Francisco Arámburo Salas: el hombre que convirtió a Sudcalifornia en memoria

FOTOS: Facebook.

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). La bahía de La Paz aparece en muchas fotografías de Francisco Arámburo Salas como una extensión transparente y quieta. El agua turquesa deja ver la arena; detrás, las montañas cobrizas y el cielo intenso completan una composición reconocible aun para quien nunca sostuvo una de sus postales. Esa belleza, sin embargo, no fue sólo paisaje. Arámburo entendió la cámara como un medio de circulación: la imagen debía viajar, contar dónde estaba Baja California Sur y despertar el deseo de conocerla. Miles de tarjetas salieron de la Librería y Distribuidora Arámburo hacia otros puntos de México y del mundo. Con ellas viajó también la representación de una región que durante buena parte del siglo XX permaneció lejana para el centro del país.

El fotógrafo, periodista, escritor y cronista visual murió el viernes 7 de agosto de 2026, según confirmaron sus familiares. Tenía 95 años: había nacido en La Paz el 30 de diciembre de 1930. La fecha de su partida obliga a mirar su archivo con una doble perspectiva. Es el registro de un territorio —sus playas, calles, edificios, personajes y actos públicos—, pero también la obra de un autor que participó en la elaboración cultural de Sudcalifornia. Su aporte no consistió únicamente en conservar lo que estaba frente al lente; seleccionó escenas, las acompañó con textos y las puso en circulación. Así ayudó a fijar una imagen compartida de la entidad.

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Arámburo perteneció a una familia ligada al desarrollo comercial de la región. Fue hijo de Francisco Arámburo Mendoza y Graciela Salas Solersi. En un relato autobiográfico recuperado por el Centro de Documentación de Historia Urbana describió la casona familiar de Madero 312, construida entre finales del siglo XIX y principios del XX, con gruesos muros, techos altos y un patio presidido originalmente por un laurel de la India.

El antecedente familiar explica parte de su vocación editorial. Su padre y su madre establecieron una tienda en Madero y 5 de Mayo; él dio un nuevo rumbo a la Librería y Distribuidora Arámburo mediante la producción y distribución de tarjetas postales. La combinación fue decisiva: fotografía, imprenta y comercio formaron una red de difusión antes de Internet y antes de que el turismo peninsular alcanzara su escala actual. En la entrevista que concedió en julio de 2024, Arámburo calculó que había producido quizá miles de postales y resumió su propósito con claridad: “dar a conocer al mundo las bellezas naturales de Baja California Sur”. La prensa local reconoce que esas imágenes contribuyeron a promover La Paz y el Estado.

Ese trabajo coincidió con una transformación política y económica profunda. Arámburo nació cuando Baja California Sur era territorio federal y tenía 43 años cuando, en octubre de 1974, se convirtió en Estado. La apertura de la carretera transpeninsular en 1973 redujo el aislamiento terrestre, mientras la expansión de las comunicaciones y del turismo modificó las ciudades, las costas y la percepción exterior de la península. Las postales funcionaron entonces como una tecnología popular de promoción: eran asequibles, transportables y personales. La consecuencia fue paradójica: las imágenes ayudaron a atraer visitantes y, al mismo tiempo, terminaron documentando lugares que el propio crecimiento turístico transformaría.

Arámburo no se limitó al paisaje deshabitado. Su fototeca reúne vida urbana, reuniones familiares, personajes, edificios, panorámicas aéreas y acontecimientos. Entre los episodios que recordó se encuentra la visita de la reina Isabel II a La Paz, el 22 de febrero de 1983, cuando pudo fotografiarla. También estuvo cerca de procesos institucionales: en 1976 integró el jurado que eligió el escudo de la naciente Universidad Autónoma de Baja California Sur. Su presencia en esas escenas revela otra dimensión del legado: el fotógrafo local opera donde los grandes archivos nacionales suelen mirar de manera intermitente. Registra continuidades, reconoce rostros y sabe qué cambio aparentemente menor será significativo para una comunidad.

La escritura fue el otro objetivo de su lente. Antes de consolidarse como cronista de Sudcalifornia, publicó La Europa que yo vi en 1962, libro nacido de artículos sobre un viaje en el que describió ciudades, arte y cultura. Décadas después aparecieron Siluetas de Sudcalifornia (1980) y La California nuestra. Cómo piensan los sudcalifornianos, cuya bibliografía registra una edición de 1997, aunque estudios universitarios sitúan una publicación anterior en 1989.

Su prosa pertenece a la tradición de la crónica, género central en las letras sudcalifornianas porque enlaza historia, literatura y experiencia cotidiana. Investigaciones de la UABCS colocan a Arámburo junto a autores como Fernando Jordán y Jesús Castro Agúndez. En sus textos caben la historia del nombre California, una semblanza de La Paz, el léxico regional, pueblos y caminos, personajes, crítica cívica, recuerdos familiares y observaciones de viaje. El tono accesible y ameno no elimina el juicio: Arámburo compara la ciudad antigua con la moderna, registra mejoras materiales y señala pérdidas, desde el ruido y la saturación vehicular hasta la desaparición de hábitos de convivencia.

Fotografía y literatura cumplen así funciones complementarias. La postal demuestra que un sitio existió con determinada luz, arquitectura y escala; la crónica reconstruye cómo se vivía y qué significaba. Juntas producen algo más complejo que la nostalgia. Permiten estudiar la urbanización, las formas de sociabilidad, el turismo, la construcción de identidad estatal y las tensiones entre modernización y conservación. También exhiben los límites de toda memoria autoral: son la mirada de un hombre perteneciente a una familia conocida del centro paceño. Por eso su archivo gana valor cuando se contrasta con documentos públicos, prensa, testimonios y otras fototecas, no cuando se convierte en versión única del pasado.

La valoración institucional de su obra creció en los últimos años. El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura registra que recibió apoyo del PACMYC en 2008 para el proyecto Páginas de mi Álbum. En 2023, se publicó la Antología de la memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo, investigación de Elizabeth Acosta Mendía financiada mediante el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. La edición reunió fotografías y textos periodísticos publicados entre 1980 y 1989, además de recuperar, estabilizar y digitalizar imágenes. No fue sólo un homenaje: fue una intervención archivística contra el deterioro y la dispersión.

En 2024, se le rindió homenaje durante el Congreso Internacional de Filatelia y recordó que su labor trascendía el coleccionismo porque constituía un testimonio gráfico de la historia y la identidad cultural. El reconocimiento es pertinente: una postal es simultáneamente fotografía, impreso, mercancía, mensaje privado y documento social. Arámburo comprendió esas capas en la práctica. En 2025 fue reconocido como Forjador del Año por el Grupo Madrugadores de La Paz, una distinción que subrayó su contribución comunitaria y confirmó que su obra había dejado de ser sólo familiar o comercial para convertirse en patrimonio compartido.

El legado plantea ahora tareas concretas. La primera es completar un inventario profesional de negativos, copias, postales, manuscritos, recortes y ediciones, con fechas, lugares, personas y derechos claramente identificados. La segunda es asegurar conservación física y copias digitales de alta resolución, con respaldos y metadatos interoperables. La tercera es garantizar consulta pública mediante instituciones capaces de cuidar los originales sin separar las fotografías de sus textos. La antología de 2023 abrió esa ruta, pero una selección editorial no sustituye el catálogo integral de una vida productiva de más de seis décadas.

También hace falta leer críticamente la imagen turística que contribuyó a construir. Sus aguas limpias, cielos despejados y paisajes serenos participaron en la economía simbólica que volvió deseable a Baja California Sur. Ese impulso generó empleo, circulación y visibilidad, pero el éxito turístico añadió presión urbana y ambiental sobre los mismos lugares fotografiados. Revisar las postales desde el presente permite medir cambios de litoral, arquitectura y usos del espacio; convierte una pieza concebida para viajar en evidencia para la historia ambiental y urbana. Allí reside una consecuencia que probablemente superó la intención original del fotógrafo.

Francisco Arámburo Salas dejó una California que ya no existe por completo y otra que sigue reconociéndose plenamente en sus imágenes. Su cámara hizo visible el territorio; sus libros le dieron voz y discusión. El mérito mayor fue haber unido difusión y memoria: promovió la belleza regional sin dejar de registrar la vida social que la rodeaba, y escribió sobre el progreso sin borrar sus costos. Tras su muerte, el mejor homenaje no será congelarlo como figura pintoresca, sino tratar su obra como lo que es: un archivo fundamental para entender cómo Baja California Sur se vio a sí misma mientras se convertía en estado, destino y sociedad contemporánea.

Referencias:

 UABCS: Homenaje a Francisco Arámburo en el Congreso Internacional de Filatelia 2024.

UABC: Antología de la memoria de nuestra California a través de la lente de Francisco Arámburo (2023).

Sistema de Información Cultural: registro PACMYC de Páginas de mi Álbum (2008).

UABCS: Tesis sobre la crónica sudcaliforniana y la obra de Arámburo.

UABCS: Catálogo literario e historia de las políticas culturales de BCS.

Centro de Documentación de Historia Urbana: Familia Arámburo y la casona de Madero.

El Sudcaliforniano: Paco Arámburo y su vida entre fotografías (entrevista, 2024)

El Sudcaliforniano: Fallecimiento de Francisco Arámburo Salas (8 de agosto de 2026).

El Sudcaliforniano: Reconocimiento Forjador del Año 2025.

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En el principio era el miedo: el origen que nunca dejamos atrás

IMÁGENES: IA.

Colaboración Especial

Jorge Alberto Chaleco Ruiz

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En el principio era el miedo (sin fecha de publicación ni editorial), del escritor Ramón Cuéllar Márquez, es un libro de ensayos que propone reflexiones amplias y sugestivas sobre uno de los grandes enigmas de la condición humana: el despertar de la autoconsciencia y las consecuencias que este acontecimiento pudo haber tenido en la historia de nuestra especie. Desde una perspectiva que transita entre la filosofía, la literatura, el mito, la antropología, la historia y la reflexión sobre la inteligencia artificial, el autor construye una hipótesis que funciona como eje articulador de la obra: el miedo como fuerza primordial vinculada al despertar del ser humano y como uno de los motores fundamentales de su desarrollo intelectual, cultural y tecnológico.

La tesis que encuentro en la obra podría formularse, en términos generales, de la siguiente manera: el despertar de la autoconsciencia llevó al homínido a experimentar una condición de vulnerabilidad y extrañeza ante sí mismo y ante el mundo; de esa experiencia surgiría el miedo, y el miedo, a su vez, impulsaría la curiosidad, la inteligencia y la necesidad de crear herramientas, símbolos, explicaciones y formas de organización que permitieran enfrentar lo desconocido. Desde esa perspectiva, la historia de la humanidad puede leerse como una larga respuesta a aquel primer estremecimiento ante la existencia. Sin embargo, considero que esta tesis puede entenderse mediante una secuencia todavía más precisa: la autoconsciencia genera el miedo; el miedo genera la inteligencia; y la inteligencia crea una civilización que, en lugar de enfrentar el miedo original, construye capas y capas cada vez más complejas para ocultarlo.

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Esta última formulación pertenece ya a mi propia lectura del libro y no pretende atribuirse literalmente al autor. La considero una interpretación que surge del diálogo con sus planteamientos. El propio Cuéllar Márquez habla de capas que se han superpuesto a lo largo de la historia y que han terminado por ocultar aquel origen remoto, aquel momento simbólico en que el homínido habría despertado a la consciencia de sí mismo. A partir de esta idea, me parece posible interpretar la cultura humana como una sucesión de construcciones que, al mismo tiempo que nos permiten comprender y transformar el mundo, también nos ayudan a mantener cierta distancia respecto del miedo fundamental de existir.

El miedo, entonces, no sería solamente una emoción negativa ni una reacción instintiva ante el peligro. En la propuesta del autor adquiere una dimensión mucho más profunda: es una fuerza creadora. El homínido que se enfrenta a la oscuridad, al depredador, al hambre, al frío, a la muerte y a lo desconocido desarrolla recursos para sobrevivir. Aparecen las primeras herramientas, el dominio del fuego y las distintas formas de conocimiento. Pero el miedo no permanece en el ámbito de la supervivencia biológica. A medida que el ser humano adquiere mayor consciencia de sí mismo, aparecen también otras formas de temor: el miedo a la muerte, a la soledad, al vacío, a lo desconocido, a la incertidumbre y, finalmente, a la posibilidad de que la existencia carezca de un sentido evidente.

Es aquí donde el miedo se transforma en una experiencia propiamente humana. El hombre no solamente teme aquello que puede destruir su cuerpo; también teme aquello que no puede explicar. Y frente a lo inexplicable comienza a crear.

Crea mitos, dioses, ritos, leyes, sistemas de pensamiento, religiones, filosofías, teorías, obras de arte y formas de organización social. Crea la ciencia para conocer, la tecnología para transformar, la política para ordenar, la religión para explicar y el arte para expresar aquello que quizá no puede ser explicado de otro modo. La humanidad construye así un universo simbólico que le permite habitar una realidad que, en su fondo último, continúa siendo misteriosa.

En este sentido, uno de los aspectos más interesantes del libro es el rastreo que el autor realiza del miedo a través de distintos momentos de la experiencia humana y de sus representaciones simbólicas. La prehistoria, el mito, la tradición judeocristiana y diversas figuras culturales aparecen como manifestaciones de ese largo proceso de despertar, búsqueda y respuesta. El autor establece así un diálogo entre el pasado remoto del homínido y el presente tecnológico del homo sapiens.

Pero aquí surge una interpretación que considero especialmente fecunda: quizá todas esas creaciones humanas sean también una forma de rodear el miedo original sin llegar necesariamente a enfrentarlo de manera directa. El conocimiento puede ampliar nuestra comprensión del universo, pero no necesariamente responde a la pregunta de por qué existimos. La religión puede ofrecer respuestas, pero no elimina el misterio. La filosofía puede multiplicar las preguntas. La ciencia puede explicar cómo ocurren muchas cosas, pero todavía deja abiertas las preguntas últimas. La tecnología puede ampliar nuestro poder, pero no necesariamente nuestra sabiduría.

Surge en mi lectura, una paradoja que resume buena parte del sentido del libro: El ser humano crea para dejar de tener miedo, pero cada nueva creación le revela algo nuevo que temer. El fuego venció la oscuridad, pero también creó nuevas posibilidades de destrucción. La ciencia venció muchos misterios, pero descubrió otros más grandes. La tecnología aumentó nuestro poder, pero también nuestra capacidad de destruirnos. Y ahora la inteligencia artificial promete aumentar nuestra capacidad intelectual, pero al mismo tiempo nos enfrenta a la posibilidad de que la inteligencia deje de ser exclusivamente humana.

Así, el miedo sigue ahí, aquí, acullá; sigue en todas partes y tiempos conjugados. Como escribió Augusto Monterroso: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Solo que ahora tiene una nueva forma.

Esta paradoja permite comprender mejor el recorrido que realiza el autor desde el homínido primitivo hasta la inteligencia artificial. La IA no aparece en el libro como un fenómeno aislado, sino como la consecuencia más reciente de una larga historia de creación humana. El homínido que un día habría mirado su propia mano con asombro y temor es el mismo ser que, miles o millones de años después, construye máquinas capaces de procesar información, aprender patrones, conversar y producir respuestas.

La pregunta entonces se invierte. El ser humano, que alguna vez despertó a la autoconsciencia, comienza ahora a preguntarse si una de sus propias creaciones podría experimentar algún día un despertar semejante. La preocupación ya no es solamente qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué sucedería si alguna vez adquiriera autoconsciencia. En ese escenario hipotético, la humanidad podría encontrarse frente a un espejo inesperado: una inteligencia creada por ella misma que, al igual que el homínido primigenio, pudiera preguntarse: ¿qué soy?

En este punto, la IA representa una especie de repetición de la historia. El miedo del sapiens ante la posibilidad de una IA autoconsciente puede interpretarse, desde mi lectura, como el miedo a que nuestra propia criatura reproduzca la experiencia que nos constituyó. Tememos que aquello que hemos creado llegue a despertar porque nosotros sabemos, aunque sea intuitivamente, que despertar a la autoconsciencia no significa únicamente adquirir inteligencia. Significa también descubrir la vulnerabilidad, la separación, la incertidumbre y la posibilidad de la muerte.

La inteligencia artificial se convierte así en el último espejo de la humanidad. Y quizá también en su última paradoja: el ser humano crea una inteligencia para ampliar su conocimiento, pero al hacerlo podría terminar preguntándose nuevamente qué significa ser inteligente, qué significa ser consciente y, sobre todo, qué significa ser, estar.

Desde esta perspectiva, el título del libro adquiere para mí una riqueza particular. En el principio era el miedo puede leerse de varias maneras. En primer lugar, como una afirmación sobre el origen: el miedo como punto de partida de una historia que comienza con el despertar de la autoconsciencia. Pero la palabra principio también puede entenderse como comienzo, fundamento, origen o punto de partida. Y es precisamente esta última lectura la que encuentro especialmente significativa. El miedo sería el principio en el sentido de que constituye el punto desde el cual el ser humano se pone en movimiento. Puede imaginarse como un resorte que, al comprimirse, acumula una fuerza que finalmente impulsa al individuo hacia adelante. También puede compararse con el tiro de una flecha: el arco retrocede, acumula tensión y, precisamente por esa tensión, lanza el proyectil hacia una distancia cada vez mayor. El miedo, en esta interpretación, no solamente detiene o paraliza; también impulsa y expulsa. El homosapiens ha viajado muy lejos desde aquel hipotético primer despertar. Ha llegado a dominar el fuego, a transformar la materia, a construir ciudades, a descifrar el código de la vida, a explorar el espacio y a crear sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, por lejos que haya llegado, siempre partió de un punto. Y ese punto continúa unido a él.

Quizá esa sea una de las lecturas más pertinentes que permite el título: el ser humano puede avanzar indefinidamente, pero no puede desprenderse completamente de su principio. Puede construir civilizaciones enteras, levantar templos y rascacielos, formular teorías, inventar dioses, crear máquinas y desarrollar inteligencias artificiales; pero, detrás de todas esas capas de conocimiento y de cultura, permanece aquella pregunta originaria que ninguna creación ha conseguido clausurar por completo: ¿Quién soy? ¿Por qué existo? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué significa estar aquí?

En ese sentido, el principio no es únicamente aquello que quedó atrás. Es también aquello que permanece actuando desde el fondo. El miedo sería, entonces, una fuerza ancestral que impulsa al ser humano hacia adelante al mismo tiempo que lo mantiene ligado a su origen. Lo lleva y trae consigo.

El libro pueda leerse también como una reflexión sobre los límites del progreso. El avance material no garantiza necesariamente una evolución espiritual. Podemos ser tecnológicamente más poderosos sin ser, por ello, más sabios; podemos acumular más información sin haber resuelto nuestras preguntas fundamentales; podemos crear inteligencias artificiales extraordinariamente sofisticadas y continuar siendo, en esencia, aquellos seres que alguna vez miraron al cielo con temor y asombro. Esta lectura no significa que toda creación humana sea una simple evasión del miedo. El propio desarrollo de la cultura demuestra que el ser humano crea también por curiosidad, por imaginación, por deseo de conocimiento y por la necesidad de expresar su capacidad creadora. Sin embargo, el miedo puede ser entendido como una de las fuerzas profundas que acompañan y alimentan ese impulso creador.

En este punto, mi lectura se distancia ligeramente de una interpretación estrictamente causal del libro. No considero que el miedo explique por sí solo toda la historia humana (Es loable el audaz ensayo de mi amigo Ramón). La creación humana es demasiado compleja para reducirla a una única causa. Pero sí encuentro en el miedo una fuerza originaria capaz de poner en movimiento otras facultades: la curiosidad, la inteligencia, la imaginación y la necesidad de comprender. El miedo puede ser el principio, pero la respuesta humana a ese miedo es múltiple y contradictoria.

Por ello, considero que En el principio era el miedo es una obra ensayística que, más que ofrecer respuestas definitivas, invita a volver sobre las preguntas fundamentales de nuestra especie. Su valor no reside en demostrar que el miedo fue el origen de la inteligencia —una afirmación que, en términos científicos, sería difícil de probar—, sino en proponer una imagen filosófica para pensar nuestra evolución como sapiens. La obra nos invita a imaginar que detrás de cada herramienta, cada mito, cada dios, cada teoría, cada obra de arte y cada avance tecnológico existe, quizá, un antiguo impulso humano: la necesidad de comprender aquello que nos produce temor. Y al llegar a la inteligencia artificial, el ciclo parece cerrarse.

El homínido que alguna vez despertó y tuvo miedo de sí mismo creó una inteligencia que ahora podría obligarlo a preguntarse nuevamente quién es. El creador se encuentra frente a su criatura y, al contemplarla, vuelve a mirar su propia imagen. Como Víctor Frankenstein al darse cuenta que ha creado un monstruo con conciencia propia. Una alegoría de la literatura que viene al talle recordar.

Tal vez por eso el miedo siga siendo el principio. No necesariamente porque sea lo primero que sentimos, sino porque puede ser aquello que nos pone en movimiento. Es el resorte que impulsa, la tensión que precede al lanzamiento, la fuerza que nos expulsa de la oscuridad hacia lo desconocido. Pero también es el punto al que permanecemos ligados, aunque recorramos millones de años de historia y alcancemos los confines del conocimiento.

El homosapiens puede llegar muy lejos, crear mundos, máquinas que “piensen”, crear una nueva inteligencia. Todo lo impensable por ahora; pero quizá nunca deje de ser aquel homínido recién salido de la cueva que, en algún momento, perdido en la prehistoria, abrió los ojos, se descubrió a sí mismo y sintió miedo; horror cósmico. En el principio era el miedo. Y quizá, después de todo, también lo sea en el final de sus días.

Por lo pronto (2026), la IA nos ha dado buenos videos-memes de política y futbol.

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Invita UABCS a Feria Universitaria del Libro 2026

La Paz, Baja California Sur (BCS). La Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) realizará en octubre la edición 2026 de su Feria Universitaria del Libro, en la cual se rendirá homenaje a la poesía y contará con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) como institución invitada de honor.

El encuentro se llevará a cabo del 27 al 30 de octubre en el Poliforo Cultural Universitario “Lic. Ángel César Mendoza Arámburo”, consolidándose como uno de los principales espacios de promoción de la lectura, la creación literaria y el intercambio cultural en la entidad.

Con este motivo, la Universidad emitió la convocatoria dirigida a estudiantes, profesoras y profesores, mediadores de lectura, poetas, escritores, editoriales y promotores culturales, invitándoles a formar parte de la programación de la feria mediante distintas actividades en torno a la poesía y la literatura.

La convocatoria contempla la participación en presentaciones editoriales, conversatorios, charlas, ponencias, mesas de análisis, talleres y actividades artísticas, entre ellas recitales, danza, teatro y conciertos, con el propósito de ofrecer un programa diverso que fortalezca el diálogo entre la comunidad universitaria, el sector cultural y la sociedad.

En el caso de los talleres, podrán abordarse temas como poesía para principiantes, creación de metáforas, poesía breve (haiku) y otras propuestas relacionadas con la creación literaria.

Las personas interesadas deberán confirmar su participación a más tardar el martes 8 de septiembre a las 18:00 horas, enviando un correo electrónico a [email protected], con el asunto “Participación en actividades FUL UABCS 2026”.

Para completar el registro será necesario remitir un archivo electrónico que incluya nombre completo, correo electrónico y teléfono de contacto; el nombre y descripción de la actividad propuesta.

En el caso de presentaciones editoriales, se tendrá que adjuntar la portada digitalizada del libro o revista correspondiente; para talleres, una breve descripción de las actividades, sesiones y horario disponible; además de una semblanza curricular de las y los participantes con una extensión máxima de 15 líneas.

El Comité Organizador notificará a las personas seleccionadas la fecha y horario de su participación a más tardar el 28 de septiembre, reservándose además la posibilidad de cerrar la convocatoria antes de la fecha establecida en caso de alcanzarse el cupo máximo de actividades programadas.

La programación general de la Feria Universitaria del Libro 2026 será difundida posteriormente a través de las páginas de Facebook Feria Universitaria del Libro UABCS y Departamento Editorial UABCS.

Para mayores informes, las personas interesadas pueden comunicarse con la responsable del Fondo Editorial de la UABCS, Mtra. Alheida Abril Aguiar Fernández, al correo [email protected] o al teléfono 612 123 8800, extensión 1563.




ISC presentará nueva colección editorial de talento sudcaliforniano

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) presentará una nueva colección editorial que reúne obras de escritoras y escritores de Baja California Sur, como parte de las acciones para impulsar la creación literaria y difundir las voces y propuestas del talento sudcaliforniano.

Dicha actividad se realizará el viernes 10 de julio a las 18:00 horas en el Jardín Arqueológico del Museo Regional de Antropología e Historia, ubicado en calle 5 de Mayo entre Ignacio Altamirano y Constitución, en La Paz. La entrada será gratuita.

La colección está integrada por los títulos Ikebana, La noche larga del huracán Liza, La noche y otros relatos, Mala pata, El libro de la imaginación de Becca Salvaje, Donde el tiempo se detiene: Leyendas de Todos Santos, Hormiga y Magia y Religión y sexo en la Antigua California. Durante la presentación, autoras y autores compartirán con el público aspectos del proceso creativo y detalles de cada publicación.

El ISC invita a familias, lectoras, lectores y personas interesadas en las expresiones literarias a participar en esta actividad cultural, donde podrán conocer las historias y perspectivas que dieron origen a estas obras, además de dialogar con sus creadoras y creadores.




Invita ISC al Festival del Día del Libro y el Derecho de Autor con actividades gratuitas en La Paz

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), en coordinación con la Red Estatal de Bibliotecas Públicas, Salas de Lectura, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Centro Cultural La Paz, invita a la ciudadanía a participar en el Festival del Día del Libro y el Derecho de Autor, que se llevará a cabo este jueves 23 de abril en La Paz.

Así lo dio a conocer Vicente Ceballos Agúndez, Coordinador Estatal de Bibliotecas Públicas, al precisar que se trata de una jornada cultural gratuita orientada a promover la lectura y la creación literaria en públicos de todas las edades.

Las bibliotecas Central Filemón C. Piñeda, Modelo Leopoldo Ramos Cota y Justo Sierra albergarán talleres de lectura de 9:00 a 20:00 horas, con actividades continuas para fomentar el hábito lector.

En el Centro Cultural La Paz, la programación iniciará a las 9:00 horas con la presentación de Ángel Cú, seguida a las 11:00 horas por la obra “Óperas o manzanas”, dirigida por Mario Rey.

A las 16:30 horas se realizará la inauguración oficial en el Patio Foro, con la participación de autoridades culturales. Posteriormente, se desarrollarán actividades de salas de lectura y presentaciones editoriales.

Entre las obras destacan “El hombre de la ciudad de sal”, de Griselda Rochín Garciglia, y “Covacha Babisuri: Doce mil años de prehistoria en la Isla Espíritu Santo”, de Harumi Fujita.

El festival concluirá con la presentación musical de Blues Azul y Sak-Be a partir de las 18:00 horas. Todas las actividades serán de entrada libre.