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Somos, estar enamorada es peligroso

14-Jul-2021

RESEÑA por Ramón Cuéllar Márquez
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FOTOS: Internet

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Acabo de ver este fin de semana la miniserie desgarradora de Netflix, Somos (2021), basada en los hechos reales de la masacre de Allende, Coahuila, el 18 de marzo de 2011, al final del sexenio de Felipe Calderón, quien había iniciado una guerra absurda contra el narcotráfico en 2007. Queda uno agotado ante la estrujante manera en que los sucesos son planteados desde la perspectiva de las víctimas, lo cual ya es un cambio de narrativa en este tipo de producciones, donde la mayoría solo engrandece a personajes oscuros del crimen organizado.

Celebro que se abra la pauta a una visión distinta, que centre la historia actuada con información real sobre los sacrificados aquel fatídico día y que se inspira en el reportaje de Ginger Thompson para ProPublica y copublicado con National Geographic, Anatomía de una masacre (How The US Triggered a Massacre in Mexico), el 12 de junio de 2017

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La agencia de investigación DEA había estado haciendo un operativo que permitiría atrapar a líderes del grupo llamado Los Z, pero algo falló que desencadenó la furia de este cartel, que terminó vengándose contra todos los familiares y amigos de quienes los habían traicionado. Incendiaron todo lo que pudieron destruir en la población de Allende, asesinaron y quemaron los cadáveres en bodegas y ranchos.

Decenas de desaparecidos que todavía no se conocen sus paraderos. Una masacre que todavía palpita en sus calles y casas destrozadas. No se han imputado ni esclarecido las responsabilidades, el crimen que se calló hasta que comenzó a salir la verdad, tanto en México como en Estados Unidos. Una masacre cuyo dolor se percibe en las líneas del artículo escrito por Ginger Thompson, donde la gente cuenta poco a poco los horrores de los sucesos.

Somos es una creación y producción de James Schamus, que escribió en colaboración con Monika Revilla y Fernando Melchor. Si bien, las actuaciones están bastante disparejas, el relato cinematográfico logra adentrarnos para que vayamos entendiendo cómo se desarrollará el drama que vivirán esos pobladores. Por momentos se vuelve un tanto monótona y lenta, pero que se compensa con los vínculos entre los personajes que habrán de sufrir una dantesca danza de la muerte.

La atmósfera densa y angustiante nos prepara para lo que está por venir; cada capítulo en apariencia no nos cuenta mucho, salvo que establece la vida cotidiana de quienes habrán de ser sacrificados por la estupidez de las autoridades de Estados Unidos y por la total falta de control de los gobernantes del Estado de Coahuila.

Algo que llama la atención es el título mismo Somos, que no nos dice mucho, excepto si leemos la síntesis. También, podemos ver que desde el artículo se traduce como Anatomía de una masacre y no por su original en inglés que literalmente debería decir: “Cómo Estados Unidos desencadenó una masacre en México”.

Es evidente que tanto Netflix como la traducción del reportaje al español con que se dio a conocer la tragedia en nuestro país omiten mencionar en el título la participación directa del gobierno estadounidense, no sé si por deslindarle de responsabilidades o de lavarle la cara aunque sea un poco, que incluso el planteamiento de su injerencia en la narrativa de los capítulos resulta tibio e inclusive hasta confuso.

La sensación de estar viviendo en la serie hechos reales, estruja no solo el alma, sino que detona el miedo, la rabia y los recuerdos de haber sobrevivido a ese sexenio de muerte en que el panismo, a la cabeza de Felipe Calderón, nos sometió a la peor de las cotidianidades que pudiéramos experimentar como ciudadanos mexicanos. Nadie en su sano juicio puede decir que fue un periodo de paz o de que la felicidad era manifiesta.

Una de las escenas del capítulo 5, cuando la madre se toma una bebida alcohólica con su hija y le dice: “¿Sabes qué es lo que es peligroso?, estar enamorada es peligroso”, nos habla de la aprensión que circulaba en el medio, con la pérdida de valores morales y principios éticos que las autoridades de Allende no lograban hacer imperar porque quienes “gobernaban” eran los del crimen organizado. Y no conforme haber padecido ese periodo de muerte, el siguiente sexenio priista, el de Enrique Peña Nieto, fue aun peor porque no hubo estrategia ni interés por acabar con el flagelo panista heredado.

No olvidamos esos dos sexenios de miedos, de vivir con las emociones a flor de piel, de que te tocara un balazo a la salida de tu casa, y que esta serie aborda de manera periférica, pues se centra en la tragedia, en la violencia de los sicarios, no en las autoridades de aquella época, a quienes tocan apenas superficialmente para poder explicar la masacre. Fuera de ahí, solo es el retrato de un país en decadencia en que nuestras vidas fueron entregadas a las tinieblas por la ambición de seres minúsculos que pretendieron gobernar.

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