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¿Es la lucha armada la única vía para conservar a Gaia?

24-Nov-2020

OPINIÓN Por Mario Jaime

IMAGEN: Internet

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

La historia de la vida sobre la Tierra se puede resumir como un milagro.

La historia de la humanidad se puede resumir como una mierda.

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Desde la probable extinción del Homo nearderthal por el Homo sapiens hasta los asesinatos que ocurrieron hoy por la mañana en cualquier ciudad del mundo, la historia es un conglomerado de violencia. De otra manera, no se puede entender el mercado de armas y la manutención de los ejércitos cuyo presupuesto sobrepasa el de la educación en algunos países.

El hombre es un asesino por excelencia: mata para comer, mata por venganza, mata por poder, por odio, por miedo, para ganar comodidad, ¡por amor!, por defensa, por conceptos tan vacíos como patria, soberanía, Estado; la mayoría mata por placer o pasión, aunque lo niega.

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Los pretextos que han encendido las guerras son realmente estúpidos; han ido desde asesinatos de príncipes hasta partidos de fútbol. Los verdaderos intereses que las motivan son la obtención de recursos naturales, comida, agua, petróleo, metales, bosques, costas, mujeres…

Pero, ¿la violencia a gran escala está basada en la individualidad? ¿si no existiesen soldados no habría matanzas? ¿si no existieran armas no habría violencia? ¿O no? Los civiles enarbolarían palos y piedras de cualquier forma. Infórmese de los linchamientos que realiza “el pueblo” en todo el mundo. ¿La obediencia ciega de los militares para con sus superiores no es sino el subconsciente de poder matar bajo un amparo social?

En otro ámbito, los vestigios de naturaleza silvestre son demolidos a cada segundo sin que a la mayoría de las poblaciones humanas les impacte. El ‘progreso’ que eleva las civilizaciones despedaza la vida.

Las extinciones a lo largo de 4 mil millones de años habían sido azarosas pero selectivas, según Darwin. ¿Y hoy? Parte de la biodiversidad está amenazada y a la mayoría de la gente no le interesa por dos factores: no la conoce y por lo tanto no le maravilla -o le es indiferente-, cualquier vida que no se concentre en su plano familiar o social más cercano. Enumeraré tristemente algunos datos de los libros rojos (red data books) que clasifican por medio de estudios profundos las especies y los hábitats en peligro.

Los cambios provocados por el hombre que han disminuido las especies son: destrucción de hábitat físico (construcción de carreteras, ciudades, marinas, asentamientos humanos en general en zonas vírgenes), desplazamiento por especies introducidas (hombres, ratas, cabras, gatos, etc), alteración por contaminantes químicos y sobrepesca.

La quinta parte de las especias de aves de todo el mundo han sido eliminadas en 2000 años como consecuencia de la ocupación humana en las islas. El 20% de las especies de peces dulceacuícolas se han extinguido. Solamente en Alemania, el 30 % de las especies de insectos están amenazadas, los hongos de Europa occidental se encuentran al borde de una extinción en masa. Los ejemplos sobran, que el lector mire su hogar, el espacio que ocupaba su casa fue antaño quizá una pradera, un manglar o parte de una pluriselva.

El poco respeto que nuestra especie tiene por otras sobresale en la indiferencia. Sin embargo, existen grupos e individuos dedicados a una lucha constante y que la mayoría de las veces fracasa en contra de la destrucción masiva. Es una tarea pacífica que no funciona y si logra resultados son a largo plazo. Activistas que protestan con pancartas, bloqueos de carreteras o sirviendo de escudos humanos, como en la década de los 70 en contra de los balleneros. Los grupos más avanzados ejercen acciones legales buscando cualquier vía para detener las construcciones, el avance de las ciudades o la consolidación de fábricas y empresas. Loable labor necesaria de soñadores. Fuera de las especies que le parecen simpáticas al gran público, como algunos delfines, ballenas, tortugas marinas y alguno que otro mamífero, la mayoría de la diversidad carece de empatía con la humanidad y, por lo tanto, no se les toma como objeto de protección.

Las vedas de caza y pesca no se dan para proteger las especies sino para proteger el recurso económico, las asociaciones por los derechos de los animales logran poco fuera de llamar la atención y evadir impuestos.

En este contexto, y pensando en la condición humana, surge la pregunta: ¿Serán las acciones armadas la única vía para proteger a la naturaleza? Quisiera contestar que no, pero en el futuro se vislumbra como una respuesta a la indiferencia de las masas. Lógicamente, la población vería con animadversión estas acciones, pero siempre existen los aventureros que pueden dar la vida por la vida, aunque sea en un camino equivocado y, en general, serían mercenarios bajo fuerzas políticas en la sombra.

Si los hombres han empuñado las armas por su libertad, por sus intereses y para proteger los intereses de otros, con más razón podrían levantar el puño para proteger de una vez por todas lo único sagrado que existe: el propio planeta.

Muchas objeciones le veo a estas acciones, la violencia sólo genera sangre, pero no sería nada raro que un grupo de idealistas cansados de luchar por métodos que no conducen a nada se lancen a terrenos radicales. Lamentablemente, sólo tomamos en serio un problema cuando hay una fatalidad de por medio.

He aquí una paradoja, sí lo que más se respeta es la vida, ¿por qué atentar contra otras vidas humanas para proteger ecosistemas, insectos, reptiles, peces, árboles y paisajes? Una posición cínica, pero sincera, podría argumentar que la prioridad son muchas especies y no sólo una. Si el hombre tuvo, coincidente o causalmente, la capacidad de destruir su ambiente, también tiene la capacidad para salvarlo de él mismo.

En ‘Sobre héroes y tumbas’ del genial Sábato, un anarquista, sostiene que nadie tiene derecho a matar a nadie, toda la vida es sagrada y por eso él sólo come verduras. A lo cual otro personaje le responde: Es probable que comiendo lechuga usted mejore el funcionamiento de sus intestinos, pero me parece muy difícil que pueda echar abajo a la sociedad burguesa.

Una respuesta semejante daría el nuevo radical imbuido por coordenadas marxistas o bakunianas cambiando ‘la sociedad burguesa’ por ‘la destrucción de las especies’. El concepto de que todo lo que el ser humano añade a la naturaleza sale sobrando, incluso la perjudica, incluyendo él mismo.

Imagino escenarios.

Pequeñas lanchas, pangas o embarcaciones que echen a pique camaroneros con sus redes de arrastre asesinas, tiburoneros, balleneros, comandos que ametrallen pescadores, pongan bombas en los atracaderos, buceen para cortar redes de fondo. Nuevos piratas refugiados en islotes, renovando hermandades costeras al ritmo del oleaje y la libertad.

Grupos de guerrilla en las selvas y bosques, realizando incursiones relámpago para emboscar cazadores furtivos, taladores, requisando equipo pesado, impidiendo que la gente invada los terrenos vírgenes.

Espías infiltrados en fábricas, saboteadores de laboratorios contaminantes; terroristas con blancos específicos, empresas petroleras, empresas de transporte, constructoras, hoteleras.

Agentes vengadores, asesinos silenciosos de toreros, carniceros, cazadores, pescadores, saqueadores de nidos, contrabandistas de flora y fauna, obreros, dueños de capitales ingentes.

Todos estos grupos en la clandestinidad, nuevos insurgentes apátridas, la Tierra como bandera y el humano como blanco. Acciones de años, rápidas pero incesantes. Los estados y la opinión pública contra ellos, moviéndose siempre al margen de la clandestinidad, sabiendo de la batalla perdida, pero enhiestos en la constancia. Románticos anarquistas que no buscan armonía social sino un mundo otra vez virgen, otra vez al albedrío del devenir genético sin la intrusión de simios inconscientes.

Hermanos que dedican su vida, no sólo a la contemplación y la aprehensión de la belleza y la majestuosidad natural, sino que establecen acciones como una fogata poderosa que se alimenta del respeto y la libertad. Destinados a ser víctimas de sus ideas, porque deben morir aceptando ser parte del problema, sabiéndose virus, sabiéndose cáncer. ¿Nada más heroico que su suicidio aspirando los finos aromas de las magnolias que defendieron?

Porque les llegaría la noche, donde deben mirarse al espejo y verse convertidos en lo que más odiaron pero con la dignidad intacta de ser una mierda sincera. Como todas las revoluciones, está condenada al fracaso, pero sería mucho más arrogante, aristócrata y lúcida; como si de pronto, algunos hombres hubiesen recobrado la conciencia de la vida pero sumidos en la vorágine de la muerte.

Sin duda, estas tácticas estarán condenadas al fracaso al ser regionales y conformadas por pequeños grupos. Para triunfar deberían concentrarse en acciones a gran escala, contaminadas por contextos políticos que no vendrían al caso. ¿El triunfo implicaría aceptar nuestra propia extinción?

Esto no es algo ficticio.

En el África negra, los comandos gubernamentales ya han cobrado vidas. En 2015, algunos oficiales del Servicio de Vida Silvestre de Kenia asesinaron a tiros a uno de los cazadores furtivos más buscados en el bosque Rumuruti, al oeste de Laikipia.

Existe también el lado ilegal. Los grupos llamados eco terroristas como el FLA, que mandó bombas a Margaret Thatcher en los 80’s y cuyos miembros han intentado envenenar con raticida productos para detener la experimentación con monos. Varios de sus miembros han sido condenados a prisión por diversos actos. El Frente de liberación de la Tierra ha sido acusado de más de 600 actos de violencia y sabotaje. En 2008 incendiaron laboratorios de animales transgénicos en la Universidad Estatal de Míchigan.

A pesar de haber sido capturado en 1996, el matemático Unabomber  sigue inspirando a grupos como el mexicano Individualistas Tendiendo a lo Salvaje; que en 2011 intentaron asesinar a una investigadora en nanotecnología y cuyos miembros han quemado fábricas y tiendas en Ecatepec y en Querétaro. En 2016, se atribuyeron el asesinato del jefe de Servicios Químicos de la Facultad de Química de la UNAM; a pesar de esto, en 2019 el presidente López Obrador negó las pruebas de sus actos. Este grupo se denomina eco extremista y su ideología es una copia barata del mito del buen salvaje de Rousseau.

Estas cosas no sirven sino para generar más violencia y pergeñar la realidad de odio.

Ahora… ¿salvar a Gaia? ¡Vaya arrogancia! ¿Salvarla de qué? Lo que llamamos Naturaleza ha demostrado una resiliencia feroz en muy poco tiempo. Revise usted los ejemplos de Chernóbil, el atolón de Bikini o ciertas áreas de Yellowstone. Cabo Pulmo es un ejemplo puntual. Ante el descanso de la actividad antropogénica intensa, los ecosistemas se levantan de forma integral.

¿Seguimos pensando que somos tan importantes -para bien o para mal- para un planeta indiferente y mayestático?

Lo cierto es que es una vía. ¡Quien sabe cuántos se unirían a la lucha!

Sería monstruoso pero… ¿digno de la Diosa?

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