Daniel Tuchmann, el guama californio que nos plantó la última neurona

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El librero

Ramón Cuéllar Márquez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A Daniel Tuchmann llegué cuando estuve en la Prepa Morelos. De esos años en que uno redescubre el mundo a través de la literatura y la música, aderezado de lecturas sobre las luchas sociales del siglo XX, no solo a través de las clases con docentes que luego se convirtieron en amistades y con quienes convivíamos y debatíamos, sino también a través de talleres de arte, especialmente el de poesía, donde estuve. Por supuesto, su canción La última neurona fue la primera que escuché y me encantó de inmediato.

Daniel Tuchmann murió a los 63 años de edad el jueves 22 de octubre de 2020 en La Paz, Baja California Sur, donde había nacido el 5 de julio de 1957. Hace dos años estábamos en pleno covid y enterarnos de su deceso fue muy triste porque es y será siempre uno de los iconos de la música sudcaliforniana. Tres años y siete meses antes, el 24 de marzo de 2017, había hecho algo especial en radio dedicado a él, en Radio UABCS, dentro del programa Nuestras Raíces, que yo conducía. Así que, al día siguiente, el viernes 23 de octubre de 2020 repetí la emisión de 2017 como un homenaje a todo lo que significó.

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¿Qué decir de un grande de la música sudcaliforniana, que nos arrebató la atención para siempre con sus canciones, dándole un poco más de sentido a la realidad? El álbum La última neurona, grabado en 1986 con BMG, es una obra en sí misma, pues tiene grandes composiciones, aparte de la canción La última neurona, que le da nombre al disco, como Bella fugitiva, Hace como un año, Aventurero y paria, Laura, entre otras. Es una producción que tiene una fuerte ancla en la idea de la creación, convencido de que la poesía y la música son fusiones inseparables, aunque las disqueras solo piensen en el negocio, lo cual, por supuesto es válido. Este álbum incluye colaboraciones del poeta sudcaliforniano Edmundo Lizardi (La Paz, B.C.S., 1953), en Bella fugitiva, y del compositor y músico Gabino Palomares (Comonfort, Guanajuato, 1950), en Hace como un año.

Está demostrado que cuando un músico terquea en que lo que tiene en mente es lo que quiere, no dejándose imponer criterios sino sugerencias que lo enriquezcan, la obra sobrevive por su calidad y no por su diseño, que fue cuando la disquera quiso imponerle un sentido que él no compartió y que personalmente considero fue la mejor decisión por el resultado final. Tuchmann alguna vez dijo que el arreglista de Joan Manuel Serrat, Ricard Miralles, sería quien le haría parte de la construcción del disco de La última neurona que, según sus palabras, si yo no la hubiera hecho de pedo, al modo, porque por nacionalista no quise que un gachupín hiciera los arreglos, y por eso fue [el mexicano] Eugenio Toussaint, […] pero como yo me puse aferrado; eso sí, hicimos un disco que es un clásico, con todo lo que yo quise y lo que yo pedí.

Podrán decir muchos que debió hacer caso a la compañía, que, como él mismo dice, otro cantar hubiera sido, sin embargo, en el terreno de las especulaciones siempre habrá innumerables ideas que se acercan más bien a los mundos paralelos. Hay en la red muchos videos donde lo podemos escuchar y traer a la memoria como un guama de la California Antigua para que, con su música, reverenciemos al dios Menichipa, creador del cielo y la tierra de los antiguos californios. A Daniel Tuchmann no lo conocí en persona ni lo oí en vivo como hubiera querido, pero las vibraciones de su música aún suenan por mi vida, así como por la de muchos, que estoy seguro asistieron al concierto-tributo que se le dedicó en el Teatro de la Ciudad, organizado por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, el pasado 22 de octubre.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

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El librero

Ramón Cuéllar Márquez

Nació en La Paz, en 1966. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente se desempeña en Comunicación del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Ha publicado los libros de poesía: “La prohibición del santo”, “Los cadáveres siguen allí”, “Observaciones y apuntes para desnudar la materia” y “Los poemas son para jugar”; las novelas “Volverá el silencio”, “Los cuerpos” e “Indagación a los cocodrilos”; de cuentos “Los círculos”; y de ensayos: “De varia estirpe”.

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