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El lenguaje instrumental en las nociones sobre la vida y lo viviente (II)

12-Nov-2019

ARTÍCULO Por Mario Jaime

Daniel Smith Paredes / Dr. Bhart-Anjan S. Bhullar / Nikon Small World 2019

FOTO: Daniel Smith Paredes / Dr. Bhart-Anjan S. Bhullar / Nikon Small World 2019

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La organización de lo vivo fue evolucionando de una idea molecular de la vida a mediados del siglo XIX hacia un regreso a las regulaciones orgánicas. No es banal el que J.D Watson —quien descifrara con Crick la estructura del ADN— cambiara el título de su obra de Biología molecular a Biología molecular de la célula.

Por otro lado, el concepto de Ciberciencia de Keller en 1948 abrió nuevas perspectivas. La telegrafía o tele transportación de mensajes entre los seres vivos permearon como metáforas biológicas provenientes de las teorías de la información.

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Para François Jacob, el organismo vivo es una máquina cibernética. De ahí se filtraron conceptos como mensaje genético o programación genética hacia la biología del desarrollo. Las células se comparan a computadoras que intercambian información entre sí. Sin embargo, como piensa Anne Fagot-Largeault, ni la nutrición, ni la reproducción, ni la defensa contra la depredación son problemas que se plantean las computadoras.

Lovelock, en 1979 hizo una analogía del planeta como un super organismo: Gaia, lo que derivó en una metafísica totalitaria de su unidad en las teorías sistémicas.

FOTO: Mario Wong

Otros no están de acuerdo con que la Naturaleza sea un Ser debido a sus creencias religiosas. Lamark y Buffon, desde su cristianismo, consideraban a la Naturaleza como un sistema de leyes establecidas por el Creador. Según ellos, la Naturaleza no es un Ser sino una potencia viva, inmensa, que abarca todo pero se subordina a Dios.

Como la vida se resiste a clasificaciones rígidas —pues la evolución es un hecho, hay muchos tipos de reproducción y en algunos organismos sus estrategias reproductivas pueden cambiar, las células forman tumores, hay mutaciones, etc. — algunos pensadores tienden a usar conceptos plásticos. Como François Jacob que usó el término bricolaje (tinkening) para expresar el carácter oportunista de la evolución. Según Cournot la aparición de formas nuevas es un desafío para la racionalidad nomológica.

La inasibilidad de la vida a los conceptos lleva a los filósofos y científicos a rozar la poesía. Por ejemplo Anton Danchin escribe que “los organismos vivos son sistemas materiales que están construidos para construir lo imprevisto”. Ciertas metáforas se consideran hipótesis irrefutables pues, epistemológicamente no pueden confirmar que el objetivo es a lo que se apunta. Estas son teleológicas como: los virus realizan una estrategia de invasión celular.

En el Mundo como Voluntad y Representación, Schopenhauer lo llama asombro teleológico. 

Adorno y Hockheimer realizaron una crítica de la razón instrumental preguntándose sobre el fracaso del Iluminismo constatado por las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Según la Escuela de Frankfort, en el siglo XX  la técnica fue la esencia de saber. (positivismo lógico). Lo que los hombres quieren aprender de la naturaleza es la forma de utilizarla para lograr su dominio integral. Ninguna otra cosa cuenta. Sin miramientos hacia sí mismo, el Iluminismo quemó el último resto de su propia autoconciencia. Así, la naturaleza se transforma de un en sí, en un para él, esto es, en sustrato de dominación, de apropiación por parte del hombre. El sujeto, a su vez, siendo el dominador en cuanto tal, para serlo determina una relación consigo mismo de sojuzgamiento.

Muchos científicos dejan de ser sabios para convertir su trabajo en un oficio al servicio de lo inmediato. El pensamiento de muchas investigaciones se reduce a reproducir regularidades. Expresa el predominio de un pensamiento que se detiene en los datos inmediatos, en el nomen, nombre, dato como número sin un concepto desarrollado. De esta forma “lo pensado”, ya no es lo nuevo sino lo que ha sido decidido de antemano en su estructura.

FOTO: Donald Gutoski

Ya no son las matemáticas de Pitágoras ni Galileo sino una estadística ramplona. Según Adorno y Hockheimer el número se convierte en el canon del iluminismo positivista, reduciendo a priori lo heterogéneo a lo abstracto. El mundo como gigantesco juicio analítico pierde la dimensión de lo nuevo y del misterio.

Recordemos que la palabra riqueza en la antigüedad significaba lo que no tiene precio como la luz solar. Actualmente es sinónimo de dinero y producción material. La naturaleza devino en recursos naturales. Concepto ligado a la economía; la vida adquiere un valor monetario y se incorpora al mercado. La alienación total es supeditar absolutamente lo interno a la lógica del dominio, al dominio de la naturaleza y de otros seres, la adaptación absoluta al mercado, o al consumo.

Así, la vida se calcula, no se aprecia. Por ejemplo, en 1991 se filtró públicamente un memorándum del Banco Mundial en donde su economista en jefe de investigación apoyaba la exportación de residuos a países subdesarrollados.

El argumento detrás de esta decisión se sustentaba en que la esperanza de vida en estas naciones es menor que en las desarrolladas y las rentas percibidas son más bajas; así que, económicamente, es más acertado exportar contaminación ya que se cuantifica el precio de las vidas de los pobladores de países pobres en una décima parte de la vida de los de países ricos.

En un reporte del gobierno japonés defendiendo la caza de las ballenas se puede leer que los cetáceos consumen tal cantidad de recursos pesqueros que se han vuelto una plaga[1].

El uso de nombres de animales como epítetos peyorativos es un claro ejemplo del pensamiento de superioridad. Cerdo, zorra, cabeza de chorlito, cucaracha, insecto o la misma palabra animal pueden operar como insultos. Otra vez la tradición religiosa nos guiña en la base de estas nociones. En el Evangelio de Mateo, el autor compara a los cristianos no judíos (circuncidados) con cerdos y perros. San Cipriano, obispo del siglo III, los herejes son bestias con forma humana y dragones venenosos. Las compara con machos persiguiendo a muchas cabras o con garañones que relinchan al olfatear la yegua, y también  con cerdos gruñidores y verriondos: a sus creencias las tacha de balidos, aullidos bestiales y ladridos.

El santísimo doctor de la Iglesia Católica y traductor de la biblia, San Jerónimo decía que los herejes eran reses para el matadero del infierno.

En el Corán los que se han separado del camino recto, es decir, los infieles, son: “aquellos a quienes Alá ha maldecido, aquellos contra los cuales está irritado, a quienes ha transformado en monos y en cerdos”.

Históricamente, también se han aplicado insultos humanos ligados a características de un animal. Por ejemplo, el caló español del siglo XVI incorporó el vocablo marrajo— matarife perdonavidas y bravucón— como sinónimo de un tiburón grande. También el lenguaje de esta época se refiere a los tiburones como cobardes y estúpidos; y en el siglo XX como máquinas perfectas de matar.

También hay un lenguaje exagerado que opera en sentido contrario. Después de la publicación en 1976 de Liberación animal de Peter Singer, ciertas ideologías exploran la homologación de los individuos humanos con los individuos animales y surgen conceptos como especismo antropocéntrico. Incluso la noción filosófica de persona tiende a extenderse hacia perros, delfines y otros primates

Cierto lenguaje tiende a antropomorfizar a los animales. Eso conlleva a cambiar la percepción sobre ellos, que a veces tiene consecuencias fatales. Werner Herzog explora esta tesis en su documental Grizzly man sobre la muerte de Timothy Treadwell, hombre que pasaba meses junto a los osos en Alaska.

Treadwell comenzó a alienarse y en su lenguaje llamaba a los osos hermanos o hablaba sobre la necesidad que tienen los osos de nuestro amor. Quién sabe qué tanto este lenguaje reflejaba una perspectiva torcida, el caso es que Timothy murió devorado por un oso grizzli.

FOTO: Mark Davies

Ahora, para los estudiantes de ciencias biológicas ¿qué lenguaje es el adecuado para referirnos a los fenómenos de la vida? ¿Cuáles son los argumentos detrás de nuestras decisiones?

Quedan ciertas cuestiones para el lector que desea filosofar:

¿Nuestras nociones sobre la vida son objetivas? ¿Es congruente el fenómeno de la vida con nuestras nociones de los seres vivos? ¿Podemos tener conceptos objetivos sobre un fenómeno en constante evolución como es la vida? ¿Inciden los vocablos en la percepción de los fenómenos vitales? ¿El lenguaje sobre los seres depende de los intereses y el entorno social e histórico o del conocimiento científico?

FOTO: Julia Gimmerlin

Considerando que el uso del lenguaje nos define y establece nuestras relaciones con el medio, no es banal pensar sobre el tema.

 

[1] Nótese el uso de los vocablos. Las ballenas no comen: consumen.  No comen animales o presas sino recursos pesqueros y en lugar de ser animales que hacen lo que hacen por sobrevivir se vuelven una plaga en perjuicio de los humanos.

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