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El lenguaje instrumental en las nociones sobre la vida y lo viviente (I)

29-Oct-2019

ARTÍCULO Por Mario Jaime

FOTOS: Internet.

La demencia de Atenea

Por Mario Jaime

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el pensamiento de Nietzsche si no hay fundamentos últimos no existe un lenguaje privilegiado sino muchos lenguajes que reclaman sus propios derechos.

Si todo es lenguaje nada puede escapar al dominio de lo simbólico. Según el loco genial, no hay hechos sino interpretación de los hechos. El lenguaje crea el objeto, no lo expresa nada más. El sistema de poder (sea cual sea) señala qué hay que entender y cómo entenderlo, ya sean los medios de comunicación, los padres de familia, las autoridades religiosas o los profesores y académicos. El lenguaje se vuelve un instrumento de poder y los conceptos herramientas al servicio de ideas o ideologías imperantes.

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¿La palabra es la cosa o evoca la cosa? ¿La palabra Nilo cabe en el Nilo como escribe Borges en su poema? Este problema filosófico irresoluble que Platón trata en su Cratilo es básico para abordar las relaciones de la posible realidad con la concepción humana. La verdad deviene en una construcción social surgida en un momento histórico dado que se vuelve dominante. Esta verdad incide sobre las ideas de muchas personas que son pensadas bajo ella en lugar de pensar sobre ella.

Michel Foucault plantea que en toda sociedad, el discurso es seleccionado y redistribuido por procedimientos que tienen como función conjurar el peligro. ¿Peligro de qué? ¿De qué el discurso haga tambalear el poder de los que lo detentan? ¿Algo así sucede en el ámbito científico cuando se someten artículos o trabajos ante el escrutinio de un comité?

Respecto a la vida, las palabras y los conceptos han evolucionado hasta adquirir una configuración propia del momento histórico en que se utilizan.

El conocimiento no es un asunto desinteresado. Su uso reditúa y ayuda a establecer jerarquías. Es por eso que el predominio de ciertas palabras sobre otras en el discurso biológico tenga una base nada inocente. El uso de metáforas, eufemismos y conceptos condiciona la relación entre el pensamiento y la cosa.

Así por ejemplo, el uso de justificaciones en los informes científicos se condiciona a un interés político o económico. ¿Por qué se tiene que justificar una investigación? ¿No basta con la pretensión de conocer la naturaleza?

El concepto de vida ha cambiado con los siglos. La palabra no significa hoy lo que significaba hace mil años. Pero el significado que se le de puede determinar las relaciones de aquellos que la utilizan con sus fines específicos. Según Foucault, la vida no existía antes del siglo XIX pues la noción entre ser vivo y ser no vivo no operaba claramente. La misma palabra biología fue usada en sentido moderno por Lamarck en 1802, antes de él se hablaba de una filosofía natural o de “historia natural”.

En la actualidad se utilizan eufemismos para referirse a los seres vivos y sus relaciones con nosotros como si fuéramos seres aparte. Por ejemplo, no se masacran tiburones o atunes, se capturan. Tampoco se asesinan ratas en el laboratorio sino que se sacrifican. A veces no se habla de monos o ratas sino de agentes control.

La separación del humano (hombre) de los demás seres vivos es una noción de poder. Para Descartes, por ejemplo, el hombre tiene una sustancia pensante y otra extensa o física mientras que los animales y las plantas sólo tienen sustancia extensa y por lo tanto carecen de alma y de raciocinio.

Negarle el alma o la razón a lo no humano ayuda a justificar la crueldad y la matanza. Despojar al otro de lo que nos hace humanos, contribuye a minimizar la responsabilidad de nuestros actos y a engrandecernos como si fuésemos los dueños y señores del planeta. Por ejemplo, entre los pescadores y marineros aún pervive la idea de que los tiburones no sienten dolor. Algunos fanáticos a la tauromaquia tienen la misma idea respecto a los toros de lidia. La filosofía judeo-cristiana y en general, la mediterránea de la antigüedad. le niega el alma a los no humanos e incluso a las mujeres.

En el Génesis 1: 27-28 podemos leer:

“Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo Creó; hombre y mujer los Creó. Dios los bendijo y les dijo: ´Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra; sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra´” (Las cursivas son mías).

Esta noción es mucho más antigua que el Génesis, escrito en tiempos del rey Josías. En el texto egipcio La Enseñanza para Merikare, del 2 200 a.NE se ilustra la relación de la divinidad con el hombre:

“Bien cuidada está la humanidad, el ganado de dios.

Él hizo el cielo y la tierra para ellos

Él dominó al monstruo marino,

Él creó el aliento para que pudieran respirar.

Ellos son sus imágenes, que surgieron de su cuerpo,

Él brilla en el cielo para ellos;

Para ellos él hizo las plantas y el ganado, las aves

y los peces para alimentarlos.”

Este dios creador es Ptha o Atum, principios divinos. Los mitos subrayan el carácter antropocéntrico. La tierra está creada para que nosotros la explotemos, nos nutramos de ella, la sojuzguemos.

En el Corán podemos leer: “Entre los animales, unos están hechos para llevar fardos y otros para ser degollados.” El dualismo alma-cuerpo se justifica en pos de un idealismo que busca la inmortalidad y la Gracia Divina como destino del hombre, pensamiento que en el siglo XIX se trocaría en un dualismo Naturaleza-Cultura, en la que los animales seguirían siendo servidores del hombre sin posibilidad de trascendencia.

¿De dónde viene el eufemismo sacrificio que se usa para justificar la investigación invasiva sobre otros seres vivos? Los sacrificios han sido una constante en casi todas las religiones. Derramar sangre y ofrecer la vida de otros para alimentar a los dioses es una actividad persistente de los ritos mágicos. Pero cuando se han disuelto esos vínculos entre el más allá y nuestra realidad, queda sólo la violencia. Entonces se cosifica al otro para minimizar el acto.

 

Una de las pocas religiones que se apartó de esta práctica es el Jainismo. Según la tradición, el Jainismo se escindió del Hinduismo por estar en contra de los sacrificios de animales. Así, el ahimsa, o la no violencia se extiende hacia todos los seres vivos. Los jainistas no consideran que los seres seamos iguales pero sí que el alma es material y por lo tanto atómica. La materia está llena de almas y al ser material cambia de tamaño, así el alma de un mosquito es pequeña mientras que la de un rinoceronte es muy grande. Según Juan Miguel de Mora, el Jainismo hace depender la ecología de la metafísica. Lo viviente es Jiva y es sinónimo de alma. El jiva siente y actúa por lo que la abstención de matar a cualquier viviente es la máxima virtud jaina.

En otro plano, que Mircea Eliade denominó religión de grado cero, el chamanismo, crea su lenguaje, crea las palabras que pueden designar lo que carece de nombre. Según Sergio Espinosa es porque el lenguaje nace de la noche y es temporal y único. El delirio provoca un lenguaje sin idioma, primitivo o místico según se desee parecido a la improvisación musical. Este lenguaje tiene como objetivo la curación mediante la conciencia de que ni el cielo ni el infierno son para nosotros. En el trance el cuerpo y el lenguaje se funden, lo desconocido es la fuente del saber y lo que se vive no es comunicable en el sentido de los conceptos.

La ciencia, por otro lado, tiende a clasificar a la naturaleza nombrándola y encasillándola. ¿Cómo clasificar lo que cambia, lo que evoluciona? A diferencia del chamán que entiende que el hombre no está escindido de lo natural, el científico separa a los otros de sí.

 

Ciertas doctrinas metafísicas piensan que el hombre participa de la autoconciencia de sí mismo y de sus acciones, evaluando las consecuencias mientras que los animales tienen sólo una conciencia inmediata que le impiden los actos reflexivos. Según esta doctrina pensada por Heidegger el hombre es la conciencia libre de la vida, mientras que el animal tan sólo vive.

No todos los filósofos occidentales han defendido la separación del hombre y los otros seres vivos. Boerhaave y La Mettrie redujeron el alma a un sentido interno basado en el movimiento corpóreo. Ligar los animales al hombre en este sentido no era nuevo, ya lo habían pensado los discípulos de Aristóteles: Estratón y Dicearco.

Para La Mettrie los animales y los hombres son máquinas orgánicas y más que máquinas pues alcanzan un lenguaje. La Mettrie en pleno siglo XVIII plantea una teoría de  la evolución orgánica, pues el hombre es un mono que ha adquirido un lenguaje especial.

En el siglo XIX Luis Büchner escribió  La Vida Psíquica de las Bestias donde señaló la importancia que presenta el estudio del alma animal.

Alfred North Whitehead pensaba en el orden de la vida en términos de una organización poética, con relaciones orgánicas:

“Así, un electrón dentro de un cuerpo vivo es diferente de uno fuera de él, a causa del sistema total del cuerpo. El electrón corre ciegamente tanto dentro como fuera del cuerpo, pero corre dentro del cuerpo, y este proyecto incluye el estado mental. Sin embargo, el principio de modificación es perfectamente general en toda la naturaleza y no representa ninguna característica peculiar de los cuerpos vivos.”

Continuará…

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