Las dunas serpentean en la playa y otros relatos, de Roberto E. Galindo Domínguez

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El librero

Ramón Cuéllar Márquez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Roberto Galindo es un buen escritor. Esta afirmación no está basada en la emoción y la fraternidad que nos une a las personas por afinidades. Más bien parte de que los siete relatos que componen Las dunas serpentean en la playa están estructurados de tal modo que podemos disfrutarlos como aquella literatura que se creaba para lectores ávidos de encontrar historias de la vida cotidiana y que pudieran significar algo más que simples personajes y relaciones intrahumanas. Por ello, Roberto logra de muchas maneras establecer con una sintaxis depurada, narraciones con estilos conectados por sus actividades particulares, evocar la realidad con buen tino y engancharnos en cada uno de los cuentos que conforman este libro.

Para quienes no conocen a Roberto E. Galindo Domínguez, como dice en su ficha del diario de cultura y comunicación, Culco BCS, es sudcaliforniano por decisión, formado como escritor en apreciación y creación literaria y en ciencias en exploración y geofísica marina, además de diseño gráfico, arqueología y letras hispánicas. Con esa formación ha andado por el mundo investigando barcos hundidos, restos culturales sumergidos en aguas y en el tiempo, así como dando clases a diferentes generaciones interesadas en las temáticas que plantea nuestro escritor. Con ese camino, pues, no es para nada ilógico que su libro Las dunas serpentean en la playa y otros relatos tenga ese extraordinario sostén al momento de estarlo leyendo.

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No quiero contarles lo que viene en esta pequeña obra. Quiero decirles que este es un libro del amor, pero no del amor romántico que nos heredó el siglo XIX y que se repite una y otra vez en telenovelas, novelitas rosas, cómics populares y baratos, comedias gringas que repiten la fórmula hasta la náusea; no. Es un libro del amor a las circunstancias, a las relaciones interpersonales, a los misterios, a las raíces de los pueblos, a la carnalidad desbordante que se une a las causas que engloba cada historia que se nos va narrando. Ese tipo de amor es lo que crea nuevos lectores, apasionados que gustosos se lanzan a los brazos de una realidad simulada, pero que en nuestra mente se vuelve por completo real. ¿Cómo no sentir ese entusiasmo con semejante escritor que, partiendo de sus estudios, obsesiones, logra ofrecernos un cúmulo de relatorías de sus andares por el mundo?

Reitero: Roberto Galindo es un buen escritor. Sería muy fácil decir que contiene imágenes cinematográficas, que bien podría hacerse una serie para disfrute de los espectadores. Pero, ¿saben qué?, pienso que eso mataría el lenguaje, la profundidad de los relatos que no solo nos otorga estampas de la vida diaria, sino que abonaría a que la lucha porque haya lectores se volviera cada más débil, perpetuando generaciones que se acostumbraron al Gerber de la televisión, donde todo está dosificado, dirigido, sesgado y manipulado.

Uno sabe detectar un gran libro no solo por sus historias sino por el cuidado que ha tenido el autor para narrarnos lo que estaba en su cabeza y también en su propia vida, que se entremezcla en los renglones de las dunas de esta playa galindeana. En su estructura narrativa, las historias dialogan con sus personajes y ellos hablan entre sí para darnos una idea de lo que piensan y sienten; extranjeros que hablan en inglés mezclado con español es una propuesta poco común —un mérito de Roberto Galindo, diría—, que abona al robustecimiento del estilo, su estética interior, pues dimensiona el espacio en que se mueven, los vuelve verosímiles.

Y es que Roberto E. Galindo Domínguez no solo logra relatos interesantes, mucho de su poderosa sintaxis proviene de otro de sus oficios, el periodismo de fondo, que también con meticuloso esmero nos ofrece en diferentes plataformas y diarios de circulación digital. Culco es uno de ellos, Contralínea otro; dos espacios donde lo hallaremos y testificaremos que lo que digo no es aventurado sino una verdad a secas. Punto aparte es la simpatía que nos une políticamente —que también es un defensor acérrimo de sus ideales e ideas— y que lo encontraremos preciso en sus debates dentro de la izquierda mexicana.

En este universo —ahora que anda de moda decirlo— de vínculos, paralelismos, intersecciones de personajes que se vuelven criaturas en pos de su verdad: arqueólogos, mayas, barcos, mares enfurecidos, naufragios, burdeles, prostitutas que caminando entre los párrafos vamos entendiendo algo más de la dimensión de ser simples mortales para convertirnos en partícipes de los entresijos que derivan en horrores, aventuras, decepciones, engaños, todo aquello que nos hace personas y que muchos escritores, siento, han olvidado contarnos por creer que son semidioses del pasado, presente y futuro, y nos pueden mirar por encima del hombro para que compremos sus libracos. No es el caso de Roberto, más bien es el de un tejedor de palabras y circunstancias ligadas a su quehacer, que es capaz de desembocar en todo esto que nos reúne al momento de leerlo.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

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Ramón Cuéllar Márquez

Nació en La Paz, en 1966. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente se desempeña en Comunicación del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Ha publicado los libros de poesía: “La prohibición del santo”, “Los cadáveres siguen allí”, “Observaciones y apuntes para desnudar la materia” y “Los poemas son para jugar”; las novelas “Volverá el silencio”, “Los cuerpos” e “Indagación a los cocodrilos”; de cuentos “Los círculos”; y de ensayos: “De varia estirpe”.

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