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Por qué el block de concreto desplazó al ladrillo en Baja California Sur (II)

25-Sep-2020

ARTÍCULO Por Noé Peralta Delgado

FOTO: Noé Peralta

Explicaciones Constructivas

Por Noé Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hablar del tabique o ladrillo recocido, es transportarnos varios milenios atrás en la historia de la humanidad, y sobre todo en uno de los primeros oficios del hombre: la albañilería. Aunque existen modismos sobre cómo llamarlo, los ingenieros y arquitectos coinciden en que la diferencia consiste en que el ladrillo es una ¨piedra¨ de lodo fabricada artesanalmente con tierra y material orgánico, principalmente composta y estiércol animal, que se le aplica temperatura para que adquiera la dureza necesaria para aplicarse en una vivienda; mientras que el tabique se supone que su elaboración es más industrial y fabricado con algunas normas de calidad de la construcción.

La historia del ladrillo, está íntimamente ligada a los inicios de la civilización humana y su necesidad de acondicionar un espacio de vivienda para protegerse de las inclemencias del medio ambiente y animales depredadores: de acuerdo a investigaciones arqueológicas en la zona de la antigua Mesopotamia, se ha descubierto que hace 11,000 años ya se usaban ladrillos para la construcción de algunos edificios y templos.

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Pero instalándonos en estado de Baja California Sur, tenemos que a la llegada de los misioneros y las colonizaciones del siglo XIX del macizo continental se trajeron las técnicas para la elaboración del ladrillo y, siendo un elemento constructivo muy fácil de fabricar, se tuvieron las primeras ladrilleras en la historia de la península bajacaliforniana; así, con la piedra existente en las zonas serranas, los ladrillos fueron los materiales más utilizados en la construcción de edificios públicos y algunas casas de gente adinerada. Hay que recordar que en el siglo XIX, la mayoría de la población vivía en los pocos centros de población que se formaron en las misiones abandonadas por los misioneros, y que la gente con escasos recursos y muchas veces también por falta de motivación, hacían sus viviendas de una manera muy modesta a base de paredes de madera y barrotes y los techos de hoja de palma o laminas en mal estado.

Aún quedan en algunos pueblos misionales casonas antiguas hechas a base de paredes de ladrillo, algunas en muy buen estado de conservación y otras en plena destrucción por los agentes de la naturaleza y con nula conservación. Se dice que la misión de La Purísima se hizo con ladrillos, y que con el paso del tiempo y ante la falta de persona o autoridad que la mantuviera en conservación se destruyó por completo a inicios de la tercera década del siglo XX. También existen aún y de forma ¨milagrosa¨ las paredes de la misión de San Fernando de Velicatá y Santa María de los Angeles (Kabujakaamang), ambas en la zona norte de la península de Baja California, en pleno desierto central, que debido a las escasas precipitaciones pluviales se conservan sin intervención del ser humano.

Para la fabricación del ladrillo se ocupa de materiales que, una vez mezclados, forman una base de lodo o un tipo de barro, que se amolda en forma de cuboides o de manera rectangular; estos materiales consisten en una masa de tierra con ciertas características barrosas a la que se le agrega agua suficiente hasta hacerla un tipo de lodo, para luego agregarle en proporciones adecuadas material orgánico, consistente en ¨pajoso¨ o estiércol de ganado, y a veces composta de plantas del desierto. Una vez mezclados los ingredientes, lo que se hace de forma manual o artesanal, se introduce la masa resultante a moldes de madera previamente preparados para el fin y de las medidas que va tener el ladrillo final, siendo las más comunes 7cms de alto, 14cms de ancho y 28 cms de largo.

Cuando se tiene el ladrillo ¨crudo¨, es decir, ya seco y bien formado, se acomoda dentro del horno de manera que exista entre cada uno de ellos un espacio suficiente para que el calor generado pueda pasar entre los espacios y permitir el ¨cocimiento¨ de todos los ladrillos; en tiempos actuales, las ladrilleras usan leña del desierto, principalmente mezquite o palo fierro, y se encuentran en las orillas de las localidades por la gran contaminación ambiental que representan derivada del humo que producen. Hoy en día, el municipio donde hay más ladrilleras es Comondú, y es en las periferias de Ciudad Constitución donde se encuentran la mayor parte de ellas.

Cuando se fundó el valle de Santo Domingo en la década de los cincuenta del siglo pasado, y que fueron llegando los primeros colonizadores de varios estados del centro del país, fueron llegando también los primeros fabricantes de ladrillos que se establecieron en la zona oriente de Ciudad Constitución, por el sentido del aire para que se llevara el humo generado, y tuvieron unas empresas muy redituables económicamente. Se dice que, al existir una gran demanda de vivienda en la naciente ciudad, se tenían que agendar las entregas de ladrillos hasta por semanas de anticipación. Pero este floreciente negocio llegó a su fin, cuando llegó el cemento portland y la ¨arena blanca¨ a la zona y entró en escena el ya muy conocido actualmente como block hueco de concreto.

Con la fabricación del block de concreto se le pegó el tiro de gracia a la industria ladrillera, cuando ya de por si luchaba por conseguir los permisos de impacto ambiental debido a la contaminación que generaban proveniente de la quema del producto, aparte que los ladrilleros nunca quisieron modernizarse con plantas más tecnológicas y utilizando combustible menos contaminantes.

La razón principal por la cual se utiliza más el block de concreto que el ladrillo es la economía principalmente: mientras que el block cuesta el doble que un ladrillo, rinde el triple en muros. A esta importante razón, se le suma la rapidez y el uso de menos mezcla de mortero para pegarlos.

Actualmente se usa el ladrillo para la fabricación de fachadas tipo colonial, para hornos de panaderías o restaurantes o en algunos detalles constructivos decorativos, pero muy difícilmente van a volver los tiempos de esplendor económico para sus fabricantes como antaño, a menos que se hagan de máquinas especializadas y opten por aumentar de tamaño, eso sí, sin dejar de lado una convincente mercadotecnia.

 

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