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El retablo de la iglesia de San Francisco Javier. Una luminosa alegoría de amor al Creador

30-Ene-2020

ARTÍCULO Por Sealtiel Enciso Pérez

FOTOS: Internet.

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A la llegada de los Jesuitas a la California iniciaron de inmediato con la construcción de las Misiones y como parte central y preponderante de las mismas, el levantamiento de los templos o iglesias. El propósito central de estas singulares estructuras era, por un lado, cumplir con la celebración de la liturgia cristiana, pero por otro el que fuera el espacio por excelencia para la conversión de los naturales a la verdadera fe.

Conforme estos pueblos misionales fueron creciendo y en ellos se tuvo la oportunidad de hacerse de suficientes recursos económicos, los templos se fueron enriqueciendo con pinturas y ornamentos, los cuales tenían que ser traídos desde el centro de la Nueva España. Aquí pasaremos a analizar el hermoso retablo central de la Iglesia de San Francisco Javier Vigge Biaundó.

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En primer lugar es necesario que definamos algunos términos que, por el hecho de ser tan cotidianos, en muchas ocasiones olvidamos su significado. La palabra templo viene del latín templum que designa “lugar sagrado”. Desde que el ser humano empezó a explicarse su origen así como el de los fenómenos que apreciaba en la naturaleza trató de crear sitios, reales o ficticios, en donde morara aquel ente que lo hubiera creado, motivo por el cual las principales civilizaciones, desde hace milenios han tenido espacios sagrados o templos en donde rinden culto a sus deidades. En el caso del cristianismo como depositario de muchas creencias espirituales antiquísimas, la idea de los templos subsistió y con el paso de los siglos estos sitios fueron haciéndose más complejos, llenos de riquezas y sobre todo cargados de una gran cantidad de símbolos, con el fin de explicar los dogmas y principios de su religión.

Al interior de los templos se erigieron espacios en los cuales se llevaban a cabo diversos rituales como la ceremonia de la misa, los bautismos, los espacios de oración discreta, para confesión, etc. A partir del siglo XV en la parte frontal de las iglesias se empezaron a construir unas estructuras denominadas retablos, los cuales tenían el propósito de sintetizar las principales ideas de la religión católica, así como expresar pasajes bíblicos y de la vida del santo al cual estaba consagrado dicho templo.

Conforme a la característica que definió la parte ritualística de la iglesia católica, los retablos fueron sometidos a un largo proceso de sistematización, tanto en su diseño como en sus símbolos, de tal forma que nos llegaron a la Nueva España a partir del siglo XVI, ya con un aspecto bien definido que era replicado en las diversas iglesias que se construyeron.

En el caso de la iglesia que se construyó en la Misión de San Francisco Javier de Vigge Biaundó, el sacerdote Miguel del Barco hizo traer una serie de pinturas y una estructura de madera previamente diseñada desde el Colegio Jesuita de Tepotzotlán, en lo que hoy es el Estado de México, para que fuera colocada en el altar principal de esta iglesia. El traslado de este retablo hasta la remontada Misión de San Javier fue toda una odisea que requirió no sólo de muchos días, sino de un gran esfuerzo por parte de los arrieros y soldados, ya que los caminos para llegar desde el centro de la Nueva España hasta las costas de Sonora eran de muy difícil tránsito además de tener  que sortear su traslado en barco hasta Loreto, con grave riesgo de perderlos ante una turbonada. Sin embargo el propósito se logró, quedando instalado en su sitio demostrando la gran destreza y maestría de los artesanos que participaron en ello. Esta instalación se hizo entre los años de 1750 a 1760.

El mencionado retablo fue elaborado en madera tallada, ensamblada, estofada (recubierta con una fina capa de yeso, posteriormente cubierta con placas delgadas de oro y finalmente pintadas con laca para fijar y evitar estar expuestas a las inclemencias del tiempo y el polvo) y policromada (de diversos colores). Tiene un alto de 9.30 mts. Y un ancho de 5.9 mts. El estilo bajo el que fue elaborado corresponde al barroco, presenta imágenes talladas las cuales están pintadas de forma policromada. Consta de dos cuerpos y un remate y en la parte inferior tiene dos puertas. Cuenta con 8 óleos: San Miguel Arcángel, San Luis Gonzaga, San Antonio de Padua, San Joaquín, La Santísima Trinidad, Santa Ana, San José y el niño con la cruz, la imagen de San Francisco Javier y San Pablo. En el sagrario se aprecia también una hermosa pintura representando El Sagrado Corazón de Jesús. En los intersticios de los óleos se aprecian, talladas en la madera, unas caras de angelitos, además de 4 caras más que al parecer representan a los evangelistas.

Pasaremos a describir brevemente los óleos que se encuentran en las secciones de esta Retablo: en el Remate apreciamos en el centro la imagen de San Miguel Arcángel. Podemos observar a un joven el cual se encuentra parado sobre 3 ángeles. En su cabeza porta una corona y fue pintado con alas extendidas. La mencionada figura se encuentra envuelta en un manto rojo, el cual por efecto de los claroscuros pareciera como que si estuviera en movimiento. Porta una espada y una pechera de color azul con flecos. Su mano izquierda se encuentra elevada a la altura de su cabeza y tras de ella se aprecia una esfera con la frase latina quis ut deus (quién como Dios).

Al lado derecho podemos apreciar un óleo representando a San Luis Gonzaga. Este personaje vivió en los años de 1568 a 1591 en lo que hoy conocemos como Italia. Era descendiente de personajes nobles, sin embargo desde muy pequeño renunció a sus títulos e ingresó a la orden de los jesuitas; debido a su dedicación en la atención de los enfermos de peste en Roma fue contagiado de esta enfermedad y murió a la temprana edad de 23 años. Fue canonizado en 1726. El personaje del óleo está vestido con una sotana y porta el sobrepelliz. Frente a él y sobre una nube se encuentran 2 ángeles. Se le aprecia con una corona en la mano derecha y una azucena en la izquierda, como símbolo de pureza y castidad.

Finalmente al lado derecho se ve un óleo que representa a San Antonio de Padua. Este santo vivió de 1195 a 1231, aunque nació en Portugal la mayor parte de su vida la realizó en Italia. Se ordenó en la orden de los Franciscanos y fue un gran conocedor de las escrituras de la iglesia además de un elocuente orador. En esta pintura se le representa de forma frontal, hincada y con un niño Jesús en los brazos, el cual porta una azucena. Se encuentra cubierto con el hábito franciscano y al estar pintado con pliegues refleja cierto movimiento. En la parte superior aparecen dos angelitos sobre un hermoso cielo azul.

El primer cuerpo del retablo nos ilustra en su parte central a la Santísima Trinidad. En este cuadro aparecen 3 personas masculinas con idéntica cara, quienes descansan sobre 7 querubines. La figura central, la cual representa al Padre, porta en su mano un cetro. Los ropajes blancos dan una sensación de volatilidad a las imágenes. Al lado derecho de este cuerpo se aprecia el óleo con la imagen de San Joaquín, el padre de la Virgen María. Se dice que San Joaquín estuvo casado por 20 años con la madre de María y no podían tener hijos, hasta que sorpresivamente se le aparece un ángel el cual le anuncia que ese mismo día su esposa quedaría embarazada. La figura que se retrata en el óleo muestra a un hombre anciano pero con rasgos muy finos, de barba blanca. Está vestido con una túnica azul y un manto de color rojo. Los pies están enfundados en unos calcetines que dejan ver los dedos.

En la parte superior de la pintura, flotando en el aire, se ve a 4 angelitos. Del lado derecho, el óleo restante, representa a Santa Ana, la madre de la Virgen María. En la imagen se aprecia a una mujer joven, de rasgos muy hermosos y delicados y con unas palmas de las manos muy blancas. Viste una túnica con un manto rojo. En la parte superior del cuadro se aprecian 4 caras de angelitos.

En el segundo cuerpo del retablo, en su centro se aprecia una escultura de madera representando a San Francisco Javier. Al igual que el resto del retablo está pintado con la técnica del estofado y policromado. Sobre su cabeza se aprecia un nimbo o aureola de metal con pedrería. Su altura es de 1.52 mts. y el ancho es de .62 mts. Esta imagen fue elaborada con ojos de vidrio y portando una hermosa sotana, la cual intenta recrear estar en movimiento a través de sus pliegues y los claroscuros. Porta una cruz en su mano izquierda la cual no es la original y se puede leer una leyenda en su base que dice “Narciso Flores mandó retocar en 1891”. Del lado izquierdo se aprecia un óleo representando a San José y el Niño con la Cruz. La imagen de San José carga en su mano izquierda una vara florecida y se encuentra de pie, a su lado camina un niño cargando una cruz demasiado grande para su cuerpo. El trabajo de pintura fue muy bien hecho, lo cual refleja el gran nivel en cuanto a este arte que se había alcanzado en la Nueva España.

Finalmente del lado derecho se aprecia el óleo de San Pablo. Este santo era de origen judío, pero por haber nacido en Sicilia se le consideró romano. En un principio persiguió a los judíos, pero tuvo una instantánea conversión lo cual lo transformó en un apóstol. Fue encarcelado por sus ideas y cuando esperaba la muerte por decapitación escribió sus famosas Epístolas. Comúnmente se le representa con una espada en una mano y un libro en la otra. En el caso de este óleo se le representa como un hombre de edad madura, de abundante cabello y larga barba. Se encuentra vestido con una túnica y en sus manos una espada y un libro. Al fondo se dibuja un paisaje plagado de nubes.

Completando este retablo maravilloso, en la parte inferior se aprecia un sagrario (lugar donde se guarda la Sagrada Hostia en los Templos) en cuya puerta de madera está pintada la imagen del Sagrado Corazón de Jesús con la técnica del óleo. El Sagrado Corazón de Jesús es el símbolo del amor de Dios a los hombres, en donde la cruz que está en la parte superior del corazón es símbolo de expiación, salvación y redención, lo cual brinda el cristianismo. En el caso de la pintura se aprecia en su parte central un corazón del cual emerge una cruz y está rodeado de una corona de espinas. Está rodeado de 8 caritas de ángeles y querubines en adoración.

Al interior de este maravilloso templo podemos apreciar muchas otras maravillosas estructuras litúrgicas pero eso será motivo de otros artículos. Espero que nuestros lectores al final este documento se motiven a visitar, seguir indagando y conociendo toda la belleza que encierran nuestros templos o iglesias ex misionales.

 

Bibliografía:

  • Las Misiones De Baja California/The Mission Of Baja California, 1683-1849. Una reseña histórico – 1957 del Dr. W. Michael Mathes (University of San Francisco)
  • Descripción e inventarios de las Misiones de Baja California, 1773 – Eligio Moisés Coronado
  • Arte Sacro en Baja California Sur Siglos XVII – XIX Objetos de culto y documentos – Bárbara Meyer de Stinglhamber
  • Arquitectura en el desierto: Misiones Jesuitas En Baja California – Marco Díaz
  • El Camino Real y Las Misiones De La Península De Baja California – Miguel León Portilla

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