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Las expediciones de Hernán Cortés al noroeste novohispano

27-Sep-2021

ARTÍCULO por Sealtiel Enciso Pérez
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Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Volviendo al vertiginoso trabajo que tenía ocupado a Hernán Cortés durante esos años (1521-1528), y como siempre ocurre cuando grandes mentes intentan aquello que está vedado a los pusilánimes, sufrió graves tropiezos encabezados por sus enemigos, incluso, la recién formada Audiencia de México, los cuales de mil y un manera sabotearon sus propósitos hasta el punto de obligarlo a tener que acudir a las misma corte real en la península ibérica para solicitar apoyo, este viaje duró de 1528 hasta 1530.

El logro más importante que obtuvo de este viaje fue la firma de las famosas “capitulaciones” con la reina Isabel en representación de su esposo Carlos V, por medio de ellas se establecían los permisos para explorar y colonizar la Mar del Sur, así como las islas que descubriere “además de las capitulaciones, en España el Rey le otorgó a Cortés el título de marqués del Valle de Oaxaca. Ya desde 1522 Cortés había recibido los nombramientos de Gobernador y Capitán General de la Nueva España, y en 1526 el de adelantado de la Mar del Sur. En su viaje a España le fue ratificada su condición de Capital General pero no consiguió el nombramiento de virrey que esperaba” (Lazcano).

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A su regreso de España, el recién nombrado marqués del Valle de Oaxaca retoma con más y mejor empeño sus actividades de construcción y rehabilitación de barcos para iniciar la exploración formal de las costas de la Mar del Sur, pero no fue hasta el 30 de junio de 1532 que por fin zarpa la primer expedición organizada y financiada por Cortés al mando de Diego Hurtado de Mendoza. Como siempre que organizaba una expedición, Cortés redactaba una serie de “instrucciones” a las que debían ceñirse el capitán de la expedición, así como todos los hombres bajo su mando. En las que entregó a Hurtado de Mendoza sobresale el hecho de pedir que realice una minuciosa cartografía de sitios que pudieran servir de puertos y desembocaduras de ríos por las que se pudiera hacer exploraciones al interior de estos lugares.

Lamentablemente, esta primera expedición marítima tuvo un fin trágico en donde Diego Hurtado de Mendoza como la mayoría de su tripulación mueren a manos de los nativos, algunos en las costas de lo que hoy conocemos como Nayarit, y otros en Sinaloa. Sin embargo, para aquellos que conocían el ánimo de Cortés, estaban lejos de pensar que estos fracasos lo desanimarían, al contrario, fueron acicates que lo motivaron a redoblar esfuerzos para continuar con lo ofrecido en las capitulaciones y sus ambiciones personales (para conocer de forma detallada el derrotero y fatal desenlace de la expedición de Diego Hurtado de Mendoza recomiendo consultar el libro de Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004, págs. 33-41).

Para el 30 de octubre de 1533, Cortés estaba enviando a una nueva expedición para cumplir con las metas que antes había dado a Hurtado de Mendoza. En esta ocasión, la expedición estaba encabezada por Diego Becerra de Mendoza. Los barcos que integraban esta avanzada eran La Concepción y El San Lázaro. En el primero de ellos iba como capitán Becerra de Mendoza y como timonel Fortún Jiménez. La San Lázaro estaba al mando de Hernando de Grijalva y llevaba como piloto a Martín de Acosta.

De acuerdo a la reseñado por cronistas como Francisco López de Gomara, Bernal Díaz del Castillo, Antonio de Herrera y Tordesillas, entre otros, esta expedición no tuvo mejor fin que la anterior. Al día siguiente de que zarparon, los barcos se separaron para nunca volver a reunirse. El barco La Concepción al mando de Becerra sufrió un amotinamiento encabezado por Fortún Jiménez que asesinó al capitán, así como a varios integrantes de la tripulación. Poco después, se deshizo de los tripulantes heridos y los que fueron fieles a Becerra, abandonándolos en las costas de Jalisco. Todo lo anterior ocurrió a finales del mes de noviembre y principios de diciembre de 1533.

Durante los siguientes días, Fortún Jiménez y sus amotinados siguieron navegando hacia el noroeste y a finales del mes de diciembre o principios de enero dieron con una porción de tierra. De acuerdo a los testimonios de siete u ocho amotinados sobrevivientes —que fueron reseñados en una carta escrita por Nuño de Guzmán—, se pudo reconstruir lo que pasó en esos días y cual fue su triste desenlace. Fortún Jiménez y sus hombres llegaron a lo que posteriormente fuera llamada como bahía de la Santa Cruz y procedieron a desembarcar. Durante este tiempo se dedicaron a pescar madre perlas para extraer su precioso contenido, sin embargo, en la playa fueron atacados por los guaycuras los cuales asesinaron a Fortún Jiménez y a unos veinte de sus hombres.

Los siete u ocho marineros que habían permanecido en el barco, al darse cuenta del suceso, deciden emprender la huida. Se enfilaron rumbo a las costas de la Nueva Galicia, desembarcaron en la Villa del Espíritu Santo —ubicada, actualmente, al norte de Mazatlán—, en donde son apresados por los hombres de Nuño de Guzmán (una detallada información sobre esta expedición de Diego Becerra de Mendoza la puede encontrar en el libro de Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004, págs. 43-58.).

Como colofón de este viaje, mencionaremos que, la nave San Lázaro comandada por Hernando de Grijalva, después de estar navegando por espacio de cuatro meses, regresó al puerto de Acapulco sin pena, ni gloria. Su único descubrimiento fueron las islas de Santo Tomás, actual Archipiélago de Revillagigedo. Para Hernán Cortés este fue otro trago amargo que tuvo que apurar, ya que en su corazón aventurero y obstinado no había lugar para la derrota, lo cual lo demostró con una nueva expedición que preparó y que él mismo encabezaría.

Durante el resto del año de 1533 y parte de 1534, Cortés se dedicó a tratar de recuperar su barco La Concepción que se encontraba en poder de su enemigo Nuño de Guzmán, sin embargo, al estar aliado con la Audiencia de México se negó a dar una respuesta satisfactoria, por lo que Hernán Cortés cansado de las dilaciones decide integrar un gran contingente para rescatar su barco, lanzarse a la empresa de explorar y colonizar las tierras que encontró Fortún Jiménez. Fue así como partió durante el mes de febrero de la Ciudad de México con rumbo a Nueva Galicia, no obstante, antes de esto, envió un mensaje al aserradero de Tehuantepec en donde ya estaban listas tres naves que saldrían hacia la provincia de Chametla y lo esperarían allá.

Cuando Cortés da a conocer sus planes para explorar las nuevas tierras, unos 300 españoles y sus esposas solicitaron formar parte de su expedición, así mismo, llevó un poco más de 150 caballos, así como indios amigos y esclavos. Se dice que todos los que lo siguieron fueron un total de 500 personas. Para principios del mes de abril, Cortés y su gente llegaron al pueblo de Compostela en donde residía Nuño de Guzmán, después de una breve reunión se le regresa su nave y se le deja continuar su viaje hacia la costa, donde lo esperaban sus barcos, de esta reunión hizo la siguiente reseña:

Desde el puerto de Ciguatán, que es provincia de Colima desta Nueva España, escribí a ese real consejo cómo, por ciertas causas que allí expresé, me iba a embarcar en un puerto de la Nueva Galicia, donde a la sazón era y agora es Nuño de Guzmán gobernador. Y en un pueblo que se dice Compostela, donde el dicho Nuño de Guzmán reside, me detuve algunos días por dar descanso a la gente y por rehacerme de algunos bastimentas para cierto poblado que había de pasar (Hernán Cortés, Cartas y documentos, 1915, como se citó en Lazcano, La Bahía de la Santa Cruz. Cortés en California. 1535-1536, 2006).

Al llegar al puerto de Chametla, Hernán Cortés dirigió personalmente las operaciones de embarco de bastimento suficiente, así como de toda la tropa que cupo, sin embargo, como eran demasiados, una parte de los hombres, las esposas, y un buen número de caballos tuvieron que quedarse en este lugar al mando de Andrés de Tapia en la espera de regresar por ellos en otro viaje.

El 18 de abril de 1535, Cortés partió de Chametla en sus naves llamadas San Lázaro, Santa Águeda, y Santo Tomás. Debido a vientos contrarios la navegación se prolongó por doce días hasta que por fin el 1º de mayo divisan tierra y empiezan su travesía con rumbo al punto donde había desembarcado Fortún Jiménez casi un año y medio antes. Fue el 3 de mayo que, Cortés desciende junto con sus hombres a la playa y nombra al sitio como Bahía y Puerto de la Santa Cruz por haber llegado el día en que se celebra a este santoral. Deseosos de iniciar con esta nueva aventura se envía a las tres naves de regreso a Chametla para que traigan consigo al resto de la expedición, algo que lamentarían por mucho tiempo y que costó la vida de muchos de ellos.

El trayecto de estas tres naves por el golfo fue bastante accidentado, ya que por ser temporada de huracanes fueron sorprendidos en dos ocasiones y dispersados en una gran extensión de costa, una de ellas encalló en Guayabal (Nayarit) y la otra en Jalisco. Solamente, la nave más pequeña, la San Lázaro pudo regresar a la Santa Cruz. Al ser informado de tan desafortunada situación y ver que sus hombres empezaban a morir de hambre, Hernán Cortés decide él mismo encabezar la búsqueda de sus otros barcos y traerlos consigo para alimentar y proseguir su colonia.

En su primer viaje de rescate sólo pudo localizar y poner en condiciones de navegar a la Santo Tomás, se surtieron de nuevo bastimento y se enfilaron hacia la Santa Cruz, pero al final, sólo Cortés y la San Lázaro pudieron llegar. Al arribar a este sitio encontraron que muchos de sus hombres habían muerto de hambre, otros más murieron por su mal estado y la gran cantidad de comida que consumieron, lo anterior queda dramáticamente descrito en este párrafo:

Los españoles que allí había dejado estaban trashijados de hambre, y aun se habían muerto más de cinco, y no podían buscar marisco, de flacos, ni pescar, que era lo que los sostenía. Comían yerbas de las que hacían vidrio, sin sal, y frutas silvestres, y no cuantas querían. Cortés les dio la comida por mucha regla, porque mal no les hiciese, que tenían los estómagos muy debilitados; mas ellos, con la hambre, comieron tanto, que se murieron otros muchos (López de Gomara, Historia de la Conquista de México, 2003, como se citó en Lazcano, La Bahía de la Santa Cruz. Cortés en California. 1535-1536, 2006).

Durante el tiempo que Cortés estuvo en la California se dedicó a organizar su incipiente misión: nombrar a un cuerpo de gobierno, así como enviar a diferentes expediciones; se cree que fueron cuatro hacia los territorios del norte y sur de la bahía. Una de estas exploraciones llegó hasta lo que hoy se conoce como Cabo San Lucas, y la otra que fue hacia el septentrión exploró Bahía Almejas o quizás hasta Bahía Magdalena. Durante su estancia tuvo muchas dificultades con los indios guaycura que habitaban la ensenada, ya que ellos aún recordaban los problemas que tuvieron con los otros extraños que habían llegado antes (Fortún Jiménez y sus hombres).

A pesar de que Hernán Cortés demostró mucha diplomacia y tolerancia hacia los naturales de la península, lo cual quedó de manifiesto en las instrucciones que entregó a los hombres de cada una de las expediciones tierra adentro, los naturales de la bahía siempre le demostraron su rechazo. Para ellos, Cortés y sus hombres representaban una constante amenaza para su fuente de agua primaria, un aguaje cercano a la playa del cual ellos también dependían, por lo que constantemente atacaban a los españoles lanzándoles flechas.

El principio del fin de esta expedición ocurrió a finales de marzo o principios de abril de 1536, cuando su esposa Juana de Zúñiga, así como el recién nombrado primer virrey de la Nueva España Antonio de Mendoza, enviaron un grupo de barcos portando sendas cartas donde requerían la presencia de Cortés en la Ciudad de México. Algunos historiadores consideran que fue el pretexto que Cortés necesitaba para tener una salida airosa de la desastrosa empresa que había representado el establecimiento de esta colonia.

Al partir de la Santa Cruz, Cortés dejó una buena cantidad de provisiones a sus hombres y nombró a Francisco de Ulloa como su capitán. Pasados unos cuantos meses de la llegada de Cortés a la capital, el Virrey le pidió que enviara por los hombres que quedaron en la Santa Cruz. Con ello llegó el final de esta empresa que fue un desastre económico y en reputación para Cortés, pero un paso hacia adelante en la invención de la California.

Bibliografía:

Carlos Lazcano S., El descubrimiento de California. Las expediciones de Becerra y Grijalva a la Mar del Sur 1533-1534, Ensenada, Fundación Barca A.C., 2004.

Hernán Cortés, Cartas y documentos, 1915.

López de Gomara, Historia de la Conquista de México, 2003.

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