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John le Carré, un escritor de espías y Llamada para el muerto, su primera novela

16-Dic-2020

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Internet

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). John le Carré ha muerto en este 2020. Las historias de espías suelen ser consideradas un subgénero literario por estar imbuidas de un a veces carácter fantástico y muchas veces revestidas de sesgos políticos e ideológicos, incluso religiosos. El mundo del espía es intrincado, misterioso, críptico y solitario. Así lo podemos constatar a través de novelas y películas que se ajustan a un molde definido, cuya intención es elevar al héroe para que nos identifiquemos con él.

Esto de los espías me hizo recordar que hace años conocí a un escritor joven que le sabía al asunto del espionaje mexicano, pero en especial de los llamados orejas, o sea, infiltrados en los diferentes sectores sociales, en especial el intelectual. Él contaba que en muchos de los casos era fácil identificarlos: aparecían en presentaciones de libros, en reuniones políticas, en inauguraciones artísticas, y solían presentarse como “politólogos”. Me dijo: “Si te dice que es politólogo, seguro es un oreja.” Desde ese día no he vuelto a ver ni escuchar esa palabra de manera “normal”. Ser oreja fue una actividad que surgió en el prianato autoritario, durante la guerra sucia de los setenta, pero que ya venía de tiempo atrás, en la vida pública posrevolucionaria. No sé si ese escritor hablaba de él mismo y si era un fuente orejuna. Los orejas eran espías a la mexicana, rayando a veces en la obviedad. Bueno, esto como referencia al asunto del espionaje, que suele estar más asociado a las aventuras hollywoodenses tipo Misión Imposible o James Bond.

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Lo cierto es que hay mucho de glamur en estas narraciones extraordinarias, que suelen ser verdaderos bestsellers (“superventas”, dirían los españoles) y que se consumen como salchichas calientes al por mayor. Por supuesto, no son historias simples, tienen una estructura y trama compleja, algunas con un tono oscuro y con personajes atormentados, con un manejo del lenguaje veloz, atrapante, inteligente; me pregunto por qué muchos escritores “serios” levantan la ceja para menospreciarlas. Tal sería el caso de David John Moore Cornwell, mejor conocido como John le Carré, quien falleció el pasado 12 de diciembre a consecuencia de un cáncer que se le había detectado el pasado diciembre de 2018.

John le Carré nació en Poole, Inglaterra, el 19 de octubre de 1931, y fue un escritor que, sobre todo, centró su obra en el suspense y el espionaje, basado casi siempre en su propia experiencia de vida, en especial en el periodo llamado de la Guerra Fría. Asimismo, fue profesor de Colegio del Rey de Nuestra Señora de Eton entre los años 1956 y 1958 y además perteneció al grupo de diplomáticos de la Gran Bretaña de 1960 a 1964. Consagrado por completo a la escritura, logró hacerse de un nombre a nivel internacional y centró sus temas con nuevos elementos que se pusieron en boga y que tenían que ver con la realidad compleja internacional, abordando el terrorismo de los islamitas, la caída de la URSS, el conflicto panameño y problemas, intrigas y conspiraciones de las farmacéuticas globales.

El agente Smiley habría de ser su más entrañable personaje y representaría mucho de su personalidad como espía y escritor. En vida jamás quiso aceptar premios, becas, títulos nobiliarios, ni tratos especiales, lo cual habla de su sencillez y la poca importancia que le daba a esas vanidades pasajeras; aunque hay que decir, debido a la insistencia de algunos, lograron darle en 2011 la medalla distintiva del Instituto Goethe. Casi toda su vasta obra ha sido traducida al mayor número de lenguas en el mundo.

Su primera novela, Llamada para el muerto, le abriría las puertas del reconocimiento de críticos y lectores, y a partir de ella iniciaría una larga carrera literaria que culminaría con su novela Un hombre decente. Llamada para el muerto nos habla del agente del Servicio Secreto George Smiley —que aparece por primera vez y habría der ser su personaje más recurrente—, e inicia su aventura con la noticia de que un empleado del Ministerio de Relaciones Exteriores, Samuel Fennan, se suicida, aparentemente, poco después de haber sido interrogado por él. A Smiley el hombre de la oficina de Exteriores le pareció un tipo simpático por lo que el acto suicida parece desatinado y fuera del lugar. Fennan había sido denunciado de estar relacionado al Partido Comunista y dadas las circunstancias, el caso no podía dar para más. No obstante, el suicidio vino a complicar las cosas, pues había dejado una carta post mortem donde acusaba al agente Smiley y a la SS británica de haber destruido su carrera laboral y su vida pública. Así, el agente da los primeros pasos hacia lo que se convertiría en la primera aventura para descubrir la verdad y que lo conduciría hacia nuevos paradigmas en las relaciones internacionales y de la vida cotidiana como espía.

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