Cuando la casa deja de ser hogar: la otra cara del Airbnb en Baja California Sur

IMÁGENES: IA.

Vientos de Pueblo

José Luis Cortés M.

 

San José del Cabo, Baja California Sur (BCS). La noche cae sobre La Paz con esa quietud tibia que sólo conocen las ciudades junto al mar. Pero debajo de esa calma hay un murmullo que crece, un rumor que se esparce entre estudiantes, trabajadores y familias jóvenes: cada vez hay menos lugares donde vivir. Y no porque falten viviendas, sino porque muchas han dejado de ser hogares para convertirse en vitrinas digitales, alojamientos temporales que brillan en plataformas como Airbnb mientras la oferta de renta tradicional se desvanece.

El fenómeno no es exclusivo del Estado, pero aquí adopta una forma particular. En zonas de alta demanda turística —desde el centro de La Paz hasta colonias de Cabo San Lucas y San José del Cabo— la transformación es visible. Lo que antes eran casas ocupadas por familias ahora son estudios remodelados para viajeros; departamentos que antes se rentaban por año ahora están disponibles por noches. Según datos públicos consultados en 2024, el número de alojamientos de renta temporal en Baja California Sur creció de forma sostenida en los últimos años, especialmente en áreas urbanas con acceso a playa, centros comerciales o zonas de vida nocturna. La cifra exacta es difícil de delimitar porque la regulación estatal y municipal aún es insuficiente y fragmentada, pero los registros muestran una tendencia clara: la vivienda se está volviendo negocio antes que derecho.

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Las historias personales dan vida a las cifras. Una joven estudiante de La Paz contó que pasó más de cuatro meses buscando un cuarto accesible sin éxito. Cada lugar que encontraba terminaba convertido en “suite vacacional”. Lo mismo dijo un trabajador de Los Cabos, quien explicó que necesitó compartir departamento con tres personas porque el dueño decidió retirar la renta fija para entrar al mercado turístico. Una pareja con un bebé recién nacido relató que fue desalojada tras años de vivir en la misma casa porque “los huéspedes dejan más”.

Detrás de estas vivencias hay un patrón: el rendimiento económico del alquiler turístico supera ampliamente al de la renta tradicional, especialmente en ciudades donde los turistas internacionales pagan en dólares. Para muchos propietarios, la decisión es lógica. Para quienes buscan un lugar donde vivir, es devastadora. No sólo se encarecen los precios; se reduce la disponibilidad, aumentan los depósitos, se alargan los filtros y se normaliza la incertidumbre.

En Los Cabos el impacto es aún más evidente. La llegada continua de visitantes y residentes temporales ha empujado la conversión masiva de departamentos a renta vacacional. Informes locales han señalado que la presión inmobiliaria está desplazando a trabajadores del sector turístico hacia colonias cada vez más lejanas, lo que prolonga los tiempos de traslado y encarece la vida diaria. Un análisis reciente sobre vivienda en destinos turísticos de México advierte que esta tendencia, si no se regula, puede profundizar la desigualdad urbana: ciudades habitadas por quienes pueden pagar estar cerca y operadas por quienes deben viajar hasta dos horas para llegar a su empleo.

Lo más inquietante es la falta de reglas claras. Aunque algunos municipios han intentado crear registros de alojamientos temporales, la implementación es irregular y la supervisión insuficiente. No existe un marco estatal que delimite cuántas viviendas pueden destinarse a uso turístico por zona, ni una política robusta que garantice oferta mínima de renta a largo plazo. En otras ciudades del mundo se han implementado medidas como límites de noches al año, registro obligatorio de anfitriones, impuestos específicos y restricciones en zonas de vivienda social. Aquí, el debate apenas comienza.

La pregunta es inevitable: ¿cómo encontrar un equilibrio entre el beneficio económico del turismo y el derecho a una vivienda digna? Algunas soluciones posibles ya circulan entre especialistas: crear listas públicas de alojamientos regulados, establecer requisitos para la conversión de viviendas, fomentar desarrollos exclusivamente turísticos para despresurizar colonias habitacionales, y diseñar programas que incentiven la renta accesible para estudiantes y trabajadores. No son recetas mágicas, pero sí pasos concretos hacia un modelo urbano más justo.

La historia de Airbnb en Baja California Sur no es sólo una historia de éxito turístico; es también una historia sobre lo que ocurre cuando una ciudad olvida que su gente necesita techo antes que estancias boutique. Cuando una plataforma crece sin reglas, el mercado encuentra su beneficio, sí, pero la comunidad pierde algo más profundo: su tejido, su estabilidad, su posibilidad de futuro.

Si la vivienda se convierte en mercancía absoluta, la ciudad se vuelve un escenario sin alma. Recuperarla empieza por recordar que un hogar no tiene precio, pero sí tiene valor. Y ese valor merece ser defendido, casa por casa, calle por calle.

Referencias y fuentes consultadas

– Registros públicos de oferta de rentas temporales en Baja California Sur (2023–2024).
– Informes nacionales sobre vivienda en destinos turísticos y efectos de plataformas digitales.
– Datos del INEGI sobre disponibilidad de vivienda y movilidad urbana (2023–2024).

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Pozos de visita derramados, daño colateral al pavimento

FOTOS: Noé Peralta Delgado.

Explicaciones Constructivas

Noé Peralta Delgado

 

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). En la pasada temporada de lluvias veraniegas intensas que se dejaron sentir en casi la totalidad de las ciudades de Baja California Sur, una de las molestias más grandes de la población fue sin duda, la destrucción de los pavimentos asfálticos. Aun después de pasado el tiempo, los pavimentos seguían hecho añicos y como un cáncer, avanzando en su deterioro. Ni las carreteras se salvaron, aunque esto, debido a años de falta de mantenimiento.

Como se sabe, el peor enemigo del pavimento asfáltico es el agua porque, aunque el pavimento estuviera hecho con las más altas normas de calidad, el solo hecho de que no tenga una buena superficie de drenaje, o sea que el agua se quede estancada sobre el pavimento, es totalmente seguro que va a la formación de baches y posterior deterioro hasta su destrozo.

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Todo lo anterior, no es motivo de preocupación cuando es pavimento hidráulico, es decir, que está compuesto por mezcla de cemento, agregados y agua. La gran diferencia entre un pavimento y otro, es el costo, por eso las dependencias gubernamentales se van por realizar pavimentos asfálticos por cuestiones presupuestales.

Como ya se leyó, el agua es el principal factor para destruir los pavimentos asfálticos, pero no necesariamente es el agua de lluvia la que ocasiona este deterioro; y en las ciudades donde no se tiene buen mantenimiento y buena pendiente el sistema de drenaje sanitario, este tiende a derramarse por los pozos de visita.

Los pozos de visita son huecos bien construidos, principalmente en los cruces de calle, donde el sistema municipal realiza el mantenimiento preventivo a la red sanitaria que transcurre por debajo de las vialidades. También se construyen cuando la distancia en línea recta, sobrepasa una distancia no mayor de 100 metros.

También con las recientes lluvias, las tuberías de drenaje sanitario se llenaron de agua pluvial, creando taponamientos y a su vez, derramamientos de aguas negras por los pozos de visita, y con su insoportable mal olor. Comúnmente, los taponamientos ocurren en los registros sanitarios que están a orilla de los límites de las viviendas hacia las tuberías colectoras principales que van por el centro de la calle.

Con las lluvias copiosas que pegaron en meses pasados sobre Baja California Sur, se tuvo que en varios puntos de las ciudades el drenaje sanitario colapsó al tener mucha agua pluvial que arrastró consigo, enromes cantidades de sólidos y de basuras, ocasionando los molestos taponamientos y derrames.

Sin embargo, el daño colateral que ocasionó este problema, fue el deterioro de la carpeta asfáltica que rodea los pozos de visita, donde la exposición continua con las aguas negras derramadas hizo que se empezara a desprender la capa de pavimentos asfáltico; el problema aumentó exponencialmente, porque en los cruces de calle, el tráfico vehicular es mucho más constante, y son los mismos automóviles que van destruyendo de manera rápida al estar presionando con las llantas.

El mal empieza como un derrame de agua, que sobresale del pozo de visita y que al momento que llega a la carpeta asfáltica, empieza a formar un pequeño bache; y con el paso de los vehículos, el bache va creciendo de forma rápida y constante.

Sin duda esta temporada de lluvias sacó a relucir las deficiencias de los pavimentos asfálticos, pero también vino a enseñarnos que también los pavimentos en buen estado son susceptibles de echarse a perder en poco tiempo, y esto se comprobó con el derrame de aguas negras de los pozos de visita.

El problema se detectó mucho más en Ciudad Constitución, donde la topografía plana y la falta de mantenimiento a la red de drenaje, hizo que pavimentos relativamente nuevos se destruyeran en corto tiempo.

El escenario, como se aprecian en las fotos anexas, fue de parecer un cruce de calles en buen estado a calles totalmente llenas de baches y hoyos; que lamentablemente el pavimento asfáltico colapsó, y no precisamente por las lluvias, si no por las lluvias de aguas negras derramadas desde los pozos de visita.

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La cárcel del pueblo de Mulegé

FOTO: Noé Peralta Delgado.

Explicaciones Constructivas

Noé Peralta Delgado

 

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). Las cárceles en el mundo y en México, a veces son sinónimos de siniestros centros de detenciones y privaciones de libertad de personas que cometieron delitos; vienen a nuestra mente tratos inhumanos e infames, donde hacia el exterior no salía nada de información sobre abusos cometidos por la autoridad.

Aunque pocas, pero sí hay y hubo cárceles, donde la vida de los prisioneros es muy apacible y que lograban una rehabilitación muy sana. En México se ha documentado mucho sobre el centro penal ubicado en las islas Marías que en un inicio se creó para ser de máxima seguridad, pero conforme fue pasando el tiempo se hizo una cárcel tipo hogar para los reclusos, donde hasta podían vivir con familia y trabajar de manera libre por toda la isla, pero sin fugarse.

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En Baja California Sur, y en plena etapa de La Revolución Mexicana de 1910, el gobierno centralista del general Porfirio Díaz no existía constitucionalmente, y el gobierno del entonces Territorio, quedaba a cargo de generales nombrados desde la capital del país. En ese tiempo toda la península de Baja California estaba constituido, como un territorio único, denominado Territorio de Baja California, tan lejos del centro y tan deshabitado, que los gobernantes traídos desde el centro mostraban poco interés en la región.

El 18 de julio de 1894, llegó como gobernador del territorio de Baja California, el general Agustín Sanginés Calvillo, oriundo del pueblo de Teotitlán, Oaxaca. Venía a hacerse cargo principalmente de la partida Sur del enorme territorio y que era el que poseía las poblaciones más importantes en población. Hay que recordar que en aquel tiempo la partida Norte (así se le denominaba), era básicamente despoblado, comparado con la partida Sur, y que la capital estaba en el pueblo de La Paz.

No se sabe exactamente la fecha, pero se cree que, en el año de 1900, el general Sanginés, por órdenes de Porfirio Díaz, empezó con la construcción de una cárcel en el Heroico Pueblo de Mulegé, y es que aquí se había hecho una defensa de la soberanía nacional contra la intervención estadounidense en el año de 1847, y era un punto estratégico a media península.

La idea de construir la cárcel, era porque en esa época ya se vivía la efervescencia de la revolución, y al mismo tiempo se pretendía proveer de una guarnición militar que defendiera la escasa población del lejano territorio de la Baja California. Para el año de 1910, ya estaba en funciones la cárcel, y se construyeron dos áreas:

Un patio interno de 12.50 x 12.50 metros, que a su vez estaba rodeado por celdas de 1.50 x 2.50, y estaban reservadas para los reos más peligrosos. Esta parte se construyó con ladrillo recocido y la única comunicación hacia el exterior era una pequeña reja hacia el lado sur, y que estaba fuertemente custodiada por los guardias.

La segunda parte consistía una construcción hecha a base de piedra en muros y paredes de casi un metro de grosor, para evitar alguna embestida desde el exterior; porque serviría también como un cuartel militar en caso necesario. Esta parte mide 35.00 x 35.00 metros y cubría completamente el patio interior, y en paredes contiguas con dicho patio interno, se formaban celdas que servían para los presos menos peligrosos; y hacia el lado sur ya fuera del complejo se construyó una pequeña franja adjunta, que serviría como oficinas, cocina y sobre todo el acceso controlado hacia el interior.

Desde el exterior, se apreciaban cuatro torres en sendas esquinas, y que servían de vigilancia tanto para dentro como fuera del inmueble. La ubicación de la cárcel era privilegiada, porque estaba en una media loma, donde se aprecia todo el arroyo de Mulegé y todo el pueblo; incluso está a una distancia de casi 3 km de la playa, haciéndolo seguro de un posible ataque desde el golfo de California.

Una fuga frustrada

Volviendo a la historia de su funcionamiento, se tuvo que, al estallar La Revolución Mexicana, este edificio ya sirvió de modo efectivo para lo que fue construido, y es que en la región del estero del pueblo de Mulegé, se abastecían los barcos que navegaban por el golfo de California y a su vez, los pocos productores del interior, principalmente La Purísima y San José de Comondú, vendían dátiles y uva pasa.

Para el año de 1912, empezaron a recluir a los primeros reos que fueron aumentando en número por la situación política del país, en donde la mayoría eran presos políticos contrarios al sistema. Y también algunos eran recluidos por homicidios o robos menores.

En visita reciente que tuve al lugar, la encargada del inmueble nos comentó que la cárcel se cerró en la década de los 60 y de manera paulatina, o sea que era el lugar donde aún había algunos reos desde el lejano valle de Santo Domingo que esperaban cumplir su condena.

Lo interesante de esta cárcel, es que al ser de poca población carcelaria, y sobre todo tener condiciones muy inhóspitas hacia alrededor, era prácticamente una ¨aventura¨ escaparse. Y según se cuenta, sí hubo un solo intento de fuga de un preso de mediana peligrosidad, que al ver la poca vigilancia y sobre todo las ligeras medidas de seguridad, se animó a escaparse hacia la sierra aledaña. Debió haber sido en temporada veraniega la fuga, ya que según se cuenta como anécdota, mandaron al mejor jinete a recapturarlo, qué a pesar de ir bien armado, cuando encontró al reo fugado y perdido, éste le pidió que lo llevara de regreso a la prisión, porque estaba muy deshidratado y con mucha hambruna. Sin duda, buena historia para uns película.

Con el crecimiento de otros centros de población del ya Estado constitucional de Baja California Sur, el pueblo de Mulegé parece que se detuvo en el tiempo; la cabecera del recién creado municipio de Mulegé se instaló en el pueblo de Santa Rosalía, con más población y más actividad económica. Con el pueblo, la emblemática e histórica cárcel de Mulegé, quedó en el abandono, hasta que el gobierno estatal a través de la dirección de cultura, lo convirtió en museo.

Una buena parte de la historia de la península de Baja California, está en esta cárcel de Mulegé; y si tiene oportunidad visítela, y sea testigo directo de cómo vivían los presos y siéntase como uno de ellos, y sin mucha diferencias, porque puede salir también a disfrutar el hermoso y heroico pueblo de Mulegé. La cárcel está ubicada en las coordenadas de 26º 53´ 31.09¨ Norte y 111º 58´ 55.73¨ Oeste, y el pueblo de Mulegé cuenta con una población de 3 mil 834 habitantes, según censo de 2020.

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20 Años del Colegio de Ingenieros Civiles en Comondú. Crónica

FOTOS: Cortesía.

Explicaciones Constructivas

Noé Peralta Delgado

 

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). En el año de 1997 hice mi examen profesional en el Tecnológico de La Paz en la carrera de Ingeniería Civil, y fue una emoción mayúscula porque por fin tendría entre mis manos el anhelado título y la cédula profesional que me acreditaba como Ingeniero Civil con obligaciones profesionales.

Ya en el municipio de Comondú, y con todas las ganas de hacer algo por mi terruño natal, me enteré que una de las actividades principales (entre otras) de un Ingeniero Civil titulado, es ser Director Responsable de Obra dentro de las obras que se construyen dentro de cada municipio; es decir, que por cada construcción que se realice, el propietario está obligado por ley, a contratar a un profesional de la construcción, ya sea ingeniero civil ó arquitecto, entre otros.

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En aquel tiempo, no había en la Dirección de Obras Pública del Ayuntamiento, una figura por parte de los ingenieros civiles, que hiciera como el aval, para analizar qué ingenieros podían realizar esta labor de responsabilidad, y fue así como nació la idea de formar un Colegio de Ingenieros Civiles que hiciera esta función.

Desde el año 2002, aproximadamente, y con los pocos amigos ingenieros civiles con título, que conocía y que radicaban en el municipio de Comondú, se intentó formar un colegio de profesionistas; lo que no sabía es que los colegios se rigen por medio de la ley de profesiones de la Secretaría de Educación Pública estatal.

Según esta ley, los colegios deben estar integrados por lo menos por 50 integrantes afines de profesión y con título universitario ó cédula profesional, y fue cuando entró la decepción, porque era imposible juntar esta cantidad de ingenieros civiles en el municipio de Comondú.

A mediados del año 2004, ya construía vivienda para créditos hipotecarios de Infonavit y Fovissste, fue cuando fui a hacer un trámite al Fovissste estatal en la ciudad de La Paz, ubicada en la avenida Abasolo a pocas cuadras del malecón. El encargado de la oficina era el Ing. Valente Guluarte, quien con trato amable me atendió, y cuando supo que era ingeniero civil, me comentó si estaba integrado a algún colegio de profesionistas. Fue cuando me dijo que en La Paz había un colegio de ingenieros civiles bien organizado a nivel Estado; también me explicó que por ser pocos ingenieros en Comondú, era imposible formarlo, según el reglamento de profesiones.

Ese mismo día, acudí a las oficinas del colegio estatal ubicadas en la calle La Goleta, colonia El Manglito, y me atendió la secretaria Tere. Me comunicó vía telefónica con el Ing. Julio Burgoin Romero, quien era el presidente del colegio estatal en aquel momento. Una vez platicando con él, me comentó lo que ya sabía: que no éramos en tamaño suficiente para formar un colegio de profesionistas. Pero me dijo que según los estatutos propios (cada colegio debe tener estatutos oficiales), existía la figura de las secciones en los municipios, y que únicamente se ocupaban 5 integrantes, eso sí, con título universitario y cédula profesional.

Regresé muy emocionado con una tarea más fácil: conseguir al menos 5 ingenieros civiles. Lo complicado fue tener que asistir a 3 reuniones mensuales a los colegios ya establecidos, y que eran el colegio de Ingenieros Civiles de Baja California Sur sede La Paz, la sección Los Cabos y la recién creada sección Loreto.

En un principio, la idea planteada a mis compañeros fue aceptada, pero trasladarse a cumplir con la cuota de 3 asistencias resultó ser complicada, porque todos trabajaban. Aun así, asistimos a 2 reuniones a La Paz y una tercera a la sección Loreto. Debo decir que en la sección de Loreto fueron y ha sido grandes anfitriones, porque después de la reunión organizaron un cena de bienvenida a nosotros los comundeños. En ese tiempo la Ing. Conchita Sanjuan fungía como presidenta de esa agrupación.

Se llegó el tiempo, y por fin logramos tener nuestro colegio de profesionistas en el municipio de Comondú, se le denominó Colegio de Ingenieros Civiles de Baja California Sur, sección Comondú, y las reuniones mensuales acordamos hacerlas el último viernes de cada mes. La primera reunión fue el último viernes de mayo del 2005.

Hoy, en este año del 2025 y 20 años después, se tiene un colegio muy establecido con 10 dirigencias bianuales, y hasta edificio propio, donde se llevan capacitaciones, actualizaciones y eventos acordes a nuestro quehacer profesional. El primer comité directivo de la sección Comondú, estuvo conformada por el Ing. Noé Peralta Delgado como presidente, el Ing. Raymundo Loya Flores como secretario y el Ing. J. Ángel Cervantes Tovar como tesorero;  y también es importante mencionar como miembros fundadores a los ingenieros Alfonso Lizárraga Niebla, Miguel Ignacio Langarica Delgadillo y José Honorio Armenta, este último ya fallecido.

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Las pinturas rupestres de la cueva El Ratón, en San Francisquito de la Sierra

FOTOS: Noé Peralta Delgado.

Explicaciones Constructivas

Noé Peralta Delgado

 

Ciudad Constitución, Baja California Sur (BCS). El arte rupestre se refiere a las manifestaciones artísticas que se daban en la era prehistórica de la civilización humana; entendiéndose que la prehistoria es el periodo de tiempo donde aún no existían sociedades de humanos como organización. La palabra rupestre se acuñó derivado del latín rupestris, que significa «sobre roca». En todo el mundo, cuando aparecieron los primeros homínidos, estos se sentían atraídos por dejar plasmados en cuevas y cavernas, todo lo que miraban a su alrededor de su vida cotidiana. Utilizando materiales del lugar, fabricaban pinturas principalmente de color rojo y negro, para elaborar vistosos murales sobre roca.

En México también se dibujaron murales prehistóricos sobre cuevas, siendo las más espectaculares por su tamaño y belleza las que se encuentran en el Estado de Baja California Sur, sobre todo en los municipios de Comondú y Mulegé, siendo éste último donde mejor están conservadas y desarrolladas actualmente como atractivo turístico.

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En el periodo de Semana Santa de este año, tuve la fortuna de regresar después de muchos años, al pequeño pueblo de San Francisco de la Sierra, enclavado en las alturas de la sierra de San Francisquito, precisamente. En la actualidad, existe un recién pavimentado camino de acceso al pueblo de manera que, en menos de una hora, se puede llegar desde la carretera transpeninsular, desde el km. 117 del tramo Santa Rosalía a Guerrero Negro. El pueblo de San Francisco de la Sierra tiene una población de 1,136 habitantes (según censo 2020) y está en las coordenadas geográficas de 27°35’51» Norte y 113°00’54» Oeste.

Estando investigando sobre el pueblo y su fama a nivel mundial por las pinturas rupestres elaboradas por los antiguos californios, se tiene que el fundador del poblado fue don Buenaventura Arce, que era un soldado que cuidaba de las misiones, hasta que durante la expulsión de los jesuitas en el año de 1767, según se sabe, fundó el rancho de San Francisco en la cumbre de la sierra, y que con toda su descendencia se logró formar un pueblo. Muy posiblemente este personaje sabía de la existencia de los murales rupestres, pero no fue hasta su nieto Cesáreo Arce (Tacho Arce), quien las dio a conocer hacia el exterior. Ya en el siglo XX fue el escritor y fotógrafo estadounidense Erle Stanley Gardner en 1962 con su revista y fotografías, y W. Crosby a través de su libro The Rock Art, Baja California, quienes le dieron notoriedad a nivel mundial.

Para llegar al pueblo se debe subir desde el desierto de Vizcaíno (200 metros sobre el nivel medio del mar), por una carretera pavimentada en excelentes condiciones, hasta llegar al lugar que se encuentra a 1150 msnm. Esto significa que el ascenso es de casi mil metros de altitud. Esto nos indica porque, en el pueblo se tiene un clima muy agradable, y qué según pláticas con los lugareños, en temporada invernal llega a escarchar el agua de las pilas y tener temperaturas bajo cero.

También es importante aclarar, que la pintura rupestre más famosa a nivel mundial, es el gran mural que se encuentra en la cueva La Pintada dentro del cañón de San Pablo; pero en el lugar se encuentran más lugares qué visitar para admirar estos impresionantes recuerdos prehistóricos.

Para visitar todo el complejo de murales rupestres se ocupa de acampar varios días y sobre todo, tener habilidad para el senderismo extremo y manejo de mulas o caballos. En el pueblo de San Francisco de la Sierra, existen una oficina del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La única cueva que está totalmente accesible desde la carretera es el sitio denominado cueva El Ratón. Si no se dispone de mucho tiempo, estas pinturas rupestres son totalmente recomendadas; desde el lugar donde se deja el vehículo se camina en escalones muy bien construidos a una distancia de poco más de 100 metros en subida. La cueva está protegida por una malla ciclónica, para que los visitantes tengan que ir forzosamente a comprar los boletos de acceso hasta el pueblo, ubicado a una distancia de 1,400 metros del lugar.

La cueva del Ratón, se encuentra a una altitud de 1,170 msnm y está en las coordenadas geográficas de 27°35’27» Norte y 113°01’27» Oeste. Los murales que se pueden observar están de muy buen tamaño y según el guía de nombre Francisco Arce, nos comentó que le pusieron de nombre Ratón, porque en el mero centro del mural se encuentra un dibujo que asemeja un ratón, pero en realidad es un león americano ó puma.

Investigando en Internet, la Universidad de Barcelona hizo un estudio para hallar la edad, y se encontró que tiene una antigüedad de casi 5 mil años, en contraste con las otras pinturas rupestres que datan de hasta 8 mil años, lo que indica que posiblemente a los nativos se le acabaron las cuevas donde pintar y subieron hasta esta cueva. Las otras cuevas se encuentran muy por debajo de esta altitud, y tienen ojos de agua en donde pudieron vivir por largas temporadas; lo que llama la atención es que esta cueva de El Ratón, no tiene suministro de agua de los cerros, lo que hace suponer que un tiempo hubo un aguaje y aprovecharon los antiguos californios para asentarse en el lugar.

Visitar el lugar y apreciar los grandes murales prehistóricos, es una verdadera experiencia, y más que lo podemos hacer en un solo día llegando desde Guerrero Negro o desde San Ignacio en vehículo; este lugar se llama cueva El Ratón, que es testigo silencioso, de los grandes artistas que rodeados de una absoluta tranquilidad del desierto, y que nos quisieron dejar su mensaje a través de los grandes murales de pintura rupestre. Si tiene oportunidad visítelos y admírelos.

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