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Las islas de la Especiería y su relación con la California

30-Ago-2021

ARTÍCULO por Sealtiel Enciso Pérez
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Tierra Incógnita

Por Sealtiel Enciso Pérez

La Paz, Baja California Sur (BCS). La llegada de los europeos a esta península californiana fue una etapa más dentro de una serie de acciones tendientes a dos objetivos: por un lado a la búsqueda de una vía corta y efectiva para llegar a las islas de la Especiería —las islas Molucas, en la actual Indonesia, conocidas como las islas de las Especias o de la Especiería en la antigüedad—, y por otro lado, el explorar y proclamar como suyas estas tierras de las cuales aún no tenían la certeza de que fueran islas o un nuevo continente.

Durante el siglo XV, las grandes potencias navales de España y Portugal se dieron a la tarea de encontrar una ruta que les permitiera comerciar con India y China productos suntuarios que eran altamente cotizados en Europa, las famosas especias. “Son cualquier sustancia vegetal aromática que sirve de condimento. Condimento es lo que sirve para sazonar la comida y darle buen sabor. Algunos ejemplos de ellas son la canela, mostaza, cilantro, hinojo, eneldo, anís, sésamo o ajonjolí, cardamomo, pimienta, jengibre o el ginseng, regaliz, vainilla, azafrán, clavo, cilantro, perejil, nuez moscada, guindilla o ají, pimentón, ajo, cebolla.” (Díaz, 2015; p:71). Recordemos que el comercio con los reinos establecidos en Asia, se había estado llevando a través de una ruta que recorría miles de kilómetros por tierra y atravesaba regiones como el imperio Bizantino y la India hasta llegar a China en donde podían obtener las codiciadas especias.

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De tiempo inmemorial ese comercio con el Oriente había llevado a grupos de mercaderes de Venecia, Génova y Pisa, Barcelona y Valencia, Narbona Marsella y Montpellier a establecerse en diversas ciudades del extremo oriental del Mediterráneo. Así había núcleos de tales comerciantes, entre otros lugares, en Alejandría, El Cairo, San Juan de Acre, Beirut, Trípoli, Antioquia, Alepo, Constantinopla, al igual que en varias Islas del archipiélago griego. En esos y otros sitios encontraban su destino final las rutas comerciales que, de múltiples formas, se originaban en las costas de China y la India.

En juncos chinos o japoneses o en otras embarcaciones malayas se embarcaban originalmente muchos productos y se despachaban así a Malaca que funcionaba como importante centro comercial. Mercaderes árabes y de la India acudían también a este lugar y transportaban luego sus productos con dirección al puerto de Ormuz en la entrada del Golfo Pérsico. De allí se pasaba al Mar Rojo y luego, ya por tierra, en caravanas ya veces valiéndose también de barcazas a lo largo del Nilo las mercaderías del oriente llegaban al fin, al ámbito del Mediterráneo. (Miguel León-Portilla, Cartografía y Crónica de la Antigua California, México, UNAM, 2001, pág. 18)

Posterior a la caída del imperio Bizantino a manos de los otomanos, el conseguir estos productos por parte de los mercaderes europeos fue casi imposible debido a la hostilidad de los turcos que cortaban sus antiguas rutas comerciales. Por lo anterior, fue necesario que se buscaran vías alternas para lograrlo, la solución inmediata fue iniciar una carrera por el control de las vías marítimas que les permitieran tener una ruta segura hasta estos sitios “esta realidad cuya significación no puede minusvaluarse, por una parte se convirtió en acicate de nuevos preparativos bélicos contra el Turco y, por otra, despertó el interés por descubrir nuevas rutas que llevaran también al Asia por caminos muy distintos” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 19).

Debido a que los antiguos reinos visigodos de Hispania estaban emergiendo de una guerra con los árabes, la cual les había llevado más de siete siglos (711-1492), los portugueses les ganaron la delantera y consolidaron su dominio de la ruta marítima hacia oriente, “una primera culminación de las exploraciones a lo largo de las costas de África la alcanzó el Portugués Bartolomeu Díaz en 1486-1487. Si bien llegó este al extremo sur de dicho continente, no paso ya al océano Índico. Ello lo lograría al fin Vasco de Gama varios años después en 1497” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 19). Los españoles iniciaron una serie de litigios para tratar de competir por un espacio en estas rutas, pero los portugueses no tenían la mínima intención de dejar escapar esta preciada posesión:

El Tratado de Tordesillas dejaba a España libertad de acción a 370 leguas marinas de la isla de Cabo Verde, pero al otro lado de esta línea imaginaria la iniciativa era para Portugal. Para defender la soberanía castellana sobre los territorios recién descubiertos por Colón, Isabel y Fernando solicitaron ayuda al papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia), que había sido elegido en agosto de 1492. El Papa emitió cuatro bulas, conocidas como Bulas Alejandrinas, fechadas entre mayo y septiembre de 1493, en las que estableció que pertenecerían a la corona de Castilla las tierras y mares al oeste del meridiano situado a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde y se incurría en pena de excomunión si no se respetaban estos límites, lo que hizo que mientras los españoles realizamos la colonización de América, los portugueses se dedicaron a colonizar las tierras productoras de especias (Díaz, 2015; p:70). En ese sentido, a los españoles no les quedó más remedio de voltear hacia el occidente e iniciar con exploraciones hacia esta parte del mundo en la búsqueda de una ruta exitosa hacia la isla de la Especiería.

Algo que obró en su favor fue la publicación de la obra de Ptolomeo Geographia, la cual permaneció oculta por trece siglos. En cuyas páginas destacan sus ideas sobre un sistema de medición de las latitudes y longitudes de la tierra así como la disposición de las grandes porciones continentales dispersas en todo el globo. “Con la difusión de la Geografía de Ptolomeo se reafirmó la antigua creencia en la redondez de la tierra” (Miguel León-Portilla, op. cit. p. 20.). Todo lo anterior revolucionó el mundo de las navegaciones ya que por fin se contaba con un sistema de localización que permitía ubicar a un barco sin necesidad de depender de un punto de referencia físico. Por eso la adaptación de la brújula para ser utilizada en los barcos, así como de los mapas portulanos ayudó a que los viajes a grandes distancias a través del mar fueran más previsibles y, hasta cierto punto seguros.

Es así como a partir de la segunda mitad del siglo XV, se iniciaron una serie de viajes patrocinados por los reinos españoles en los que se pretendía atravesar el Mare Tenebrosum —era el nombre medieval del Océano Atlántico—, para llegar a las islas de Especiería y apoderarse de estas materias primas tan valiosas. Sin embargo, lo que no se esperaban era encontrar en medio de esta travesía un nuevo continente: América. Conforme las expediciones se adentraban en conocer esta nueva tierra descubierta, que durante la primera mitad del siglo XVI no se sabía si era un grupo de islas o un nuevo continente, jamás se dejó de lado la meta de poder encontrar una ruta para continuar sus viajes hacia China.

Bibliografía:

Díaz Yubero, Ismael (2015), Especias y condimentos. Distribución y Consumo, Vol. 2, Madrid.

León-Portilla, Miguel (2001), Cartografía y Crónica de la Antigua California, México, UNAM.

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