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La Rosa Fragmentada, la proyección internacional de Christopher Amador

12-Feb-2020

ENTREVISTA Por Modesto Peralta Delgado

FOTOS: Modesto Peralta Delgado.

El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con unos 20 libros a cuestas, Christopher Amador Cervantes es el escritor más publicado de Baja California Sur; de su obra, la minoría es en conjunto, la mayoría son de su sola autoría; además, ha tenido el privilegio de ser publicado no sólo por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, sino por otras editoriales en otros estados y ahora en otros países. El pretexto para realizar esta entrevista es la publicación de La rosa fragmentada en España, lo que lo convierte también en el primer sudcaliforniano en ser reconocido en un certamen literario europeo.

En entrevista exclusiva para CULCO BCS, Amador Cervantes platicó sobre su más reciente libro, un ensayo que obtuvo Mención Honorífica en el Premio Diderot de Ensayo convocado por Ápeiron Ediciones. La rosa fragmentada ya está a la venta en España, y la editorial cubre mercado en América Latina, enfocándose en instituciones educativas de nivel superior y medio superior, por lo que probablemente se convierta en un libro de consulta o de investigaciones en este tipo de planteles. “Eso me motivó o me pudo dar idea de que podemos tener penetración o un horizonte un poco más amplio las letras sudcalifornianas cuando estamos muy disciplinados y dedicados por escribir desde la pasión pero también desde la seriedad, y fue así que al terminar un ensayo que llevó a convencerme como lector o como ejercicio de autocrítica, pues vi yo en él posibilidades más amplias de lo acostumbrado, y me di a la tarea de buscar oportunidades en España. En España, porque para cualquier escritor en nuestra lengua, en nuestro idioma, esa nación nos representa un foco aspiracional contundente”.

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El año pasado concursó y recibió una llamada donde le informaban que estaba entre los dos finalistas para el primer premio, preguntándole también si tenía un doctorado. Christopher Amador no lo tiene, de hecho es Licenciado en Ciencias Políticas, “y quizá eso marco una diferencia para no acceder al primer lugar, me desanimó bastante, pero cuál fue mi sorpresa que en una segunda llamada me dicen que optaron por ofrecerme el segundo lugar”. Al no haber un segundo lugar, se le concedió Mención Honorífica que tuvo por fruto una publicación con una amplia distribución.

Se trata de un ensayo que concentra todos los artilugios, todas las herramientas, todas las perspectivas desde las que yo he abordado el problema de la belleza y de la poesía, unificándola. Es como si yo tomara un mosaico de todos mis libros publicados e intentara buscarle una matriz, lo que conocen los matemáticos como un Diagrama de Venn, es decir una semilla central, un punto de encuentro, de acuerdo, una mandala para poder desde ahí cosificar y desconcentrar o también encontrar cual es la suma de todas ellas, pudiendo unificarlas en un común denominador, porque un escritor es un estilo, es una sola mirada, y escribir no es sino intentar pulir o corregir esa manera de ver las cosas. La originalidad está más que demostrado que no existe, un escritor es una manera de mirar, una manera de palpitar, una manera de asombrarse y La rosa fragmentada pues es todos los Christopher que he sido, toda la pluralidad de mi coloratura y es una despedida a una manera de abordar el pensamiento y el sentimiento, es una pausa en mi vida, en mi obra creativa, porque me he determinado en buscar, en hacerme susceptible a otros hallazgos o a otras maneras, y si no las encuentro, guardaré silencio.

La convocatoria se lanzó a mediados del 2019 y el fallo se dio en octubre. Un mes después ya estaba hecha la publicación con un primer tiraje de 3 mil 500 ejemplares, los cuales ya se agotaron, según el escritor sudcaliforniano, reeditándose otro tiraje de mil 500 libros. A ese número se podrían sumar 5 mil más que Ápeiron distribuiría en bibliotecas y programas de educación superior. Sin duda, el poeta nacido en La Paz, BCS, es uno de los más prolíficos de la media península y también de los que más lejos ha llegado en la publicación de su obra, que si bien se ha concentrado mayormente en poesía, también cuenta con títulos en dramaturgia y en ensayo.

Doble tentáculo

El encuentro afortunado con concursos literarios en España lo tuvo Amador Cervantes desde 2010, con el libro de ensayos sobre teatro titulado El pulpo mímico, publicado en México por el ISC, y Copiar la imagen, intitulado así en el país europeo. El ensayo sobre teatro fue Premio Estatal de Ensayo Ciudad de La Paz 2010, y es el mismo texto que en España no pudo ganar, porque lo concursé, no al mismo tiempo, pero sí con un desfase de fecha que me permitió concursar en ambos certámenes. El premio internacional había dado una fecha para dar el fallo, y pues yo me desentendí y le seguí dando la oportunidad al texto, pero no, resultó que había recibido tantos envíos que resolvieron dar un margen creo que de tres meses más de consulta para el jurado, en ese ínter El pulpo mímico ganó el Premio Ciudad de La Paz. Obviamente, de haber ganado el premio internacional y estatal al mismo tiempo hubiera tenido que desistir a ambos, al yo decirles esta situación, cuando me llaman de la Mención Honorifica ellos no tuvieron problema porque el ISC —en ese entonces presidido por Elsa de la Paz—, no manifestó ningún inconveniente toda vez que no se presentaba como el premio en España.

Allá se tituló Copiar la imagen, para no competir con el mismo título y darle un tratamiento un poquito más postmoderno en un lenguaje muy pop porque justamente el pulpo “Thaumoctopus mimicus”, es un pulpo de Indonesia que lo que hace es al igual que el actor: cuando se ve frente a su depredador, copia no solamente la imagen sino el movimiento, la textura, las psicología, el color del máximo depredador de su depredador inminente, y es lo que tiene que hacer el actor para finalmente resolver al escena. Esa es la historia de ese ensayo, que yo los invitaría a conocer. Copiar la imagen se agotó la edición en España, pero hubo una reedición para una Feria Internacional del Libro Teatral en la Ciudad de México, y la editorial Paso de Gato editó el cuadernillo de consulta. El texto lleva trece ediciones, la primera en 2010, y la más reciente en 2018.

La poesía, ¿un género fácil?

Al preguntarle si la poesía no aparentaría ser un género literario fácil, donde basta coleccionar palabras para contar sentimientos y vivencias de forma romántica o ingeniosa, recalcó que en todo caso sería el poema, pues la poesía, para él, está más allá del escrito. Yo creo que lo que es fácil es el poema, porque el poema es una fórmula, es una receta de cocina; el poema tiene validez cuando la musicalidad el acomodo de las palabras y el sentido conviven permitiendo una microrrealidad dentro de la experiencia del lenguaje, y eso lo puede producir cualquiera con lecturas, con estudio y con el ejercicio del oficio de la técnica. Sin embargo, la poesía, la verdadera poesía es el momento en que reverberan los signos y la condición humana se vuelve más amplia, o más aceptable la vida; la poesía es una revolución al interior del problema ontico, ontológico; se abre otro espacio dentro del espacio. Y eso sólo lo puede descifrar el lector, no cuando lo pasa bien en un libro sino cuando realmente es dueño de su conciencia y cuando encuentra más preguntas de las que va a poder resolver en su vida. La poesía nos abre caminos interminables, es un agobio, es una exaltación, y la academia no puede señalarla; la poesía es el momento en donde uno rinde las rodillas y yo no me atrevería a clasificarla pero es el momento más alto de la condición verbal, donde logra encender y cobrar este sentido por un momento, por un fragmento de hora, sentirse realmente vivo o sospechar que puede ser realmente más grande de lo que se nos ha dicho. Yo no creo que la poesía este en el poema, sino la poesía, al ser lenguaje y al ser comunicación puede estar en cualquier dimensión característica de la condición humana.

Pero sí, el poema sigue siendo la herramienta de brevedad que te permite ser con facilidad, retomando esa palabra que tu manejas, con facilidad, el mejor amigo de los dioses, el mejor amigo de la inmortalidad. El lector de poesía sabe que en un solo verso puede su vida ser más amplia de lo que le ha resultado respirar 30, 40, 50 años, en lo que dura la primera letra al punto final de ese verso, y esa contradicción es horrible y es una angustia existencial porque te planteas tú lo que es vivir, ¡cómo es posible que haya yo aprendido más o amado más al ser testigo de esta historia de amor en una pieza dramática que en todas las relaciones en las que yo me he visto inmiscuido, en las que me rasgado las vestiduras! Entonces, la literatura, la poesía, es aquella que al cerrar un libro el hombre toma riesgos y cambia su postura, y se atreve a reformarse, a pedirle más al amigo, al novio, al hermano, a la nube, al sol, a realmente consumirlo, a realmente formar parte, participar de una mañana, participar de una velada, de una luna llena, y ser un producto activo. La poesía es aquella que permite, en términos de literatura, que el lector este participando de la existencia que es dejar el papel y la tinta y la inteligencia y conocimiento como muy al lado, sólo como un auxiliar, pero realmente nos permita entender lo que es estar realmente vivo.

De la ausencia de la violencia

Hombre muy expresivo, a quien le cuesta trabajo dar respuestas cortas y a quien le salen las metáforas a borbotones, me llamó la atención que en la obra de Christopher Amador Cervantes no hay nada sobre la violencia de las calles, un tema tristemente muy actual y, por lo mismo, recurrente. No es que fuera su obligación —le comenté—, pero pregunté si este doloroso tema no le ha inspirado escribir. Se dice consciente de la sociedad en que vivimos, pero cree que la literatura debe ser más un jardín de recreación, que una lupa a poner sobre este tipo de problemas.

La violencia a la que yo le hago culto es la de tomar un diccionario y confrontarlo con la vida, o tomar a las palabras y apretarlas o arrojarlas como si fueran bombas a expresiones, a ideas, a argumentos, a fabricaciones de la fantasía oral, para ver qué ocurre o llevar a las puertas a su último acantilado a los poetas que yo respeto o los poemas que yo más admiro, y sacarles sangre y dejarles los dientes a ver qué tanto más pueden aullar o chillar; pero si te refieres a la violencia de lo que es ser un testigo o víctima del mundo o de la condición más vulgar y terrena que significa estar desamparados ante las decisiones del poder fáctico, yo la verdad como politólogo encuentro en la poesía esa isla que me permite la libertad, por un momento.

Soy muy consciente del mundo en el que vivo y más que homenajearla (a la violencia) o ser la lupa o una lente para que sus llamas crezcan más, para ponerle lupa donde yo sé que esta el sol o poner la sal gruesa donde está la herida abierta, pues yo creo más que la literatura es la manera de criticar esa violencia, el no darle la espalda sino poderles dar un jardín artificial a los que no conocen el momento de sombra, de un árbol frondoso en medio del desierto. Y creo que mi participación contra la violencia tiene más qué ver con mi vida cotidiana como ciudadano al no formar parte de ella, o poder consolar a mis seres amados, a mis seres queridos con educación cívica, ética, o moral, con mis hijos o con mis amigos, ser un ejemplo no de vida pero si un ejemplo de alguien que frente a las balas o frente a los gritos o patadas, al grito de guerra, siempre tiene un jardín errante, un libro para ser un refugio de todos aquellos que estén casados de escuchar tanto ruido sin un sentido que apoye los caminos de la libertad.

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