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Hipersexualización de la niñez, el robo de la infancia

03-Mar-2017

ARTÍCULO Por Yaroslabi Bañuelos Ceseña
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La película “Little Miss Sunshine”, de 2007, muestra perfectamente la hipersexualización en la niñez a través de los concursos de belleza para niñas. Fotos: Internet.

Sexo + Psique

Por Yaroslabi Bañuelos Ceseña

 

“Las muchachas, que son los sujetos de sus propias vidas, se convierten en los objetos de otras vidas”. Simone de Beauvoir

 

La Paz, Baja California Sur (BCS). Los concursos de belleza para menores siempre han sido objeto de controversia; por un lado algunos de los padres defienden estas competencias argumentando que sirven de motivación y mejoran las habilidades sociales de sus hijas, en el otro extremo, los críticos de estos concursos alegan que existe una sexualización precoz de las niñas, así como una posible explotación y abuso, ya que los concursos pueden significar una importante fuente de ingresos para las familias.

A la par de dichas competencias han surgido los reality shows donde se muestra a los televidentes la forma de vida de niñas que imitan el actuar de mujeres adultas. Asimismo, en la actualidad es común observar muchos casos donde la industria cinematográfica, musical y de la moda presentan en sus campañas la imagen de pequeñas con una apariencia y conducta completamente erotizada: niñas menores de 10 años posando sugerentemente y usando maquillaje exagerado, tacones, bronceados artificiales, tintes, minifaldas, escotes, extensiones de cabello y de pestañas, uñas postizas e incluso lencería y senos falsos, con el objetivo publicitario de seducir y motivar a los consumidores a adquirir el producto que la compañía vende y que sin duda responde a las demandas del mercado. Es allí cuando las pequeñas se convierten en una mercancía sexual que atrae por masas a posibles compradores. Una estrategia de marketing para ofrecer todo tipo de productos, desde una película o videoclip musical hasta zapatos, alimentos o juguetes.

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Precisamente es a esto a lo que se le llama “hipersexualización”, imponer a las niñas y niños códigos de vestimenta y expresiones cargadas de una fuerte connotación erótica y sexual, patrones de comportamiento que pueden ser considerados demasiado precoces para esta etapa del desarrollo humano.

Consecuencias de la erotización de la niñez

Las niñas sometidas a ambientes donde el atractivo físico y la belleza son las características más valoradas pueden padecer de una baja autoestima y altos niveles de estrés debido a las constantes presiones por cumplir los estándares que se les exigen. Las pequeñas aprenden a dar prioridad a premios o logros que tienen que ver con la aceptación de otros, por ejemplo, la atención de los muchachos o la admiración del público, lo que limita el desarrollo de una inteligencia emocional saludable a raíz de la baja tolerancia al rechazo que presentan. Al no cumplir con las expectativas de los demás, en cuanto a los patrones de belleza inflexibles que se supone deben seguir, se generan en las jóvenes sentimientos de angustia y ansiedad, los cuales frecuentemente derivan en una inestabilidad anímica. Asimismo, ante el bombardeo persistente de publicidad sexista, las niñas son susceptibles a tomar como único modelo de éxito el ideal de belleza que los medios le proponen, lo que provoca que las mujeres que son influenciadas por este esquema inviertan gran parte de su tiempo, dinero y energía en lograr esa meta. En muchos casos, al no alcanzar el ideal de belleza anhelado desde la infancia, las chicas pueden ver severamente perjudicada su autoimagen, así como su salud física y mental, ya que hay una fuerte relación entre el patrón de hipersexualización de la niñez con la posible aparición de trastornos alimenticios en la adolescencia como la anorexia nerviosa o la bulimia. Por otro lado, los niños que crecen observando esta dinámica de erotización de las niñas van asumiendo con naturalidad la condición de objeto sexual de las mujeres, lo que propicia las conductas machistas y de violencia sexual al llegar a la edad adulta.

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Proteger a los niños del arrebato de su infancia a manos de la hipersexualización es una misión que involucra tanto a los padres, la ética publicitaria y la sociedad; cabe mencionar que esto no es cuestión de moralidad ni mojigatería, sino de remarcar la importancia del respeto que los adultos debemos mostrar a la infancia de los pequeños, ya que impulsar el comportamiento sexual precoz provoca un desfase en las etapas naturales de desarrollo por las que tiene que pasar el niño, lo cual afecta profundamente su valoración como persona, su concepción del mundo y sus relaciones sociales.

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Por ello lo más saludable es no obligar a las niñas y niños a vivir roles que no pertenecen a la niñez y son propios de los adultos, así como orientar objetivamente a los menores con sus dudas e inquietudes respecto a la sexualidad humana cuando éstas surjan.