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El capitalismo y su producción de lógicas

08-Dic-2021

OPINIÓN Por Pablo Chiw
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Colaboración Especial

Por Pablo Chiw

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En 1994, Félix Guattari advirtió: las fuerzas que administran el capitalismo entendieron que producir subjetividades, tal vez sea la forma más importante de producción. ¿Cómo medimos la importancia, la trascendencia de estas palabras? Fácil: del cero al cien en términos de trascendencia, yo le pondría el cien.

Para explicarme un poco, voy a hacer algo temerario, utilizaré un ejemplo que puede despertar la furia de muchas personas, sin embargo y me excuso desde el inicio, se trata de un ejemplo y no refleja las preferencias ni sentimientos del autor.

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Los perrijos

Conozco gente que quiero muchísimo, que son personas maravillosas que tienen en su hogar perros con los cuales han desarrollado un vínculo afectivo profundo. Sin embargo, es relativamente reciente que este fenómeno se extendió.

Años atrás, gatos y perros tenían un valor afectivo similar al de un ratón, se mataban por cualquier motivo o incluso sin él. La gente echaba cebos envenados, los niños jugaban a matar gatos y decir “derechos de los animales” sólo lo escuchabas en sketches cómicos.

De hecho, una de las cosas más impactantes cuando llegué a Austria, fue ver que en el supermercado vendían huevos de gallinas felices. ¿Huevos de gallinas felices? ¿Y mucho más caros porque los crían en jaulas grandotas? ¡ah, chinga!

En la concepción del mundo que yo tenía en el 2007, jamás había escuchado ni en la televisión, ni en la escuela, ni en el trabajo, en ningún lado, decir que las gallinas eran infelices. Pero tampoco de los gatos, ni los perros. En ese tiempo era un tema de conversación inexistente.

Sin embargo, los perros pasaron de ser objetos que se pueden dejar en las azoteas a morir de hambre e insolación para convertirse en hijos adoptivos y consentidos en familias humanas. ¿Qué hicieron los perros para ascender tanto en la escalera del valor afectivo?

¿Qué pasó?

Bueno, creo que los perros siempre han hecho lo mismo, sin embargo, lo que cambió las cosas fueron seres humanos. ¿Cuáles seres humanos? ¿los activistas que nadie pela? ¿los humanos de la mercadotecnia?

Creo que los segundos, los humanos de la mercadotecnia, vieron en las ideas de los primeros —los activistas que nadie pela—, una posibilidad de lucro y abrieron mercado. Se comenzó a producir masivamente una nueva lógica: el amor por los perros y gatos (pero no por las ratas, ni las cabras), que exhibe nuestra calidad humana.

Entonces, ahora tenemos personas que tienen ocho perros encerrados en su casa de interés social, rescatando perritos de la calle y sintiendo el dolor, la rabia, la indignación que les ocurre cuando pasan por la calle y ven otra víctima más del abandono humano.

Vemos a personas que toman a sus perros y se los empinan en la boca para que su mascota los ataque con una multitud de besos de lengüita canina, la expresión humana de la bondad en toda su misericordia.

Aparecen infinidad de denuncias en redes sociales en contra de aquel malvado ser humano que tiene a un perrito amarrado, flaco, sucio o asoleado, acompañado de la frase filosófica: Quien no ama a los animales, no puede ser buena persona.

Una nueva lógica fue creada, expandida y bien fundamentada en los pilares de la obligación ética y la bondad humana. Lógica que, dicho sea de paso, maximizó exponencialmente la industria relativa al mercado canino y felino. O sea, en los 90 la gente les daba sobras a los perros, las croquetas fueron un producto para el cual las empresas pagaron millones en publicidad para posicionarlo.

En fin, con todo y todo, supongo que se trata de una historia con final feliz, todos ganan con esta nueva lógica.

Sin embargo, hay una cosa que me resulta fascinante y aprovecho para ponerla en la mesa. Hay buenas personas que aman a sus perrijos con una pasión incuestionable, pero que odian a los migrantes… ¡Ah, cabrón!

Sí, un quiebre muy derridiano

(La contradicción interna al discurso como el punto de quiebre).

O sea, ¿por qué buenas personas que aman a los animales odian a los inmigrantes? Claro, es bien sencillo brincar el charco y situarnos en Norteamérica, y pensar en las ñoras ricas que se andan besuqueando con sus labradores y al mismo tiempo echándole la migra a los paisanos.

Pero con la misma facilidad nos podemos situar aquí en México, con la palomilla que anda haciendo “croquetones” para alimentar a los perritos de la calle, pero nunca le daría un taquito a un hermano centroamericano que anda huyendo de la Guardia Nacional. Eso significa que una buena persona con los perros, puede también puede ser mala persona con otros seres humanos.

¿Cuál es la lógica? Hago el “croquetón” por amor, pero denuncio al migrante centroamericano porque se van a quedar a robar, desea nuestros trabajos, quizá son violadores o traen enfermedades y ni siquiera son sus mejores elementos. Entonces, lo correcto es, si no denunciar, de perdida hacerles el feo y no darles comida.

¿Suena familiar? Sí, son más o menos las palabras de Trump dichas por cualquier persona en cualquier país que está adscrito a la lógica anti-inmigrante.

Y de la misma manera en que alguien creó la lógica del amor a los perros y gatos, también hay quienes crearon las lógicas anti-inmigrantes. Lo cual me lleva a concluir regresando a Félix Guattari: las personas que administran el capitalismo entendieron que producir lógicas, tal vez sea la forma más importante de producción.

Las lógicas son una serie de creencias que operan dentro de nuestros cerebros y benefician a sus creadores, aún cuando tales ideas terminen destruyéndonos. Hay dos preguntas fundamentales qué hacer ¿quiénes están creando las lógicas? y ¿qué lógicas me implantaron?

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