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Recuerdos de La malilla, el juego de naipes exclusivo de Sudcalifornia

17-Sep-2021

CRÓNICA por Emily A. Santana Ceseña
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FOTOS: Emily A. Santana Ceseña

Colaboración Especial

Por Emily A. Santana Ceseña

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde hace muchos años, gracias a la herencia cultural de mi madre —nacida en el rancho Las gaviotas, municipio de Comondú—, mis hermanos, mi papá —originario de La Paz—, y yo aprendimos a jugar a La malilla.

De acuerdo con Gilberto Ibarra Rivera en su libro El habla popular en Baja California Sur, La malilla es un “juego de naipes, de origen español, también denominado mala. El juego echó raíces en el gusto de los habitantes de la península bajacaliforniana”.

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Los primeros recuerdos que tengo de La malilla —como del 2001 al 2008—, me remontan a La palmilla, un rancho que se encuentra entre unos 13 y 16 kilómetros de la misión de San Luis Gonzaga. Donde cada que visitábamos a nuestros amigos del lugar, las tardes y noches se hacían acompañar de entretenidos juegos de malilla, café de talega, y buenas pláticas.

Los malilleros son personajes propios y exclusivos del ambiente sudcaliforniano, pues en ninguna otra parte del país se práctica en estos tiempo el juego de la malilla (…) son un tipo de hombre o de mujer de características bien definidas: decidor, socarrón, sentencioso, presumidor y muy sociable.

No puede confundirse con el tahúr de oficio, pues la malilla es un juego en el que las apuestas de dinero están excluidas y se juega por el placer de demostrar ante los contrarios y los mirones, la presencia para realizar hábiles jugadas, festejando por días y a veces durante años los capotes (…) que se dan a los contrarios. 

En esas idas a La palmilla, los primeros malilleros que conocí (nombrados por sus apodos) son a Chelo Ceseña, Patricín, Canayo, Cota, Yuyo, Chabalo, Nacho, Lupe, Neney, Julián, Shanny, Santolio, Chicote, entre otros. Todos ellos responsables de que aprendiera a disfrutar del complicado juego de la malilla.

En el libro El canto del caudel del profesor Jesús Castro Agúndez explica que La malilla durante la Colonia, se practicó en centros sociales de diversas capitales de provincia de la Nueva España y la historia nos dice que en las reuniones que se efectuaban en la ciudad de Querétaro en la casa del Corregidor, a las que eran asiduos concurrentes don Miguel Hidalgo y Costilla y el Capitán Ignacio Allende, al mismo tiempo que se conspiraba contra el gobierno virreinal para hacer de México un país independiente, se jugaban malilla y trecillo.

La malilla es un complicado juego de cartas que se realiza con baraja española, que como es sabido consta de cuarenta cartas distribuidas en cuatro palos que son: oros, copas, espadas y bastos. Cada palo tiene ordenados sus diez cartas desde el uno, que se denomina as, hasta el siete o “malilla”, al que siguen en orden progresivo, la sota, el caballo y el rey.

Años más tarde, después de las visitas a La palmilla en nuestro hogar se sigue jugando y preservando este juego de baraja que ha sido transmitido de generación en generación. Actualmente, se continúa jugando en pueblos y rancherías en las serranías del Estado.

Sin embargo, las puertas de nuestra casa siempre están abiertas para enseñar el arte de La malilla que tiene una gran variedad de reglas y un sinfín de jugadas, así como probabilidades dignas de un juego de azar. Lo único que se pide es cumplir con el perfil de un buen malillero sudacaliforniano, saber perder y aguantar la carrilla por si te hacen un capote, la derrota más vergonzosa.

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