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El castillo de cristal, la familia disfuncional de Jeannette Walls

21-Abr-2021

RESEÑA Por Ramón Cuéllar Márquez

FOTOS: Internet.

El librero

Por Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Muchos tenemos la idea generalizada de que una familia disfuncional es mal vista por la sociedad, pues temen a ser señalados o descubiertos en su vida íntima, que se da particularmente en las clases medias y altas. La disfunción consiste en que crece y se desarrolla dentro del seno familiar creyendo que lo que se vive es normal, en aquellos hogares de adultos codependientes, muchas veces afectados por el abuso de adicciones como el alcohol o las drogas. Eso es lo que ocurre en la incómoda novela de la periodista y escritora Jeannette Walls (Phoenix, 1960), El castillo de cristal (The Glass Castle, 2005). Walls recibió el premio American Library Association en 2006 por este trabajo, y gracias al éxito de este libro decidió dedicarse por completo a la escritura.

Las familias disfuncionales andan por el mundo a ciegas, según dicen las pautas psicológicas que solo pueden ser resueltas en terapia. No obstante, no todos son conscientes de esta circunstancia, por lo que esta ceguera les hace creer, como dijimos, que es completamente normal vivir de aquellas formas. Un marido alcohólico es una vergüenza social y la esposa es quien se encarga de tapar todos los hoyos para que no salga a la luz lo que están viviendo; así la vemos justificar todos los conflictos, desaguisados, irresponsabilidades del marido, enfermando ella a veces más que el propio alcohólico. En El castillo de cristal se vive de esta manera, aunque el círculo familiar gira en torno a los niños que se protegen unos a otros, pues tanto el padre como la madre viven dentro de una vorágine de emociones descontroladas, egoísmos potenciados por sus personalidades intelectuales y artísticas. Son los niños quienes fijan las pautas, aunque no pueden escapar de la turbulencia de sufrimientos que se infligen unos a otros. Tienen todos los límites rotos.

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Así, toparnos con este extraordinario libro de Jeannette Walls es una perla que no debemos pasar por alto. Su lectura atrapante se vuelve entrañable haciendo que no dejemos el libro en paz, no solo por su sólida propuesta narrativa, sino porque es un pedazo de la realidad de muchos. El relato de esta familia profundamente viva, de aspectos apasionantes que la vuelven una disfunción más allá del patrón circular. Rex, el padre, alcohólico destructivo y en el que no se puede confiar, es un hombre que ha leído mucho y de todo, que trata de transmitirle a sus hijos todo el conocimiento, haciéndoles hincapié que la escuela formal es innecesaria y que solo viviendo esa sabiduría es como de verdad vamos a aprender a vivir. Por otro lado, la madre es una especie de alma en pena, un espíritu que pretende ser libre, amante de las artes y pintora, que detesta una cotidianidad de convenciones, pero al mismo tiempo no asume ningún compromiso con sus cuatro hijos.

Los Walls van de aquí para allá sin orden, sin afincarse en nada, nómadas del sistema y huérfanos de sus propios sentimientos. Es por ello que los hijos aprenden a ayudarse unos a otros, tratando siempre de salir del infierno al que han sido sometidos. Han dormido en donde les cae la noche, no tienen domicilio y la escuela solo es una cosa que los demás padecen, pero ellos no. Estoy seguro de que esta historia los cimbrará, pues conmueve los adentros, donde una familia ama, abandona y constantemente se defraudan, que al final tal vez encuentren algo de la luminosidad que se da a destellos a lo largo del relato.

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