San Bruno: la misión que quiso fundar California

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En la memoria colectiva de Baja California Sur, el nombre de San Bruno apenas aparece entre las piedras secas de la sierra y las aguas tranquilas del Mar de Cortés. Sin embargo, aquel sitio fundado en 1683 marcó el primer intento serio de colonización española en la península y dejó un legado tan frágil como decisivo en la historia del Noroeste de México. Detrás de esta empresa estuvieron dos figuras centrales: el almirante Isidro de Atondo y Antillón, hombre de armas y mar, y el jesuita Eusebio Francisco Kino, sacerdote, explorador y visionario.

Desde el siglo XVI, los intentos españoles de establecerse en la península habían fracasado por la dureza del clima, la escasez de agua, los enfrentamientos con las poblaciones indígenas y la falta de recursos para sostener colonias permanentes. Tras las expediciones de Hernán Cortés, Francisco de Ulloa y Sebastián Vizcaíno, la California seguía siendo un territorio inhóspito y en gran medida inexplorado. En 1683, el Virreinato de la Nueva España reactivó sus ambiciones. Isidro de Atondo, con experiencia militar y naval, recibió el título de Almirante de las Californias. Su misión era clara: colonizar y evangelizar el territorio, convirtiéndolo en una extensión segura del dominio español. Para ello contaba con un aliado de excepción: el jesuita Eusebio Francisco Kino, originario de Trento, matemático y astrónomo, pero sobre todo, un misionero convencido de que la fe podía abrir caminos donde la espada fallaba.

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El 1 de abril de 1683, la expedición desembarcó en la bahía de La Paz. Allí se fundó la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de las Californias, un pequeño asentamiento fortificado que buscaba ser semilla de la colonización. Los jesuitas levantaron una capilla improvisada, mientras los soldados construyeron trincheras y cañoneras. Pero el contacto con los pueblos pericúes y guaycuras pronto se tornó violento. La escasez de alimentos, los malentendidos culturales y las tensiones por el uso del agua desembocaron en choques armados. Apenas en julio de ese mismo año, los españoles dispararon contra indígenas que habían entrado al recinto, causando muertes y desconfianza irreparable. El proyecto fracasó y se decidió abandonar La Paz.

En octubre de 1683, la expedición volvió a intentarlo. Esta vez eligieron un sitio más al Norte, en tierras cochimíes, cerca de la actual Loreto. Allí fundaron el Real de San Bruno (el 6 de octubre que es el día del santo) y, junto a él, una pequeña misión que serviría como centro espiritual y cultural. San Bruno fue levantado con una fortificación triangular que contaba con tres puntos de artillería. Se construyó también una capilla de adobe y palma, y los jesuitas iniciaron la enseñanza de la doctrina cristiana. Kino no sólo catequizaba: plantó viñedos, tradujo oraciones a la lengua cochimí y elaboró un catecismo adaptado a la realidad local. Su visión integraba fe, ciencia y agricultura. Para los cochimíes, sin embargo, el contacto resultaba ambivalente. Algunos aceptaban las enseñanzas y el intercambio de bienes, otros resistían con recelo. El aislamiento y la rudeza del entorno hicieron el resto.

El clima fue el enemigo mayor. La tierra árida, las lluvias escasas y la lejanía de los centros de abastecimiento en Sinaloa y Sonora pusieron a prueba la resistencia de los colonos. La comida escaseaba, las enfermedades se propagaban y los envíos de provisiones desde el continente eran insuficientes. Kino se mostró renuente a abandonar la misión. Estaba convencido de que San Bruno podía convertirse en el faro de la evangelización en California. Atondo, más pragmático, veía las cuentas de hombres y recursos sangrar día tras día. Finalmente, en mayo de 1685, apenas año y medio después de su fundación, se tomó la decisión de levantar el campamento. El Real de San Bruno fue abandonado. Los pocos indígenas convertidos regresaron a su vida tradicional y la península volvió a quedar sin presencia española permanente.

El hubiera de San Bruno

Aunque efímero, San Bruno dejó huella. Fue el primer asentamiento jesuita en la península y sirvió de laboratorio para futuros intentos. Kino realizó desde allí importantes expediciones de reconocimiento, como la primera travesía documentada de la península de lado a lado, del Golfo al Pacífico. Sus informes y mapas demostraron que Baja California era una península, y no una isla como se pensaba en Europa. El fracaso enseñó a la Corona y a la Compañía de Jesús que la colonización no podía basarse únicamente en entusiasmo misionero ni en fuerza militar. Se requerían estrategias logísticas sólidas, apoyo financiero constante y una relación menos violenta con los pueblos originarios. Doce años después, en 1697, el jesuita Juan María de Salvatierra fundaría la Misión de Loreto, considerada la primera misión permanente de la península. Pero esa historia no se entiende sin el precedente de San Bruno.

Hoy, el sitio de San Bruno es apenas un paraje silencioso, con vestigios mínimos en medio del desierto sudcaliforniano. Para los cronistas e historiadores, sin embargo, representa un momento clave: el cruce entre la ambición imperial, la fe jesuita y la resistencia de la naturaleza. El almirante Atondo regresó al continente, marcado por la experiencia, y Kino fue destinado más tarde a la Pimería Alta, en Sonora y Arizona, donde alcanzó fama como “Padre de las Misiones”. Pero en las arenas de Baja California quedaron sembradas las primeras semillas de lo que después sería un vasto entramado misional. San Bruno no sobrevivió, pero demostró que la península podía ser recorrida, cartografiada y, con paciencia, evangelizada. Fue un fracaso que abrió el camino al éxito de otros. Y en la fragilidad de sus muros de adobe se esconde la fuerza de la historia: la que enseña más con sus caídas que con sus victorias.

Referencias bibliográficas

  1. Mathes, W. Michael. Californiana I: Documentos para la historia de la demarcación comercial de California (1679–1686). México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1970.
  2. León-Portilla, Miguel. Cartografía y crónicas de la Antigua California. México: UNAM / Instituto de Investigaciones Históricas, 1989.
  3. Nieser, Hans. San Bruno: El fracaso de la primera misión jesuita en Baja California (1683–1685). La Paz, B.C.S.: Gobierno del Estado de Baja California Sur / Archivo Histórico Pablo L. Martínez, 2000.

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Invitan a Semana de Eusebio Fransico Kino; habrá conferencias y presentaciones editoriales

IMÁGENES: Cortesía.

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el marco del Año 2025, Año del Padre Eusebio Francisco Kino, los diputados Karina Olivas Parra, Fabrizio del Castillo Miranda y Martín Escogido Flores, en colaboración con diversas asociaciones de la sociedad civil, han anunciado la realización de la Semana de Eusenio Quino S.J., con motivo del CCCLXXX aniversario del natalicio del misionero jesuita.

Este programa conmemorativo se llevará a cabo del 6 al 9 de mayo e incluirá conferencias, reuniones y presentaciones que buscan difundir y fortalecer el legado histórico y cultural del Padre Kino en la región.

Martes 6 de mayo

Conferencia: “Cortés y la primera fundación de La Paz. 590 años”.

Conferencistas: Carlos Lazcano Sahagún y Sealtiel Enciso Pérez.

Lugar: Auditorio 02 de Ciencias Sociales y Humanidades, Edificio CSH-45, Universidad Autónoma de Baja California Sur. Hora: 12:00 hrs

Miércoles 7 de mayo

Conferencia: “Kino en California. Su importancia y herencia”.

Conferencista: Carlos Lazcano Sahagún.

Lugar: Sala de Comisiones del H. Congreso del Estado de B.C.S. “Lic. Armando Aguilar Paniagua”. Hora: 11:00 hrs

Presentación del libro: “Historia y opinión en las crónicas de Eligio Moisés Coronado”. Tomo II

Autor: Eligio Moisés Coronado. Comentarista: Carlos Lazcano Sahagún y Lectora invitada: Marcela A. Coronado Guillén

Lugar: Museo de Arte de Baja California Sur. Hora: 18:00 hrs

Jueves 8 de mayo

Conferencia: “La trascendencia de la Californidad”

Conferencistas: Carlos Lazcano Sahagún y Eligio Moisés Coronado.

Lugar: Sala audiovisual “Roberto Jesús Salgado Ríos”, Benemérita Escuela Normal Urbana “Profr. Domingo Carballo Félix”. Hora: 11:00 hrs

 

Todas estas actividades tienen como finalidad fortalecer la identidad y la cultura de los sudcalifornianos, a través del estudio, la difusión y la reflexión sobre la figura del Padre Kino, su herencia en el desarrollo histórico del noroeste de México y el espíritu de integración entre cultura, territorio y comunidad que promovió durante su vida. Las y los organizadores hacen un llamado a la comunidad estudiantil, académica y al público en general a participar en este ejercicio de memoria y reflexión colectiva, en honor a una figura clave de la historia regional.




El pasado está en el presente. La lengua nebe de Las Californias

FOTOS: Internet

Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). Cada día se van encontrando más documentos que nos hablan de las maravillas que existían en nuestra hermosa península californiana a la llegada de los primeros europeos, y de cómo ellos dieron cuenta en sus escritos, los cuales nos han llegado hasta el presente para que disfrutemos y conozcamos más sobre la hermosa cultura que floreció en este rincón del Nuevo Mundo.

En el caso que hoy, comento sobre un documento que fue encontrado por un intelectual de la ciudad de Tijuana de nombre Manuel Acuña el cual obtuvo una fotocopia del original que se encuentra en el Centro de Estudio de Historia de México CARSO (Fundación Carlos Slim), —era conocido como el Archivo Histórico de Condumex—, este edificio está ubicado en la delegación Álvaro Obregón en la Ciudad de México. Fue hasta el 2011 que el escrito fue presentado por el historiador Carlos Lazcano Sahagún, al cual le fueron entregadas las fotocopias por Acuña durante el segundo Festival de la Antigua California.

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El documento consta de 22 cuartillas en letra manuscrita y se divide en dos secciones. La primera se titula Arte y bocabulario de la lengua Nebe de las Californias o Carolinas y la segunda Bocabulario de la lengua Nebe traducida en lengua castellana. El autor describió algunas reglas gramaticales sobre la pronunciación de las frases en dicha lengua así como 615 vocablos con sus respectivas traducciones al castellano —verbos, sustantivos y adjetivos.

Fue elaborado entre los años de 1683 a 1685 durante la expedición que realizó el almirante Isidro Atondo y Antillón a la península, en su larga estancia en lo que fuera el Real Presidio y misión de San Bruno. Lamentablemente, se desconoce su autoría. En la mencionada expedición viajaron los sacerdotes Eusebio Francisco Kino, Matías Goñi y Juan Bautista Copart con el propósito de fundar una misión y evangelizar al mayor número de gentiles, todo lo anterior incluido en el plan de formar un enclave permanente en esta península.

En diferentes testimonios que se levantaron por escrito, se menciona que los tres sacerdotes realizaron registros del vocabulario de los californios con el propósito de dominar su lengua y utilizarla como vía para transmitir la doctrina religiosa. No obstante, también uno de los alférez que acompañaba al comandante Isidro de Atondo aprendió rápidamente, esta lengua realizando para ello diversas anotaciones. El nombre de esta persona era Nicolás de Contreras.

Debido a lo antes mencionado y a que este documento no contiene datos que identifiquen a su autor ha sido muy difícil establecer este punto. El historiador Carlos Lazcano ha concluido que es muy probable que la autoría sea del sacerdote Eusebio Francisco Kino ya que basado en el tipo de letra que se utilizó y comparándola con otras cartas escritas por él, existe una gran semejanza.

Además de lo anterior, al inicio de este “bocabulario” existe una anotación sobre la dificultad de los californios de pronunciar los fonemas “f”, “s” y “r”; misma anotación que deja establecida Kino en el diario que llevó durante el año de 1684 que permaneció en esta península.

Sin embargo, independientemente, de quien sea el autor, su importancia es trascendental ya que viene a enriquecer aún más los aspectos culturales que tenían los primeros habitantes de esta tierra. Para tener una idea más clara del documento es importante mencionar que trata sobre una de las muchas variantes dialectales que se encontraron entre los cochimíes —grupo de californios que vivían a partir de la región de Loreto y hacia el norte de la península.

De acuerdo a los testimonios del sacerdote Kino, esta lengua era hablada por los habitantes de los sitios denominados por los colonos como San Isidro (San Juan Bautista Londó), San Nicolás, San Juan, San Bruno y al menos dos más, todos ellos a las orillas de la Sierra de La Giganta. Estos sitios fueron recorridos por Kino acompañado de un grupo de soldados durante diversas expediciones que realizaron en los dos años que ocuparon el Real de San Bruno.

El grupo de californios que vivían en este sitio fue denominado con diferentes nombres: didiu, didú, didius y didúes; sin embargo, generalmente, se usaba la palabra «Didios». El significado de “nebe” en castellano es «higo” y “canción”; y “nebel” significa “lengua”, pudiendo ser éste último el sentido que le dieron a la palabra con la que se denominó esta lengua.

Algunas de las reglas gramaticales que se anotaron en este “arte y bocabulario de la lengua nebe” podemos resaltar algunas. Por lo general las palabras en plural finalizan en “i”, por ejemplo, Undaki significa “los muchachos”. El pretérito se utiliza agregando la sílaba “te” al final de una palabra; bandecute que significa “he llamado” o delete de significado “he peleado”. Para decir una palabra en futuro se le agregan las sílabas “doro”,  Badecudoro, es igual a “llamaré después”, o deledoro significa “pelearé”.

Dentro de las palabras que se tradujeron de esta lengua mencionaré las siguientes igui significa acarrear; menechip es algodón; guenbe, aposento; gassel, árbol; nebo, cabello; niemi, camisa; cade, caña; tegape, carta; mege, delgado; idoro, después; tegase meji, fabricar; ussi, fuego; gueke, herir; guegui, irse; nemesi, leche; chigue, madre; meleque, miedo; modo, muchos; y meji, obrar, entre otras.

Tenemos la fortuna que el mencionado documento se haya editado en un libro el cual podemos conseguir fácilmente, en el Archivo Histórico “Pablo L. Martínez” de esta ciudad de La Paz, Baja California Sur, el cual fue elaborado por el historiador Carlos Lazcano Sahagún y Arnulfo Estrada Ramírez. En esta obra aparece una fotocopia del escrito, así como una traducción y muchos más datos que nos permiten ubicar en todo su valor a este gran hallazgo.

Es probable que al igual que esta joya, miles de ellos se encuentren “extraviados” bajo pilas de papeles en los diversos archivos y colecciones particulares que existen en el mundo. Es por lo anterior de singular importancia la trascendencia que tienen los historiadores al investigar, estudiar y escribir sobre estas obras y compartirlas para que los actuales habitantes de esta bella tierra sudcaliforniana nos sintamos más orgullosos de nuestras raíces y apuntalemos nuestro sentido de identidad.

Bibliografía:

Arte y vocabulario de la lengua Nebe de las Californias o Carolinas. Eusebio Francisco Kino, Autores: Carlos Lazcano Sahagún y Arnulfo Estrada Ramírez.

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