UABCS abrirá inscripciones a sus talleres culturales

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La Paz, Baja California Sur (BCS). La Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), a través de la Dirección de Difusión Cultural y Extensión Universitaria, anuncia la próxima apertura de inscripciones a los Talleres Culturales del Campus La Paz, dirigidos tanto a la comunidad universitaria como al público en general.

El periodo de inscripción será del 16 al 18 de febrero, y se realizará de manera completamente en línea, a través del portal institucional www.uabcs.mx, dentro del apartado SIIA.

Para completar el registro, las personas externas deberán crear una cuenta en la plataforma, mientras que el estudiantado de la UABCS podrá ingresar utilizando su usuario institucional.

La oferta incluye una amplia variedad de talleres artísticos, culturales, musicales, visuales y multidisciplinarios, con modalidades presenciales y virtuales, entre los que destacan actividades de danza, teatro, artes visuales, fotografía, grabado, canto, guitarra, yoga, ajedrez, lectura y escritura creativa, entre otros, diseñados para fomentar la creatividad, el bienestar, la expresión artística y la formación integral.

Las actividades se desarrollarán principalmente en los edificios AD-56 y AD-52, ubicados detrás del Poliforo Cultural, consolidando estos espacios como puntos clave para la promoción cultural universitaria.

Además de la programación del Campus La Paz, también se ofrecerán talleres culturales en sus sedes universitarias de Los Cabos, Ciudad Insurgentes, Loreto y Guerrero Negro, fortaleciendo el acceso a la cultura en todo el Estado.

Para mayores informes, las personas interesadas pueden comunicarse al teléfono 612 123 8800, extensión 1580 ó 1502, escribir al correo electrónico [email protected], o consultar la página de Facebook @UABCS Difusión Cultural.




Invitan a participar en 4º Coloquio de Literatura y Cine de la UABCS

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La Paz, Baja California Sur (BCS). Por cuarta ocasión, la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) celebrará su “Coloquio de Literatura y Cine”, este año bajo el nombre “La vida a través del cine”, a desarrollarse los días 3, 4 y 5 de marzo en la Sala Universitaria de Cine, del Campus La Paz.

Coordinado por la Dirección de Difusión Cultural y Extensión Universitaria y el Departamento Académico de Humanidades, el programa contempla mesas de discusión y análisis, conversatorios y proyección de películas.

En este sentido, se convoca a estudiantes, académicos y egresados que deseen presentar una ponencia a registrar su trabajo bajo las temáticas de películas basadas en libros; discurso y guion cinematográfico; recursos literarios en el anime y caricaturas animadas; narrativas de videojuegos; efectos audiovisuales; identidad y representación; cortometrajes; cine, emociones y educación sentimental; literatura y cine infantil; representación de las mujeres en el cine y televisión; trastornos mentales y su representación en la literatura y el cine; así como cine mexicano.

Asimismo, pueden participar en la modalidad de conversatorio, donde dialogarán, junto con otros participantes, acerca de la representación inclusiva o las etapas de la vida en el cine; literatura, cine y experiencia personal.

Los trabajos deberán tener una extensión no mayor a 3,500 palabras, equivalente a 15 minutos de participación. Deberá respaldarse con contenido audiovisual como presentaciones en PowerPoint, trailers, imágenes u otros recursos que apoyen el discurso, cuidando que no consuman el tiempo asignado para la exposición oral.

La fecha límite para la recepción de propuestas será el viernes 13 de febrero, a las 22:00 horas. Para tal efecto, deberán enviar un correo electrónico a [email protected] con su nombre completo, número de contacto y el nombre tentativo de la ponencia o de la participación en el conversatorio.

Será el martes 17 de febrero cuando se notifique a las personas aceptadas la fecha y hora de su participación vía correo, notificación que deberá ser respondida a la brevedad con la confirmación de asistencia.

El programa general de actividades se dará a conocer a través de las páginas oficiales y redes sociales del Departamento Editorial UABCS, la Sala de Cine UABCS y el Departamento de Humanidades UABCS.

Cabe mencionar que, en caso de ser aceptada la propuesta, la persona ponente recibirá una constancia con valor curricular una vez que su trabajo haya sido presentado durante el evento.




Jesús Castro Agúndez: Un constructor de la formación de Baja California Sur

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En la historia de Baja California Sur del siglo XX destacan personajes cuya influencia trascendió más de un solo ámbito de acción. Uno de ellos fue Jesús Castro Agúndez: maestro normalista, funcionario educativo, político y escritor, cuya vida estuvo dedicada a construir instituciones, promover la educación y fortalecer la identidad cultural de la región en un periodo decisivo para la entidad.

Jesús Castro Agúndez nació el 17 de enero de 1906 en el poblado de El Rosarito, entonces perteneciente al Distrito Sur del Territorio de la Baja California. Fue hijo de Valentín Castro Araiza y Guadalupe Agúndez Avilés de Castro, y creció en un entorno rural caracterizado por el aislamiento geográfico y la escasez de servicios educativos. Estas condiciones marcaron profundamente su visión del papel social de la escuela y del maestro. Realizó sus primeros estudios en su lugar de origen y posteriormente continuó su formación en San José del Cabo. Muy joven viajó a la Ciudad de México, donde ingresó a la Escuela Normal de Maestros. Ahí obtuvo el título de profesor de educación primaria, culminando su preparación profesional en la década de 1920. Esta experiencia fue decisiva: el contacto con los proyectos educativos nacionales le permitió comprender la importancia de llevar la enseñanza a las regiones más apartadas del país.

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Su carrera docente comenzó en escuelas rurales del Sur peninsular. No se limitó a la enseñanza en el aula, sino que pronto asumió responsabilidades de mayor alcance, como director escolar e inspector de zona. Desde estos cargos impulsó la creación y reorganización de escuelas, promovió la alfabetización y fortaleció la educación básica en comunidades como San José del Cabo y Todos Santos. Castro Agúndez concebía la educación como un proyecto integral: formar alumnos, capacitar maestros y construir una estructura administrativa que garantizara continuidad. Su trabajo contribuyó a sentar las bases del sistema educativo regional en una época en que la dispersión poblacional hacía especialmente difícil el acceso a la escuela.

Su prestigio como educador lo llevó a ocupar cargos de mayor responsabilidad. Fue director de la Escuela Regional Campesina de San Ignacio y posteriormente encabezó instituciones similares en otras regiones del país. Más adelante ingresó a la Secretaría de Educación Pública, donde desempeñó funciones como subjefe del Departamento de Internados e inspector general de educación en el Noroeste. Uno de sus mayores aportes fue el impulso a los internados rurales, concebidos para atender a niños y jóvenes de comunidades alejadas que no podían trasladarse diariamente a las escuelas. Bajo su gestión, este modelo se consolidó como una herramienta clave para ampliar la cobertura educativa en zonas rurales y semidesérticas como Baja California Sur.

La vocación de servicio de Castro Agúndez también se expresó en la política. Militó en el Partido Revolucionario Institucional y en 1967 presidió el comité directivo territorial del partido en Baja California Sur. Su momento político más relevante llegó en 1974, cuando el territorio se convirtió en Estado libre y soberano. Ese año fue electo senador de la República, formando parte de la primera representación senatorial sudcaliforniana. Desde el Senado participó en la construcción institucional del nuevo estado, aportando su experiencia administrativa y su conocimiento profundo de la realidad regional. Tras concluir su encargo legislativo, continuó colaborando en tareas públicas relacionadas con el desarrollo cultural y social de la entidad.

En 1932 contrajo matrimonio con Concepción Carrillo Chacón, con quien formó una familia numerosa. Tuvieron cinco hijos, aunque uno de ellos falleció al nacer, experiencia común en la época y que marcó profundamente a muchas familias. A pesar de las constantes mudanzas y responsabilidades públicas, Castro Agúndez mantuvo un fuerte vínculo familiar, que él mismo reconoció como un pilar en su vida personal y profesional. Además de educador y político, fue un escritor prolífico. Publicó obras de carácter autobiográfico, histórico y literario, entre las que destacan Más allá del Bermejo, Patria chica, El canto del caudel, Un viaje inolvidable y El Estado de Baja California Sur. Su producción escrita refleja un interés constante por preservar la memoria regional, fortalecer la identidad sudcaliforniana y acercar la historia a públicos amplios. Desde sus cargos educativos también impulsó la edición de materiales didácticos, libros infantiles, cuentos y textos sobre danzas y tradiciones, convencido de que la cultura debía formar parte esencial del proceso educativo.

Jesús Castro Agúndez falleció el 26 de marzo de 1984 en la ciudad de La Paz, Baja California Sur. Su muerte generó un amplio reconocimiento público a su trayectoria. Años después, su nombre fue otorgado a la Unidad Cultural “Profr. Jesús Castro Agúndez”, uno de los complejos culturales más importantes del Estado, que alberga teatro, biblioteca, archivo histórico y la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Como un justo reconocimiento a su vida ejemplar, las autoridades legislativas de su Estado natal, lo declaran “Sudcaliforniano Ilustre” mediante un decreto publicado el 13 de mayo de 1986, y sus restos mortales fueron reinhumados en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres el 15 de mayo de 1986.

El legado de Jesús Castro Agúndez es profundo y múltiple. Como maestro y funcionario, contribuyó decisivamente a llevar la educación a regiones donde antes era casi inexistente. Como político, participó en el momento fundacional del Estado y ayudó a darle forma institucional. Como escritor y promotor cultural, dejó testimonios que permiten comprender la historia y la identidad sudcaliforniana desde dentro. Su vida resume el esfuerzo de una generación que entendió la educación como el principal motor de transformación social. En Baja California Sur, su nombre permanece asociado a la escuela, la cultura y el servicio público, convirtiéndolo en una figura clave para entender la construcción histórica del Eestado en el siglo XX.

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Anuncia ISC cartelera por 40 Aniversario del Teatro de la Ciudad de La Paz

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). Con motivo del 40 aniversario del Teatro de la Ciudad de La Paz, el Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) invita al público en general a participar en una serie de actividades culturales que se llevarán a cabo del viernes 23 al sábado 31 de enero del presente año.

Así lo dio a conocer el director general del ISC, Víctor Hugo Caballero Gutiérrez, quien informó que la programación conmemorativa dará inicio el viernes a las 20:00 horas con el Concierto del Coro de la Escuela de Música del Estado, con entrada libre. El sábado 24, a las 20:30 horas, se presentará la obra “Los Negros Pájaros del Adiós”, a cargo de la compañía Entrepiernas Teatro y Producciones Mi Mamá, con un costo de 200 pesos.

Añadió que las actividades continuarán el miércoles 28 a las 19:00 horas con el concierto de la Orquesta Sinfónica de Alientos, igualmente con acceso gratuito. El jueves 29, a las 20:00 horas, se presentará la obra “México Mágico”, bajo la dirección de Pamela Gallegos, con un costo de 200 pesos. La celebración concluirá el sábado 31 a las 18:00 horas con la puesta en escena “El Cadáver del Señor García”, dirigida y adaptada por Diego Carlón, a cargo del taller de teatro EEsART, con un costo de 100 pesos.

Caballero Gutiérrez invitó a las personas interesadas en esta cartelera conmemorativa a consultar las redes sociales del ISC o comunicarse al teléfono 612 125 0207, de lunes a viernes, de 8:00 a 15:00 horas.

Finalmente, el servidor público recordó que el Teatro de la Ciudad de La Paz fue inaugurado el 26 de enero de 1986 y reinaugurado el 2 de marzo de 1987, consolidándose como un espacio emblemático para la difusión cultural en Baja California Sur.




Cadegomó y la frontera interior: La Purísima Concepción en el proyecto misional jesuita

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Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el corazón de la región central de la península de Baja California, en un entorno de oasis y serranías que contrasta con el desierto circundante, se estableció una de las misiones jesuitas menos conocidas pero más representativas de las dificultades del proyecto misional en la antigua California: la Misión de La Purísima Concepción de Cadegomó, conocida comúnmente como La Purísima. Aunque hoy casi no quedan restos visibles de ella, su historia refleja con claridad los esfuerzos, logros y límites de la obra misionera de la Compañía de Jesús en la península.

La fundación oficial de la misión se realizó el 1 de enero de 1720, cuando los jesuitas decidieron establecer un centro permanente de evangelización y agricultura en el valle de Cadegomó. Este sitio se encontraba estratégicamente ubicado en el interior peninsular, lejos de la costa, pero cercano a otros asentamientos misionales como Comondú y Mulegé. Antes de su fundación formal, la región ya había sido visitada por misioneros que exploraban rutas y mantenían contacto esporádico con los grupos indígenas locales, lo que permitió identificar el potencial agrícola del oasis y la disponibilidad de agua. El establecimiento de la misión respondió también al interés de consolidar una red interior de comunicación y producción que sostuviera a las misiones más antiguas. Como muchas otras fundaciones jesuitas, La Purísima contó con el respaldo económico de benefactores novohispanos, entre ellos el marqués de Villapuente de la Peña, quien financió diversas empresas misionales en la California.

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El principal impulsor de la misión fue el jesuita Nicolás Tamaral, misionero sevillano que desempeñó un papel clave en la expansión misional hacia el sur. Tamaral se enfrentó desde el inicio a uno de los mayores retos del territorio: convertir un entorno frágil en un espacio productivo y estable. Aunque el arroyo de Cadegomó proporcionaba agua, las crecidas repentinas destruían con frecuencia las tierras de cultivo y las obras de riego. Durante los primeros años, Tamaral intentó derivar el agua para establecer sembradíos, pero los resultados fueron limitados. Posteriormente, su sucesor trasladó el núcleo de la misión a un punto más adecuado del valle, donde se construyó una pequeña presa y se lograron mejores cosechas. Estos esfuerzos muestran la constante adaptación que exigía la vida misional en un medio natural tan variable.

La relevancia de la misión no radicó en su tamaño ni en la monumentalidad de sus edificios, sino en su función dentro del sistema misional. En primer lugar, La Purísima actuó como nodo de comunicación interior, enlazando caminos que conectaban distintos oasis y facilitaban el tránsito de personas, ganado y suministros. En segundo lugar, representó un intento serio de consolidar la producción agrícola en el centro de la península, con cultivos característicos de los oasis como higos, granadas, uvas y algodón. Además, la misión funcionó como punto de concentración de la población indígena de la región. Con el paso del tiempo, sin embargo, esta población disminuyó notablemente a causa de epidemias, cambios en el modo de vida y las exigencias del nuevo orden misional, lo que debilitó la base social que sostenía las labores agrícolas y constructivas.

El templo de La Purísima fue una construcción modesta, acorde con las posibilidades del lugar. Se edificó con piedra, lodo y adobe, y su techumbre se elaboró con tule o carrizo. Estas características, comunes en misiones menores, hacían a la iglesia especialmente vulnerable a las lluvias intensas y al abandono. A diferencia de otras misiones más conocidas, no se levantó un edificio de piedra duradero, lo que explica que hoy no existan ruinas claramente identificables. La decadencia de la misión fue gradual. Por un lado, la disminución de la población indígena redujo la mano de obra necesaria para mantener las acequias, presas y edificios. Por otro, los cambios institucionales tras la expulsión de los jesuitas en 1767 afectaron la continuidad del proyecto. Los franciscanos y posteriormente los dominicos asumieron la administración de las misiones, pero La Purísima ya era entonces un asentamiento frágil y con recursos limitados.

Con el tiempo, el sitio fue perdiendo importancia hasta quedar prácticamente abandonado. Para las primeras décadas del siglo XIX, la misión había dejado de funcionar como centro religioso y productivo, y sus edificaciones terminaron por desaparecer casi por completo.

La historia de la misión resume el sentido profundo de la obra misionera jesuita en la California: explorar territorios desconocidos, establecer comunidades sedentarias, introducir la agricultura de oasis y articular una red de caminos que dio forma al espacio peninsular. Aunque muchas misiones, como La Purísima, no dejaron monumentos visibles, su legado persiste en la organización del territorio, en la memoria histórica y en los cimientos culturales de Baja California Sur.

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