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Todas las pecas del mundo: una bocanada de aire fresco

31-Oct-2019

RESEÑA Por Alejandro Aguirre Riveros

FOTOS: Internet

Kinetoscopio

Por Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS). La industria del cine mexicano vive uno de los mejores momentos desde su época de oro: en 2016, produjo 162 cintas rompiendo un récord que era imbatible desde 1958; cifra que fue superada de nueva cuenta en 2017 con 175 películas, y en 2018 con 186. Mientras que, en lo que va del año, hasta el mes de septiembre, se vendieron más boletos para el cine mexicano que los vendidos en todo el 2018.

Lamentablemente, las películas que triunfan en esta nueva época de oro no son precisamente las mismas que levantan premios en los festivales de cine. Con talentos como Alonso Ruizpalacios (Güeros, Museo), Amat Escalante (Los Bastardos, Heli, La región salvaje), Michel Franco (Chronic, Después de Lucía, Las hijas de Abril) e incluso Alfonso Cuarón (Roma), el público voltea la cara hacia un cine más banal, de corte televiso y que apela a un gusto más comercial: No manches Frida (la película latina más vista en Estados Unidos), No manches Frida 2, Mirreyes vs Godínez, No se aceptan devoluciones, Nosotros los Nobles, ¿Qué culpa tiene el niño? y un largo etcétera.

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En gran parte, dicha decadencia quizás se deba al nulo papel que juegan los guionistas mexicanos en este reciente boom cinematográfico; a tal grado de que las grandes producciones mexicanas de los últimos años son en realidad guiones importados como: No manches Frida, remake de la alemana Fack ju Göhte; Perfectos Desconocidos, de la italiana Perfetti Sconosciuti; Como si fuera la primera vez, de la comedia norteamericana 50 First Dates; y La Boda de mi mejor amigo, de la homónima cinta protagonizada por Julia Roberts y Cameron Diaz.

Todas las pecas del mundo, intenta cambiar este panorama de cine desangelado y carente de ideas para unir el talento mexicano con su cara más comercial.

Se trata de la ópera prima de Yisbrán Asaud, quien ha fungido como uno de los editores más destacados de nuestro país en los últimos años con más de 42 cintas que van desde lo convencional a lo alternativo, entre ellas: Güeros, DramaMex, Voy a explotar, Museo, Las revolución de los alcatraces, Tenemos la carne, Bayoneta, Sanctorum y La vida inmoral de la pareja ideal. Un increíble bagaje cinematográfico que pone a su disposición para traernos lo que él ha descrito como un western contemporáneo en el patio de una escuela secundaria.

Una comedia romántica de adolescentes situada en los noventas, que intenta romper con todos los estereotipos: la chica popular que es amable con todos, el bully cristiano que no está de acuerdo con la violencia, y el protagonista, que no siempre toma las mejores decisiones y que incluso puede ser más odioso y cínico que el villano.

El guion corre por cuenta de Gibrán Portela – responsable de cintas como La Jaula de Oro, Güeros y La Región Salvaje -, quien en un despliegue de personajes entrañables y situaciones que apelan a una fuerte nostalgia por los noventas, nos cuenta la historia de un triángulo amoroso entre el chico nuevo de la escuela, la más guapa y el galán del colegio. El año es 1994 y el contexto es un mundialito de fútbol, en el que ambos chicos habrán de medir sus egos en un afán por conquistar el corazón de la cotizada adolescente.

La experiencia de Yisbrán Asaud destaca en aspectos como la edición, la fotografía y el montaje, que sobresalen por mucho ante el resto de las propuestas similares. El casting es excepcional logrando que cada personaje brille por su autenticidad: protagonistas, personajes secundarios y profesores por igual. Además, se esfuerza por capturar a detalle una década donde los patios de las escuelas estaban libres de celulares, las plumas se convertían en cerbatanas a la menor provocación, Zague era una de las promesas del futbol mexicano, había billetes de diez nuevos pesos y la música se escuchaba en cassettes.

Y aquí cabe destacar la manera en que el soundtrack de la película se presenta en sí mismo como uno los entrañables mixtapes que se hacían sonar en aquella época: Café Tacuba, Supertramp, Vilma Palma e Vampiros, Kenny y los Eléctricos y Mano Negra, por mencionar algunos.

En conjunto, Todas las pecas del mundo resulta una bocanada de aire fresco en un cine mexicano que deambula entre lo taquillero marca Eugenio Derbez y el séptimo arte intimista y deprimente.

Pero que, quizás debido al género al que pertenece, no logra escapar del todo de sus convencionalidades y termina por caer en el lugar común. Más allá de las actuaciones impecables, la cinta se enfrenta con una historia que por momento carece de ritmo y que depende totalmente del soundtrack para transmitir su carga emotiva; apostando por tapar los huecos argumentales a través una excesiva nostalgia por los noventas. Carencias que no demeritan una experiencia cinematográfica muy entretenida y en la que Yisbrán Asaud muestra un gran potencial como director. Al final, estamos ante un cine comercial bien hecho y que resulta por mucho una de las mejores alternativas mexicanas en cartelera.

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