Cabo San Lucas: vivir con sed en el paraíso turístico

FOTOS: IA | OOMSAPAS.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). A primera vista, Cabo San Lucas parece una ciudad privilegiada. Sus playas, hoteles de lujo, desarrollos inmobiliarios y una de las industrias turísticas más dinámicas de México proyectan una imagen de prosperidad permanente. Sin embargo, detrás de esa postal existe una realidad cotidiana que afecta a miles de habitantes: la dificultad para acceder de manera regular al agua potable. Mientras millones de visitantes llegan cada año para disfrutar de uno de los destinos más importantes del país, numerosas colonias de la ciudad continúan dependiendo de sistemas de tandeo, almacenamiento en tinacos y suministro mediante camiones cisterna. La paradoja resulta evidente: una región rodeada por el mar enfrenta una de las crisis hídricas más complejas del noroeste mexicano.

La problemática no es nueva. Durante décadas, el crecimiento acelerado de Los Cabos superó la capacidad de la infraestructura hidráulica existente. La expansión urbana, el desarrollo turístico, el aumento de la población flotante y los efectos de la sequía prolongada han generado una presión constante sobre las fuentes de abastecimiento disponibles. De acuerdo con información del Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Los Cabos (OOMSAPAS), gran parte del suministro de Cabo San Lucas depende de pozos subterráneos, acueductos y de la planta desaladora actualmente en operación. Sin embargo, la demanda continúa creciendo a un ritmo superior al de la capacidad instalada.

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La magnitud del problema quedó reflejada en diversos informes oficiales y periodísticos difundidos durante 2025 y 2026. Datos citados por autoridades municipales indican que Cabo San Lucas requería alrededor de mil litros por segundo para cubrir adecuadamente la demanda urbana y turística, mientras que la producción disponible rondaba los 480 litros por segundo, generando un déficit estructural que repercute directamente en la población. Las consecuencias son visibles en numerosas colonias donde el agua llega por horarios determinados o con intervalos de varios días. El sistema de tandeo se ha convertido en una herramienta permanente para distribuir un recurso insuficiente entre una población cada vez mayor. Incluso en 2026, el propio organismo operador mantiene programas de distribución calendarizada para distintas zonas del municipio y continúa realizando ajustes para equilibrar la disponibilidad del recurso.

La escasez no puede explicarse únicamente por el crecimiento poblacional. Especialistas en gestión hídrica han señalado que la península de Baja California posee condiciones naturales particularmente adversas. La región recibe escasas precipitaciones anuales, cuenta con acuíferos limitados y enfrenta un proceso constante de sobreexplotación de fuentes subterráneas. A ello se suma el impacto del cambio climático, que ha provocado periodos más prolongados de sequía y una mayor incertidumbre en la recarga natural de los mantos acuíferos. El crecimiento demográfico constituye otro factor decisivo. Durante los últimos veinte años, Los Cabos ha registrado una de las tasas de crecimiento poblacional más altas del país. Miles de personas llegan cada año atraídas por las oportunidades laborales generadas por el turismo, la construcción y los servicios. Este fenómeno ha impulsado el surgimiento de nuevas colonias y asentamientos que demandan infraestructura hidráulica, drenaje y servicios públicos a una velocidad que las autoridades difícilmente pueden igualar. La actividad turística también ejerce una presión significativa sobre el sistema. Los hoteles, restaurantes, campos de golf y desarrollos residenciales requieren grandes volúmenes de agua para operar. Aunque muchos complejos han incorporado tecnologías de ahorro y reutilización, la demanda global continúa creciendo. El reto consiste en garantizar el desarrollo económico sin comprometer el acceso al agua para la población residente.

Otro problema importante se encuentra en la infraestructura existente. Las fugas en redes de distribución, acueductos y líneas de conducción representan pérdidas considerables. En diversas ocasiones, OOMSAPAS ha informado sobre reparaciones emergentes en acueductos estratégicos cuya operación resulta fundamental para el abastecimiento de la ciudad. Cada interrupción o avería genera afectaciones inmediatas para miles de usuarios. Frente a este panorama, las autoridades municipales y estatales han impulsado diversas estrategias para enfrentar la emergencia. Una de las más relevantes es la construcción de la segunda planta desaladora de Cabo San Lucas, considerada la obra hídrica más importante de la región en las últimas décadas.

Según información oficial de OOMSAPAS y del Ayuntamiento de Los Cabos, esta nueva infraestructura tendrá capacidad para aportar aproximadamente 250 litros por segundo adicionales a la red de distribución. La obra registra avances importantes en su construcción y es presentada como una pieza fundamental para reducir el déficit que actualmente enfrenta la ciudad. No obstante, la desaladora también refleja los desafíos que acompañan a las soluciones de gran escala. Aunque inicialmente se esperaba que comenzara operaciones durante 2026, reportes recientes indican que su entrada en funcionamiento podría concretarse hasta principios de 2027. Esto significa que la población deberá continuar enfrentando restricciones y esquemas de distribución controlada durante los próximos meses.

Mientras la nueva planta concluye su construcción, las autoridades han implementado medidas de corto plazo. Entre ellas destaca la rehabilitación de la desaladora existente, la incorporación de nuevas unidades de distribución mediante pipas y la atención prioritaria a colonias consideradas críticas. El gobierno municipal informó recientemente sobre la adquisición de veinte camiones cisterna para reforzar el suministro gratuito en sectores con mayores problemas de abastecimiento. Asimismo, se han destinado recursos para fortalecer la infraestructura hidráulica mediante proyectos financiados con fondos federales y municipales. OOMSAPAS ha anunciado inversiones superiores a los 260 millones de pesos orientadas a ampliar redes, mejorar sistemas de distribución y modernizar instalaciones estratégicas del municipio.

Otra medida que comienza a ganar relevancia es la sectorización de la red hidráulica. Esta estrategia consiste en dividir el sistema de distribución en áreas específicas para monitorear consumos, detectar fugas y administrar de manera más eficiente los caudales disponibles. Las autoridades consideran que esta herramienta permitirá mejorar la equidad en la distribución y reducir pérdidas que actualmente afectan el rendimiento del sistema. Sin embargo, los expertos coinciden en que ninguna obra resolverá por sí sola la crisis hídrica de Los Cabos. La desalación representa una alternativa indispensable para una región con limitadas fuentes naturales de agua dulce, pero también implica altos costos energéticos y financieros. Su éxito dependerá de una planeación integral que contemple crecimiento urbano ordenado, eficiencia operativa y protección de los recursos disponibles.

En ese contexto, el uso responsable del agua adquiere una importancia estratégica. Programas de cultura hídrica promovidos por instituciones gubernamentales buscan sensibilizar a la población sobre el ahorro, la detección de fugas domésticas y la reutilización de agua tratada para actividades que no requieren calidad potable. Aunque estas acciones pueden parecer menores frente a una crisis de gran magnitud, representan una herramienta fundamental para reducir la presión sobre el sistema. La realidad de Cabo San Lucas demuestra que el acceso al agua se ha convertido en uno de los principales desafíos para el futuro del municipio. El problema trasciende la infraestructura y se relaciona con la forma en que una ciudad crece, administra sus recursos y planifica su desarrollo. El turismo continuará siendo el motor económico de la región, pero su sostenibilidad dependerá cada vez más de la capacidad para garantizar servicios básicos a la población.

Por ahora, la ciudad vive una etapa de transición. Las obras avanzan, las autoridades implementan medidas emergentes y miles de familias esperan que la llegada de nuevas fuentes de abastecimiento reduzca los periodos de escasez. Sin embargo, la experiencia de los últimos años deja una lección clara: en una región desértica como Los Cabos, el agua ya no puede considerarse un recurso abundante. Es, probablemente, el factor que definirá el desarrollo económico, social y urbano de Cabo San Lucas durante las próximas décadas.

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AVISO: CULCO BCS no se hace responsable de las opiniones de los colaboradores, ésto es responsabilidad de cada autor; confiamos en sus argumentos y el tratamiento de la información, sin embargo, no necesariamente coinciden con los puntos de vista de esta revista digital.




La fiesta que bebe del desierto. Spring Break 2026

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). El Spring Break no entra a Baja California Sur en silencio. Entra por el aeropuerto de San José del Cabo, por los camiones turísticos, por las pulseras de hotel todo incluido, por los bares encendidos antes de que caiga la tarde y por esa postal que el mundo compra sin mirar el reverso: sol limpio, mar azul, arena caliente, servicio impecable. Del 1 de marzo al 3 de abril de 2026, Los Cabos esperaba recibir entre 45 mil y 50 mil jóvenes, principalmente de Estados Unidos, con una derrama estimada superior a 50 millones de dólares. Doce hoteles participaron directamente en esta temporada organizada, coordinada entre autoridades, hoteleros y operadores turísticos. La ocupación prevista rondaba el 80%. En la superficie, todo parecía una buena noticia. Y lo es, al menos para una parte del Estado.

Ganan los hoteles, los restaurantes, los bares, los transportistas, las agencias, los organizadores de eventos, los comercios de la zona turística y una cadena amplia de trabajadores que vive de la temporada alta. Gana también el gobierno, que puede presentar cifras de dinamismo, conectividad y confianza internacional. En un Estado donde el turismo no es solo actividad económica sino columna vertebral del discurso público, el Spring Break funciona como vitrina: muestra a Los Cabos como destino seguro, deseable, rentable. Cada llegada confirma una marca; cada habitación ocupada sostiene una narrativa de éxito. Pero Baja California Sur no es solo la postal. Es también el territorio que sostiene esa postal. Y ahí empieza la grieta.

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El mayor impacto se concentra en Los Cabos, no en todo el Estado por igual. La Paz, Loreto, Comondú y Mulegé reciben efectos indirectos: movilidad, proveeduría, expectativas de inversión, presión sobre servicios, comparación permanente con el sur próspero. Pero el peso principal cae sobre el corredor San José del Cabo-Cabo San Lucas, donde el turismo de alto consumo convive con colonias que han crecido más rápido que la infraestructura pública. Según datos censales, Los Cabos pasó de 238,487 habitantes en 2010 a 351,111 en 2020; en ese último año concentraba alrededor del 44% de la población estatal. Ese crecimiento no llegó acompañado, en la misma proporción, de agua, vivienda digna, transporte suficiente ni planeación urbana capaz de ordenar la expansión.

La contradicción es brutal porque se mira sin necesidad de explicarla demasiado: campos de golf verdes en medio del desierto, albercas relucientes frente al mar, hoteles de lujo ofreciendo abundancia hídrica como parte de la experiencia, mientras en zonas populares el agua puede convertirse en espera, tandeo, tinaco, pipa, gasto extra y resignación. De acuerdo con registros oficiales de disponibilidad de agua subterránea, el acuífero de Cabo San Lucas presenta una disponibilidad media anual negativa de más de 24 hectómetros cúbicos; el de San José del Cabo también aparece con déficit, al igual que el de La Paz. No es una metáfora: el subsuelo está diciendo, con números secos, que la fiesta ocurre sobre una cuenta sobregirada.

La pregunta no es si el turismo debe existir. Sería absurdo plantearlo así en un Estado cuya economía depende de esa maquinaria. La pregunta es quién decide sus límites, quién paga sus costos y quién se queda con sus beneficios más altos. Porque el Spring Break deja dinero, sí, pero también deja presión: más consumo de agua, más residuos, más tránsito, más demanda de seguridad, más ruido, más tensión sobre playas y espacios públicos, más empleo temporal y, muchas veces, más desigualdad normalizada bajo el lenguaje amable del desarrollo.

El crecimiento hotelero e inmobiliario ha reordenado las prioridades. En Los Cabos, el suelo vale por su capacidad de mirar al mar, no necesariamente por su capacidad de alojar con justicia a quienes hacen funcionar el destino. La vivienda para trabajadores se empuja lejos de la franja turística; los traslados se alargan; la ciudad se estira hacia donde puede, no siempre hacia donde debe. El lujo concentra inversión, pero también concentra vulnerabilidad: un destino que depende de vender abundancia en un territorio de escasez está obligado a revisar su modelo antes de que la contradicción se vuelva fractura.

Hay salidas, pero no caben en el optimismo publicitario. Requieren transparencia en concesiones y usos de agua, planeación urbana vinculante, medición pública del consumo turístico, inversión real en infraestructura hidráulica, tratamiento y reúso, límites ambientales verificables, vivienda accesible para trabajadores y acceso público efectivo a playas. Requieren que el éxito no se mida solo por ocupación hotelera y derrama, sino por la capacidad de que el destino no expulse, no seque y no oculte a quienes lo sostienen.

Spring Break 2026 muestra, con una claridad casi cruel, las dos caras de Baja California Sur: la del paraíso que se vende al mundo y la del territorio que absorbe la factura. Los jóvenes se irán con fotos, pulseras cortadas y memoria de fiesta. Los hoteles cerrarán cuentas. Las autoridades hablarán de saldo positivo. Pero cuando baje la música, quedará lo esencial: un Estado que debe decidir si quiere seguir celebrando el desarrollo como espectáculo o empezar a defenderlo como derecho compartido. Porque en el desierto, la prosperidad que no alcanza para todos termina pareciéndose demasiado a la sed.

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El Faro Viejo de Cabo Falso: luz, territorio y disputa en el extremo Sur de México

FOTOS: El Sol de México | NotiCabo.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el punto más austral de la península de Baja California Sur, donde el océano Pacífico se funde con el Golfo de California, una estructura de piedra se levanta sobre las dunas como un vestigio del pasado: el Faro Viejo de Cabo Falso. A primera vista, parece una ruina romántica azotada por el viento y la sal. Sin embargo, su historia revela algo más profundo: un símbolo de soberanía nacional, un referente de identidad regional y, hoy, un espacio en disputa entre intereses públicos y privados. Este reportaje explora su origen, su papel en la historia de México, los conflictos actuales en torno a su acceso y las posibilidades de futuro para este monumento, a partir de fuentes oficiales, testimonios institucionales y antecedentes históricos.

La historia del Faro Viejo de Cabo Falso se remonta a finales del siglo XIX, en un contexto donde la joven nación mexicana buscaba consolidar su presencia en territorios estratégicos. Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la Secretaría de Comunicaciones ordenó su construcción, iniciada en 1904 y concluida en 1905 bajo la dirección del ingeniero Joaquín Palacios Gómez. Su ubicación no fue casual. Cabo Falso era —y sigue siendo— un punto geográfico clave para la navegación internacional, un referente natural desde tiempos prehispánicos y coloniales. Durante siglos, este sitio fue parte de la ruta del Galeón de Manila, por donde circulaban mercancías, ideas y culturas entre Asia y América.

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Pero más allá de su función técnica como guía marítima, el faro tenía un propósito político. Su construcción fue también una afirmación de soberanía frente a intereses extranjeros. De hecho, se ha documentado que su instalación buscaba recordar a embarcaciones, especialmente estadounidenses, que esas aguas pertenecían a México. En un periodo en el que Estados Unidos mostraba interés por adquirir territorios estratégicos en Baja California Sur, el faro funcionó como una señal inequívoca de control nacional. En ese sentido, el Faro Viejo no solo iluminaba rutas marítimas: iluminaba una frontera simbólica.

De faro a vestigio

La construcción del faro representó un desafío técnico notable para la época. Levantar una obra de infraestructura federal en una región aislada, sin acceso sencillo ni recursos hídricos, implicó soluciones innovadoras: rieles sobre dunas para transportar materiales, sistemas de captación de agua y una estructura influenciada por corrientes arquitectónicas como el art nouveau. El faro contaba con tecnología avanzada para su tiempo, incluyendo lentes prismáticos fabricados en Francia y un sistema de iluminación con alcance de hasta 10 millas náuticas. Esto lo convirtió en una pieza clave para la seguridad marítima en la región.

Durante más de medio siglo, su luz guió a embarcaciones de distintas nacionalidades que arribaban a Cabo San Lucas, en una época en que el puerto comenzaba a integrarse a circuitos económicos más amplios. El faro fue testigo del desarrollo pesquero, la llegada de empresas extranjeras y, eventualmente, del surgimiento del turismo como motor económico regional. El funcionamiento del Faro Viejo se mantuvo hasta 1965, cuando un huracán dañó gravemente su mecanismo. Ante esta situación, el gobierno decidió construir un nuevo faro más moderno y automatizado en una zona elevada cercana, lo que marcó el inicio del abandono del edificio original.

A partir de entonces, el Faro Viejo dejó de ser una infraestructura funcional para convertirse en un vestigio histórico. Sin mantenimiento constante, comenzó a deteriorarse por la acción de los elementos naturales y el paso del tiempo. Este proceso no fue exclusivo de Cabo Falso. En muchas regiones del país, la sustitución de infraestructuras antiguas por tecnologías modernas ha implicado el abandono de construcciones con valor histórico. Sin embargo, en este caso, el aislamiento geográfico y la falta de protección legal agravaron el deterioro.

La zona gris

Uno de los aspectos más críticos en la situación actual del Faro Viejo es su estatus legal. A pesar de su importancia histórica, no ha sido declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), debido a que su construcción ocurrió en 1904, posterior al límite establecido por la ley (año 1900).

Este detalle técnico ha tenido consecuencias significativas. Al no contar con protección federal como monumento histórico, el faro queda en una zona gris jurídica que dificulta su conservación y acceso público. Autoridades municipales de Los Cabos han intentado gestionar su reconocimiento a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), buscando darle certeza oficial y abrir la puerta a su protección como patrimonio cultural. Sin embargo, este proceso sigue en curso y sin resolución definitiva.

El problema más visible y polémico en torno al Faro Viejo es el acceso restringido. Aunque el faro es considerado por muchos como un patrimonio cultural de la nación, los terrenos que lo rodean pertenecen a un desarrollo turístico privado. Diversas fuentes señalan que estas tierras fueron adquiridas por un empresario hotelero al ejido Cabo San Lucas, lo que ha derivado en limitaciones para el libre acceso al sitio. En la práctica, esto significa que visitar el faro no es un derecho garantizado para la ciudadanía, sino una posibilidad condicionada.

Este caso refleja un fenómeno más amplio en destinos turísticos como Los Cabos: la tensión entre el desarrollo económico basado en inversión privada y el acceso público a espacios de valor histórico y natural. Para las autoridades locales, el reto ha sido encontrar un equilibrio. El Ayuntamiento de Los Cabos ha señalado que trabaja en mecanismos legales para garantizar el acceso sin afectar los derechos de propiedad, buscando una solución que beneficie tanto a la comunidad como a los inversionistas. Sin embargo, el proceso ha sido lento y complejo. La negociación implica aspectos jurídicos, económicos y políticos, y requiere la participación de múltiples actores, incluyendo asociaciones civiles como Yenekamú, que han promovido la conservación del sitio.

Luz sobre el Faro Viejo

Más allá de los conflictos legales, el Faro Viejo ocupa un lugar importante en la memoria colectiva de Baja California Sur. Para muchos habitantes, representa un símbolo de pertenencia y un recordatorio de la historia regional. Su ubicación en el punto donde convergen dos mares le otorga un valor paisajístico y simbólico único. Es un mirador natural de ballenas, un referente geográfico y un ícono del paisaje sudcaliforniano.

En términos culturales, el faro encarna la narrativa de una región que pasó de ser un territorio remoto a un destino turístico global. Su historia conecta con procesos más amplios: la colonización, el comercio transoceánico, la modernización porfirista y la transformación económica del siglo XX. Sin embargo, su potencial como atractivo turístico y educativo sigue subutilizado. Aunque ha sido restaurado parcialmente y existen visitas guiadas en ciertos momentos, no cuenta con un programa integral de conservación y difusión.

El caso del Faro Viejo puede entenderse como resultado de varias causas convergentes:

  1. Vacíos legales: la falta de reconocimiento oficial como monumento histórico limita su protección.
  2. Privatización del entorno: la propiedad privada de los terrenos circundantes restringe el acceso.
  3. Desarrollo turístico acelerado: el crecimiento de Los Cabos ha priorizado proyectos inmobiliarios sobre la conservación patrimonial.
  4. Falta de políticas integrales: no existe un plan coordinado entre niveles de gobierno para su rescate.

Estas causas no solo afectan al Faro Viejo, sino que reflejan desafíos estructurales en la gestión del patrimonio cultural en México. Las consecuencias de esta situación son múltiples. En primer lugar, el deterioro físico del faro continúa, lo que pone en riesgo su integridad como testimonio histórico. En segundo lugar, se genera una exclusión social: un bien con valor simbólico nacional no es plenamente accesible para la población. Finalmente, se pierde una oportunidad de desarrollo cultural y turístico sustentable. En un destino como Los Cabos, donde el turismo de sol y playa domina, el Faro Viejo podría diversificar la oferta y fortalecer la identidad local.

A pesar de los desafíos, existen señales de avance. Autoridades municipales han reiterado su intención de recuperar el acceso público y han iniciado procesos legales para lograrlo. El diálogo con los propietarios privados y la búsqueda de reconocimiento por parte del INBAL son pasos clave. Asimismo, la participación de la sociedad civil ha mantenido el tema en la agenda pública.

El futuro del Faro Viejo dependerá de la capacidad de articular estos esfuerzos en una estrategia común. Esto podría incluir:

  • Declaratorias de protección cultural.
  • Convenios de acceso público.
  • Programas de restauración y mantenimiento.
  • Integración en rutas turísticas culturales.

Hoy, el Faro Viejo de Cabo Falso ya no guía barcos, pero sigue iluminando debates sobre patrimonio, identidad y desarrollo. Su historia es la de un país que busca equilibrar progreso y memoria, inversión y acceso, modernidad y tradición. En sus muros desgastados se inscribe una narrativa que trasciende lo local: la defensa del territorio, la construcción de la nación y los desafíos contemporáneos de preservar el pasado en un mundo en constante cambio. Mientras las negociaciones continúan y el viento sigue golpeando sus paredes, el faro permanece ahí, como una señal persistente de que la historia —como la luz que alguna vez emitió— no debe apagarse.

Referencias:

https://www.loscabosguide.com/es/el-faro-viejo-de-cabo-falso/ «El faro Viejo de Cabo Falso – Los Cabos Guide»

https://www.loscabos.gob.mx/breve-historia-del-faro-viejo-de-cabo-falso/ «Breve Historia del Faro Viejo de Cabo Falso. | H. XV Ayuntamiento de …»

https://en.wikipedia.org/wiki/Los_Cabos_Municipality «Los Cabos Municipality»

https://www.ecured.cu/Faro_viejo_de_Cabo_Falso «Faro viejo de Cabo Falso – Ecured»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/el-faro-viejo-de-cabo-falso-la-luz-de-la-region-mas-austral-de-la-antigua-california/ «El Faro Viejo de Cabo Falso. La luz de la región más austral de la …»

https://www.bcsnoticias.mx/faro-viejo-de-los-cabos-no-fue-declarado-monumento-historico-se-buscaran-asegurar-el-paso/ «Faro Viejo de Los Cabos no fue declarado monumento histórico; se …»

https://rostrosyperfiles.com/2023/08/07/busca-ayuntamiento-de-los-cabos-rescatar-acceso-al-faro-viejo-de-cabo-falso-en-cabo-san-lucas/ «Busca ayuntamiento de Los Cabos rescatar acceso al Faro Viejo de Cabo …»

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Los nuevos vecinos del desierto

FOTOS: Modesto Peralta Delgado.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). La noche cae tibia sobre el malecón de La Paz. Es jueves, y las mesas de varios restaurantes ya están llenas. Entre el sonido del mar y los vasos chocando, predominan las conversaciones en inglés. Un grupo revisa una carta donde los precios aparecen también en dólares; una pareja pregunta por vino californiano; un mesero responde con naturalidad bilingüe. Para muchos habitantes locales, la escena se ha vuelto cotidiana, aunque todavía deja una sensación difícil de nombrar: la impresión de que la ciudad que conocían se está transformando frente a sus ojos.

Lo mismo ocurre a unos cientos de kilómetros al Sur, en Cabo San Lucas y San José del Cabo, donde el turismo siempre ha sido visible. Pero en los últimos años algo cambió. Ya no se trata únicamente de visitantes que llegan por unos días; cada vez más extranjeros se quedan. Compran casas, alquilan departamentos por meses o solicitan residencia temporal. Caminar por ciertas zonas de Baja California Sur —sobre todo en barrios cercanos al mar— puede parecer, por momentos, una extensión del Suroeste de Estados Unidos.

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El fenómeno no surgió de la noche a la mañana. Desde los años 90, cuando Los Cabos comenzó a consolidarse como uno de los destinos turísticos más exclusivos de México, el Estado empezó a atraer inversión inmobiliaria extranjera. Con el tiempo llegaron jubilados estadounidenses en busca de clima cálido y tranquilidad. Pero la pandemia aceleró un proceso que ya estaba en marcha: el trabajo remoto permitió a miles de personas mudarse a lugares donde el costo de vida —al menos comparado con ciudades de Estados Unidos— resultaba más accesible y el paisaje era incomparable.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía muestran que Baja California Sur es uno de los Estados mexicanos con mayor proporción de residentes extranjeros. Las autoridades migratorias han reportado un aumento en permisos de residencia temporal y permanente para ciudadanos estadounidenses en la última década, aunque no existe una cifra exacta de cuántos viven realmente en el Estado debido a la movilidad constante entre ambos países.

Lo que sí es evidente es el cambio en el mercado inmobiliario. Agentes del sector reconocen que la demanda internacional ha empujado los precios de terrenos y viviendas en zonas costeras. En colonias cercanas al mar, algunas propiedades que hace una década se vendían en pesos hoy se cotizan directamente en dólares. Desarrollos de condominios con vista al mar, comunidades privadas y complejos turísticos residenciales se multiplican en el paisaje.

Para muchos residentes locales, ese crecimiento tiene dos caras. Por un lado, el flujo de capital extranjero ha dinamizado la economía: genera empleo en construcción, servicios, restaurantes y turismo. Comerciantes del malecón comentan que la presencia de visitantes y nuevos residentes mantiene los negocios activos incluso fuera de temporadas vacacionales.

Pero al mismo tiempo, el aumento del valor del suelo ha comenzado a empujar a algunos habitantes hacia zonas más alejadas. Investigadores urbanos han señalado que el encarecimiento de la vivienda en ciudades costeras puede provocar procesos de desplazamiento silencioso, donde familias locales terminan mudándose a la periferia mientras las áreas céntricas se orientan cada vez más al turismo residencial.

La transformación también se percibe en detalles cotidianos: anuncios inmobiliarios en inglés, cafeterías diseñadas para nómadas digitales, supermercados con productos importados. En ciertas calles de La Paz, los menús bilingües y los pagos en dólares ya no sorprenden. Algunos comerciantes admiten que adaptarse a ese nuevo público se volvió una cuestión de supervivencia económica.

Las razones de quienes llegan son diversas. Algunos buscan retirarse cerca del mar; otros trabajan en línea para empresas en Estados Unidos; varios ven en Baja California Sur un lugar seguro y con mejor calidad de vida que las grandes ciudades de su país. En ese contexto, el Estado ofrece algo difícil de replicar: paisaje natural, clima benigno y una proximidad geográfica que permite regresar a California en pocas horas de vuelo.

Sin embargo, el crecimiento acelerado plantea preguntas inevitables. Urbanistas y académicos han advertido que el desarrollo turístico y residencial debe acompañarse de planeación territorial e infraestructura adecuada. El acceso al agua, la expansión urbana y la protección de ecosistemas frágiles se han convertido en temas centrales del debate público.

La pregunta que flota en el ambiente no siempre se formula en voz alta. ¿Está Baja California Sur viviendo un ciclo de prosperidad impulsado por la globalización del turismo y el trabajo remoto, o está entrando en una nueva etapa de desigualdad territorial donde el acceso a ciertas zonas se vuelve cada vez más exclusivo?

Mientras tanto, la escena del malecón se repite noche tras noche. Las mesas siguen llenándose, las conversaciones en inglés se mezclan con el español y las luces de los restaurantes iluminan el mar oscuro del Golfo de California. Baja California Sur continúa cambiando, lentamente, casi sin que nadie lo anuncie.

Quizá el verdadero desafío no sea detener esa transformación —que probablemente sea inevitable— sino decidir qué tipo de territorio quiere ser esta península: uno donde el crecimiento beneficie a quienes siempre han vivido aquí, o uno donde el paisaje siga siendo el mismo pero la vida cotidiana ya no les pertenezca.

Porque en lugares como este, donde el desierto se encuentra con el mar, el futuro no siempre llega con ruido. A veces llega en silencio, en otro idioma, y se sienta a cenar en la mesa de al lado.

Referencias consultadas


– INEGI, datos de crecimiento poblacional y movilidad urbana.
– Organización Mundial de la Salud, informes sobre movilidad y salud urbana.
– Estudios de planeación urbana y movilidad en Baja California Sur.
– Reportajes y notas informativas de medios locales y nacionales sobre La Paz y Los Cabos.

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Inauguran UABCS Los Portales en Los Cabos; Gobierno de BCS entregó infraestructura

FOTO: UABCS.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Gobierno del Estado de Baja California Sur realizó la entrega formal de importantes obras de infraestructura a la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) Extensión Académica Los Cabos, lo que permitirá ampliar su oferta educativa y matrícula estudiantil, elevando su presencia e incidencia en la zona sur de la entidad.

Se trata de la nueva sede Los Portales, en Cabo San Lucas, consistente en la primera, segunda y tercera etapa de construcción, completando así la totalidad del proyecto. La obra contempla la construcción de urbanización, caseta de acceso, plaza cívica y un edificio académico de tres niveles, con una inversión superior a 62 millones de pesos y un total de 4,610 metros cuadrados de construcción.

Esta infraestructura permitirá ofrecer servicios educativos en instalaciones modernas, seguras y funcionales, fortaleciendo la capacidad académica de la UABCS en el municipio de Los Cabos.

La ceremonia fue encabezada por el gobernador Víctor Castro Cosío, quien durante el acto hizo énfasis en que la educación debe formar seres humanos que volteen a ver sus comunidades, con una conciencia social que les permita ayudar a las personas más necesitadas, al tiempo de defender su patrimonio histórico y cultural.

Aseguró que hoy más que nunca Sudcalifornia, pero en general México, necesita de ciudadanas y ciudadanos comprometidos, con una formación científica y humanista que les dé las herramientas necesarias para incidir positivamente en su entorno.

Por esta razón, dijo, es que el Gobierno del Estado ha venido apoyando ampliamente a la educación pública, en especial a la UABCS, donde se están formando las y los profesionistas del futuro.

Detalló que en este gobierno se han hecho obras muy importantes para la universidad, al grado que en este periodo registra un crecimiento del 30 por ciento en infraestructura. Esto se debe a que es una institución que está respondiendo a su misión y desde distintos frentes está contribuyendo al desarrollo del estado, puntualizó el gobernador.

Por su parte, el rector de la UABCS, Dr. Dante Salgado González, señaló que la Universidad, más allá de ser edificios y muros, es un lugar que se va construyendo también con sueños, esperanzas e imaginación, donde lo más importante serán siempre las y los alumnos.

Y en respuesta a ese apoyo decidido del Gobierno del Estado, dijo, al día de hoy se han podido abrir 2,500 nuevos espacios, registrando, por ejemplo, un crecimiento del 300% de matrícula en Loreto y de 400% en Ciudad Insurgentes entre el año 2024 y 2025, sin dejar de mencionar la apertura de una sede en La Ribera donde ya se ofrecen programas educativos y se trabaja en ampliar la oferta.

“Precisamente, Los Cabos, es el único municipio donde tenemos tres sedes, lo cual es una respuesta a su economía tan dinámica y el carácter de la sociedad, que ha demandado que la universidad responda así de rápido. Estos son espacios que les pertenecen a las juventudes y que debemos preservar para que las futuras generaciones que también sueñan con hacer una carrera Universitaria gocen de estas instalaciones”.

Por todo ello, agradeció tanto al ejecutivo estatal, como al Alcalde de Los Cabos, con quien también se vienen acompañando diferentes proyectos en beneficio de la educación superior de la región.

Finalmente, el presidente municipal de Los Cabos, Arq. Christian Agúndez Gómez, invitó a los jóvenes a seguir educándose y caminando hacia el éxito, buscando esas oportunidades que hoy se les están brindando con toda esta nueva infraestructura educativa que seguro seguirá aumentando por esta buena coordinación que se ha venido dando entre el gobierno del estado, ayuntamiento y universidad.