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El cáncer de México

21-Oct-2020

OPINIÓN Por Roberto E. Galindo Domínguez

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el mundo real mexicano los superpolicías son los corruptores más avezados y, junto a los altos mandos militares, son los traficantes de drogas más empoderados, con el aparato político, judicial y legislativo de su lado. Es así que en el México del engaño y la simulación, ese que nos heredó la clase política de altos vuelos dirigida por el Partido Acción Nacional (PAN) y por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), hoy batalla el hombre que sin tapujos y durante años nos dijo que el nuestro era un Narcoestado y que la corrupción era el cáncer de México.

Una vez más, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no se equivocó: el nuestro es un país enfermo de corrupción y crimen, dañado en su sistema político, legislativo y judicial y hoy sabemos que también en la parte neurálgica de los cuerpos policiacos y militares.

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Las detenciones en Estados Unidos, hace unos meses de Genaro García Luna, el segundo al mando en cuestiones de seguridad durante el sexenio de Felipe Calderón y ahora del General Salvador Cienfuegos, el más alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, son apenas una muestra del iceberg de corrupción mexicano, pues es seguro que hacia abajo se tengan muchos otros delincuentes entre los cuerpos policiacos y militares; pero también es seguro que ellos tuvieron a quién rendirle cuentas hacia arriba, y los mandos inmediatos superiores de estos dos criminales fueron los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. En este asunto sólo hay dos opciones: o los expresidentes fueron muy estúpidos y absolutamente incompetentes durante sus mandatos, o fueron y son parte de ese engranaje de corrupción política que ha asolado a nuestra nación por décadas.

Por supuesto que los corifeos de ese régimen podrido que se niega a desaparecer, los comentaristas chayoteros y los intelectuales de poca monta y mucha plata, esos que ya conoce usted: Ciro Gómez Leyva, José Cárdenas, Carlos Loret de Mola, Héctor Aguilar Camín y muchos más de las grandes cadenas de radio y televisión, hoy salen a cuadro e inundan los micrófonos diciendo que la detención del General Salvador Cienfuegos es un duro golpe para la administración de AMLO. No señores, esa detención y la de Genaro García Luna son una vergüenza para México, pero también son la constatación de lo que AMLO nos ha dicho durante años: México padece el mal de la corrupción. Esas dos detenciones son un duro golpe a la credibilidad de los gobiernos federales panistas y priístas, son la muestra del grado de corrupción política al que de milagro hemos sobrevivido, pero sobre todo son la muestra irrefutable de la necesidad de transformar al país, de desarmarlo en todas sus estructuras políticas, policiales y militares y de refundarlo desde sus cimientos.

La detención de estos dos criminales nos indica la pertinencia y la necesidad de impulsar a la Cuarta Transformación del país hasta sus últimas consecuencias y por los sexenios que sean necesarios, claro no con el mismo presidente, para eso tenemos políticos y políticas de mucha honestidad y probidad moral que podrán continuar la lucha contra el cáncer de la corrupción.

 

Polilla política: Los reflectores han estado sobre el PAN con sus gobernadores gritones, en Margarita Zavala y su cancelado partido político, en el movimiento Frenaaa y en la izquierda que está enfrascada en la lucha por el control de Morena. Mientras tanto, el priísmo se ha mantenido discreto y de pronto resurge victorioso en las elecciones de Coahuila e Hidalgo.

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