Aguas Siniestras: una alberca de aguas residuales

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Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

La Paz, Baja California Sur (BCS).  Aguas Siniestras: la película que te hace preguntar si Hollywood ya se tiró a la alberca sin querer aprender a nadar. Nos cuentan la historia de Ray Waller, exjugador de béisbol, quien parece que cambió las bases por una alberca con más sorpresas que un baño público después de un festival de tacos de pastor. La idea era buena, ¿no? Una alberca que se convierte en tu peor pesadilla, pero terminamos con una trama que ni flotadores necesita porque es tan superficial que hasta un pedo en el agua tendría más profundidad.

Wyatt Russell y Kerry Condon se lanzan al agua, intentando salvar este barco que se hunde más rápido que el Titanic, pero con menos drama y cero icebergs. La película intenta ser un remojón en el género de terror, pero es más como meterse a una piscina llena de clichés y giros tan predecibles que hasta una inteligencia artificial borracha escribiría algo más original.

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Lo más ridículo es que en su afán de llenar la pantalla con metraje acuático, el filme se sumerge en lo ridículo, con personajes que parecen más preocupados por volver a la piscina que por salvar sus propias vidas: citas en la piscina, escenas en el trampolín y, por supuesto, el momento cumbre, poner una GoPro en la cabeza de alguien para que, al girar para respirar mientras nada, ¡pum!, un susto tan forzado como predecible. Ah, y no olvidemos el intento de recrear una escena tipo ‘ESI’ con un jumpscare que no asusta a nadie. Y cuando piensas que ya no pueden estirar más el chicle: Mi madre solía lanzar monedas a la piscina y teníamos que encontrarlas con los ojos cerrados, ¡y listó! Veinte minutos más de película resueltos.

La dirección de McGuire, quien también dirigió el cortometraje en el que está basada la película, parece incapaz de mantener a flote una trama tan delgada como una servilleta: dejándonos con una película que es más bien un manual de cómo no hacer cine de terror. Con una duración de noventa y ocho minutos que se sienten como una eternidad, este filme es un test de resistencia. El cast hace lo que puede, como náufragos tratando de mantenerse a flote en un mar de mediocridad. A pesar de las oportunidades perdidas, especialmente en las escenas acuáticas, este naufragio cinematográfico es uno para saltarse… a menos que estés en búsqueda de que te lloren los ojos tanto como haber nadado en una alberca con sobredosis de cloro.

En fin, Aguas Siniestras es el perfecto reflejo de la decadencia del cine norteamericano, donde la innovación brilla por su ausencia y es que aun cuando se intenta ser original impera el mal gusto y la falta de profundidad. Pero al final del día, películas como estas, con inversiones millonarias, lo que realmente demuestra es que el espectador de hoy en día se mete a las salas cinematográficas a ver cualquier cosa, así sea una película tan cutre y mal oliente como nadar en una fosa séptica de noche.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, esto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.

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Colaboración especial

Alejandro Aguirre Riveros

 

Originario de la Ciudad de México (30 de junio de 1985),  cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en el ITESO (2004-2008). Durante ese periodo ganó el premio al Mejor Documental en la Semana Municipal de Video de Guadalajara, obtuvo el primer lugar en la categoría Fotografía del Festival Universitario de la Comunicación y dirigió un corto experimental seleccionado por el Festival de Arte Chroma y el Tijuana Freakfilm Festival. Al egresar trabajó como videoasta y fotógrafo hasta que una enfermedad autoinmune devoró la superficie de sus ojos obligándolo a volcar su creatividad en la literatura. Ganador del Premio Estatal de Cuento Ciudad de La Paz 2015 y finalista del Primer Torneo de Guión organizado por Escribe Cine A. C. Egresado del Diplomado de Literatura Europea Contemporánea organizado por Bellas Artes, del Seminario de Dramaturgia (Instituto Sudcaliforniano de Cultura) impartido por Jaime Chabaud y de la Segunda Residencia para Guionistas en Sonora bajo la tutela de  Maria Gabriela Vidal, Ximena Escalante y Gibrán Portela. Ha cursado diferentes cursos y talleres de escritura creativa con maestros como Martín Solares, Antonio Parra, Luis Felipe Lomelí, María Barandas, Alberto Chimal y Ana Clavel. Su narrativa se distingue por una honestidad descarnada, un ritmo trepidante y personajes que rayan entre la tragedia y la comedia existencialista. Sus influencias son Pedro Juan Gutiérrez, Raymond Carver, Mariana Enriquez, Samanta Schweblin y Etgar Keret. Actualmente dirige el Taller de Guión cinematográfico impartido en la biblioteca Justo Sierra por parte del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

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