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No existe la mente, ni el alma

23-Nov-2021

ENSAYO Por Mario Jaime
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FOTOS: Internet.

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Parto del fisicalismo, postura filosófica monista en la que la mente es un noúmeno, una metáfora de las capacidades del cuerpo. Operativamente, sólo hay cuerpo, desde la neurofilosofía, sólo hay cerebro o solo hay células nerviosas. El monismo y el fisicalismo no han sido tan populares como el dualismo, quizá porque el Cristianismo, el Islam, el Hinduismo y el Budismo se adhieren a la existencia de fantasmas como el espíritu o el alma en contraposición del cuerpo.

El fisicalismo tiende al materialismo que se opone al idealismo. Han tendido al monismo grandes pensadores como Hipócrates, Thomas Hobbes, David Hume, Helmholtz, Antonio Damasio o Ernst Haeckel. Postulados como que todo se explica por causalidad mecánica o que la sustancia es materia-energía y psique al mismo tiempo, son clave para entenderlo. Desde el monismo la “mente” es lo que el cerebro realiza o… el cuerpo.

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Fue en la década de los 60 cuando la neurofisiología y la neurobiología se desarrollaron como ciencias maduras, a pesar de que las neuronas fueron descritas desde finales del siglo XIX por Golgi y Ramón y Cajal. Desde entonces, han surgido nuevos conocimientos, observaciones, experimentos y evidencias de que los procesos mentales, incluidos la memoria, la percepción, el aprendizaje, las emociones, la voluntad y el uso del lenguaje son procesos físicos del cerebro o de los sistemas nerviosos.

La biología demarca que los cerebros son el producto de una evolución. Las comparaciones anatómicas entre los sistemas nerviosos humanos con los no humanos a micro y macroniveles han revelado que la organización fundamental de éstos se ha conservado durante cientos de millones de años. El cerebro humano comparte con los demás mamíferos las mismas estructuras cerebrales, patrones de inervación, tipos de neuronas y neurotransmisores. Hasta donde se sabe, las neuronas de una mosca, de un calamar y las tuyas, Lector, funcionan de la misma manera.

Fue en la década de los 80 en que hubo un consenso entre los científicos del cerebro y algunos filósofos en que no existe algo así como un alma independiente del cuerpo. El materialismo desplaza poco a poco al vitalismo o al dualismo.

Pero nuestros prejuicios religiosos se niegan a morir, muchos filósofos actuales piensan (y predicen) que las neurociencias jamás explicarán las funciones cognitivas. Incluso algunos psicólogos aducen la independencia psicológica respecto a las neurociencias.

Para desgracia de estos dualistas, se han descrito mecanismos neurológicos que pueden explicar la atención, como los descubrimientos de Petersen y Mosner en 2021; la representación espacial por Moser en 2014; o la toma de decisiones (ver Glimcher y Feher, 2013).

Aquellos que aún creen en espíritus o res extensa, deben explicar entonces como dos “sustancias” que no comparten propiedades pueden ser causa una de otra. Hoy, que entendemos la materia como un agregado de partículas elementales, la interacción de una sustancia no física con una física como los protones, electrones o neutrones implicaría una anomalía, una contradicción a las leyes físicas.

Patricia Churchland, neurofilósofa, piensa que si los cerebros pudieran modificar el ambiente físico habría una anomalía según el principio de conservación de la energía. Ninguna anomalía de este tipo ha sido observada hasta la fecha. La ausencia de datos anómalos en estudios neuropisquiátricos sugieren que la hipótesis de un alma, o una conciencia no física carece de credibilidad.

En 2013, Josef Parvizu activó el giro cingularGyrus cinguli– medio del cerebro de un paciente mediante pequeñísimos estímulos eléctricos. El paciente describió una emergencia de un estado consiente en el que deseaba resolver un problema con voluntad y valentía. Cuando se detuvo el estímulo el estado de conciencia se acabó.

Churchland reprodujo este experimento en otro paciente en el que se repitió la experiencia estimulando la misma región. Se infiere que los estímulos eléctricos causados en el giro cingular provocan cambios en los estados de conciencia.

Desde el materialismo, tener una mente no es poseer una sustancia especial, sino poseer ciertas capacidades, la interacción causal psicofísica es sólo física.

Las conductas son producidas por los sistemas nerviosos en los metazoarios, en ese sentido fundamental el Yo es un complejo sistema fisicoquímico determinista que puede autoreferenciarse.

Epicuro, hace más de dos milenios, que nada sabía de neuronas, ni de electricidad o de química, anticipó un materialismo estético cuando dedujo que la sensación es la base de todo el conocimiento y se produce cuando las imágenes que desprenden los cuerpos llegan hasta nuestros sentidos. Según el atomista, ante cada sensación el ser humano reacciona con placer o con dolor, dando lugar a los sentimientos.

Las explicaciones químicas de los cambios de percepción con sustancias alucinógenas como los enteógenos hasta las tomografías computarizadas de estados cerebrales correlacionados con estados sensoriales, han dado un punto a Epicuro.

Existen teorías filosóficas como el monismo anómalo de Davison en el que los predicados mentales intencionales y los conceptos no se reducen a predicados o conceptos físicos. Schiffer lo explica así: todo particular es físico pero las verdades mentales son irreductibles a verdades físicas.

Para discutir cómo percibimos la realidad debemos realizar un viaje en el tiempo para asistir a la evolución de los procesos neuronales y del sistema nervioso.

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