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Todos los recuerdos son lobos de Irving Ramírez

20-Nov-2019

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Cortesía.

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Hay un nuevo libro del escritor veracruzano Irving Ramírez (Xalapa, 1961), Todos los recuerdos son lobos (Colección Ficción Breve, Universidad Veracruzana, 2019), una exploración literaria regida por aforismos y que nos hace reflexionar en torno al universo de las cosas humanas de un modo especial. Cuando pensamos en el aforismo casi siempre lo ubicamos como una pequeña fracción del universo literario que es capaz de dominar una naturaleza absoluta, muy cercano a un principio filosófico y a una sentencia que nos enfrenta a las ideas y nos derrumba posibles prejuicios.

En el caso del libro de Irving Ramírez descubrimos que se trata de un cuidadoso ejercicio del pensamiento y que nos ofrece imágenes sintéticas y concretas de la vida cotidiana. Por supuesto, ese cuidado está sostenido en reflexiones de filósofos y escritores que han dedicado parte de su obra al aforismo, o que de plano el aforismo ha sido el centro de todo su andar intelectual, como es el caso de Antonio Porchia, uno de los que más me gusta.

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Estos aforismos de Irving Ramírez son la confirmación de que la literatura puede estar contenida en la brevedad —como es el caso de la minificción o el relato breve, aunque con propósitos distintos— y al mismo tiempo reflejar contundentemente una idea poética o filosófica, una relación siamés de la que habló el filósofo español Eduardo Nicol en Poesía y Filosofía, formas sublimes de hablar y que exhibe cómo ambas necesitan una de la otra. Irving Ramírez nos dice en la introducción de su libro que el aforismo es un híbrido entre filosofía y literatura, que “se trata de un texto de mínima factura, pero que busca el máximo sentido”.

Y justamente la búsqueda de ese sentido, o el asentamiento de ese sentido, nos recuerda —como Stephen Hawking lo sintetiza— que el universo sí puede ser encerrado en una nuez, igual que Irving logra hacerlo en cada línea y en cada palabra por donde desfilan la inteligencia, sus lecturas, la ironía, el humor negro, y la síntesis visionaria de un escritor que observa detenidamente el mundo y es capaz de retratarlo con las frases precisas, a partir de su experiencia cotidiana, donde se asientan sus instintos, fobias, pesadillas, aficiones, dudas y certezas, además de un honesto y elocuente ejercicio intelectual que nos pone frente a nuestras propias manías, tan a veces limitadas por nuestra relaciones humanas y la ignorancia.

Todos los recuerdos son lobos es sin dudarlo un libro que debe ser de cabecera, de esos libros de viaje, que en la página donde se abra encontraremos una y otra vez un acierto, una reflexión, una incomodidad, un derrumbamiento de una idea estancada en nuestra mente, que todo pasado no es otra cosa que nuestro fuego presente, como nos dice en La secuela de la Guerra Fría es una humanidad caliente. O cómo El diablo teme al hombre, porque el diablo teme al hombre.

Al explorar el libro, sus aforismos puntuales, los dardos apuntan y rasgan, envenenan y alimentan: Si los filósofos fuesen felices, no tendrían necesidad de la filosofía. Incluso las costumbres religiosas son expuestas como una ironía y como un cuestionamiento: Los seres que se acostumbran al calor anhelan el infierno perdido. O la contundente, casi cartesiana: Siempre que haya dudas, aliméntalas hasta que estallen: así se sabrá que no eran reales. Asimismo, nos muestra su capacidad de delimitar acciones que consideramos implícitas, pero que pueden poseer una carga definitoria: Añorar es tener un telescopio, desear es tener un microscopio. O también: Cuando crees una mentira que parece verdad, desconfiarás de todas las verdades que parecen mentiras.

Así que este nuevo libro de Irving Ramírez es para celebrar, leer una y otra vez por partes o completo, hasta que podamos contener la profundidad de sus aforismos, que resulta un encuentro con la literatura en su forma más pura.

Tanto se despide la humanidad que ha endiosado su propio cadáver, nos dice y sabemos que en efecto vivimos en una sociedad que no ha despertado de la larga noche de la modernidad sostenida con hilos del capital y la ganancia. Y para finalizar, este pedazo de síntesis de nuestra realidad histórica y que hermano con la situación de Bolivia: Muerto el perro se acabó la rabia; pero, muerta la rabia no se acabó el perro ni la idea de este. O en otras palabras: lo que sembró Evo Morales no lo podrá destruir la reacción ni la rabia.

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