La paradoja del bolsillo: por qué México paga más por lo mismo

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En las carreteras rectas de Baja California Sur, donde el horizonte se estira como una promesa azul, una pregunta resuena cada vez con más fuerza: ¿por qué pagamos más por el mismo auto que venden en Estados Unidos? Y, de paso, ¿por qué ocurre lo mismo con los teléfonos, los planes de datos, los servicios que, en teoría, deberían ser más baratos en un país con menor poder adquisitivo? La respuesta no cabe en un solo trazo. Es una madeja que mezcla impuestos, estructura de mercado, salarios y decisiones corporativas que no siempre se explican con transparencia.

Todo empieza en un punto incómodo: México tiene uno de los poderes adquisitivos más bajos de la OCDE, según datos confirmados en 2024, pero aun así enfrenta precios que compiten —e incluso superan— a los de mercados más ricos. La escena se vuelve tangible cuando alguien de La Paz comenta que el modelo de auto que vio en Tijuana o en San Diego cuesta decenas de miles de pesos menos al cruzar la frontera. Lo mismo relata una residente de Cabo San Lucas respecto a su reciente compra de celular: el mismo dispositivo, misma capacidad, misma marca, pero notablemente más barato en Estados Unidos.

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La explicación más inmediata aparece en la capa superficial: impuestos más altos, particularmente el IVA del 16% aplicado a autos nuevos y dispositivos electrónicos. A eso se suman aranceles específicos que México mantiene para ciertos sectores, aunque estos han disminuido con los años gracias a acuerdos comerciales. Sin embargo, reducirlo todo a impuestos sería una versión incompleta de la historia.

La segunda capa es más compleja y está hecha de estructuras de mercado. En la industria automotriz, aunque México fabrica millones de vehículos al año, el precio final al consumidor depende de estrategias definidas por las marcas, que suelen fijar costos en función de su posicionamiento regional, la competencia local y las políticas internas de cada distribuidor. En palabras simples: no se paga lo que cuesta producir, sino lo que las marcas consideran que puede pagar el mercado.

Algo parecido ocurre con la telefonía móvil. México experimentó avances importantes en competencia desde la reforma de telecomunicaciones de 2013, lo cual redujo precios y amplió cobertura. Aun así, reportes recientes muestran que los planes móviles, especialmente los de datos ilimitados, siguen siendo más caros que en Estados Unidos cuando se comparan en proporción al ingreso. Un análisis de 2023 señalaba que el costo promedio por gigabyte en México es menor que hace una década, pero todavía resulta oneroso si se mide frente al salario promedio. Esto es crucial porque la asequibilidad real no depende del precio aislado, sino de cuánto representa ese precio en el bolsillo de una persona común.

Quienes han vivido esta diferencia en carne propia lo describen con frustración contenida. Una persona de San José del Cabo relató que su factura telefónica mensual equivale a casi el 10% de sus ingresos, mientras que familiares suyos en California pagan menos por un plan más robusto. Otra persona en La Paz mencionó que cambiar de automóvil implica aceptar que el costo total será significativamente mayor que el de alguien que vive a pocas horas al norte.

El porqué es incómodo, pero necesario de reconocer: los mercados mexicanos tienden a ser más pequeños, más concentrados y con menos presión competitiva real. Cuando pocas empresas dominan, pueden mantener precios altos sin perder demasiados clientes. Y cuando el ingreso promedio es bajo, el porcentaje que se destina a servicios básicos se vuelve sofocante.

¿Qué hacer frente a esta realidad? Algunas rutas existen. Expertos han sugerido fomentar mayor competencia en distribución automotriz, revisar políticas de importación temporal y fortalecer la vigilancia a prácticas de precios. En telecomunicaciones, reforzar la regulación para garantizar tarifas más alineadas al poder adquisitivo podría aliviar la carga. No son soluciones inmediatas, pero sí posibles.

El fondo del asunto, sin embargo, toca una fibra más profunda: la sensación de vivir siempre en desventaja económica, incluso en productos que se fabrican aquí mismo. Esta contradicción erosiona la confianza, desgasta la paciencia y alimenta la idea de que el sistema no está diseñado para quienes trabajan día a día.

Y sin embargo, algo permanece en pie: la capacidad de cuestionar. De exigir. De no normalizar precios que no corresponden a nuestra realidad. Cada pregunta que surge en una conversación, cada comparación incómoda, cada vez que alguien se sorprende al ver un precio más bajo cruzando la frontera, es un recordatorio de que las cosas pueden —y deben— cambiar.

Porque la justicia económica empieza por reconocer que merecemos pagar lo justo. Y cuando una sociedad despierta a esa idea, ningún precio inflado puede seguir imponiéndose en silencio.

Referencias y fuentes consultadas:
– INEGI, indicadores de poder adquisitivo y precios al consumidor (2023–2024).
– OCDE, comparativo de ingreso y asequibilidad en telecomunicaciones.
– Reportes públicos sobre precios automotrices en México y EE.UU. (2023–2024).
– Análisis sobre la reforma de telecomunicaciones en México (2013–2024).

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




¿Quieres ganar entre 88 mil y 144 mil dólares al año? ¡El ICE está contratando!

FOTO: CNN.

Colaboración Especial

Pablo Chiw

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). ¿Quieres ganar entre 88 mil y 144 mil dólares al año? ¡El ICE está contratando! Estos son los requisitos básicos:

  • Aprobar un examen toxicológico.
  • Tener ciudadanía estadounidense.
  • Portar y usar armas de fuego.
  • Tener licencia para conducir.
  • Capacidad de ejercer fuerza letal.
  • No contar con antecedentes penales.
  • Disponibilidad para viajar con poco aviso de anticipación.

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El atractivo salario (alrededor de 132 mil pesos mexicanos mensuales) contrasta con la profunda crisis estructural que atraviesa Estados Unidos. Su deuda nacional supera los 31.4 billones de dólares, cifra que, desglosada, luce así:

  • 31 billones (31,000,000,000,000).
  • 462 mil millones.
  • 154 millones.
  • 854 mil.
  • 903 unidades.

Aunque algunos economistas minimizan esta cifra, argumentando que «la deuda no importa mientras haya confianza», el verdadero problema emerge cuando bancos y gobiernos extranjeros dejan de comprar bonos del Tesoro. Según el periódico The Guardian, ya se percibe una retirada silenciosa de esos bonos por parte de varios países.

Para economistas como Richard Wolff y Michael Hudson, Estados Unidos enfrenta un ocaso irreversible. Mientras los BRICS ya representan el 35% del PIB global, el G7 apenas alcanza el 30%, y la tendencia es clara: los BRICS avanzan; el G7 se hunde. La hegemonía del dólar se tambalea.

¿Qué relación tiene el ICE con la bancarrota económica y moral de EE.UU.?

La última carta fuerte de Estados Unidos ha sido su poder militar. Sin embargo, según el coronel retirado Douglas McGregor, el ejército estadounidense atraviesa su peor crisis de reclutamiento en décadas. Cada vez menos ciudadanos quieren enlistarse.

En ese contexto, el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) parece asumir un nuevo rol: un cuerpo paramilitar camuflado bajo la narrativa de la «seguridad fronteriza». La supuesta «invasión mexicana» no es más que un pretexto ideológico para movilizar a sectores radicalizados, especialmente simpatizantes de Trump, hacia una guerra interna contra migrantes.

El ICE se perfila así como una institución policial-militar con tintes autoritarios, funcional a un proyecto político de corte fascista, supremacista y profundamente antiinmigrante. Más que una agencia de seguridad, el ICE podría convertirse en la futura guardia imperial de un segundo mandato de Trump, al estilo de las policías secretas de regímenes totalitarios.

Conclusión

La oferta de empleo del ICE no puede entenderse solo como una salida laboral atractiva. Representa una puerta de entrada a un aparato de control cada vez más militarizado, en un país cuya estructura económica colapsa mientras se aferra a la represión como única forma de sostener su poder.

En ese sentido, el salario esconde las intenciones de militarizar la vida civil y la normalización de la polarización y el odio como política pública.

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¡Benditos aranceles! ¿Estamos condenados a ser sólo espectadores?

FOTOS: Pexels.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). En cada rincón de BCS, los vientos de pueblo siempre han sido portadores de historias. Historias de esfuerzo, resistencia y esperanza. Pero hoy esos vientos traen algo más: preguntas incómodas que exigen respuestas: ¿por qué seguimos dependiendo tanto de lo que viene de afuera? ¿Qué tan preparados estamos para enfrentar una crisis económica que ya está tocando nuestras puertas? Y, sobre todo, ¿vamos a quedarnos cruzados de brazos mientras otros deciden nuestro futuro?

Recientemente, el gobierno de Estados Unidos de America anunció nuevos aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%), así como impuestos adicionales a productos agrícolas, textiles y manufacturas provenientes de México. Aunque estas medidas no afectan directamente a las exportaciones principales de BCS —como el atún, los camarones y los servicios turísticos—, el efecto dominó ya comienza a sentirse. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 40% de las importaciones de bienes intermedios que utilizan las empresas locales provienen de EUA. Esto incluye materiales esenciales para la construcción, maquinaria pesada y componentes electrónicos. Con un incremento promedio del 15% en los costos de estos insumos debido a los aranceles, pequeñas y medianas empresas (PyMEs) están viendo cómo sus márgenes de ganancia se desvanecen.

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Pero aquí surge la pregunta inevitable: ¿por qué seguimos siendo tan vulnerables a decisiones que tomamos fuera de nuestro control? En comunidades rurales, negocios familiares que dependen de materiales importados ya han comenzado a cerrar sus puertas ante la imposibilidad de competir. En ciudades como La Paz, donde la economía está fuertemente ligada al turismo, el aumento en los costos de operación también golpea duro. Los hoteles, restaurantes y agencias de viajes dependen de suministros importados que ahora cuestan más caros. Y aunque los visitantes internacionales aún llegan, muchos empresarios temen que los precios elevados disuadan a futuros turistas. ¿Es justo que nuestra prosperidad dependa de algo tan volátil como las políticas comerciales de otro país?

En pueblos pequeños como Todos Santos, famoso por su arte y gastronomía, los artesanos enfrentan una crisis similar. La necesidad de importar pinturas, cerámica y otros materiales de alta calidad ha encarecido sus costos de producción. Esto obliga a reducir la producción o aumentar los precios, lo cual aleja a los clientes. Además, existe el riesgo latente de que las grandes cadenas hoteleras y corporaciones extranjeras trasladen la carga financiera a los consumidores locales mediante recortes laborales o reducciones salariales. Según expertos, si no se toman medidas urgentes, podríamos ver un aumento significativo en el desempleo y la informalidad económica. Esta situación podría profundizar las brechas sociales y exacerbar problemas estructurales que ya afectan a la región. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que las decisiones de otros definan nuestro presente y condicionen nuestro futuro?

Frente a esta adversidad, es imperativo actuar. Pero aquí surge otra pregunta incómoda: ¿quién está liderando el cambio? Promover la producción local es fundamental, pero ¿dónde están las políticas públicas que incentiven esta transición? Desde agricultores que cultivan verduras orgánicas hasta pequeños fabricantes de muebles, todos tienen un papel crucial. Sin embargo, ¿qué apoyo real están recibiendo? Impulsar alianzas comerciales alternativas también es clave. Mientras las relaciones comerciales con EUA se complican, debemos buscar socios en otras regiones. Canadá, Europa y Asia representan oportunidades para diversificar mercados y establecer nuevas conexiones económicas. Pero, ¿quién está tendiendo esos puentes? ¿Quién está guiando a nuestras empresas hacia esos horizontes desconocidos?

Capacitación y adaptación tecnológica son igualmente fundamentales. Las PyMEs deben modernizarse para ser más competitivas. Programas gubernamentales y privados deben enfocarse en brindar capacitación técnica y financiamiento para adoptar tecnologías que optimicen la producción y minimicen costos. Pero, ¿cuántos empresarios locales tienen acceso real a estos recursos? ¿Cuántos saben siquiera que existen? El turismo sostenible y diversificado debe ser otra prioridad. En lugar de depender exclusivamente del turismo de lujo, exploremos alternativas como el ecoturismo, el turismo cultural y el turismo de aventura. Pero, ¿dónde están las campañas que promuevan estas opciones? ¿Quién está invirtiendo en infraestructura para hacerlas realidad?

Finalmente, la unión comunitaria es esencial. Desde el pescador de Loreto hasta el empresario de Cabo San Lucas, todos somos parte de la misma cadena. Pero, ¿estamos actuando como tal? ¿Nos estamos organizando, compartiendo recursos y apoyándonos mutuamente para superar esta crisis? Las cámaras de comercio, las asociaciones civiles y los gobiernos locales tienen un papel crucial en la coordinación de esfuerzos y la creación de políticas públicas que beneficien a todos los sectores. Pero, ¿están cumpliendo con esa responsabilidad?

Como dirían los ancianos de nuestros pueblos, los vientos siempre traen cambios, pero también semillas de oportunidad. Hoy, esos vientos soplan con fuerza, trayendo consigo desafíos que parecen insuperables. Pero también nos recuerdan que, cuando nos unimos como comunidad, podemos transformar cualquier tormenta en una brisa fresca que nos impulse hacia adelante. El futuro de BCS está en nuestras manos, y cada acción cuenta. Solo así, cuando los vientos de pueblo soplen de nuevo, podremos decir que supimos aprovechar su mensaje y construir un mañana mejor.

La pregunta final es clara: ¿vamos a seguir siendo espectadores de nuestra propia historia o vamos a tomar las riendas y escribir un nuevo capítulo? Porque, al final, no se trata solo de sobrevivir. Se trata de decidir quiénes queremos ser. Y ese camino, Queridos Lectores, lo construiremos juntos.

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Asambleísta de EEUU participa en Congreso del Estado

FOTO: Congreso del Estado.

La Paz, Baja California Sur (BCS). «Las tres Californias, podemos ser un modelo de integración para el mundo y desarrollo binacional», expresó el asambleísta David Álvarez, presidente de la Comisión de Asuntos Binacionales México-Estados Unidos del Congreso de California, quien tomó la tribuna en sesión ordinaria, al concluir este martes la gira de trabajo de una delegación de asambleístas del Estado de California en Estados Unidos.

En su intervención en el Congreso del Estado, el legislador destacó que el futuro está en las tres Californias, que no sólo comparten el nombre sino también una historia, cultura y potencial inmenso para la cooperación, desde el comercio hasta el turismo, pasando por el desarrollo sostenible y la seguridad.

Señaló que La Paz, que la distingue la calidez de su gente y la belleza, con su dinamismo y vocación internacional, es un ejemplo de cómo las relaciones entre los territorios pueden generar beneficios reales para nuestra gente; así mismo, se comprometió a continuar trabajando para fortalecer lazos y llevar la cooperación a un nuevo nivel.

Los demás integrantes de esta delegación, José Luis Solache y Juan Carrillo, por espacio de cuatro días tuvieron un acercamiento a Baja California Sur, para dialogar con autoridades estatales y municipales, así como con representantes de los sectores productivos de La Paz, buscando fortalecer la relación entre los dos estados, pero, sobre todo, entre las dos naciones.




María Amparo Ruiz de Burton y su contundente crítica a la sociedad estadounidense del siglo XIX

FOTOS: Internet.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS).  María Amparo Ruiz de Burton, nacida en el pintoresco puerto de Loreto, Baja California, en 1832, emerge como una figura destacada en la historia literaria como la primera mujer mexicoamericana en publicar sus obras en Estados Unidos. Su trayectoria se teje con un relato fascinante que va más allá de las páginas de sus novelas.

A los 17 años, emprendió un viaje crucial a California, acompañada de su madre, y poco después, contrajo matrimonio con el coronel Henry Staton Burton. Tras la muerte de su esposo, en 1869, se vio obligada a asumir la responsabilidad de su familia, administrando hábilmente un rancho de su propiedad de nombre El Jamul.

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Fue en 1872 cuando dio un giro audaz hacia la literatura, presentando su primera novela Who Would Have Thought It? (¿Quién lo habría pensado?), marcando un parteaguas como escritora mexicoamericana en los Estados Unidos. Esta novela no sólo cautivó a los lectores de la época, sino que también reveló una cruda crítica a la sociedad estadounidense del siglo XIX.

La trama de la novela se desarrolla principalmente en los estados de California y Washington, explorando temas candentes de la sociedad de la época. A través de personajes intrincados, arroja luz sobre las siguientes denuncias:

En el intrincado tapiz de la novela de María Amparo Ruiz de Burton, se despliega un drama que revela las sombras más profundas de la sociedad estadounidense del siglo XIX. La autora, con pulso firme, arroja luz sobre la hipocresía religiosa que permea la época, donde el menosprecio de los estadounidenses hacia la religión católica de los mexicanos se entrelaza con las acciones corruptas del pastor protestante, Sr. Hackwell. Este último, en su afán de apoderarse de la fortuna de Lolita, no duda en urdir engaños y fraudes, desenmascarando así la doble moral que subyace en la sociedad.

La narrativa se torna aún más intensa al exponer el desprecio hacia los indios y los mexicanos que permanecieron en sus tierras ancestrales tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Ruiz de Burton, a través de sus personajes, desentraña el tejido de discriminación racial que caracteriza a la sociedad estadounidense, mostrando un menosprecio palpable hacia los negros y los extranjeros. La idea de tener esclavos no es rechazada por algunos, evidenciando así la crudeza de las relaciones sociales de la época.

La codicia y ambición desmedida emergen como temas recurrentes en la trama. La novela denuncia la obsesión de los estadounidenses por la riqueza y las piedras preciosas, incluso si esto implica la destrucción de vidas y la perpetración de asesinatos. En este escenario, la obra cobra una dimensión crítica que desentraña las entrañas de una sociedad corrompida por sus propios anhelos desmedidos.

Los «héroes» de la Guerra de Secesión son objeto de la pluma crítica de Ruiz de Burton, quien cuestiona la validez de muchos líderes militares. La autora pone en duda el mérito de su ascenso, argumentando que algunos alcanzaron sus posiciones por casualidad o confusiones en el campo de batalla, desmitificando así la heroicidad de estos personajes.

La corrupción política emerge como un tema central cuando la autora exhibe la podredumbre de los congresistas en la Casa Blanca y el Capitolio. A través de personajes ficticios, se revela cómo la élite política se enriquece a costa de sobornos, negocios fraudulentos y tráfico de influencias, sugiriendo que los males de Estados Unidos se deben, en gran medida, a las acciones de sus legisladores.

La crudeza de la guerra se manifiesta en la novela de Ruiz de Burton, donde se exponen situaciones de acusaciones sin juicio justo y las condiciones inhumanas que enfrentaban los soldados. La autora descubre las heridas profundas que deja la guerra, desde la pérdida de extremidades por congelamiento hasta la desesperación que lleva a algunos a comerse a los perros para sobrevivir.

La doctrina del Destino Manifiesto, esa creencia ciega en la inevitable supremacía estadounidense, es confrontada y criticada por la autora. La justificación de la destrucción y el saqueo en nombre de un supuesto destino divino es presentada como una falacia que enmascara la ambición desmedida de una nación.

Las ideas sobre México también encuentran espacio en la narrativa, donde la autora aboga por la imposición de un rey o emperador francés en el país vecino. Considera que esta intervención extranjera podría mejorar las condiciones de México, planteando una perspectiva audaz sobre la geopolítica de la época.

Finalmente, María Amparo Ruiz de Burton devela su perspectiva feminista a lo largo de la novela. A través de sus personajes, expone la necesidad de que las mujeres asuman roles de poder para mejorar el servicio público del gobierno, señalando la arrogancia y violencia de los hombres como obstáculos para una resolución constructiva e inteligente de los asuntos importantes.

La obra de Ruiz de Burton se erige como un espejo crítico de la sociedad de su tiempo, revelando las grietas y contradicciones que yacen bajo la superficie de la supuesta grandeza de Estados Unidos. La autora se erige como un testimonio valiente y perspicaz que sigue resonando en la actualidad, recordándonos la importancia de la crítica constructiva para la evolución de la sociedad.

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