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La debacle boliviana: racismo, cuentos divinos y clasismo

22-Nov-2019

OPINIÓN Por Roberto E. Galindo Domínguez

FOTOS: Internet.

La Última Trinchera

Por Roberto E. Galindo Domínguez

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Evo Morales ganó las elecciones, pero ha sido defenestrado de Bolivia mediante un montaje de fraude que la derecha, capitalista y religiosa, montó con ayuda extranjera. Lo opositores basaron su acusación de fraude electoral en un 23% de supuesto error en una muestra de 334 boletas de 34 mil a contabilizar, es decir: irregularidades en poco más del 0.22% del total de las boletas electorales, lo que no es una muestra representativa y que por lo tanto no invalida el proceso electoral, pero sirvió a los detractores para lanzar el golpe de Estado.

El boicot a las elecciones de Bolivia fue una operación burda pero efectiva, pues tuvo el respaldo de la Organización de Estados Americanos (OEA) bajo el mandato de Luis Almagro, caracterizado por su favor a la derecha latinoamericana, quien no dudó en validar el fraude e incluso en acusar de golpista a Evo Morales por haberse adjudicado el triunfo de las mismas elecciones. El teatro montado se ha ido desvelando y ahora sabemos que además de la complicidad de la OEA tenemos la participación estadounidense; además de que otros organismos internacionales como el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) ya han desmentido e invalidado el informe de la OEA sobre el supuesto fraude.

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La pregunta más importante a responder en este conflicto no es ¿por qué ganó Evo Morales y se le hizo fraude?, la cuestión a profundidad que se debe dilucidar es ¿por qué ganó Evo por un margen tan reducido? pues con poco más del 47% se ubicó 10 puntos porcentuales sobre el candidato opositor Carlos Mesa, a diferencia de cuando ganó la presidencia en 2005 con 25 puntos más que su competidor más cercano, o más aún en las elecciones de 2009 y 2013, que lo llevaron a su segundo y tercer periodos en la presidencia, en las cuales obtuvo más de 35 puntos de diferencia sobre los candidatos que se llevaron los segundos lugares; pero entonces la oposición en conjunto sumaba entre 35 y 38% del universo de los votantes; en cambio, en la ultima elección superaron a los partidarios de Evo por dos puntos porcentuales, pues obtuvieron 49%.

¿Cómo es esto posible si durante los mandatos de Morales se revirtieron exitosamente todos los índices negativos que mantenían a la nación sudamericana en los lugares más desventajosos en cuanto a pobreza, alimentación, analfabetismo, salud, etc.? Bolivia estaba junto a Haití en los sitios más lejanos a los estándares de niveles de vida de los países desarrollados, pero con Evo en la presidencia el país andino creció hasta ser llamado el milagro boliviano.

Para intentar entender cómo ha sido posible trastocar la vida social de una nación pujante, progresista y exitosa, debemos pensar en quienes dieron el golpe de Estado; no fueron los indígenas que siguieron, en la era Evo, refrendando sus tradiciones y además mejorando su calidad de vida. Los golpistas son miembros de las clases medias aspiracionales, principalmente conformadas por mestizos con tendencia europeizante, guiados por otros mestizos en cargos públicos, nótese el pelo rubio Miss Clairol de Jeanine Áñez, la senadora de tez morena, la parlamentaria boliviana medio mestiza con rasgos que recuerdan a una indígena, la que se autoproclamó de manera ilegal presidenta de Bolivia. Esos golpistas con cargos políticos y con influencia en las fuerzas armadas traidoras a Bolivia fueron azuzados, coordinados y sustentados por miembros de las clases potentadas, como el empresario y recalcitrante religioso Luis Fernando Camacho.

De Áñez es bien conocido su desprecio por los indígenas, así como es indudable el carácter racista de aquellos que la apuntalaron para arrebatarle la presidencia a Evo y a los Bolivianos de cepa, pues de los indígenas ha sido Bolivia desde antes de que llegara la cruz; pero más allá de las inconformidades o aspiraciones raciales de los golpistas, lo más peligroso es que la morerubia se coronara blandiendo la biblia por lo alto de su oxigenada cabellera y diciendo que: “la Biblia regresaría a la presidencia y la Pachamama no volvería a gobernar”.

Y es que la debacle boliviana también tiene que ver con la religión y el origen de las causas divinas que enarbolan los golpistas, muchas de las cuales están directamente relacionadas con iglesias evangélicas y cristianas de origen norteamericano. Instituciones religioso-empresariales que se dedican a convertir pobres e iletrados hispanos a la fe, iglesias que construyen donde quiera templos exprés para vender una mejor vida en el más allá a los que ya la sufren en el más acá; como en los mejores tiempos de la Conquista ofrecen cuentos divinos por la salvación de las almas a cambio de la invasión del territorio.

Por si lo anterior fuera poco tenemos otro factor que tal vez fue el decisivo para poner a Evo Morales en el exilio. Son aquellos bolivianos que en la era Evo trascendieron la pobreza y se instalaron en las clases medias y se consolidaron en el fanatismo de la fe, esos que también apoyaron el golpe de Estado o que simplemente ya no votaron por Evo, recuérdese que ganó sólo con 10 puntos de ventaja. Puede ser que al trascender la pobreza se volvieran más aspiracionales todavía; además de que se asimilaran, por contradictorio que parezca, desde un régimen de izquierda a un capitalismo consumista y de estándares de vida basados en la riqueza. Ellos que venían de abajo y se alejaron de sus tradiciones y se insertaron en la fe evangélica o se afianzaron en la cristiana o la católica, entendieron que podían conseguir más de lo que habían ya recibido y fueron equiparando sus pensamientos con los de la clase oligarca opositora que antes los había mantenido soterrados. Entre esa nueva clase media aspiracional, además de la ya consolidada que no vio con buenos ojos el ascenso de los indígenas, y la tradicional derecha boliviana —todos grupos hermanados por la fe— es que se plantó el escenario perfecto para dar el golpe de Estado.

Sin duda a lo anterior coadyuvó el que Evo Morales, aunque de manera legal, se mantuviera elección tras elección en el poder, pues en cada una fue votado por las mayorías, pero con ello les dio el pretexto perfecto a sus detractores para teatralizar un fraude de dimensiones internacionales. Además, Morales perdió de vista que su nación, progresista y exitosa, miró a China para la comercialización de litio, pero en la soledad de la planicie sudamericana:: con Venezuela sitiada, con Macri destrozando a la Argentina, con el fascismo de Bolsonaro en Brasil y el de Piñera en Chile; es decir con el regreso reaccionario de la derecha tras el paso de una primer oleada progresista moderna en América —con orígenes a finales de la década de los noventa—.

El renacer de una nación explotada no lo iban a permitir los imperialistas estadounidenses, ni lo iban a dejar continuar los miembros de la derecha oligárquica boliviana quienes manipularon a policías y militares bien adoctrinados en la religión. Mención aparte merecen los nuevos advenedizos del consumismo, esos mestizos pobres que Evo rescató del entierro en que bajo el capitalismo colonial estaban.

Aunque el golpe casi se ha consolidado y la autoproclamada presidenta le ha dado carta blanca a los militares para masacrar a los ahora opositores, aun falta ver la reacción de muchas más bases indígenas y de algunos sectores de mestizos que no fueron arrastrados por el canto de la sirena rubia; además de que en los últimos días algunos grupos policiacos y militares se han sumado a las protestas indígenas, y en el parlamento boliviano la mayoría a rechazado la renuncia de Evo.

Mientras Bolivia se convulsiona, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros gobiernos de la región sudamericana miran a otro lado; en tanto México, haciendo honores a su larga tradición de país receptor de expatriados, asila a Evo Morales.

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