ISC anuncia ganadores de Alas y Raíces BCS 2026

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC), en coordinación con la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el programa Alas y Raíces, dio a conocer los resultados de la Convocatoria Alas y Raíces Baja California Sur 2026, realizada en el marco de la conmemoración por los 30 años de este programa nacional.

La convocatoria tuvo como objetivo fortalecer los derechos culturales de niñas, niños y adolescentes, además de impulsar proyectos artísticos con enfoque comunitario en las distintas regiones del estado.

En esta edición se registraron 52 proyectos provenientes de los cinco municipios de Baja California Sur, lo que refleja el interés y la participación del sector artístico en la generación de propuestas orientadas a las infancias y adolescencias.

Posterior al proceso, el jurado seleccionó 15 proyectos: cinco de Mulegé, dos de Comondú, cinco de Los Cabos y tres de La Paz.

Las y los responsables de los proyectos seleccionados recibirán un estímulo económico de 15 mil pesos para el desarrollo de sus propuestas, con el propósito de fortalecer la implementación de actividades culturales en el Estado y ampliar el acceso a expresiones artísticas en las comunidades.

Con estos resultados, se contribuye a la descentralización de la oferta cultural en la entidad y al fortalecimiento de una política cultural basada en la inclusión, la participación comunitaria y el desarrollo integral de las infancias y adolescencias.

Las actividades derivadas de esta convocatoria iniciarán en los próximos meses, conforme al calendario de trabajo de la Coordinación Estatal de Alas y Raíces en Baja California Sur.




Invita ISC a festival cultural y recreativo para niños y niñas de BCS

FOTO: ISC.

La Paz, Baja California Sur (BCS). El Instituto Sudcaliforniano de Cultura (ISC) invita a la población a participar en el festival “Tilingo Lingo: Alas y Raíces en Juego”, encuentro nacional que ofrecerá actividades artísticas, recreativas y formativas dirigidas a niñas, niños, adolescentes y familias.

Las actividades se llevarán a cabo los días viernes 22 y sábado 23 de mayo en la Unidad Cultural “Prof. Jesús Castro Agúndez”, donde distintos espacios como la Biblioteca Infantil, la Galería Carlos Olachea, el Teatro al Aire Libre y el Centro de Convenciones organizarán talleres, presentaciones escénicas, conferencias y dinámicas lúdicas.

El viernes 22, a partir de las 9:00 horas, el programa iniciará con una ceremonia inaugural y un ciclo de conferencias enfocado en la creación de espacios inclusivos y participativos para las infancias. Asimismo, se desarrollarán experiencias escénicas especialmente diseñadas para niñas y niños en la Biblioteca Infantil.

Para el sábado 23, desde las 10:00 horas, se contempla una jornada con actividades matutinas y vespertinas que incluirán talleres creativos para todas las edades, sesiones de filosofía para adolescentes, así como espectáculos escénicos y musicales a cargo de artistas, colectivos y promotores culturales invitados.

Además, se invita a las familias asistentes a acudir con bicicleta, scooter, patines o patineta para disfrutar de los espacios seguros habilitados dentro de la Unidad Cultural. Todas las actividades serán gratuitas.

Para conocer más información, las y los interesados pueden consultar las redes sociales del Instituto Sudcaliforniano de Cultura o comunicarse al número de teléfono (612) 1229101, de lunes a viernes, en horario de 8:00 a 15:00 horas.




Realizaron el 2° Festival del Cabrito en San Francisco de la Sierra

FOTO: Gobierno del Estado.

La Paz, Baja California Sur(BCS). Con el objetivo de abrir espacios al desarrollo turístico, la gastronomía local y la identidad cultural de las comunidades serranas, el gobernador Víctor Manuel Castro Cosío inauguró en San Francisco de la Sierra, municipio de Mulegé, la 2.ª edición del Festival del Cabrito, con la participación de 160 productoras y productores caprinos de distintas regiones de Baja California Sur.

El mandatario estatal destacó que el festival refleja una organización local más sólida y una participación creciente de quienes se dedican a la actividad caprina, lo que ha permitido dar mayor visibilidad al trabajo regional y abrir espacios para el intercambio de experiencias, la comercialización y el reconocimiento de las tradiciones.

Subrayó que su administración promueve el trabajo conjunto desde las localidades, donde la suma de esfuerzos permite avanzar en proyectos que nacen del propio territorio y buscan mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

En la inauguración del evento, el Gobernador estuvo acompañado por la alcaldesa Edith Aguilar Villavicencio y la presidenta del Sistema DIF estatal, Patricia López Navarro, quienes entregaron distintivos de turismo de base comunitaria a participantes locales, lo que permitirá integrar a la región en una guía nacional e internacional de experiencias con enfoque social y territorial.

El encuentro reunió a 11 dependencias del Gobierno del Estado, tres instituciones de educación superior y representantes de diversas comunidades de Mulegé, Los Cabos, Santiago, Miraflores y Comondú.

El festival incluyó exposiciones de dulces tradicionales y artesanías, degustación de cabrito en distintas preparaciones y venta de productos regionales como queso y derivados, lo que generó afluencia de visitantes y dinamismo económico en la zona.




Ignacio Tirsch: el misionero que dibujó la Antigua California

Tierra Incógnita

Sealtiel Enciso Pérez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). En algún lugar del actual sur de Baja California Sur, hacia mediados del siglo XVIII, un misionero europeo observaba con atención la vida cotidiana de los pueblos indígenas. No solo predicaba: dibujaba. Registraba plantas, animales, rituales y escenas domésticas con una sensibilidad poco común para su tiempo. Ese hombre era Ignacio Tirsch, jesuita originario de Bohemia, cuya vida y obra constituyen hoy una de las ventanas más singulares para comprender la Antigua California. Este reportaje reconstruye su trayectoria, exploraciones, relaciones con los pueblos originarios, su papel en el sistema misional y el significado de su legado a partir de fuentes históricas, académicas y documentales recientes.

Ignacio Tirsch nació en 1733 en Chomutov, en la región de Bohemia, en el seno de un imperio europeo profundamente marcado por la expansión del catolicismo tras La Reforma protestante. Como muchos jóvenes de su época, ingresó a la Compañía de Jesús, una orden que tenía entre sus principales misiones la evangelización global y la expansión cultural del catolicismo. Su llegada a la Nueva España no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia geopolítica más amplia. Durante los siglos XVII y XVIII, la Corona española utilizó a los jesuitas como agentes de colonización en territorios periféricos como California. Estos espacios eran considerados estratégicos, tanto por su posición geográfica como por la necesidad de consolidar la soberanía frente a otras potencias europeas.

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En este contexto, Tirsch emprendió el largo viaje transatlántico desde Europa hasta América, completando su formación en centros jesuitas de Puebla, Tepotzotlán y la Ciudad de México antes de ser enviado en 1761 a la península de Baja California. Su destino: una región árida, aislada y profundamente compleja en términos culturales.

Cuando llegó a la Antigua California, el sistema misional jesuita llevaba ya varias décadas de funcionamiento. Desde finales del siglo XVII, las misiones habían sido establecidas como centros de evangelización, pero también como núcleos de organización social, económica y territorial. Estas misiones no solo buscaban convertir a los pueblos indígenas al cristianismo, también introducían nuevas formas de vida: agricultura sedentaria, ganadería, organización comunitaria bajo normas europeas y dependencia de la autoridad religiosa.

El propio Tirsch fue asignado inicialmente a la misión de Santiago de los Coras (Aiñiní), fundada en 1724, pero marcada por la violencia de la rebelión pericú de 1734, en la que el edificio fue destruido y el misionero asesinado. Décadas después, él participó en la reconstrucción del sitio, en un contexto donde los pueblos originarios ya habían sido profundamente afectados por epidemias, desplazamientos y conflictos. Según registros históricos, su labor se desarrolló entre 1762 y 1767 en distintas misiones del sur, incluyendo Santiago y San José del Cabo. En estos espacios, el misionero no solo administraba sacramentos, sino que también organizaba la producción agrícola, supervisaba la vida cotidiana y actuaba como intermediario entre la Corona y las comunidades indígenas.

Uno de los aspectos más complejos en la vida de Tirsch fue su relación con los pueblos indígenas, particularmente los pericúes y guaycuras, habitantes originarios del extremo sur de la península. Las fuentes coinciden en que para la época en que Tirsch llegó, muchas de estas comunidades ya estaban en proceso de desaparición. Las epidemias introducidas por los europeos, la desestructuración social y los conflictos armados habían reducido drásticamente su población. Sin embargo, a diferencia de otros misioneros cuya labor se documenta principalmente en textos religiosos o administrativos, Tirsch dejó un registro visual excepcional. Sus acuarelas muestran escenas de la vida indígena: familias, actividades de caza, rituales y paisajes. Estas imágenes ofrecen una mirada que, si bien está mediada por su perspectiva europea, conserva detalles etnográficos de gran valor.

Investigaciones recientes destacan que sus dibujos constituyen una forma de “historia natural” y cultural, donde se entrelazan observación científica, experiencia misionera y representación simbólica. En ellos se perciben tanto los procesos de transformación cultural como la persistencia de prácticas indígenas. Este material ha sido interpretado por especialistas como evidencia de una interacción compleja: ni completamente armónica ni exclusivamente violenta, sino marcada por negociaciones, adaptaciones y tensiones constantes.

Además de su labor religiosa, Tirsch participó en la exploración del territorio y en la generación de conocimiento sobre la región. Como otros jesuitas de su tiempo, formaba parte de una tradición intelectual que combinaba evangelización con observación científica. Los jesuitas eran, en muchos sentidos, “agentes culturales” que documentaban flora, fauna, geografía y costumbres locales como parte de su misión. En el caso de Tirsch, esta labor se materializó en un conjunto de aproximadamente 47 acuarelas que representan desde especies animales hasta escenas de la vida cotidiana. Estas obras, actualmente resguardadas en la Biblioteca Nacional de Praga, constituyen uno de los registros más completos de la Antigua California en el siglo XVIII. En ellas aparecen peces, aves, mamíferos, plantas y representaciones humanas que documentan un entorno hoy profundamente transformado.

Algunas imágenes incluso muestran elementos que mezclan observación y simbolismo, como el llamado “pez mujer”, lo que ha generado debates entre historiadores sobre los métodos y fuentes de Tirsch. Más allá de su exactitud científica, estas ilustraciones tienen un valor incalculable como testimonio de un mundo en transición.

La trayectoria de Ignacio Tirsch en California se vio abruptamente interrumpida en 1767, cuando el rey Carlos III ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los territorios españoles. Esta decisión respondió a múltiples factores: tensiones políticas, sospechas sobre el poder de la orden y reformas borbónicas orientadas a fortalecer el control estatal. En Baja California, la expulsión significó el fin de un sistema misional que había operado durante más de 70 años. Tirsch, al igual que otros misioneros, fue obligado a abandonar la península y regresar a Europa.

Este episodio no solo marcó el final de su labor en América, sino también una ruptura en el proceso de documentación del territorio. Muchas de las crónicas, dibujos y conocimientos generados por los jesuitas quedaron dispersos o fueron elaborados en el exilio. Tirsch regresó a Bohemia, donde pasó sus últimos años y falleció en 1781.

El principal legado de Ignacio Tirsch no radica únicamente en su labor como misionero, sino en su obra visual. Sus acuarelas han sido consideradas por especialistas como uno de los primeros registros pictóricos sistemáticos de la península de Baja California. A diferencia de otros documentos coloniales, centrados en la administración o la evangelización, sus dibujos capturan aspectos cotidianos y naturales con un nivel de detalle poco común. Representan, en palabras de investigadores contemporáneos, un “testimonio visual inédito” de la vida en las misiones y de los pueblos indígenas.

Este legado ha adquirido relevancia en el contexto actual, donde la historia de la Antigua California se reconstruye a partir de múltiples fuentes: crónicas, arqueología, tradición oral y registros visuales. Las obras de Tirsch permiten no solo conocer el pasado, sino también reflexionar sobre los procesos de colonización, transformación cultural y pérdida de diversidad que marcaron la región.

El análisis moderno de la figura de Tirsch no está exento de debate. Por un lado, se reconoce su aporte como observador y documentador de la realidad californiana. Por otro, su papel como misionero lo sitúa dentro de un sistema colonial que implicó la transformación profunda —y en muchos casos la desaparición— de culturas indígenas. Este doble carácter refleja una tensión central en la historia de las misiones: fueron espacios de intercambio cultural, pero también de imposición religiosa y reorganización social. Los estudios recientes insisten en la necesidad de contextualizar su obra. Sus dibujos no son neutrales: están atravesados por su formación europea, su misión evangelizadora y las condiciones de la época. Sin embargo, también ofrecen pistas sobre las experiencias indígenas, muchas veces ausentes en los registros escritos.

La relevancia de Tirsch puede entenderse a partir de varias causas estructurales:

  • La expansión jesuita: permitió la llegada de misioneros con formación intelectual y capacidad de documentación.
  • El aislamiento geográfico: convirtió a Baja California en un laboratorio de observación cultural y natural.
  • El contexto colonial: generó la necesidad de registrar territorios y poblaciones.

Las consecuencias de su obra son igualmente significativas:

  • Preservación de la memoria: sus dibujos son uno de los pocos testimonios visuales de pueblos casi desaparecidos.
  • Aporte científico: contribuyen al conocimiento de la biodiversidad histórica de la región.
  • Valor cultural: fortalecen la identidad histórica de Baja California Sur.

Hoy, más de dos siglos después, la figura de Ignacio Tirsch sigue despertando interés entre historiadores, antropólogos y estudiosos del arte. Su obra ha sido objeto de exposiciones, investigaciones académicas y publicaciones que buscan reinterpretar su legado. En un contexto donde se revaloran las historias locales y las voces marginadas, sus dibujos adquieren una nueva dimensión. No solo como documentos históricos, sino como herramientas para comprender las complejidades del encuentro entre culturas. Ignacio Tirsch fue, al mismo tiempo, misionero, explorador, cronista y artista. Su vida refleja las dinámicas de un mundo colonial en expansión, donde la religión, la ciencia y la política se entrelazaban.

Pero su obra trasciende su tiempo. En cada acuarela se conserva un fragmento de la Antigua California: sus paisajes, sus habitantes, sus transformaciones. En un territorio donde muchas voces fueron silenciadas, sus imágenes permanecen como una forma de memoria. Una memoria que no solo ilumina el pasado, sino que invita a cuestionarlo y comprenderlo en toda su complejidad.

Referencias:

https://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Tirsch «Ignacio Tirsch»

https://es.wikipedia.org/wiki/Misi%C3%B3n_de_Santiago_de_los_Coras_Ai%C3%B1in%C3%AD «Misión de Santiago de los Coras Aiñiní»

https://journals.openedition.org/nuevomundo/76562 «Los dibujos de Ignacio Tirsch (1733-1781), tres cartas y una curiosa …»

https://www.iberoamericana-vervuert.es/capitulos/9783968697444_006.pdf «Entre bohemia y Nueva España: roles, costumbres y vida cotidiana en …»

https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/california/304a_04_12_IgnazTirsch.pdf «Las pinturas del Bohemio Ignaz Tirsch sobre México y California en el …»

https://mundonuestro.mx/index.php/secciones/historia/item/2638-los-pioneros-de-la-baja-california «Los pioneros de la Baja California – mundonuestro.mx»

https://www.culcobcs.com/cultura-entretenimiento/ignacio-tirsch-el-jesuita-que-dibujo-la-antigua-california/ «Ignacio Tirsch, el jesuita que dibujó la Antigua California»

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BCS y sus tributos a los villanos de la historia

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El Beso de la Mujer Araña

Por Modesto Peralta Delgado

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Baja California Sur debería llamarse sólo California, al ser la primera, la original. Sin embargo, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales. El Estado tiene la particularidad de nombrar a sus calles, pueblos y mares con nombres de personajes polémicos de la historia; tanto lo son, que en toda la República Mexicana casi no abundan los homenajes a estos protagonistas del pasado, e incluso, en algunos sitios han descontinuado llamarles así.

Este reportaje no defiende la historia oficialista, aunque no se puede negar, que la educación pública ha influido en calificar de héroes o villanos a ciertos líderes del pasado; aquí se acude a la cultura popular y a la memoria colectiva, y por supuesto, a datos y hechos que hacen que estas figuras no se recuerden precisamente por sus hazañas, sino por la represión sangrienta que ejercieron. Estos son sus tributos en tierras sudcalifornianas.

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El muy querido Hernán Cortés

En la cultura popular, el conquistador de México—cuya tumba se encuentra en CDMX y nadie la celebra— es asociado a las matanzas de los antiguos indígenas para sumar el hoy territorio mexicano a la entonces corona española; a sangre y fuego —como los 6 mil habitantes de Cholula masacrados sin armas, en un par de horas, en 1519— impuso el cristianismo, su gobierno y la visión occidental a los pueblos mexicanos. En la historia oficial mexicana no se le conmemora. Los dichos recientes de la presidente Claudia Sheinbaum denostándolo como “un asesino”, no son nuevos: es una figura maldita desde antaño.

Pero en Baja California Sur, es distinto; aquí se le quiere. Su nombre lo llevan bares y restaurantes en La Paz; la calle Hernán Cortés, en El Comitán, en la capital del Estado, donde también están la colonia Pedregal del Cortés y el complejo turístico Puerta Cortés; y los 200 mil kilómetros cuadrados del Golfo de California, también conocido como Mar de Cortés —que no, el Golfo de Cortés. Aparece en el himno del Estado. ¿Qué se pensaría hoy en día si se quisiera erigir una estatua en su honor?

La influencia tiene qué ver con que en las Fiestas de Fundación de La Paz —una tradición de hace varias décadas, organizadas por el Ayuntamiento de La Paz—, se le reconoce como el fundador de esta capital, por una expedición que realizó en algún punto de la bahía el 3 de mayo de 1535. Quien lo “decretó” de esta manera fue el historiador Pablo L. Martínez en la primera mitad del siglo XX. Por ello, este 2026 se ‘celebran’ los “491 años del puerto de La Paz”, una ciudad que tardaría casi 3 siglos después que Cortés anduvo por aquí y no fundó ni una piedra, en ser habitada; además, esta tradición borra en la memoria colectiva que, en realidad, el primer asentamiento de la Antigua California fue Loreto, fundado en 1697.

Las calles de Porfirio Díaz

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca de Juárez en 1830 y murió desterrado en París, Francia, en 1915. En su ciudad natal —que lleva el apellido de Benito Juárez, contra el cual se opuso porque se estaba perpetuando en el poder, lo que más tarde hizo él—, todavía hay una calle que lleva su nombre; en el mismo Estado hay un municipio que le rinde homenaje.

Aunque Porfirio Díaz modernizó la infraestructura del país, su dictadura ha sido criticada precisamente por mantenerse 30 años en el poder, con mano dura, reprimiendo las posturas en su contra; sólo en las huelgas de Cananea, en 1906, y en Río Blanco, en 1907, el ejército ejecutó a casi un millar de manifestantes. Elecciones amañadas, despojo de tierras, una abismal desigualdad social y persecución de disidentes fueron algunos “sacrificios” para modernizar al país.

Tras La Revolución Mexicana, cambiaron muchas nomenclaturas de calles en todo México. Es posible, aunque no se encontró un registro oficial que, en La Paz, BCS, alguna calle se llamara Porfirio Díaz, pero con el paso del tiempo se quitara su nombre, como pasó en varias calles y sitios públicos de la República Mexicana. Donde el homenaje sigue vigente es en El Triunfo, al Sur del municipio de La Paz, donde la calle Porfirio Díaz abarca unas cinco cuadras del poblado, muy cerca del Museo del Vaquero y el Museo de la Plata.

Todo un pueblo llamado Gustavo Díaz Ordaz

Cuando se menciona al ex presidente Gustavo Díaz Ordaz (1911-1979), a pesar del crecimiento económico y la baja inflación durante su administración, es casi imposible no recordarlo por la masacre de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 que tuvo un número incalculable de presos, muertos y desaparecidos; no fue el único, pero es, quizás, el que represente el régimen de mayor represión de los gobiernos del PRI.

¿Se merece un monumento? Al menos, en La Paz existe la Escuela Primaria Gustavo Díaz Ordaz, en la calle Arroyo San Cristóbal, entre Arroyo El Piojillo y Arroyo San Bartolo, en la colonia Márquez de León; por cierto, en Ensenada, Baja California, también un plantel de educación básica lleva su nombre y otro el de Porfirio Díaz.

Pero hay más: todo un pueblo. Gustavo Díaz Ordaz es una localidad del municipio de Mulegé, enclavado en el corazón del desierto de El Vizcaíno; es una importante comunidad agrícola de unos mil habitantes donde se cosecha higo de calidad de exportación; ahí hay una estación metereológica, siendo uno de los puntos más fríos de todo el Estado.

Un puerto de nombre lambiscón

Una persona muy letrada, oriunda de Puerto Adolfo López Mateos, municipio de Comondú, me contó que el origen del nombre de su pueblo no fue otra cosa que quedar bien: que el ex presidente de México había visitado esa comunidad pesquera, y solo por eso le pusieron así. Es cierto: hoy en día, ese dato se puede corroborar en Internet. Este amigo me dijo que su pueblo merecería tener otro nombre, él proponía Puerto Ballenas. Suena bien, pero como decíamos, la toponimia no es la mayor virtud de los gobiernos locales.

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