, nace entonces El Cacas una figura simbólica que estimula, en quien lo pronuncia, el goce sádico anal que se produce al manchar, al humillar, al disminuir.

Las derechas iracundas fueron incapaces de aceptar la pérdida en las urnas y articularon una guerra sucia de alta intensidad, diseñada para exacerbar la polarización social a partir de representaciones binarias: “o estás conmigo o en contra”. Las legiones de la encopresis marchan fúricas en búsqueda del “no-yo”, dispuestas a defecar en todo aquello que les contradiga, así cada palabra, cada gesto, cada imagen de Andrés Manuel debe ser manchada compulsivamente. Se trata de cagarse encima para anular cualquier argumento, idea, plan, proyecto, iniciativa, logro. No se busca corregir los errores, ni mejorar las propuestas, no hay uso de razón por que no se trata razonar, sino de disfrutar del trance sádico que produce la destrucción del objeto. Pero no te confundas, por muy primitiva que parezca dicha estrategia es en realidad increíblemente sofisticada, si algo nos enseña el caso de Cambridge Analytica, es el poder de las neurociencias en la perfección de las campañas de odio.

Detrás de la mierda

De Mi vida digital feliz, así se llamó la investigación del Dr. Kogan, un psicólogo ruso de la Universidad de Cambridge en Inglaterra. Él estudiaba la felicidad y amabilidad a través de test psicológicos gratuitos disponibles en el Facebook. Alrededor de 270 mil personas hicieron los inofensivos test del feis, lo que la gente no sabía era que, al dar el clic en la aplicación, el traviesillo doctor recolectaba universos de información intrapsíquica: género, preferencias, gustos, aberraciones, manías, pulsiones, deseos, impulsos, represiones, traumas, fijaciones, fobias, etcétera.

Además, automáticamente le dabas el derecho para descargar los perfiles de todos tus contactos para ser estudiados y analizados, lo anterior era parte de un paquete de ventas ofrecido por Facebook Inc. Nuestros datos personales son el principal producto ¿De dónde crees que Markito Zuckerberg hace sus pesitos?

Kogan obtuvo más de 87 millones de perfiles psicológicos: todo lo que quieras saber de una persona, incluso lo que ellas mismas desconocen de sí, estaba a disposición del doctor. Ahora, la pregunta obligada ¿qué hizo con ellos? Pues lo que haría cualquier persona en este mundo neoliberal, un chingadazo de dinero. Los vendió a una empresa de inteligencia digital denominada Cambridge Analytica, su principal producto; campañas de guerra política.

Cambridge Analytica se distinguió inmediatamente por los excelentes resultados que generaban sus productos, Donald Trump fue uno de los cientos de clientes satisfechos. Claro, las campañas eran diseñadas a partir de fórmulas psicogeográficas, se identificaban los rasgos de personalidad más comunes y a partir de allí se calculaba un algoritmo para configurar un mensaje mediático.

Supongamos, en la bellísima ciudad de La Paz, bCS, los datos revelaron que el 57% de la población ha sufrido trauma por los huracanes; 80% cree que debemos cuidar al turismo; 75% se ha intoxicado por comer hates en la calle; 67% tiene aversión a las cucarachas; y 41% discrimina a las personas de Oaxaca. ¿Cómo sería un spot político creado por Cambridge Analytica?

Clip en blanco y negro: Un turista güerito alemán de 5 años camina asustado por las calles vacías de La Paz, está perdido. En el fondo se escucha el viento característico de los huracanes, se detiene un instante en un puesto de hates sucio y abandonado, mira hacia abajo y seis cucarachas aparecen en el piso y comienzan a subirse en sus pies, el niño grita y desesperado se sacude las cucarachas. El sonido del viento aumenta vertiginosamente mientras el niño levanta la vista y de la puerta sale un señor vomitando, el hombre tiene características indígenas probablemente de Oaxaca, se le acerca con una mirada libidinosa, le agarra el hombro y le dice: “Vente conmigo, chiquito”. El señor trae puesta una camisa manchada de vómito, con la fotografía de López Obrador. El niño entra de su mano a un cuarto oscuro y se termina el clip.

 

Contenidos como el anterior manipulan al inconsciente, siembran terror, generan aberraciones, intimidan a los votantes. Pero los televidentes no se enteran del efecto que el clip ha tenido en ellos. La educación formal no es protección para defenderse de dichos productos, así tenemos gente que no conoce, no sabe, no entiende nada sobre una persona, pero le odia con tal fuerza que, si pudiera mandarlo matar, lo haría. ¿Te suena familiar?

Este tipo de campañas son increíblemente costosas, el día de hoy hay quien paga para crear y difundir contenido mentiroso que tiene como objetivo desestabilizar al Gobierno Federal. ¿Quién paga para producir dichos contenidos?

Siguiendo el rastro del dinero

Hay élites que históricamente se han beneficiado de la opacidad, la corrupción y el tráfico de influencias. Evidentemente a nadie le gusta pagar impuestos y menos si se trata de 8 mil 079 millones de pesos como Walmart u 8 mil 790 millones de pesos como el grupo FEMSA, de aquí se entiende, que muchos millonarios deseen afanosamente la caída del El Cacas y el regreso de los PRIvilegios como en los tiempos del PAN.

Antes de subirte de nuevo al tren de la violencia lúdico fecal, es importante considerar lo siguiente: el neoliberalismo es un sistema político económico que tiene como objetivo restaurar e incrementar las fortunas de las familias más adineradas del planeta, lo hacen convirtiendo en negocio familiar aquello que solía ser público, Telmex por ejemplo; un bien de la nación cuyas ganancias debían convertirse en dinero de uso público, una vez privatizada, se convierte en el patrimonio disponible para la familia Slim: hijos, nietos y bisnietos, gozaran de aquello que alguna vez fue nuestro, por eso, al neoliberalismo también se le conoce como el sistema de acumulación por despojo.

Por lo tanto, te pregunto lo siguiente ¿tienes más de un millón de dólares? Entonces, ¿qué te hace pensar, que la caída de El Cacas, tendrá un beneficio en tu vida personal?

Reflexión final: no está bien tirarle mierda a todo lo que no nos gusta, no tenemos cinco años, como Milton, para ensuciar el mundo cada vez que algo nos resulta frustrante, las democracias no se construyen denigrando, devaluando, humillando, anulando cada palabra que proviene fuera de mis creencias, mucho menos cuando dichas creencias fueron implantadas artificialmente.

Hay enfermos mentales que no tienen ningún empacho en hacer mierda a una nación entera, todavía no terminamos de limpiar las manchas de sangre que heredó el narcogobierno de Felipe Calderón y ya nos está invitando a ejecutar un golpe de Estado.

¿Te has preguntado quién va a limpiar todo el cagadero?

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